NÚMERO 16 | Agosto, 2017

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La creatividad artística como experiencia en la transferencia. «María la que une» | Marita Auruccio

Ponencia de la Mesa «La creatividad como experiencia en la transferencia» organizada por el Área Pensando desde Winnicott, noviembre de 2016.

La mayoría de los seres humanos
consigue guiar hacia su actividad profesional
partes de sus fuerzas pulsionales sexuales…
Pulsiones y destinos de pulsión. Sigmund Freud (1915)

 

Para el psicoanálisis, la pulsión es una fuerza constante, puesto que no ataca desde afuera del cuerpo, sino desde adentro a esta necesidad pulsional solamente la calma la satisfacción. (Freud 1915)

El término pulsión pone en evidencia el «sentido de empuje». (Laplanche-Pontalis)

Junto a las excitaciones externas de las que el sujeto puede huir, existen las internas que aportan la excitación de la que el organismo no puede escapar y constituye el resorte del funcionamiento del aparato psíquico.

En cuanto al caso que aquí presentaré, el movimiento pulsional que atraviesa la paciente permite que reoriente, en cierto modo y dirección, su satisfacción.

Cuando se habla de creatividad en términos culturales y sociales es aquello que es aclamado y reconocido.

Ahora bien, algo creativo, no en términos artísticos solamente, es un comportamiento en el que un sujeto ha transformado aquello que le es externo.

De alguna manera, está creando algo, algo nuevo; Winnicott dirá que son los comportamientos del encuentro entre un niño y aquello que lo rodea, el niño siente la ilusión que el mundo es creado por él.

Para Winnicott lo «creado» y lo creativo otorgan beneficio para la subjetivación.

Nos habla del mundo creado por el recién nacido y es a partir de la relación con su madre o cuidadora, que comenzará la construcción de su aparato psíquico, a la luz de un ambiente facilitador y una madre suficientemente buena.

Mediante un funcionamiento que permita la adaptación a la reacción ante los ataques y un desarrollo natural continuo con la catalogación de los diferentes ataques (trauma natal, desencuentros con la madre, etc.) para su asimilación en el desarrollo posterior.

Es en este interjuego donde la vida cobra el sentido de ser vivida.

Se van dando paulatinamente intercambios de satisfacción y frustraciones.

Volviendo a los conceptos de Winnicott, cuando falta la respuesta que asegura desde lo externo, cuando las experiencias infantiles no son respondidas o son rechazadas, el niño percibe que hay gestos de él que no son bienvenidos y los ha de suspender, de separar, de disociar en términos de desmezcla, para no querer saber, para no sentir.

Es así que el niño va haciendo experiencia, va percibiendo y apercibiendo una realidad atrapadora, mucho más insuficiente que suficiente, que Winnicott sostiene que el niño se sentirá más vulnerable, su gesto espontáneo dejará de aparecer y su tendencia será un vivir no creador.

Sabemos que el ir haciendo desde la propia iniciativa genera estados creativos para querer experimentar la vida con mayor bienestar.

Con el correr del desarrollo y a la luz de un ambiente no facilitador, un niño irá tomando noción que la insatisfacción no le permite desarrollarse, y que lo lleva a estados de enfermedad.

Es importante aquí el concepto de primera posesión donde el interés por la madre muestra un rico discernimiento de «no yo» por parte del niño.

Sabemos del pulgar en la boca, del puño, del dedo acompañado de sus otros dedos acariciando su cara o tocando a la madre, evidenciando esta etapa oral importante no por la excitación y satisfacción oral, sino siendo el punto de partida para dar importancia al objeto no-yo.

Se ven la importancia del objeto, capacidad en reconocer un «no yo», ubicación de un adentro, afuera y un límite, así como la capacidad de crear, imaginar, inventar, producir el objeto y el inicio afectuoso de una relación objetal.

De este primer objeto, pasamos a una zona intermedia donde estará el objeto y otros fenómenos transicionales.

Del pulgar al puño, entre el erotismo oral y la verdadera relación objetal.

Entre la actividad creadora temprana y la proyección de lo que ya ha sido introyectado.

En esa zona intermedia entran los fenómenos transicionales junto al uso de los objetos que no es el uso de su cuerpo, pero que tampoco son reconocidos como externos a él.

Así se irá alcanzando la fase de unidad, con la membrana limítrofe entre adentro y afuera y así tendrá en su desarrollo ese niño, cierta paz o cierta guerra interior.

Así esta zona intermedia es la que da lugar a la zona de experimentación.

Ya con la confianza de un afuera en conocimiento y aquellos elementos que estarán adentro.

La puesta a prueba de la realidad pone al pequeño en un constante aprender y experimentar. Percibir y apercibir para aceptar la realidad.

