A partir de un recorrido por la obra freudiana, este artículo explora el papel del superyó en la transmisión de lo heredado. La autora reflexiona sobre cómo las vivencias y la historia de quienes nos precedieron pueden seguir influyendo en nosotros y condicionando nuestras elecciones. Desde esta perspectiva, se interroga acerca de cómo se transmiten y perpetúan los mandatos de generación en generación, y sobre su incidencia en la subjetividad y la cultura.
Los interrogantes planteados en el presente trabajo surgen a partir de los inicios de mi práctica profesional. Considero de cabal importancia indagar cómo se presenta lo heredado en el psicoanálisis según la metapsicología propuesta por Freud. Según lo postulado por el autor en su artículo El yo y el ello (1923/1984):
Las vivencias del yo parecen al comienzo perderse para la herencia, pero, si se repiten con la suficiente frecuencia e intensidad en muchos individuos que se siguen unos a otros generacionalmente, se trasponen, por así decir, en vivencias del ello, cuyas impresiones {improntas} son conservadas por herencia. (pp. 39-40)
A partir de esto surge un primer interrogante, ¿lo hereditario[1] se transmite de ello a ello? A fin de poder comenzar una indagación sobre esta pregunta es menester preguntarnos cómo entendía Freud las distintas instancias: el ello, el yo y el superyó.
En el artículo antes citado, el autor plantea que el yo es una porción del ello que, por medio del sistema P-Cc (percepción-conciencia), fue alterado por el influjo del mundo exterior. Esta instancia se esfuerza por reemplazar el principio de placer que rige al ello por el principio de realidad, en un intento de que prevalezca la influencia del mundo exterior por sobre el ello. La percepción tiene, para el yo, la misma función que las pulsiones tienen para ello. En la 31ª conferencia: La descomposición de la personalidad psíquica (1933/1984), el autor postula que, por encargo del ello, al yo se le adjudica el acceso a la motilidad. No obstante, el yo toma prestadas sus fuerzas del ello, razón por la cual suele trasponer la voluntad del ello como si fuese propia. Entonces, ¿a qué se refiere Freud cuando habla del ello?
Freud señala que es la parte de nuestra personalidad más inaccesible y oscura. Sólo puede ser descrita por oposición al yo; lo que se pudo indagar fue gracias al estudio de los síntomas y del trabajo del sueño. El autor supone que un extremo del ello se encuentra abierto a lo somático en el cual “acoge dentro de sí las necesidades pulsionales que en él hallan su expresión psíquica (…)” (Freud, 1933/1984, p. 68). Toma su energía de las pulsiones, sin organización alguna más que procurar la satisfacción a las necesidades pulsionales bajo el principio de placer. En los procesos del ello, no rigen las leyes del pensamiento; esto quiere decir que puede haber contradicción (coexisten mociones opuestas sin cancelarse entre sí), no hay negación ni nada que se le equipare, como tampoco existen las valoraciones morales. Las mociones de deseo que habitan en ello, actúan como si fueran acontecimientos nuevos, son inmortales. Únicamente por medio del trabajo analítico es posible que éstas devengan concientes, de forma tal de poder discernirlas como acontecimiento del pasado y quitarles su investidura pulsional.
La tercera instancia es el superyó, la cual en el artículo de El yo y el ello aparece como equivalente del ideal del yo. Esta instancia se la describe primeramente como una sedimentación en el yo ¿Sedimentación de qué? De las identificaciones con el padre y la madre unificadas entre sí. Cuando el niño debe resignar sus investiduras libidinosas hacia sus progenitores, estas se transforman en identificaciones. El autor aclara que no es meramente un resto de aquellas primeras identificaciones, sino que posee la relevancia de una formación reactiva enérgica contra éstas. Esto quiere decir que es una prohibición (así como el padre no te es lícito ser) a la vez que una advertencia (así como el padre debes ser). Freud señala que, cuanto más intenso haya resultado el complejo de Edipo y cuanto más rápido haya sido su represión, tanto más severo será el superyó con el yo, en tanto conciencia moral y tal vez como sentimiento inconciente de culpa.
