NÚMERO 16 | Agosto, 2017

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Entrevista a Oscar Sotolano | Ileana Fischer

En entrevista con Psicoanálisis: ayer y hoy, Oscar Sotolano nos cuenta cómo su acercamiento al Psicoanálisis ha estado siempre ligado a la curiosidad y a la inquietud por conocer cómo funcionaba la mente humana y, especialmente, su vinculación con el sufrimiento humano. Estudiante de Sociología en el inicio en una facultad atravesada por las ideas marxistas, descubre casi sorpresivamente motivos más allá de la conciencia ligados a la causación del padecimiento que lo llevan a cambiar de carrera. Ferviente estudiante y lector, recorre su formación académica realizando diversas actividades en el ámbito hospitalario. Comprometido e interesado por la salud pública y lo social en estrecho vínculo con lo subjetivo, Oscar Sotolano comparte sus reflexiones acerca de la vigencia del Psicoanálisis, su tiempo de formación como analista así como algunas de sus inquietudes. Invitamos al lector a curiosear en algunos aspectos del pensamiento de Oscar Sotolano.

Ileana Fischer: Estamos con Oscar Sotolano, psicoanalista, realizando una entrevista para la Revista Digital de la AEAPG, Psicoanálisis: ayer y hoy.

Para iniciar me gustaría que nos contaras cómo te definís como analista, cómo fue tu formación.

Oscar Sotolano: Originariamente yo no vengo del campo de la Psicología. Inicialmente estudiaba Sociología y a una altura de la carrera decidí que quería hacer Psicología. Mis conocimientos sobre el mundo psi eran nulos. No venía de una familia en la que la psicología fuese un tema. Mi viejo era un trabajador que apenas había terminado la primaria, pero autodidacta; mi vieja era ama de casa. Sin embargo, había en casa una avidez cultural aunque sin ninguna formación metódica que se trasmitía. Y ellos tenían un enorme deseo de que yo la tuviera. Como te decía, cuando entré a Psicología, mi preocupación era saber cómo funcionaba la mente humana, y si se podía hacer algo en relación con el sufrimiento humano. También vinculado al sufrimiento social. Mi formación en la Facultad de Sociología estaba marcada por las diversas perspectivas marxistas que predominaban en la época en toda su heterogeneidad. Con lo cual, pensar implicaba hacerlo desde categorías relacionadas a la economía en una suerte de linealidad que desgraciadamente aún impera. Digamos que mis preguntas y mi curiosidad fue, en un inicio, psicosocial. Cuando entré a Psicología, la carrera era un espacio más dentro de la Facultad de Filosofía y Letras con lo cual había una convivencia cultural mucho más rica que las especializaciones que hoy ha producido la fragmentación en diversas carreras sin conexión. Uno intercambiaba con aspirantes a sociólogos, a historiadores, a filósofos. En ese tiempo y en ese ambiente, ingresar a Psicología era entrar al mundo del psicoanálisis, y yo venía de una mundo en el cual lo básico era la conquista de la consciencia. En la tradición del marxismo, la meta era ganar la consciencia política de los trabajadores, de modo que los trabajadores dejaran de estar alienados en una consciencia ajena a la propia, solíamos decir. Fue un hallazgo encontrarse con que había motivos psíquicos que no eran determinados por la conciencia. Ahí arrancaron miles de preguntas e inquietudes. Casi al mismo tiempo, empecé a trabajar en el Hospital Moyano. De este modo, mi primer acceso a lo clínico fue a través de la Psiquiatría dinámica. Me interesó introducirme en la cuestión de la salud pública. Esa imagen del psicoanalista que trabajaba exclusivamente en la individualidad del consultorio, no se llevaba bien conmigo ya que consideraba que debía ser una práctica social; tan social como cualquier práctica de salud. Fui haciendo la carrera casi en simultáneo con el Hospital, participando en diversas actividades. Estuve un par de años en el Moyano y luego en el Ameghino antes de recibirme.

IF: ¿Qué marcas te dejó haber hecho la carrera casi en simultáneo con el paso por el Hospital? ¿Cómo te parece que se articuló esta red entre teoría y práctica en ese momento?

