Una revista de la Asociacion Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados.

Herederos del exilio: entramado entre el pasado y el presente del psicoanálisis

La autora aborda las vicisitudes del exilio forzado a través de las vivencias de psicoanalistas que han sido exiliados de sus tierras natales en diferentes movimientos migratorios. Recorre la noción de desarraigo como un quiebre en lo subjetivo que pone a prueba la capacidad de simbolización y destaca la sensación de extranjeridad cuando ésta trasciende lo intrapsíquico y pasa a lo interpersonal.

"Somos una extraña mezcla de talento, brillantez y derrota"

Silvia Bleichmar (2006)

Estamos atravesando una época caracterizada por un presente inmediato y una falta de enlace con el pasado. La historia en general, y en particular la subjetiva, se va perdiendo. Sin embargo, saber de dónde venimos nos permite completar nuestra estructura identitaria. Sostengo, como analista, que re-visitar y comprender nuestra historia nos permite el ejercicio de descentramiento y la reflexión sobre el porvenir ya que muestra el origen de las ideas que nos envuelven en el presente.

Desde esta perspectiva intentaré poner en tensión las construcciones sobre nuestro pasado como psicoanalistas con la intención de revisar las lagunas de la memoria colectiva tanto como las subjetivas para encontrar una red de sentido a nuestro presente.

En relación con la propuesta de la revista para pensar sobre el entramado singular y la época, surgieron algunos interrogantes sobre el vínculo ambiguo entre el psicoanálisis de este tiempo y el exilio de los analistas durante el siglo XX.

La primera pregunta que me acompaña desde hace años es por qué la producción psicoanalítica sobre migración, exilio y psicoanálisis es tan escasa. Por otro lado , pocos analistas se han ocupado de estudiar la significación transgeneracional que acompaña al exilio, ya que la variable generacional pone en juego una multiplicidad de sentidos que acompañan a los significantes: ser exiliado , desterrado, apátrida. Somos psicoanalistas, hijos y nietos de exiliados , desterrados de sus países , obligados a ello por motivos políticos o religiosos que ponían en peligro sus vidas: Freud exiliado en Londres , Melanie Klein exiliada en Londres, Bion exiliado en Londres, Oscar Masotta, en España. Silvia Bleichmar en México, Juan Carlos Volnovich en Cuba, solo por dar algunos ejemplos. La institucionalización del psicoanálisis en la Argentina se dio de la mano de dos exilados: Angel Garma y Marie Langer.

"que este tema haya sido poco investigado desde la vertiente psicoanalítica; a pesar de que (o, tal vez, precisamente por ello) muchos de los pioneros del psicoanálisis sufrieron migraciones personales , reflexionan León y Rebeca Grinberg, psicoanalistas argentinos en su libro Psicoanálisis de la Migración y del Exilio (1984)

Aún hoy sigue siendo un tema de investigación poco relevante para la práctica clínica. Si bien nuestra escucha se sustenta en la repetición de un pasado que se hace presente en muchos casos, se desdibuja la importancia del contexto histórico familiar y social.

Sabemos que la historia, para el psicoanálisis adquiere una importancia distintiva, independientemente de la historia cronológica de los sujetos.

Piera Aulagnier, siendo extranjera en Francia, profundizó su interés por cómo el psiquismo construye una identidad (el "Yo") a pesar de los cambios de entorno y discurso. Sostiene que el sujeto debe hacer un trabajo de investidura y de metabolización de las tierras extranjeras internas y externas para convertirlas en tierras habitables para la psiquis. La autora define el proceso de historización como un trabajo psíquico que permite al sujeto ubicar su pasado para darle sentido a su presente y proyectar un futuro. Es además lo que posibilita que el sujeto cambie su posición subjetiva sin perder su esencia, pueda apuntalarse sobre su historia para no sentirla ajena. Así el funcionamiento del aparato psíquico es subsidiario de la memoria. Son esos puntos de sujeción,(fijación) estables los que le dan al sujeto una sensación de continuidad, aun frente a los cambios de rumbo que el deseo pueda imponer, para que la sensación de ser extranjero de sí mismo no sea un invasor que paralice su funcionamiento.

