NÚMERO 16 | Agosto, 2017

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Entrevista a Alfredo Goldstein | Cynthia Tombeur

Introducción

Cuando pensamos cuál sería el tema a trabajar este año con el equipo de la Revista y surgió Género, diversidad, y discriminación, algunas compañeras me recomendaron ver la obra de teatro Tarascones que se presentaba en el Teatro Cervantes, dirigida por Ciro Zorzoli.

TarasconesEl fin de semana del 24 de Marzo viajé a Montevideo para descansar y recorrer esa bella ciudad, conocer y hacer la visita guiada a su Palacio Legislativo, descubrir el Mercado Agrícola, almorzar en el Mercado del Puerto y saborear su «Medio y Medio» (mezcla de vino espumoso dulce con vino blanco seco) y la infaltable visita al Teatro Solís. Grande fue mi sorpresa cuando al llegar encuentro un cartel con las obras de teatro que se daban y leo Tarascones de Gonzalo Demaría dirigida por Alfredo Goldstein. Pensé: ¡Qué buena oportunidad! La tengo que ver. Cuando ingreso a la visita guiada, pregunto cómo hacer para sacar entradas para la función que se presentaba por la noche, pero me informan que estaban agotadas, pero que pruebe estar un poco antes de que comience la función.

Media hora antes, me presenté en la boletería y, faltando diez minutos para que comenzara, conseguí la entrada. Sentí mucha alegría y, a la vez, estaba sorprendida: nunca esperé tener esa oportunidad.

Antes del comienzo y desarrollo de la pieza teatral, una de las actrices nos cuenta que hubo un crimen por el que se culpabiliza a la criada, y que la obra se iba a desarrollar en verso.

La pieza teatral muestra una reunión de cuatro amigas de la alta sociedad, que se reúnen en la casa de una de ellas a jugar a la canasta y tomar el té. Pero de pronto hay un crimen que será dilucidado en el transcurso del espectáculo. Se aprecia la cultura de esa época, qué rol tenía el hombre y la mujer en la sociedad, las diferencias notables de las clases sociales y el trato dispensado en cada una de ellas, el «que dirán» —tan conocida frase—, las apariencias, la influencia y atravesamiento de factores como el autoritarismo, la religión, la rápida emancipación, etc.

Una obra divertida, entretenida, con un desarrollo actoral estupendo; particularmente, no conocía a las actrices, pero sus actuaciones eran desopilantes. El vestuario, los gestos de cada una, las miradas, las pausas, el escenario donde transcurría, su ambientación, sus diálogos donde se acercaban y distanciaban del conflicto, mezclando el lenguaje popular con el culto en unos cruces increíbles, mostrando los aspectos más bestiales de cada una, retratando distintas clases sociales que vivían en el Rio de la Plata donde se desarrollaba la hipocresía y donde, bajo la imagen de «señoras» educadas, finas, cultas, se escondían sus aspectos discriminatorios crueles y más inconcientes, con un menosprecio importante hacia sus «criadas» que las asistían permanentemente; es decir, con un costado que nos muestra los aspectos más siniestros e inimaginables del ser humano. Todo esto planteado con un humor exquisito.

Cuando terminó y salí de la Sala Zavala Muniz, me detuve ante la acomodadora, me presenté y le dejé mis datos porque quería entrevistar al director. Regresando a Buenos Aires recibí un email de Alfredo Goldstein.

Si bien en esta oportunidad no hemos podido presentarles, como en números anteriores, un video de nuestra charla, hemos intercambiado correos y a continuación podrán leer la entrevista. Agradezco a Alfredo su predisposición para llevarla a cabo y la gentileza dispensada en su atención y colaboración.

Creo que el azar y el deseo se conjugaron para disfrutar de la obra y enriquecerla aún más con este intercambio. Ojalá lo disfruten como lo he disfrutado yo… Y si la reponen aquí o del otro lado del «charco», como decimos habitualmente, no se la pierdan.

Entrevista a Alfredo Goldstein

Cynthia Tombeur: ¿Cómo ha sido tu formación?

