NÚMERO 16 | Agosto, 2017

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Síntesis de la tesis de Maestría en Psicoanálisis: Síndrome XXY-Hermafroditismo Una mirada desde el psicoanálisis | Silvia Elena Romero

Síntesis de la tesis de Maestría en Psicoanálisis, Asociación Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados (AEAPG) en convenio con la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM), defendida en noviembre de 2016. Directora de tesis: Andrea Martínez Filomeno. Jurado: Florencia Ibarra, Alicia Levín, Osvaldo Maltz.

Una de las primeras cuestiones que me pareció relevante para la elaboración de esta investigación fue ubicar al paciente del Historial en el contexto socio-histórico en el que llegó a consulta, particularmente, respecto de los cambios producidos acerca de la sexualidad. En la época de Freud, época Victoriana, la sexualidad era una sexualidad signada por la represión y, en lo actual, por situar una diferencia, se podría decir que la sexualidad está signada por el empuje a mostrarse en la redes sociales, signada por hacer con el cuerpo propio, más allá de lo imposible. Todos habrán visto en la vía pública esa publicidad de un centro de estética que dice: “Entre con el cuerpo que tiene y salga con el que quiere”.

Esta es una época marcada por la caída de las instituciones en su función de regulación de las normas, y por la declinación de la función paterna en su función de prohibición y de operadora de la diferencia sexual; se resaltan ambos cambios como importantes de los últimos años, por el efecto que producen respecto de los nuevos modos de las presentaciones sintomáticas y de las nuevas formas de padecimiento.

Se observa en la consulta clínica la queja por dificultad para establecer lazos, y la gran dificultad para mirarse en un otro solidario. Zygmunt Bauman (filósofo y sociólogo polaco) se refiere a esta situación como la transformación del amor romántico en “amor líquido”, concepto que da cuenta de unos de los modos que adopta la forma de hacer lazo en la actualidad. Otro observable cultural actual es lo que Gilles Lipovesky (filósofo y sociólogo francés) denomina “vacío representacional”, fenómeno que ocurre como resultado de la confrontación de los sujetos con el debilitamiento de la fuerza de los ideales.

En ese contexto mundial de sentidos y, como otra novedad, en la República Argentina, en los últimos 10 años, aproximadamente, a partir de la discusión y sanción de las Leyes de Matrimonio Igualitario, Identidad de Género y de Fecundación Asistida que aportan novedades a la época, se construyen nuevas representaciones en un histórico-social en el que las minorías diferentes pueden empezar a nombrarse por dentro de la Ley. Es decir, van encontrando estas minorías soporte identificatorio en representaciones sociales que les permiten ordenar de modo diferente la experiencia subjetiva a la vez que, al visibilizarse la diversidad, se construyen nuevos sentidos epocales.

Estas nuevas presentaciones de la sexualidad, que se hacen visibles, y llegan a la consulta como conflicto o padecimiento, van en el sentido opuesto de la tendencia clasificatoria que ignora el Complejo de Edipo, el Complejo de Castración y las singularidades de cada paciente.

Estas son, solo unas líneas, unas coordenadas que permiten, de alguna manera, situar al paciente del Historial, al que voy a llamar Federico, y que me llevó a elaborar esta investigación.

El paciente llega con un diagnóstico médico de Síndrome XXY.

El Síndrome XXY o Hermafroditismo fue descubierto por el doctor Klinefelter en 1942 en Boston. Sus causas se deben a una alteración genética que ocurre durante el proceso de división celular en el que se forman las células reproductivas (óvulos y espermatozoides), llamado meiosis.

La medicina define el síndrome como una de las anomalías o trastorno genético o cromosómico, consistente en la existencia de dos cromosomas X y un cromosoma Y.

Es una patología que padecen los hombres y que afecta el desarrollo sexual masculino.

La característica principal es que los varones afectados no son capaces de producir testosterona.

La testosterona es la hormona que dirige el desarrollo sexual masculino antes el nacimiento y durante la pubertad.

Su ausencia provoca: esterilidad, bajo o nulo apetito sexual, escaso vello facial y corporal, aumento en el tamaño de mamas, mayor acumulación de grasa a nivel de las caderas. En algunos textos médicos, también describen como características debilidad mental y depresión.

Existen variantes del Síndrome XXY que incluyen más de un cromosoma X.

El cariotipo normal masculino es 46 XY.

Comencé a prestar atención a las formas en las que son nombrados estos pacientes y me encontré con las siguientes maneras diferentes:

  • “Hermafroditismo” que es un término antiguo, proveniente de la mitología griega
  • “Pseudohermafroditismo”
  • “Intersexualidades”
  • en el DSM IV, en el apartado de los Trastornos sexuales y de la identidad sexual, hay una categoría, Trastorno de la identidad sexual no especificado, donde incluyen las Intersexualidades, el Travestismo y la preocupación por la castración.
  • en el DSM V (disfunciones sexuales y disforia de género) está incluido en la categoría Disforia de Género, dentro de un subitem que denominan Trastorno Adrenogenital Congénito.