La autora sostiene que la constitución psíquica a la que se refiere no puede explicarse al margen de un determinado conjunto social. Y, en particular, el trayecto constitutivo del Yo no puede ser concebido exclusivamente en relación a la presencia, la actividad, los saberes y veredictos familiares, sino que debe incluir necesariamente la participación del conjunto social. De esta forma el sujeto logra reconocimiento por parte del conjunto, y simultáneamente, el conjunto asegura su permanencia. Este enlace entre el sujeto y el campo social involucra necesariamente al Yo, el Ello y el Superyó, tanto en forma consciente como inconsciente. Recordemos que para Freud el Superyó del niño se alimenta con los ideales y prohibiciones del Superyó de sus padres. Debido a este mecanismo de transmisión generacional, la moral y la cultura se perpetúan. Freud(1933)

Me parece interesante puntualizar algunas de las características de la migración y el exilio que sufrieron los pioneros del psicoanálisis:

El cambio que implica una migración le da ese carácter específico, conflictivo siempre, traumático a veces y también creativo. Cuando un sujeto decide migrar se produce una especie de re-nacer donde todo lo conocido y sabido es cuestionado. Podemos imaginar, fantasear con lo nuevo, pero solamente el encontrarnos en la nueva realidad dará dimensión a este cambio.

La metáfora del parto para describir la migración alude también a una separación, a dejar atrás el "paraíso materno de la satisfacción inmediata y encontrarnos con una realidad que no está al servicio de nuestros deseos. Deseamos lo que nos falta, lo prohibido, y el motor del deseo pulsa hacia nuevas experiencias. Pero lo que sucede en una migración es que ya no estamos en el plano de una falta que sostiene un deseo, es algo más: se trata de carencia, de ausencia de referentes, de pérdida de todo lo conocido hasta el momento, la sensación de extranjeridad pasa a ser algo palpable, real, que de lo intrapsíquico pasa al terreno de lo interpersonal. Se extraña lo que se perdió, ese paraíso perdido construido de pequeños recuerdos, olores y sabores, palabras y objetos que recuerdan el lugar de origen.

Si estas situaciones no pueden elaborarse, no se ponen en palabras dentro de un contexto de intercambio con otros, aparecen conflictos, puesta en acto, manifestaciones corporales. El migrante, y sobre todo el exiliado va a enfrentar la segregación, la marginalidad, la dificultad para hablar la nueva lengua, la melancolía por su tierra natal y el rechazo al nuevo lugar. El desarraigo no es solo un cambio de país; es al mismo tiempo, un quiebre subjetivo que pone a prueba la capacidad de simbolización.

Podemos decir que el exilio impone al psicoanalista una paradoja cruel: debe sostener el psiquismo de otros mientras el suyo se ve alterado. Debe dominar el idioma del lugar que lo acoge porque su práctica es la escucha del discurso del paciente, lo cual le obliga a renunciar a su lengua madre. Pierde el contexto cultural propio al tiempo que se adapta al nuevo. En muchas ocasiones sus pacientes son también exiliados con los que comparte el sentimiento de desarraigo.

Si nos detenemos en la década de 1930, el psicoanálisis con apenas cuarenta años de vida enfrentó acontecimientos traumáticos: los libros de Freud fueron quemados, la práctica profesional se volvió peligrosa, las instituciones que los albergaban se desarmaron. La vida cotidiana se transformó en un infierno. Cada analista que pudo exiliarse soportó enormes dificultades y humillaciones. Otto Fenichel, discípulo de Freud dejó constancia de sus observaciones sobre lo desgarrador del exilio y sus consecuencias. Por un lado la violencia sufrida por la institución psicoanalítica en Viena y Berlín que se vio obligada a aceptar el nazismo y su ideología para seguir funcionando. También informa cómo los analistas exiliados en Estados Unidos se sobreadaptan al medio que los recibe, inclinándose hacia una psicología del Yo, olvidando la importancia de la sexualidad freudiana. Londres no fue ajena a fuertes rivalidades: Melanie Klein, ella misma inmigrante, negó colaboración a los analistas que huían del nazismo, enfrentándose con la hija de Freud.

