¿Qué significa que una singularidad esté entramada en una época? La autora aborda la pregunta por las transformaciones epocales y sus efectos en los modos de subjetivación desde las perspectivas de lo singular-plural, lo singular-vincular y el pensar múltiple. En este recorrido, la acompañan, junto con su clínica, nociones como agenciamiento, máquina deseante, rizoma, différance y microfascismos libidinales, entre otras.
Cuando recibí la invitación para participar de la revista, al leer el título “Entramado Singular y Época”, alteré espontáneamente uno de los términos y quedó en mi registro “Entramado Vincular y Época”. Alertada de la confusión, jugué con los términos “singular-vincular, vincular-singular” y me pregunté si era un error a corregir o un tema a trabajar.
¿Se puede pensar lo singular sin asociarlo a propiedad o a individualidad?
¿Cómo pensar lo vincular, si vínculo no puede separarse en partes, si se juega en el medio, en el “entre” y no hay términos que lo precedan?
¿Podemos pensar la trama singular- vincular, sin acudir a términos de diferenciación, considerando que la singularidad se va constituyendo por una pluralidad de voces, identificaciones, mandatos, afectos, historia?
¿Cómo participa la época en los modos en que nos constituimos, nos vinculamos y habitamos el presente?
Teniendo en cuenta que somos parte de un entramado y que hoy trabajamos desde el paradigma de la complejidad, enfrentamos el desafío de abordar estos interrogantes. Con este sentido propongo un recorrido por distintos autores provenientes de la filosofía, historia, sociología, cuyas ideas permiten abrir distintas perspectivas y poner en diálogo alguno de sus conceptos en tanto herramientas para pensar las transformaciones de época y sus efectos en los modos de subjetivación.
En este recorrido irán apareciendo nociones tales como agenciamientos, máquinas deseantes, rizoma, difference, microfacismos libidinales, junto con la perspectiva de lo singular-plural, gesto menor, y las transformaciones del suelo moral, entre otras. Estas nociones permiten transitar distintas entradas para pensar cómo los entramados epocales participan en la construcción de las subjetividades y vínculos que habitamos.
Se suele hablar de lo singular y de lo vincular como si fueran dos territorios distintos, primero habría un sujeto constituido y luego ese sujeto entraría en relación con otro/s. Esta distinción propia de un pensamiento binario se contrapone a un pensar múltiple que entiende lo singular conteniendo la dimensión vincular sin reducirse a ella.
Por su parte, la noción de Agenciamiento2 (Deleuze, G. y Guattari. F, 1994), que los autores ponen en relación con la perspectiva de máquinas deseantes3 (Deleuze G., Guattari, F., 1972), aporta elementos para comprender los entramados epocales, en los cuales lo singular-vincular, es parte de las composiciones situacionales.
Considerar el concepto maquínico del deseo es clave para entender los procesos de individuación. El funcionamiento del deseo es maquínico y tiene que ver, tanto con interrelaciones, como con el modo en que esas relaciones producen otras relaciones, conectando elementos heterogéneos y produciendo combinaciones múltiples. Esta multiplicidad produce acontecimientos, rompe causalidades y dentro de ella se dan los agenciamientos que componen conexiones susceptibles de transformarse; son agenciamientos en constante devenir.
En estos agenciamientos participan cuerpos, palabras, afectos, objetos, instituciones, tecnologías, recuerdos, deseos, historia, mandatos y modos de relación que interactúan, que no son preexistentes y se dan en situación. Este entramado impulsa y da lugar a otras relaciones que producen efectuaciones del deseo y que tendrán alguna forma de expresión. En el agenciamiento, lo epocal se equipara a una máquina de signos que disciplina el deseo y los modos de vida, es donde opera lo vincular y son denominadas como microfascismos libidinales4 (Guattari, F., 2013).
A este aspecto del agenciamiento, el autor lo denomina Agenciamiento colectivo de enunciación, que tiene la característica de ser incorporal pero afecta a los cuerpos y es siempre epocal.