Interviene aquí, dice Winnicott, la ilusión, germen entre otras cosas del arte y la religión.

Interesa de manera importante la zona intermedia y la primera posesión, es decir, lo que ocurre entre lo subjetivo y lo que es percibido objetivamente.

El objeto transicional que ni se pierde ni se olvida, sino se decatectiza, pierde significado porque los fenómenos transicionales han sido «de-fundidos». Se han extendido por toda la zona intermedia (entre realidad psíquica interior y el mundo exterior) ampliándola sin los objetos transicionales ahora, sino dando paso al juego, creación artística, apreciación del arte, religión, sueños, rituales obsesivos, en su recorrido hacia la experimentación.

Llamaré «María la que Une» a la paciente que hoy presento.

La nombro así por el trabajo metapsicológico que en ella se produce.

Esta paciente que permanece en el guion que separa el psique del soma de manera defensiva, ha hecho un pasaje en ciertos momentos de unificación esporádica de huida a la salud.

Como efecto del trabajo de la transferencia y en un marco psicoanalítico winnicottiano de alojar a la paciente, ella ha podido aflojar los mecanismos defensivos que obstaculizaban su satisfacción.

Ha podido empezar a crearse a sí misma y su razón de ser en el mundo, y de su creatividad en la alegría de querer vivir.

A partir de la construcción en transferencia y de la disponibilidad del analista, se comienza a reconstruir el vínculo temprano, madre-hija, pudiendo la paciente hacer uso del objeto en un contexto intersubjetivo.

Si bien esta paciente tiene momentos de silencios defensivos en su cuerpo y su actitud corporal, en ocasiones, se implica interrelacionándose con el mundo externo, ella suele decir: «Me gusta disfrutar de mis espacios silenciosos». Es allí, en ese estando a solas, pero rodeada de un otro, que se produce un fenómeno transicional.

Términos como «estar volando», «sentirse aturdido», «andar en las nubes», «vivir mis espacios silenciosos» son expresiones dichas por ella que muestran dos maneras de estar a solas.

Hay un aislamiento defensivo y otro creativo.

A la experiencia subjetiva de estar en el cuerpo, Winnicott se refiere como indwelling (habitar en lo interno) y tener la piel como frontera subjetiva entre el self y el no-self y la vivencia de la psique viviendo en el soma.

La unidad mente-cuerpo se consigue a través de estímulos libidinizantes (erógenos y amorosos) sobre la superficie corporal del niño que se dan en la interacción temprana entre madre o cuidador y niño, con el handling o manipulación o manejo en el cuidado del pequeño y el holding o sostén se irá construyendo el tono afectivo de la relación.

Los déficits implican deformaciones en el self corporal del niño o un desarrollo incompleto en el sentido de «habitar el propio cuerpo».

Viñeta clínica

María la que Une, es una mujer de 39 años que consulta por su falta de ánimo y ganas de vivir.

A menudo sufre de fuertes dolores musculares que llegan a inhabilitarla temporalmente.

Es importante mencionar, como ya Freud indicara, las series complementarias, pilares para la estructuración del psiquismo, una parte constitutiva, otra hereditaria y otro componente social-emocional.

Al igual que Winnicott, que nos advierte la importancia del ambiente en el que nace y va creciendo el niño, la importancia de los primeros momentos de la vida y del desarrollo humanos en donde la dependencia es insoslayable. (Winnicott, 1936-1965).

La paciente se ha visto afectada por una difícil disposición ambiental en la que creció, obligada a vivir de manera ensimismada, creando su propio mundo interno para alejarse en ocasiones de la realidad objetiva. Acostumbrada a estar en soledad y en largos silencios familiares.

Las dificultades muestran mecanismos de una estructura más grave en relación con la no-integración psique-soma y la falta de contacto entre ella y su madre como así mismo desde ella como madre. Me referiré en esta ocasión solamente a las defensas más neuróticas de represión y sublimación.

La paciente posee núcleos esquizoides como un modo de preservación, de los que disfruta y necesita para rearmarse a partir de su mundo interno.

Si bien es cierto que Winnicott en Realidad y juego dice: «… es preciso separar, como ya señalé, la idea de la creación, por un lado, y las obras de arte por otro. Lo cierto es que una creación puede ser un cuadro, una casa, un jardín … una sinfonía … la creatividad que me ocupa aquí es un universal. Corresponde a la condición de estar vivo». (pág. 118).

Es por esto que en la paciente observo una mezcla de re-crear el mundo hostil que percibió en su infancia.

Lo creativo fue crear nuevamente un mundo para seguir viva y observando la vivacidad que ella iba logrando conscientemente de aprender a vivir una vida mejor.