Estos son algunos de los nombres utilizados por la medicina para definir un grupo de afecciones donde hay discrepancia entre los genitales internos y externos; lo cual quiere decir que coexisten en el mismo sujeto ambos sexos biológicos.

Una de las primeras preguntas que me planteé, fue ¿cómo será para un niño, para un adolescente, ser nombrado por el otro social de estos modos?

Se sabe que el discurso médico clasifica y ordena según los datos genéticos, no es tan sencillo de ordenar y nombrar subjetivamente. La materialidad del cuerpo pulsional impone el trabajo de construcción de la propia sexualidad a cada ser humano y exige un trabajo también de construcción a la hora de nombrarse.

Una de las característica principales en la historia de pacientes XXY es que se enteran recién en la adolescencia o en la juventud de su ambigüedad sexual y, se les informa también, si fueron operados o no en la niñez.

Otra cuestión, para los pacientes hermafroditas y sus familias, es el papel que juegan los médicos tratantes desde el momento del nacimiento de los niños hermafroditas. En general, la tendencia médica apunta a la corrección de género, práctica que induce a la cirugía a niños recién nacidos con el consentimiento de los padres y que pretende anular uno de los dos sexos biológicos o, como otra solución posible, se les sugiere a los padres la desmentida, a partir de la crianza, luego de elegir uno de los géneros para su hijo y se les indica que deberán actuar en consecuencia.

Un aspecto fundamental de la teoría psicoanalítica y que me sirve de brújula en la clínica, es si la deriva pulsional transcurre dentro de los límites del principio del placer, aceptando la castración y tolerando la diferencia en el sentido del Edipo o, por fuera de él, en el más allá del principio del placer, dejando al sujeto del lado de la pulsión de muerte, la compulsión de repetición, el goce mortífero.

En el texto “El malestar en la cultura” (1930 [1929]), Sigmund Freud se refería al impacto directo que tiene la civilización sobre el cuerpo, en el marco de su investigación, acerca de lo dificultoso que resulta para el ser humano alcanzar la felicidad, señalando entonces que el penar proviene de tres fuentes de las que es imposible sustraerse: “…la hiperpotencia de la naturaleza, la fragilidad de nuestro cuerpo, y la insuficiencia de las normas que regulan los vínculos recíprocos entre los hombres…”[1].

En este sentido, no hay muchas diferencias con lo actual por lo que se resalta la vigencia del psicoanálisis. El psicoanálisis se encuentra en su experiencia con el sufrimiento y los síntomas. Se sabe que existe una tensión entre el cuerpo real, lo asignado por el Otro que atribuye la sexualidad al sujeto, y lo representacional como consecuencia de la experiencia, que es donde lo dicho hace cuerpo, y da como resultado cierta conciencia de sí, determina la posición sexuada y el niño puede decir: “yo soy…”.

En el caso de la presente investigación, se analiza la experiencia de un paciente con diagnóstico médico XXY hermafrodita, con su familia, particularmente, con sus padres y la experiencia con dos médicos tratantes. Se analizó cómo fue la experiencia con cada uno de ellos y cuál fue el papel que jugaron el entramado de dichos discursos, respecto de la cuestión de la posición sexuada, por un lado, y cuál fue su funcionamiento como soporte identificatorio. A partir de las asociaciones del paciente, los recuerdos que traían a consulta, la historia familiar y mi escucha, pude llegar a plantearme el problema de investigación que más me interesaba y me interesa.

Partí de un universo amplio de preguntas y conceptos con los que me interesaba y me interesa trabajar e investigar, y fui ajustando y acotando el campo hasta llegar a la pregunta que podía adquirir la relevancia de un problema de investigación. Esto también me llevó a elegir el método y la unidad de análisis.

Con el fin de llegar al objetivo, responder las preguntas planteadas y resolver el problema de esta investigación, se tomó como Unidad de Análisis el Historial Psicoanalítico de Federico, aplicando en el análisis de dicho Historial, el Método Indiciario.

Problema objeto de investigación

¿Cómo influyen los avatares del cuerpo real en la operatoria de la premisa fálica en un paciente con diagnóstico de Síndrome XXY?

El objetivo general

Caracterizar cómo influyen los avatares del cuerpo real en la operatoria de la premisa fálica, estableciendo la relación existente entre el proceso de elaboración del Complejo de Edipo, el Complejo de Castración y la asunción de la posición sexuada en un paciente con diagnóstico XXY.

Hipótesis

Si un paciente ha sido diagnosticado desde el punto de vista médico como XXY, es decir, presenta en el cuerpo real caracteres propios de ambos sexos, entonces la operatoria de la defensa efectuada por el yo estaría dada a predominio del mecanismo de la desmentida, desmentida de la castración, por la prevalencia de la premisa fálica.

Se planteó, de este modo, una investigación de carácter exploratorio y descriptivo.