Si entendemos que la singularidad misma es una composición plural, en la cual lo singular es una configuración irrepetible de una multiplicidad de tramas, que reafirman que lo singular no es lo opuesto a lo plural, ¿es posible interrogar dónde termina lo singular y comienza lo vincular?
Pareciera no ser posible separar singular de vincular. Pensamos el vínculo como una multiplicidad que no puede separarse en partes. Lo vincular es aquello que se produce “entre” y que deja expuesto que devenimos singularmente en tramas vinculares que nos preceden, nos constituyen y transformamos.
Como dice Alejandra Tortorelli, (comunicación personal) lo vincular es ese espacio de producción que no puede ser pensado desde afuera o desde el sujeto, dado que el sujeto es producto del vínculo que lo constituye y destituye a la vez.
Otras conceptualizaciones que ponen en relación la idea de procesos de subjetivación y entramados singulares, las aportan los desarrollos filosóficos de Deleuze y Derrida, por mencionar algunos. Deleuze destaca la idea de Rizoma (Deleuze, 1994) como multiplicidad heterogénea que funciona como una red de conexiones abiertas, horizontales, sin jerarquías ni centro único. Por su parte, Derrida (1972) lo piensa como differance, como un desvío que nunca llega a término, como lo que trabaja todo el tiempo cada vez, que se da en un constante diferir. Ambos conceptos -rizoma y differance- destituyen la idea de armonía en el entre o lo vincular y aluden a algo no acabado que está en constante devenir.
Por su parte, Jean Luc Nancy (2002) cuestiona la idea de un sujeto individual que primero existe y luego entra en relación. Este pensador trabaja estas ideas en un registro ontológico-filosófico y su tesis es que el Ser es ya “Ser-con”. Desde esta perspectiva, sostiene que la existencia es coexistencia, que la singularidad no aparece después de lo plural y que lo singular es singular plural. Es síntesis, su idea central es que lo singular es singular porque es plural.
Dice Nancy (2002):
El ser es singular y plural a la vez, indistintamente y distintamente. Es singularmente plural y pluralmente singular, esto no constituye un predicado particular del ser como si fuera o como si tuviera un cierto número de atributos. Lo singular-plural forma la constitución de esencia del ser, una constitución que deshace o que disloca toda esencia única y sustancial del ser mismo. Esto no es más que una manera de hablar, ya que no hay una sustancia previa que viniera a ser disuelta. El ser no pre-existe a su singular plural, solo existe lo que existe (…) Lo que existe porque existe co-existe, es la participación de un mundo que no es exterior, no es un añadido de otras existencias, es la co-existencia quien las dispone juntas. (p. 47)
Observemos que su enunciado sobre el Ser singular-plural, contiene esta paradoja: existir es coexistir, la existencia es coexistencia, no hay primero un individuo, el “con” no viene después, sino que es originario y después entra en relación.
Si toda singularidad es plural ¿qué significa que una singularidad esté entramada en una época?
Dije anteriormente que lo singular no es una unidad aislada sino que opera dentro de un entramado. Son composiciones de múltiples fuerzas, afectaciones, historias, cuerpos, discursos y encuentros. En este sentido, no podemos pensar “época” como algo que desde afuera influye sobre el sujeto determinando las formas de subjetivación. Específicamente me estoy refiriendo a “época” entendiéndola como parte de las composiciones múltiples, como campo de fuerzas, de sensibilidades, de posibilidades y normatividades que se visibilizan en los modos singulares de agenciamientos que producen, como diría Spinoza, los diferentes modos de existencia.
Pasando al ámbito clínico, destaco la importancia de estar atentos a la relación entre los entramados singulares y lo epocal. Veamos un ejemplo:
Se trata de una pareja que consulta por un acontecimiento que dice haberlos sorprendido y que les cambió la vida. Su hija de 12 años les dijo que se percibe varón, que no quiere que le digan Lucía porque su decisión es ser un niño trans. Les pide cambiar su documento de identidad y comenzar la hormonización, que luego completará con las cirugías necesarias. Está muy bien informada, su manejo tecnológico le permitió acceder a sitios sobre el tema.