Alfredo Goldstein: En cuanto a lo teatral, siendo adolescente, empecé a estudiar con una de las grandes actrices de la Comedia Nacional, que fue Maruja Santullo. Con ella estuve cuatro años y después comencé a realizar labores como actor, pero desde 1983 me he dedicado a la dirección, hasta ahora, con más de setenta espectáculos estrenados. Soy además, profesor de Literatura egresado del Instituto de Profesores Artigas, el principal del Uruguay, donde obtuve la Medalla de Oro al mejor puntaje de mi generación. Soy docente de enseñanza secundaria hace treinta y siete años, además de profesor de formación docente en el mismo instituto en el cual cursé. Actualmente, dicto Literatura universal medieval y renacentista. Por concurso, además, accedí a la Dirección de Centros Educativos y trabajo en un liceo de 1400 alumnos en un departamento cercano a Montevideo. He sido periodista desde 1981, dedicado especialmente a la crítica de espectáculos. Organicé todas las muestras internacionales del Teatro de Montevideo, a cargo de la Asociación de Críticos Teatrales del Uruguay. Como director o periodista he asistido a festivales y encuentros en distintos países de América y Europa. Por otra parte, he realizado varias traducciones del inglés, del francés, del italiano y del portugués, idiomas que he estudiado intensamente.

C.T: ¿Cómo llegó a tus manos la obra Tarascones?

A.G: Vi la versión porteña cercana a su estreno en 2016 en el Teatro Cervantes. Me produjeron un gran impacto el texto, la dirección y la interpretación. Me pareció que, partiendo de un esquema inicial de un encuentro de mujeres que hacen su rendición de cuentas, Gonzalo Demaría se aventuraba a romper los moldes, a utilizar libremente el verso como forma de expresión y a llevar al extremo a estos personajes que, con su negrura y su humor descacharrante, desnudaban las grandes miserias de la sociedad del Río de la Plata, tanto del lado argentino como del lado uruguayo. Obtuve, gracias a una amiga y colega, la primera versión del texto llamada Boule de Neige que aludía a un elemento fundamental en la obra y, después, a través de Gonzalo, llegué al texto definitivo que fue el que se estrenó allá y acá.

C.T: ¿Por qué elegiste hacerla? ¿Cuáles fueron los motivos que te impulsaron hacer la puesta?

A.G: En primer lugar, no es fácil encontrar un texto en clave de comedia con tal irreverencia que permita, por un lado, una identificación con nuestros costados más sórdidos, pero que a la vez sea un vehículo formidable para un cuarteto de actrices que pueden sacar a relucir todos sus recursos y sin miedo de arriesgar, estéticamente hablando. La sociedad de clase alta que retrata la obra, que tiene muchos elementos de asociación con la uruguaya, permite un fácil acercamiento sin la necesidad de la adaptación textual. Si bien las clases pudientes uruguayas son más discretas y exponen menos su riqueza y su discriminación, hay esquemas similares que se repiten y que provocan las mismas reacciones en el público en ambas orillas. Como se pudo comprobar en las dos puestas, la acogida de los espectadores fue increíble. Por un lado, la sorpresa que generaba la utilización del verso que, de por sí, alejaba del realismo. Por otro, la comicidad llevada a límites insospechados al unificar lo culto y lo popular, el lenguaje más encumbrado y el más soez, sin apelar a términos medios.

Pero también, la visión crítica feroz de un autor que retrataba una sociedad tremendamente discriminatoria, con apariencias de tolerancia y realidades muy ambiguas.

C.T: ¿Es la primera obra que haces en el Teatro Solís?

A.G: En este caso, es la primera vez que estreno en la sala Zavala Muniz, que es la más pequeña de las del Teatro Solís, con 203 localidades. Yo ya había dirigido a la Comedia Nacional en la sala mayor del Solís hace unos años, con la obra Roberto Zucco, de Bernard-Marie Koltès, un retrato muy crudo del mundo posmoderno a partir de las desventuras de un asesino serial.

C.T: ¿Cómo fue la elección de las actrices? ¿Las conocías?