La sexualidad en ella ha estado reprimida.

Hay recuerdos de abuso por parte de un tío paterno en época prepuberal.

Toda esta suma de acontecimientos la llevó a tener inhibiciones en sus relaciones con varones y mujeres y a desestimar la sexualidad.

Ya siendo adulta y con un trabajo formal, aparecen los primeros síntomas de dificultades motrices; lo pulsional en ella siguió en pié orientando su espíritu creador.

Fue difícil el vínculo con su madre tan presente como autoritaria.

El padre, al que describe como silencioso y sometido, es quien la acompaña a su modo en las distintas etapas de la vida.

Trae consigo la herencia de duelos patológicos de su familia, los puede ir entendiendo y, en la medida que estos no son vividos o actuados por ella, va haciendo experiencia de su posición en el mundo.

Elaborar entre otros, el duelo por lo espontáneo y amoroso entre ella y su madre, perdido en épocas tempranas, «el fracaso en el inicio del vivir creador», dice Winnicott.

Pudiendo re-crearse y encontrar sentido de ser, sentirse viva.

Es cierto que en este caso no hay una destrucción total de sus capacidades, sí un acatamiento y una inhibición por falta de la experiencia viva.

«… el impulso creador es algo que puede entenderse como una cosa en sí misma y que es necesaria si el artista quiere producir una obra de arte, pero también lo que se encuentra en cualquier bebe, adulto, anciano que hace algo de manera deliberada como ensuciarse con sus heces o prolongar el llanto para gozar de un sonido musical…» (Winnicott, Realidad y juego, pág. 120).

La paciente dice: «En mi jardín es en uno de los pocos lugares donde me siento feliz … tocando la tierra y cuidando mis plantas y sus flores para que sigan vivas siempre … y así las plantas florecen para mi…».

La paciente cuenta que su madre no la deseaba, que solamente tenía ojos para sus tres hijos varones (mayores que ella). Por ese motivo, la paciente prefería juegos de varones y copiaba todo lo que sus hermanos hacían para agradar y captar la mirada de su madre.

En el análisis pudo ir reconociendo ciertas partes propias como no querer ser madre y, a pesar de ello, quedar embarazada y no querer repetir lo que su madre hizo con ella.

Empieza, a partir de aquí, un proceso de reparación.

Empieza a poder crearse una vida más agradable que le genera un estado de bienestar enorme, como así también los avances en la comprensión de las necesidades de su hijo.

Empieza algo más empático y no tan esquemático en el trato afectivo con el pequeño que permite que el niño vaya realizando su desarrollo evolutivo en casa como con sus compañeros del colegio.

Esta es apenas una parte de la rica experiencia que pude apreciar generada en el espacio terapéutico, espacio transicional de puesta en marcha de aspectos tempranos, vinculares.

Como analista, acompañé a la paciente en el proceso que ella fue desarrollando apropiándose de sí misma.

En la transferencia, mi lugar como analista era de sostén como la madre al bebe y del reencuentro con su verdadero self.

Todo este proceso requirió de un acompañamiento delicado por las características de sobre adaptación y falso self de la paciente que le fueron permitiendo conectarse consigo misma y luego lograr cierta empatía con su hijo.

Podemos hablar de eventos traumáticos, de duelos patológicos, de regresión a un punto de fijación en su desarrollo evolutivo, desde Freud de situaciones pre-edípicas y edípicas, pero en este caso solamente tomé lo creativo como etapa de unión entre las pulsiones creadoras de vida para darse vida.

Hay algo que me reconforta como analista y es ir haciendo experiencia junto a mis pacientes, mi análisis personal y el aprender de ellos, como decía Winnicott, y saber que los acontecimientos personales de nuestra historia, nuestras elecciones y rechazos y nuestra experiencia son un fuerte dispositivo en el encuentro con el otro.

Bibliografía

Freud, S. (1992). Pulsiones y destinos de pulsión. En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras Completas: Sigmund Freud (Vol. 14, pp. 105-134). Buenos Aires: Amorrortu (Trabajo original publicado 1915).

Nasio, J. D. (2016). Arte y psicoanálisis. Buenos Aires: Paidos.

Winnicott, D. (1991). Realidad y juego. Buenos Aires: Gedisa.

Winnicott, D. (2002). Escritos de pediatría y psicoanálisis. Barcelona: Paidós.

Winnicott, D. (1991). Exploraciones psicoanalíticas, Vol. I. Buenos Aires: Paidós.

Winnicott, D. (1991). Exploraciones psicoanalíticas, Vol. II. Buenos Aires: Paidós.

Acerca del autor

Marita Auruccio

Marita Auruccio

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