Miguel, el padre, de ninguna manera lo acepta, está convencido que lo que le sucede a su hija es producto de las modas que imperan en la época actual, que pasarán y que ella se dará cuenta de que fue mujer desde su nacimiento. Se enoja mucho con Cecilia, la mamá, y no para de reprocharle su negativa a considerar que es algo pasajero y por la actitud tan condescendiente que ella tiene con la hija. Cecilia expresa que comprende esta decisión, que no le sorprendió porque siempre observó que era una niña diferente, desde pequeña mostró su elección, jugaba con los nenes, rechazaba totalmente los vestidos y los juegos de y con nenas. Ella dice: “nunca pude expresar mis dudas a Miguel porque sabía lo que venía”
En la primera consulta, comentan que en la actualidad su hija/hijo se muestra varón y hace un año impuso un cambio de nombre dentro de la familia y la escuela; ahora es Alex. El padre acata pero no lo acepta, muchas veces se dirige a Alex con términos femeninos y no abandona su convicción de lo pasajero, “nació nena y para mí es nena”
Con esta situación no pretendo desarrollar el tema de cambio de género, que es un asunto claramente epocal, sino ver los recortes y composiciones singulares en situación y los efectos en la construcción subjetiva de cada uno de los integrantes. Claramente se observa el modo singular de ser afectados y las respuestas de cada uno ante lo que se presenta. Para Miguel es pasajero, no hay lugar para admitir la diferencia, queda fijado a su manera de agenciar y componer, impone su realidad. Cecilia se deja afectar por los cambios que la época y su hija/o proponen, permitiéndose alojar sentimientos y respuestas que dan lugar a que lo extraño para Miguel sea en ella el motivo de un acompañar y entender junto a su hijo lo que va aconteciendo.
La conflictividad entre el padre y su hija/hijo darían cuenta de subjetividades entramadas con distintas consignas de época. En esta resonancia epocal que traen, la familia produce un entramado vincular en el cual el padre rechaza y la madre contiene y acompaña, como una máquina o coreografía vincular, armada con y por la influencia de usos y costumbres, de distintas temporalidades y de distintas formas de subjetivación
Este caso muestra los desafíos vinculares en torno de la subjetividad y lo social. En esta línea, las conceptualizaciones de Suely Rolnik (2005) aclaran y modifican lo expresado cuando propone pensar la “producción social de subjetividad”. Ella plantea que no es un proceso individual o psicológico, lo define como una construcción socio histórica y micropolítica. En la misma línea que Guattari, reafirma que los sistemas políticos y económicos, además de producir bienes materiales, fabrican los modos en que sentimos, deseamos y pensamos. De este modo subjetividad y social no van por separado
Propongo detenernos un instante en las dificultades y rechazo de este papá a lo que propone Lucia/Alex y pensar las funciones que son necesarias para habitar/hospedar los mandatos y microfascismos de época, construcciones inacabadas en constante variación. ¿Qué pasa cuando se nos hace difícil y hasta revulsivo aceptar un deseo impuesto, un modo de existencia con el que no se concuerda?
Ignacio Lewkowicz con su mirada de historiador, se refiere al “conjunto de operaciones necesarias para habitar o tolerar circunstancias históricas determinadas”. Con una mirada clínica me pregunto: ¿qué operaciones subjetivas se vuelven necesarias, cuando las transformaciones de una época irrumpen en el interior de una familia y ponen en cuestión las coordenadas con las que sus integrantes construyeron sus representaciones, sus vínculos y su modo de habitar el mundo? ¿Qué operaciones requiere este padre para poder desenvolverse dentro de esta nueva circunstancia, teniendo en cuenta que habitarla no significa necesariamente estar de acuerdo con ella?