OS: Siempre fui enormemente curioso. A los 14 años estaba estudiando Biología en el Botánico mientras cursaba el colegio secundario. Pero eso en una época en la cual la curiosidad estaba muy valorada en general; era habitual que muchos estudiantes fueran espontáneamente a los hospitales a formarse. En la actualidad, por las condiciones de vida que hacen que haya que destinar mucho más tiempo a la subsistencia, es usual que los estudiantes se tomen la Facultad de un modo, fundamentalmente instrumental, como un espacio para recibirse; un período para obtener el título para poder trabajar. Cosa que en nuestra época, hace 43 años, si ejercías el Psicoanálisis era porque tenías formación analítica, buscando múltiples vertientes para obtenerla. Era una época en la que si eras psicólogo estaba prohibido por la Ley Onganía hacer Psicoanálisis, sin embargo, todos los psicólogos con orientación clínica lo hacíamos. Para hacerlo había que no cumplir la ley. Vivíamos en un clima transgresivo y, en ese sentido, también vital porque estaba menos atado a las formalizaciones que hoy muchas veces enchalecan la práctica. Formas que resultan disciplinarias y empobrecedoras. Además, hoy te encontrás con climas de lectura menores y con menos pasión en la aproximación a los textos. Se estudia para tener una carrera, una especialización de posgrado, un doctorado o un posdoctorado para seguir en la carrera. No se lleva adelante una carrera que te genere nuevos deseos de conocer. Por supuesto, esto lo digo en general y siempre hay excepciones. Por lo menos hay una tendencia general al achatamiento de aquella vocación marcada por cierta pasión. Ahí hay una diferencia epocal grande. Para mí la articulación psicoanálisis y sociedad estaba permanentemente implícita porque no podía pensar a un ser humano si no era en la red social en la que existe y se constituye. El ser humano se constituye en relación al otro y vive en relación al otro; logra su autonomía singular en esa tensa e imprescindible relación. Por eso, cuando me encontré con “Psicología de las masas” (Freud) que decía que toda psicología individual en el fondo era una psicología social, descubrí que cada vez había más elementos para pensar articular la maya de la microscopía intrapsíquica de los textos metapsicológicos y la incidencia del mundo social. Con lo cual, la articulación era casi orgánica, por lo menos en mi modo de pensar. Eso siempre tiene una dificultad porque al pensar cuestiones sociales psicoanalíticamente se corre el riesgo de reduccionismos psicoanalíticos o, desde el otro lado, que hagas un reduccionismo sociológico al pensar cuestiones intrasubjetivas desde el punto de vista de una suerte de psicoanálisis social cuya expresión más formalizada fue el llamado “culturalismo”. Desde el Psicoanálisis podemos inferir mecanismos singulares que nos permiten pensar algunos fenómenos sociales, pero no explican los procesos sociales. Los procesos sociales tienen lógicas propias. Esa es una zona de borde que es compleja ahora y lo era antes. En esa época era un tiempo de tensión y efervescencia política de escala diferente a la de hoy, aunque hoy muchas de las contradicciones de entonces se hayan vuelto a hacer notorias. Pensar al psicoanálisis por fuera de la política era inadmisible entonces. Eso llevó a las escisiones en las instituciones psicoanalíticas en proyectos como Plataforma y Documento, a debates como los que recogen los textos de los dos tomos de Cuestionamos. Una larga tradición que se perdió después de la dictadura, ya que desaparecieron junto con tantos miles de personas de las calles del país, esos textos de los recintos universitarios. Y el mundo universitario entró en un modo de formación más específica, ahora ya no bajo la égida del kleinismo, sino bajo la égida del lacanismo. Hoy por hoy, hay una entrada a la práctica mucho más movida por ideales del estilo “¿cómo me inserto en el mercado del trabajo?”, y no “¿cómo me formo?” o “¿qué interrogantes me llevan a hacerlo?”.

IF: Me gustaría recuperar esta característica tuya de la curiosidad para seguir conociéndote. ¿Mientras vos hacías este recorrido en paralelo de la clínica hospitalaria y la formación universitaria, había otras curiosidades? ¿Había otras cosas que despertaban tu interés y que te nutrían?

