El coronavirus y el flautista de Hamelín. Su paradoja

El coronavirus y el flautista de Hamelín. Su paradoja

Carlos E. Rusconi

Socio Plenario de la AEAPG

 

Todos hemos leído o escuchado en algún momento la leyenda del flautista de Hamelín, cómo logra atraer a las ratas que invadían a un pueblo del medioevo con sus melodías mágicas hacia el abismo o hacia el río para liberarlos de esa peste.

Con la aparición del coronavirus observamos un fenómeno de comportamiento transgresor, por parte de algunas personas, que resulta ser una paradoja de esta fábula. En vez de unirse a la melodía que elimina al virus cumpliendo las normas y reglamentaciones de prevención, marchan en sentido inverso y hacia la peste por lo que deben afrontar situaciones de alto riesgo, tensión e incertidumbre en aeropuertos, rutas, etcétera… y agreguemos las pequeñas transgresiones diarias.

Extraña ilusión imaginaria de impunidad, inmunidad y de autocuración.

En un escorzo teórico para reformular ideas de Michael Balint y de Jacques Lacan acerca de la “organización de la enfermedad ” y de “la posición subjetiva” ante la posibilidad de contagio del virus, me interrogo sobre la posición subjetiva en, antes y ante el enfermar o de contraer este virus.

Tejido gramatical, “ante” y “en” aluden a una implicación y el “antes” marca una relación temporal al coronavirus.

Posición subjetiva o, tal vez, disrupción subjetiva que podría ser la operatoria de lo que aparece como simple transgresión a las reglas de aislamiento, de cuarentena o al sentido común.

Lo mismo aplica al rechazo del tratamiento médico en beneficio propio y en beneficio de la comunidad.

Ambas situaciones me recuerdan al “flautista de Hamelín”, a esa pulsión Irresistible de marchar hacia la muerte, hacia el abismo… atraídos por un no sé qué… tal vez por una Irresistible melodía de goce que bordea el “Más allá del Principio del placer” como desafío al virus y al tejido social, prueba de invulnerabilidad al contagio e ilusión de autocuración.

¿Goce mortífero?

El próximo interrogante nos interpela como psicoanalistas: ¿qué podemos “hacer con esto”?

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