Estas diferencias institucionales tan intensas se pueden pensar como expresiones del mecanismo de identificación con el agresor. En el Diccionario de Psicoanálisis (Laplanche, Pontalis 1971) se la define así:

"Mecanismo de defensa aislado y descrito por Anna Freud (1936): el sujeto, enfrentado a un peligro exterior (representado típicamente por una crítica procedente de una autoridad) se identifica con su agresor, ya sea reasumiendo por su cuenta la agresión en la misma forma, ya sea imitando física o moralmente a la persona del agresor, ya sea adoptando ciertos símbolos de poder que lo designan. Según Anna Freud, este mecanismo sería el preponderante en la constitución preliminar del Super-yo, permaneciendo entonces la agresión dirigida hacia el exterior y no volviéndose todavía contra el sujeto en forma autocrítica."

La psicoanalista tucumana exiliada en Suiza, Nelda Felber-Villagra(1997) reflexiona sobre las consecuencias que una fuerte desvalorización subjetiva que ha observado en su práctica clínica con migrantes: "la identificación con el agresor se produce cuando se piensa y se actúa con los parámetros del agresor sin darse cuenta de ello. La identificación con el agresor es el mecanismo de defensa central que en lo cotidiano aparecerá en formas e intensidades diferentes. En la situación del exilio y la emigración pueden aparecer formas diferidas de este mecanismo de identificación que se observan en la consulta clínica."

Frente a lo traumático de la migración y el exilio, esta primera oleada migrante perdió la oportunidad de investigar las relaciones de poder y sus consecuencias vinculares. Además la autora enlaza el sentimiento de derrota con el de desvalorización, tan poco estudiados y señala la poca trascendencia histórica que se la ha dado a las mujeres psicoanalistas y sus aportes.

Al ser desterrados de sus culturas, se ven las consecuencias en la interacción de varios tipos de exilio: el cultural, al perder la cultura y la lengua de su lugar de origen, el teórico, porque el psicoanálisis se volvió peligroso, el lazo social propio de las instituciones psicoanalíticas, el profesional, al perder su práctica y en muchos casos cambiar de orientación.

Algunos de los exiliados que migraron a los Estados Unidos fueron: Hartmann, creador del "Área libre de conflicto del Yo" . Erikson, Karen Horney, Margaret Mahler, Alexander, Bettelheim, Otto Fenichel, W. Reich, entre muchos otros.

Es interesante observar que Jacques Lacan, parisino, uno de los pocos analistas nativos mencionados en este texto, en el marco del movimiento estudiantil francés de 1968 propone un regreso a Freud para oponerse a la Psicología de Yo. Trae un aire revolucionario a la práctica y al pensamiento psicoanalítico. Quizás porque no sufría del traumatismo de trasplante de los exiliados.

Quisiera mencionar también la historia más reciente del psicoanálisis en nuestro país. Las dictaduras de los 70 obligaron a migrar a una gran cantidad de analistas. Nombraré solamente a los argentinos porque me interesa rescatar la importancia del pensamiento psicoanalítico argentino, el de la Escuela Argentina de psicoanálisis, a la altura de la Escuela Inglesa y Francesa.

Ser migrante me permitió valorar lo propio de mi lugar de origen y al mismo tiempo valorar lo que los psicoanalistas argentinos llevamos hacia otros países. En la oleada de migración que la situación política y social empujó en los finales de 1970, llevamos nuestra propia elaboración de la teoría y la técnica psicoanalítica.

Nombraré algunos de los analistas más destacados: Mauricio Goldemberg, pionero del psicoanálisis en hospitales como el "Lanús", Gregorio Baremblit, motor fundamental de la práctica psa hospitalaria, quien emigró a Brasil y su trabajo permitió la creación del Instituto Psicoanalítico Brasilero, Valentín Barenblitt, que llevó el psicoanálisis a España. Rodrigué también se radicó en Brasil. Juan Carlos Volnovich lleva a Cuba el legado psa argentino. Marie Langer, Ignacio Maldonado, Silvia Bleichmar, Beatriz Aguad, y tantos otros a México, Diana Rabinovich y Graciela Brodsky aterrizaron en Venezuela. Lograron que Lacan visitara ese único país americano para difundir sus ideas. Oscar Massota, León y Rebeca Grimberg, Hugo Bleichmar y Emilce Dio Bleichmar y tantos otros analistas llevaron el legado argentino a España.