OS: (Risas) Había demasiadas. Había un exceso. En determinado momento abruma porque cuando me meto en un tema, quiero explorarlo en profundidad. Me interesa en especial la literatura, escribo novelas, poesía. Me dedico a la escritura hace años y la oficialicé en novelas hace 15 ó 20 años. Mi lectura ha sido siempre muy amplia. De hecho en la Escuela (AEAPG) dando clases, les preguntaba a los alumnos con los que iniciaba el seminario qué libros habían leído que no fueran de Psicoanálisis en el último año. Dejé de hacerla cuando en todo un seminario sólo dos personas habían leído una novela de Ian Fleming en el verano. Fue apesadumbrante. Si hay algo que tiene la teoría psicoanalítica y el pensamiento freudiano, es su amplitud. Freud estudiaba sobre las tradiciones religiosas, sobre las peculiaridades del mundo egipcio para poder pensar su texto sobre el Moisés. Se metía en cuestiones de la Biología, de la Filosofía. Ahora bien, si lo único que se sabe muy bien son los textos de Freud o, mejor aún, los seminarios de Lacan o la obra de Klein o Winnicott, yo no creo que se pueda así aprehender el modo del pensamiento freudiano que es muy amplio en sus inquietudes, más allá de que la aprehensión decisiva es la que produce la propia experiencia de análisis.

IF: De este modo parece que vos pensás que esta clausura en el conocimiento de la exclusividad de los textos psicoanalíticos, dejando por fuera otras líneas del conocimiento, podría influir en la escucha del psicoanalista. Planteas un psicoanálisis de apertura en el que haya múltiples lecturas y no exclusivamente aquellas del Psicoanálisis. Si tomamos esto y lo vinculamos con los debates acerca de la vigencia del Psicoanálisis en la actualidad que se encuentran en varios medios y ámbitos, podríamos pensar que más que un desafío del Psicoanálisis, el desafío es de los psicoanalistas. ¿Será abrir la cabeza?

OS: (risas) Yo diría abrirnos. Cuando digo curiosidad, digo preguntas. Preguntas acerca de lo que no se entiende. Creo que los psicoanalistas entendemos menos de lo que nuestros trabajos pretenden demostrar. A veces con un fragmento de un caso se hace todo un desarrollo teórico muy vasto, como si esa viñeta demostrase algo, cuando, a lo sumo, muestra algo. En todo caso lo que demuestra es que nuestra sapiencia muchas veces oculta nuestra ignorancia. Yo creo que es sobre la base de la ignorancia, esas zonas que se generan mientras te formás, y la formación nunca se termina, aparecen preguntas, cosas que no entendés y otras que sí. A medida que entendés, aparecen cosas que no entendés y te hacés preguntas. Esa es la curiosidad, plantearse interrogantes. Para mí el funcionamiento mental es un interrogante. La clínica cotidiana es encontrarse con un mundo de preguntas: ¿qué le pasa a esta persona?, ¿qué lo hace padecer?, ¿qué lo lleva a quejarse de cierta situaciones cuando sufre de otras? Si uno, ante todo esto, no se ubica en una actitud de interrogación lo más probable es que recurra al archivo psicoanalítico de explicaciones de bolsillo para no escuchar. La singularidad implica incursionar en relaciones muy sutiles que llevan tiempo. El trabajo psicoanalítico en este sentido es un trabajo paciente. Desde esta perspectiva, no creo que el Psicoanálisis esté en crisis, lo que sí creo que está en crisis es el lugar que el Psicoanálisis va a ir teniendo en la sociedad por su propia dinámica. Lo que está en crisis es el sistema social que está muy orientado a lógicas de aplicación conductistas en el que se vende desde un producto de supermercado hasta un presidente. Entonces, el Psicoanálisis es una experiencia de humanización en su sentido profundo y denso que transcurre hoy en una época en la que no sabemos qué humano va a ser el próximo humano. Es una época en la que una novela escrita por una computadora en Japón deviene finalista de un concurso literario o en la que ya una computadora ha hecho una obra de Rembrant nueva. Hoy el mundo está dominado por lo tecnológico y lo tecnológico con relación al poder y su relación con qué tipo de humano las condiciones de poder producen. Vivimos en condiciones actuales de control estricto. En este sentido, recomiendo la serie Black Mirror que plantea de un modo brillante estas cuestiones. Con lo cual, no creo que el Psicoanálisis esté en crisis aunque sí ciertas formas de su práctica. Algunas generadas por el masivo empobrecimiento relativo y absoluto según los casos. Se ha naturalizado que alguien se tiene que atender una vez por semana porque suele ser muy difícil para economías familiares tan jaqueadas pagar más. Pero hay pacientes que necesitan más, y no porque sean más graves, sino porque necesitan más tiempo para generar campos asociativos. Es de una gran riqueza explorar esos campos y para eso se requiere tiempo.