Estos interrogantes decantan en un pensar la “época”, cómo ese campo donde se producen determinadas composiciones singulares, que nunca se agotan totalmente porque esa singularidad en su entramado puede ser productora de variación. Tanto lo epocal como los agenciamientos singulares son inacabados, están en constante devenir y transformación, lo cual permite pensar en modificaciones y en la ocurrencia de pequeños gestos produciendo variaciones y modificaciones
En este sentido, otro aporte que considero de interés es el concepto de Gesto menor (Manning, E. 2004)
Erin Manning se define como filósofa política y teórica cultural. En su libro “El Gesto Menor” trabaja sus conceptualizaciones tomando ideas de Deleuze-Guattari, desarma formas establecidas de percepción y pensamiento, e invita a otros modos de pensar la singularidad dentro de un entramado.
Define al gesto menor como una fuerza que trabaja desde adentro de los campos de relación y que abre una variación. Esa variación altera y desplaza sus posibilidades de experiencia y de expresión, que no estaban determinadas de antemano. La autora prioriza lo experimental y creativo de aquello incipiente, precario, de lo que está en proceso y sólo existe en relación. Propone pensar cómo dentro de una composición plural pueden producirse variaciones que transforman lo que ella denomina campo.
Manning pone el acento en el movimiento, el cuerpo, el afecto, el gesto, siempre en lo que está emergiendo, aquello en proceso antes de quedar organizado en una manifestación específica. Describe fenómenos que no tienen un agente individualizable, son sólo emergentes que en determinada situación irrumpen.
En Argentina hemos sido testigos del accionar de un hecho no anticipado que irrumpió intempestivamente en la estructura de un partido de fútbol del Mundial 2026. El despliegue de una tela en el partido entre Argentina e Inglaterra con el mensaje escrito “Las Malvinas son argentinas”, creó disonancias y disturbios que abrieron otras formas de expresión. Ese gesto reorientó un accionar que puso de manifiesto el trabajo silencioso de un modo de existencia, provocando otras experiencias que permitieron la manifestación de lo que estaba en potencia “el sentimiento de argentinidad y la necesidad de reapropiarse de lo sentido como propio”.
En palabras de Manning, se produjeron variaciones que transformaron el campo y ese acontecimiento relacional excedió a los sujetos.
En el entramado contemporáneo entraron nuevos participantes y otras condiciones que modificaron y/o derrumbaron modos de vivir instituidos. Las tecnologías digitales dieron paso a una revolución tecnológica que crece, se complejiza y modifica lo que Sibilia, P (2024) denominó “el suelo moral”. Esto facilitó el desplazamiento de aquello afianzado en el ocultamiento y la represión, a una “visibilización algunas veces sin filtro que muestra, cuenta y desmiente, para lograr la propia satisfacción, avalado en la convicción de ser genuino”
En este sentido la autora hace un análisis crítico del modo en que la sociedad contemporánea pasó de la cultura regida por la moral del deber y el mérito a una cultura del individualismo extremo, del consumo y de la gratificación.
Las canciones musicales y sus letras dan cuenta de los valores de cada época. Santiago Bilinkis en un reel de Instagram denuncia el pasaje de aquellas canciones que decían “el dinero no puede comprar el amor” (Beatles), “el lujo es una vulgaridad” (Indio Solari) por mencionar algunas, a las letras de hoy que parecen inventario de aduana, el consumismo y la ostentación se volvieron temas centrales. En el siglo XX la música era contestataria, antisistema, pacifista, hoy llama la atención no solo por lo que dice, sino también por lo que calla.
La tecnología es un elemento que permite interrogar cómo se compone lo singular dentro de una época determinada, ella forma parte del entramado mediante el cual las características epocales se transforman. En la modernidad ciertas experiencias tenían una materialidad y temporalidad reconocibles, hoy muchas de esas experiencias existen, pero sus condiciones cambiaron, por ejemplo el tema de la distancia, podemos estar físicamente lejos y sin embargo permanecer ahí en una pantalla. El pasado, el presente y lo que todavía no ocurrió pueden coexistir de manera que antes no tenían forma.