El autor plantea que el superyó es el resultado de las siguientes condiciones biológicas específicas del ser humano: el desvalimiento y la dependencia de la criatura humana, y la acometida en dos tiempos de la vida sexual. Refiere que la última propiedad fue postulada por Ferenczi “como herencia del desarrollo hacia la cultura impuesto por la era de las glaciaciones.” (Freud, 1923, p. 37). Freud entiende que:
la separación del superyó respecto del yo no es algo contingente: subroga los rasgos más significativos del desarrollo del individuo y de la especie y, más aún, en la medida en que procura expresión duradera al influjo parental, eterniza la existencia de los factores a que debe su origen. (1923/1984, p. 37)
Aquí surge otra pregunta, ¿la herencia no solo se transmite de ello a ello, sino también se transmite de superyó a superyó? En la 31ª conferencia: La descomposición de la personalidad psíquica, se podría ubicar una posible respuesta:
el superyó del niño no se edifica en verdad según el modelo de sus progenitores, sino según el superyó de ellos; se llena con el mismo contenido, deviene portador de la tradición, de todas las valoraciones perdurables que se han reproducido por este camino a lo largo de las generaciones. (Freud, 1933/1984, p. 62)
Si, tal como propone Freud (1923/1984), el superyó es el heredero del complejo de Edipo y además, como se viene trabajando, surge a partir de las identificaciones parentales, entonces ¿se podría suponer que una forma de transmitir la herencia es a partir de identificaciones? El autor (1933/1984) plantea que la identificación es un proceso donde un yo asimila a otro yo ajeno; es decir, lo imita, lo aloja dentro de sí. Se establece una comparación con la incorporación por vía oral (canibalística) de la otra persona. La identificación se erige así como la forma de lazo con el otro más originaria.
Freud va a plantear que la historia genética del superyó posibilita discernir que aquellos conflictos previos del yo con investiduras de objeto del ello puedan continuar con el superyó (su heredero). Esto podría suceder si el yo no consigue dominar bien el complejo de Edipo; la investidura proveniente del ello va a retomar su intento por llegar a la acción eficaz en la formación reactiva del ideal del yo. Según el autor, las mociones pulsionales del ello y los vínculos más tempranos, se convierten (a través de la formación del ideal del yo y del superyó) en valores éticos y religión. De esta forma, el superyó se ubica como abogado del ello frente al yo, reflejando los destinos biológicos y las adquisiciones arcaicas de la humanidad.
A modo de conclusión, el recorrido realizado en el presente trabajo permite situar que lo heredado en el psicoanálisis trasciende la mera transmisión de ello a ello, encontrando en el superyó un vehículo fundamental para la transmisión entre generaciones. Al evidenciarse que el superyó del niño no se edifica según el modelo de los progenitores, sino según el superyó de ellos, esta instancia deviene portadora de la tradición y de las valoraciones que se reproducen a través del tiempo. De este modo, mediante el proceso de la identificación como lazo originario, se transmiten mandatos y sedimentaciones que sitúan al superyó como el abogado del ello frente al yo, eternizando las adquisiciones arcaicas de la humanidad y permitiendo que los conflictos del pasado encuentren una vigencia duradera en el psiquismo del sujeto. Teniendo esto en cuenta es importante considerar que en la clínica no solo trabajamos con el sujeto en su contexto actual, sino con mandatos y tradiciones transmitidas por generaciones las cuales el sujeto naturaliza como si fuesen dadas por la biología.
Notas
1 ¿Se podría pensar en este punto lo hereditario como lo transgeneracional?
Freud, S. (1984). El yo y el ello. En J. Strachey (Ed.) y J. L. Etcheverry (Trad.), Obras completas: Sigmund Freud (Vol. 19, pp. 1-66). Amorrortu Editores. (Trabajo original publicado en 1923).
Freud, S. (1984). 31ª conferencia: La descomposición de la personalidad psíquica. En J. Strachey (Ed.) y J. L. Etcheverry (Trad.), Obras completas: Sigmund Freud (Vol. 22, pp. 53-74). Amorrortu Editores. (Trabajo original publicado en 1933 [1932].