IF: Desde estos 43 años que llevás de haberte recibido, entre muchas cosas, creo que algo que varió está vinculado al tiempo. Creo que la aparición de la tecnología, como describías antes, produjo un cambio en la temporalidad. Hay una suerte de aceleración. Entonces ¿cómo construir estas condiciones para generar campos asociativos en sesión como ofrece el Psicoanálisis cuando la tecnología y la dinámica social funcionan en este tiempo zapping en el que pareciera que no hay oportunidad de detenerse?

OS: Uno permanentemente intenta construir esas condiciones. Lo importante es no perder de vista esas condiciones y no naturalizar lo otro. No se trata de que el paciente hable de lo que quiere, sino de lo que se le ocurra, de lo que se le pasa por la cabeza. “Dé lugar a sus ocurrencias” es lo que propone el Psicoanálisis. No es “hable de lo que quiera”, que implica una invitación a la primacía de los procesos secundarios. A veces lo intento proponiendo dos sesiones más breves en la semana cuando las condiciones económicas no dan para sesiones más extensas. Otras veces, hago una sesión más extensa, otras hago dos sesiones seguidas de un día a otro para que en la segunda pueda dar lugar a la realidad fantasmática. Lo que cae es la ritualización del número y hay pacientes que pueden asociar viniendo una vez (aunque siempre es más dificultoso, al menos en mi experiencia). Son cuestiones complejas, pero no puedo hablar de una crisis del Psicoanálisis porque la experiencia me muestra su riqueza. El mundo está rodeado de enigmas y el inconsciente se constituye como enigma fundante, creo que en ese sentido es que hablo de la curiosidad.

IF: Hablando de asociaciones y de curiosidad, pensé en sexualidad. Un tema central del Psicoanálisis. ¿Qué pensás que ocurre hoy con la sexualidad de las personas? Hoy en día se escuchan variados discursos y opiniones vinculadas a las perspectivas de género, cambios en la feminidad y masculinidad.

OS: Casi me siento obligado a recomendar bibliografía propia para responder a esto. Uno de los artículos que más quiero de los que escribí para la Escuela (AEAPG) fue uno en homenaje a los cien años de “Tres Ensayos sobre Teoría Sexual” en el cual me meto en este tema recurriendo a un encuentro ficcional con Freud en la actualidad. En un mundo en el que hay proliferación de la sexualidad, yo escucho conflictos de todo tipo y formato. En especial en relación con los jóvenes adolescentes varones mucha más consulta relacionada con el ejercicio de la función sexual: procesos de inhibición, dificultades eréctiles. Es una especie de paradoja. Cuando parece que más se habla, hay una represión nueva. Creo que esta represión la genera cierta obscenidad. La sexualidad tiene cierta forma de velo. El velo es parte de la constitución de la mente. Si la mente viese en crudo la realidad de todo, seríamos una suerte de aparato de rayos que observa la realidad interna de nuestro esqueleto, pero sin articulación. Algo terrorífico. La articulación de la sexualidad es un proceso que al mismo tiempo muestra y vela. La fantasmática vinculada a los modos de inscripción de la pulsión es un campo exclusivo del Psicoanálisis que a veces se piensa como un problema sexológico y no de lo que Freud llamó la psicosexualidad.

IF: Estamos concluyendo. Es un interesante y grato escucharte. Quedará para otra vez una segunda parte. Muchas gracias.

OS: Muchas gracias por el reconocimiento implícito en esta invitación.

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Oscar Sotolano

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Ileana Fischer

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