Creo que estos nombres alcanzan para valorar el pensamiento psicoanalítico como el trabajo de la cultura (Kulturarbeit) que los argentinos hemos exportado, sin olvidar que su producción está consciente e inconscientemente influenciada por el momento histórico que han vivido.

Nathalie Zaltzman (2002) psicoanalista francesa hija de exiliados rusos, nos propone pensar el trabajo de la cultura (Kulturarbeit) y la historización como herramientas para el trabajo clínico. Centró su investigación en las marcas psíquicas que dejaron las persecuciones nazis en Europa a mediados del siglo XX y las respuestas subjetivas de quienes pudieron sobrevivir con pequeñas producciones culturales. La vivencia de desamparo, la pérdida de todo lo propio, pone en riesgo el sostén psíquico, sin embargo observó cómo el sujeto puede recurrir a sus posibilidades de generar un espacio transicional, creativo, que posibilite la elaboración de la crisis que enfrenta. La fortaleza radica precisamente en ese trabajo de cultura que logra transformar lo destructivo. Concluye que el trabajo de la cultura es un proceso intrapsíquico, y también intersubjetivo: la presencia de un otro, aún en un plano imaginario, permite que sirva de sostén.

Heredamos de Freud un lugar mítico y abstracto que denominamos "espacio analítico", ese espacio marcado por un diván y un sillón, un dispositivo que nos define en cualquier lugar del mundo. Este aspecto material del encuadre expresa el hecho de que el lugar de análisis es un espacio separado, un mundo diferente, alejado del orden cotidiano de la vida. Siempre hay algo extraño, incluso transgresor, en el encuentro entre paciente y analista.

Hemos obedecido la consigna de un analista sin historia y sin deseo, tratamos de cumplir las normas de neutralidad y abstinencia, todavía se sostiene que es lo mismo que un analista sea hombre o mujer. ¿ Se nos habrá perdido la potencia innovadora, controversial, cuestionadora del psicoanálisis de esos primeros cuarenta años de existencia? ¿Seguimos repitiendo fielmente lo que los pioneros conceptualizaron, sin tomar en cuenta que el contexto es diferente? ¿Cómo utilizamos los instrumentos metapsicológicos pensados para sujetos del pasado?

¿Cómo integrar a nuestra historia el exilio que nos habita?

Notas

1 Graciela Cohan. Tel. 11 4495-0674. Correo: Gracohan@gmail.com

Bibliografía
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  • Benhaim, D. (2002). Historia y Kulturarbeit. De Piera Aulagnier a Nathalie Zaltzman. Psicoanálisis e Intersubjetividad. https://www.intersubjetividad.com.ar/
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  • Freud, S. (1913-1914/1978). Tótem y tabú. En J. L. Etcheverry (trad.), Obras completas (Vol. 13). Amorrortu.
  • Freud, S. (1930/1978). El malestar en la cultura. En J. L. Etcheverry (trad.), Obras completas (Vol. 21). Amorrortu.
  • Freud, S. (1933/1979). Conferencia 31. En Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis. En J. L. Etcheverry (trad.), Obras completas (Vol. 22). Amorrortu.
  • Freud, S. (1933/1979). ¿Por qué la guerra? En J. L. Etcheverry (trad.), Obras completas (Vol. 22). Amorrortu.
  • Grinberg, L., & Grinberg, R. (1984). Psicoanálisis de la migración y del exilio. Alianza.
  • Laplanche, J., & Pontalis, J.-B. (1971). Diccionario de psicoanálisis. Labor.
  • Mijolla-Mellor, S. (2002). La pensée est-elle apatride? En La pensée en exil. Topique: Revue Freudienne, (80).