Dos autoras uruguayas articulan ideas de manera clara y precisa. El trabajo analiza el enlace amoroso de pareja en distintas épocas y el presente. Está planteado desde una posición que nos impulsa a concebir formas de defender, rescatar, afirmar y conservar una pareja amorosa. Nos convida reflexiones como “No depende de hallar al “indicado/a”, sino de tolerar la incomodidad de la diferencia y comprometerse con la tarea de construir un vínculo.”
Introducción
A veces, para comprender el amor de una época, basta con observar una escena cotidiana: un mensaje fugaz en una aplicación o la espera ansiosa de un “visto”. En otras épocas, eran cartas que tardaban meses en llegar o compromisos sellados por conveniencia. Cada gesto refleja lo mismo: el amor cambia su forma de vivirse, pero nunca deja de inquietarnos.
A lo largo de la historia, el amor ha sido más que una vivencia subjetiva; ha constituido una matriz de organización social que regula cuerpos, deseos y modos de concebir al otro. Lejos de ser natural o privada, la pareja se configura como fenómeno cultural atravesado por coordenadas históricas, económicas y simbólicas en constante mutación. Hoy, en un mundo de vínculos fragmentados y mediación tecnológica, el amor sigue convocando, aunque bajo formas distintas. La complementariedad de roles, la monogamia normativa, la convivencia como destino y la permanencia como valor se ven desafiadas por vínculos donde deseo, autonomía y autenticidad desplazan al deber y al sacrificio. Este trabajo analiza estas transformaciones desde una perspectiva interdisciplinaria, que articula psicoanálisis, estudios culturales e historia social. Explora cómo cada época configura la pareja y las subjetividades que produce, y plantea interrogantes sobre los desafíos éticos y clínicos de alojar la alteridad en tiempos de hiperindividualismo y sobreinformación afectiva.
Genealogía del amor: del deber al deseo
Alianzas matrimoniales tradicionales
El matrimonio, como institución tradicional, funcionó como un dispositivo de disciplinamiento del deseo, el tiempo y el erotismo. Al imponer normas, buscó garantizar el orden social bajo la idea del hogar como unidad productiva y reproductiva. Lejos de basarse en el amor, las alianzas matrimoniales operaron como pilares de organización social, económica y política, subordinando el deseo a funciones institucionales.
En las sociedades antiguas y medievales, el matrimonio constituyó un instrumento fundamental de organización social y económica. Según Coontz
(2006), esta institución no sólo consolidaba el poder político, sino que también aseguraba la continuidad y supervivencia colectiva. En este marco, los sujetos -particularmente las mujeres- se encontraban privados de autonomía, ya que sus decisiones y trayectorias vitales estaban subordinadas a intereses familiares, comunitarios o estatales.
La Ilustración introdujo cambios simbólicos: el amor romántico comenzó a idealizarse, aunque sin alterar la desigualdad. La era victoriana exacerbó esta dualidad: la mujer era venerada como pura y maternal, mientras el varón sostenía una doble moral que separaba el amor conyugal del deseo extramatrimonial. El deseo erótico fue reprimido o instrumentalizado. Freud (1908) señaló que la cultura moral – sexual se edificaba sobre la sofocación de las pulsiones, empobreciendo la vida individual. Fernández (1993) indicó que la sexualidad femenina quedaba confinada a la reproducción, ligando a la mujer “respetable” a la maternidad, mientras que, como plantea Giddens (1992), el varón canalizaba su deseo fuera del matrimonio, escindiendo amor romántico y placer sexual.
Esta dinámica refleja la alienación del sujeto: no era motor del vínculo, sino un instrumento de proyectos colectivos -familia, Iglesia, Estado-. Como sintetiza Badiou (2021), el matrimonio tradicional operaba como un “contrato seguro” que sacrificaba el deseo en nombre de la estabilidad, negando la opacidad del encuentro amoroso como acontecimiento transformador.
La irrupción del amor romántico
El amor romántico marcó un giro decisivo en la historia del vínculo amoroso. Frente a los modelos previos basados en alianzas y jerarquías sociales, introdujo la idea de una pareja fundada en la elección libre y subjetiva. Desde el siglo XVIII, el amor se concibe como experiencia íntima y movilizadora; ya no un destino impuesto, sino pasión que promete plenitud y redención.
Este ideal no estuvo exento de tensiones. Aunque supuso un avance en la libertad individual, impuso nuevos mandatos: el amor debía ser auténtico, profundo y total. La pareja se convirtió en escenario para la utopía de la fusión, donde el otro pasó de ser compañero a parte faltante del yo, espejo idealizado de lo que creemos ser o queremos llegar a ser.
La exaltación de la fusión impactó en los roles de género. Mientras los varones podían articular amor y realización personal, las mujeres quedaron asociadas a la entrega y el sacrificio. El amor romántico legitimó desigualdades: naturalizó la abnegación femenina, patologizó el deseo autónomo y convirtió el sufrimiento amoroso en prueba de autenticidad.
