Criar en tiempos de coronavirus

Criar en tiempos de coronavirus

 

Gabriela Nelli

Cocoordinadora del Area de Fecundación Asistida y Adopción

 

Nos toca una etapa complicada en lo que a salud pública respecta.

Coronavirus —y en menor medida dengue— de pronto se transformaron en palabras cotidianas que escuchamos, leemos, decimos y repetimos sin cesar. Y, sí, es cierto, hay que tener cuidado y preservarse, pero ¿cómo hacemos para transmitir toda la información que nos llega diariamente a los chicos sin asustarlos? ¿Cómo hacemos para procesarla nosotros como adultos, siendo que nos encontramos ante un hecho impensado, novedoso y desconocido que afecta al mundo entero, y nos deja entonces sin parámetros que sirvan de referencia?

La cantidad y diversidad de información que circula es abrumadora, y muy poco alentadora además. Muchas personas quedan atrapadas entre datos e imágenes que envuelven sus día a día encerrados en casa, haciéndolos sentir cada vez más vulnerables y atemorizados. ¿Cómo acotar esto? ¿Cómo preservar nuestra salud psíquica ante esta situación?

Como adultos responsables de sostener la cotidianeidad familiar, lo primero será establecer normas y rutinas, con un grado de flexibilidad mayor al habitual que evite generar conflictos innecesarios, teniendo en cuenta que todos estamos en un proceso de adaptación express ante un cambio radical en nuestros modos de vida. Cada familia se adecuará según sus estilos e intereses, pero es importante para todos crear tiempos y espacios que permitan llevar adelante las actividades de cada uno de la manera más similar posible a la habitual pre-cuarentena. En cuanto a la información, es fundamental estar actualizado, pero asegurándonos que la fuente sea confiable y objetiva, sin exponernos al bombardeo constante de datos.

Respecto a los niños, lo primero a transmitir claramente es que el objetivo es PREVENIR, que los chicos aprendan a cuidarse y a cuidar a los demás, lo cual es muy distinto a atemorizar. Por ejemplo: cuando nuestro hijo tiene la edad para soltarse de nuestra mano y avizoramos que pronto cruzará solo la calle, no le decimos “¡Veni acá que te va a pisar un auto!”, sino que le enseñamos porqué debe ir de la mano y qué cuidados tendrá que incorporar para dejar de hacerlo (detenerse en las esquinas, mirar a ambos lados de la calle, observar los semáforos, nunca pararse en mitad de la calle, cruzar siempre sobre la senda peatonal, etc.).

Lo mismo sucede con el Covid-19: no lo transformemos en una amenaza o elemento de coerción. Enseñemos a los niños de qué se trata la enfermedad y cómo cuidarse, sin asustar y sin asustarnos, porque lo que vean que nos pasa a los adultos con el tema será lo que asimilen con más facilidad, más allá del mensaje verbal que les demos.

Hay hábitos que tendremos que incorporar y otros que tendremos que reforzar. Higienizarse bien las manos periódicamente, usar repelente, toser y estornudar sobre pañuelos descartables, no compartir vasos ni cubiertos, quedarnos en casa mientras esa sea la recomendación de los especialistas, y consultar con un profesional de la salud si tenemos los síntomas descritos por los médicos.

Se trata de educar para la salud, de aprender a cuidarnos y a cuidar a los demás. Sin miedos, sin prejuicios y sin especulaciones. Que nuestros hijos aprendan la importancia de autopreservarse y de resguardar también a quienes los rodean. Es un modo de que el encierro no nos deje en soledad. Construir redes y fortalecer las existentes nos hace sentir más acompañados y fuertes ante tanto desasosiego. Vivimos en sociedad y nos necesitamos unos a otros.

Es tiempo de apelar a la creatividad, de jugar, de escuchar, de contener y acompañar.

Con cuidado y sin temor, resguardándonos entre todos, que el miedo puede ser muy contagioso, y la solidaridad trasciende fronteras, soledades y pandemias.

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