El problema planteado, el objetivo general y la hipótesis guían la investigación; es un proceso de pensamiento y escritura que avanza en forma espiralada durante la misma.

Fue fundamental la pregunta de inicio: ¿Qué es un cuerpo? El cuerpo para el psicoanálisis no es el organismo biológico.

¿Cómo pasar de ser un organismo biológico a tener un cuerpo sostenido en la imagen que el otro me devuelve? Durante la infancia y adolescencia, las vicisitudes de la sexualidad, tener o no tener pene, terror a perderlo, envidia por no tener son cuestiones que llevan a elaborar las teorías sexuales infantiles bajo esas coordenadas. El carácter destacado del pene en la constitución del aparato anímico, el temor imaginario por su pérdida intenta indicar la diferencia sexual, revelando las dificultades de la sexuación y la dificultad de identificarse bajo un símbolo o significante único. La Castración implica renunciar a igualarse a ese símbolo, el falo. Como ya se destacó, la confrontación con el cuerpo real supone algo de lo traumático para todo ser humano; en este Historial no solo porque el cuerpo XXY es diferente, como todos los cuerpos, sino porque el cuerpo XXY le manda señales imposibles de eludir dada la baja producción de testosterona que le produce sensación de cansancio, dificultades para tener erecciones, entre otras características particulares, que le provocan sentimientos y sensaciones de las que evidentemente le resulta difícil o imposible sustraerse.

En el marco de las apoyaturas simbólicas que se destacan en el Historial, este cuerpo XXY fue signado por el discurso materno y paterno y por uno de los médicos tratantes como un síndrome, con deficiencias funcionales, deformaciones, un cuerpo medicado al que se pretendió corregir mediante cirugías; un cuerpo que fue ocultado y al que se lo mantuvo en secreto por muchos años. Las intervenciones realizadas en el cuerpo, así como el discurso materno y paterno, no logran absorber el devenir pulsional ni enmarcar la posición del sujeto frente a lo real.

Para Freud el cuerpo pulsional va deviniendo en cuerpo erógeno a partir de los cuidados maternales; en “Introducción del Narcisismo”, 1914, dice: “Es un supuesto necesario que no esté presente desde el comienzo en el individuo, una unidad comparable al Yo; el Yo tiene que ser desarrollado … algo tiene que agregarse al autoerotismo, una nueva acción psíquica, para que el narcisismo se constituya”. Para Freud el cuerpo es la base material del Yo, es un cuerpo representado.

La premisa fálica cumple la función de organizar la sexualidad y da como resultado representarse un sexo y asumir una posición.

El Historial da cuenta de cómo el paciente realizaba intentos para iniciar el camino de la construcción de un lazo por fuera de lo endogámico, no sin dificultades. Se sabe que la construcción de un lazo posible por fuera de lo endogámico, acontece bajo la mirada y el decir de los padres.

La encrucijada edípica que surge de los indicios de este Historial es que el paciente se encuentra sometido a una madre fálica, que aparece bajo la forma de estrago, e identificado a un padre pasivo.

Dice Lacan en El Seminario. Libro 5. Las Formaciones del inconsciente (1957-1958): “El padre es el padre simbólico, el padre es un significante que sustituye a otro significante. Aquí está el mecanismo, el mecanismo esencial, el único mecanismo de la intervención de un padre en el complejo de Edipo. Y si no es en este nivel donde buscan las carencias paternas, no las encontrarán en ninguna otra parte”.

El psicoanálisis enseña que yo, cuerpo y realidad, son construcciones vinculadas al modo de enlazarse con el Otro, con los otros, cuestiones éstas atravesadas, como dice Nasio, por el amor y el odio.

El paciente llega a consulta con un Yo que no sabe cómo nombrarse, con una imagen que tambalea por cuestiones propias de la sexualidad, pero además tambalea entre la superpotencia ligada a inyectarse hormonas masculinas y el sentimiento de debilidad cuando el efecto de la testosterona iba desapareciendo.

La escucha, la mirada y el decir de la analista corren al paciente del lugar de la excepción, y habilitan el espacio de análisis para que entre el cuerpo real al consultorio, y que el paciente pueda hablar de su cuerpo XXY, de sus vivencias, de sus logros, de sus obstáculos, del sentimiento de angustia.

Si para todos los seres humanos el encuentro con la sexualidad es traumático, ¿cómo armar un yo y un cuerpo para nombrarse, para sentirse amable?

El paciente del historial pudo poner en cuestión algunos aspectos los discursos paternos y pudo tomar algunas decisiones. A partir de la construcción de un nuevo entramado simbólico tal vez alcance su deseo y pueda, quizás, hacerse nuevas preguntas.

Notas al pie

[1] Freud, S. (1996). El malestar en la cultura. En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras Completas: Sigmund Freud (Vol. 21, pp. 57-140). Buenos Aires: Amorrortu (Trabajo original publicado 1929 [1930]).

Acerca del autor

Silvia Elena Romero

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