Tiempo atrás, en 1985, Donna Haraway, en el manifiesto para Ciborg utiliza la figura del híbrido entre máquina y organismo como modo de rechazo de las identidades esenciales, proponiendo que la tecnología y la ciencia pueden subvertir los binarismos tradicionales de género, naturaleza y sociedad. Me pregunto cómo nominaría hoy 2026 a los seres humanos subjetivados en un entramado tecnológico más complejo, ¿seguiríamos siendo los mismos Ciborgs?
Estas tecnologías digitales aceleran nuestras prácticas y modifican las coordenadas de algunas experiencias, en ellas participan dispositivos, plataformas, algoritmos, imágenes, memorias digitales, presencias y ausencias, lo que nos obliga a revisar categorías que parecían estables: presencia-ausencia, aquí/allá, pasado-presente, cuerpo-pantalla.
¿Cómo pensar lo que está operando en la experiencia sin estar actualizada? Tengamos en cuenta que lo virtual no es solo digital, es lo que todavía no se ha actualizado de una determinada manera, es potencialidad, tendencia, posibilidad de devenir. La virtualidad es parte activa en los entramados de la producción de las singularidades.
Nosotros en nuestra clínica vivimos en un torbellino mental, poniendo en suspenso marcos teóricos que nos acompañaron y sostuvieron en nuestro andar, en el esfuerzo de entender y contextualizar modos diferentes que se nos presentan, apropiándose y expropiando lo que nos constituía sujetos del mundo Psi. ¿Qué singularidades estamos deviniendo ahora que nuestras tramas incluyen máquinas, algoritmos y presencias virtuales?
Notas
1 Ana Inés di Prátula- anadipratula@hotmail.com- Teléfono: +54 9 11 5645-0870
2 Composición provisoria y dinámica de elementos heterogéneos, cuerpos, afectos, prácticas, discursos, signos, instituciones y tecnologías que al conectarse producen determinados modos de relación, acción y subjetivación. Agenciamiento no remite a un sujeto que realiza desde afuera, sino a lo que se produce en y por esas conexiones.
3 Concepto con el que Deleuze y Guattari conciben el deseo como una fuerza productiva que funciona mediante conexión, cortes y flujos.
4 Formas de dominación que operan en el propio deseo y en los vínculos, reproduciendo lógicas de sometimiento y control
Deleuze, G., & Guattari, F. (1972). El Anti-Edipo: Capitalismo y esquizofrenia. Paidós. Cap. 1, “Las máquinas deseantes”.
Deleuze, G., & Guattari, F. (1994). Mil mesetas: Capitalismo y esquizofrenia. Pre-Textos. Caps. 1, 4 y 5.
Derrida, J. (1972). Márgenes de la filosofía. Cátedra. Primer ensayo.
Guattari, F. (2013). Líneas de fuga: Por otro mundo de posibles. Cactus. “Microfascismo”, en Primera parte: Sujeción semiótica y equipamientos colectivos.
Guattari, F., & Rolnik, S. (2005). Micropolítica: Cartografías del deseo. Tinta Limón. Cap. 2.
Haraway, D. J. (2023). Mujeres, simios y ciborgs: La reinvención de la naturaleza. Alianza Editorial. “Manifiesto cyborg: ciencia, tecnología y feminismo socialista a fines del siglo XX”.
Lewkowicz, I. (2004). Pensar sin Estado: La subjetividad en la era de la fluidez. Paidós. Cap. 8, “Instituciones perplejas”.
Manning, E. (2025). El gesto menor (V. Huarte, Trad.). Cactus. Introducción: “En una tonalidad menor”.
Nancy, J.-L. (2002). Ser singular plural. Editorial Nacional. Cap. 1, pto. 6.
Sibilia, P. (2024). Yo me lo merezco: De la vieja hipocresía a los nuevos cinismos. Taurus. Introducción: “Otro suelo moral”.