A.G: Sí, había trabajado con las cuatro. Con Claudia Rossi, que encarna a la dueña de casa; y con Isabel Legarra, una de las amigas, había hecho El descenso del Monte Morgan de Arthur Miller, también con la Comedia Nacional, una de las pocas comedias del autor estadounidense que planteaba el espinoso asunto de la bigamia. Con Alejandra Wolff y Andrea Davidovics lo había hecho en la ya nombrada Roberto Zucco y con Alejandra en especial, fuera de la Comedia, en el proyecto «Vian de Vian», un espectáculo con  la banda de rock La Tabaré, sobre el polémico autor francés Boris Vian. Las cuatro son grandes intérpretes, poseen una carrera formidable y son muy diferentes, pero muy dúctiles y disciplinadas. Aceptan fácilmente las propuestas, no tienen miedo a arriesgarse y, en este caso, han debido trabajar en el límite, en el filo del grotesco o, a veces, sobrepasándolo.

C.T: ¿Cómo trabajaste con cada una de ellas?

A.G: Cada una posee su estilo y su tiempo, pero logramos un clima sumamente armonioso de trabajo, sin complicaciones en los vínculos y con una comprensión cabal de la estética propuesta desde la dirección. Son actrices que no tienen miedo a probar, que saben nutrirse de su experiencia y su capacidad, y que han transitado por numerosos autores, estilos y enfoques, algo muy gratificante para cualquier director.

 C.T: ¿Cómo fue recibida por el público de Montevideo?

A.G: Ha sido un éxito rotundo, de los mayores que me han tocado en los últimos tiempos. La Comedia Nacional siempre tiene temporadas restringidas porque deben cumplir una programación muy acotada con determinada cantidad de títulos en el año. Desde el inicio, estaba programada del 4 de marzo al 30 de abril con tres funciones semanales y, realmente, han estado a sala llena siempre, con entradas vendidas con gran anticipación. Han venido públicos muy diversos, de edades sumamente variadas, muchos intérpretes y directores del medio, con una respuesta cálida y muy elogiosa. Muchas funciones han sido verdaderas fiestas, con un ambiente en el público que hacía pensar que estábamos en un estadio por los aplausos continuos, las risas descacharrantes y la reacción final. Una gratísima sorpresa que las actrices han disfrutado en forma permanente.

C.T: ¿Qué comentarios te han hecho?

A.G: El público ha elogiado muchísimo el trabajo actoral, la particularidad de la pieza, la utilización del verso y los recursos del humor, el concepto de puesta en escena, la estética visual que mezcla lo aristocrático y lo kitsch, en general la coherencia de todos los rubros técnicos, donde, por ejemplo, la música juguetea todo el tiempo entre el policial, el tango, la cumbia y los ritmos autóctonos paraguayos… Esa mezcla, creo yo, es también una esencia de la obra.

Como me dijo el propio Demaría antes del estreno: «La obra es un juguete». Un juguete complejo y profundo, claro. Pero juguete muy atractivo, al fin. Y la gente recibe la crítica muy negra de la pieza hacia determinadas clases sociales con real impacto. Nadie parece salvarse, pero, a pesar de eso, el humor es omnipresente.

C.T: ¿Hay algún personaje que te haya costado más lograrlo —conjuntamente con la actriz— por lo que querías trasmitir?

A.G: Quizás, porque la formulación textual es diferente, el personaje de Claudia Rossi, la dueña de casa, que aparece más tarde en la obra y que tiene un largo momento de silencio expresivo. Cuando interviene en forma directa, debe ser una verdadera sorpresa y genera una ruptura muy interesante y posee una cuota ominosa y siniestra que se va afirmando a través del resto del espectáculo.

C.T: ¿Tenías conocimiento de que la obra también se estaba haciendo en Buenos Aires en el teatro Cervantes?

A.G: La vi, como te dije antes. Y la puesta era excelente, de Ciro Zorzoli, con elementos distintos de la nuestra, pero realmente de primer nivel.

C.T: ¿Hasta cuándo se va a mostrar la obra?

A.G: Fue hasta el 30 de abril.

C.T ¿La van a montar en otro teatro de Uruguay?

A.G: La posibilidad de una reposición depende de la Comedia Nacional, que es el único elenco oficial uruguayo. Depende mucho de su programación futura y de los planes de reestreno. Por el lado del elenco y del mío, sería un enorme placer reponerla, porque ha sido una experiencia sumamente enriquecedora que ha permitido unificar los logros estéticos con los logros de público y de consideración crítica.

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