Desde una perspectiva psicoanalítica y cultural, el amor romántico inaugura una paradoja que aún persiste: promete libertad y elección, pero produce alienación. Al idealizar al otro como salvador, instala la demanda imposible de que el amor cure todo, confundiendo deseo con necesidad y alteridad con espejo.
En este marco, los aportes contemporáneos de Bauman (2005) e Illouz (2007, 2009) permiten leer la crisis del ideal romántico. Bauman advierte cómo los vínculos, bajo la lógica de la inmediatez, se vuelven frágiles y descartables, mientras Illouz muestra cómo las emociones se mercantilizan en un mercado cultural que moldea expectativas y experiencias.
Crisis del modelo romántico en la contemporaneidad
La crisis del modelo romántico se inscribe en una época regida por el interés propio y la libertad como valor supremo. Amar se vuelve un riesgo: no solo compartir experiencias, sino aceptar que el otro desplace certezas. Como plantea Badiou (2021), el encuentro amoroso es un acontecimiento que interrumpe la inercia de lo mismo y obliga a reconfigurar la manera de habitar el mundo.
Las relaciones se reinventan en este contexto. Conviven formas tradicionales con formatos flexibles, como parejas abiertas o poliamor, donde la intensidad se concentra más en el encuentro que en la permanencia. La dificultad actual parece estar en articular deseo y amor sin reducir el vínculo a la fugacidad del goce inmediato.
En este escenario, los aportes de Illouz (2007, 2009) y Bauman (2003, 2005) permiten leer la crisis del ideal romántico. Illouz muestra cómo las emociones se convierten en mercancías gestionadas en un mercado cultural y digital que moldea expectativas. Bauman advierte sobre vínculos frágiles y descartables, regidos por la inmediatez y la baja tolerancia a la frustración.
Amor, alteridad y reconocimiento: entre autonomía y encuentro
El otro como amenaza o transformación.
Si antes el amor romántico prometía fusión y plenitud, hoy el otro aparece menos como ideal y más como amenaza. En un contexto de hiperindividualismo y baja tolerancia a la frustración, la alteridad resulta incómoda: deja de ser refugio para convertirse en recordatorio de los propios límites.
Esta incomodidad se traduce en vínculos que evitan el conflicto: se privilegia la armonía superficial, la cancelación rápida o la huida frente a la dificultad. En la clínica se observan pacientes que interrumpen relaciones ante el primer malestar, viven las diferencias como fracaso o confunden desacuerdo con desamor.
Desde una perspectiva psicoanalítica vincular, el problema radica en reconocer al otro como distinto sin vivenciarlo como amenaza. La diferencia activa ansiedades primarias – miedo a la pérdida, al abandono, a la desvalorización- que en la hipermodernidad se exacerban. La lógica del consumo refuerza la ilusión de sustituir al otro por una nueva conexión, evitando el trabajo de atravesar la diferencia y sostener el conflicto.
Como advierte Bauman (2005), la fragilidad de los vínculos líquidos surge de la dificultad de comprometerse con un otro que no se deja absorber. Y, como señala Illouz (2007, 2009), en un mercado afectivo que privilegia satisfacción rápida y experiencias sin dolor, la alteridad deja de ser motor de transformación para convertirse en un obstáculo a evitar.
El amor como acontecimiento ético
En diálogo con Recalcati (2015), Benjamin (1996) y Badiou (2009), el amor puede pensarse como acontecimiento ético, en tanto descentra al sujeto de sí mismo y lo confronta con la alteridad. Para Recalcati, la verdadera dimensión del amor no se sostiene en la idealización ni en la fusión narcisista, sino en la capacidad de atravesar la herida y sostener el vínculo frente a la amenaza de ruptura; el perdón es un trabajo activo que reabre la promesa amorosa. Benjamin, desde una perspectiva intersubjetiva, advierte que los vínculos amorosos tienden a reproducir lógicas inconscientes de dominación y sometimiento; la ética del amor exige reconocer al otro como sujeto y no como objeto de apropiación. Por su parte, Badiou concibe el amor como una lógica del interés individual y funda un “dos” irreductible, obligando a construir un mundo común desde la diferencia.
Desde estas perspectivas, el amor no es mera pasión efímera, sino una práctica sostenida que implica asumir el riesgo de la alteridad, reconstruir tras la herida y crear un espacio de reciprocidad y verdad que se sostiene en el tiempo.
Preguntas que nos deja el presente
Las preguntas que emergen son ineludibles. ¿Es posible amar sin negar al otro? El desafío contemporáneo parece ser sostener el encuentro sin reducirlo a la confirmación del yo: reconocer la alteridad como aquello que desestabiliza y, al mismo tiempo, abre a lo nuevo.
¿Qué imágenes del amor circulan hoy y cómo modelan nuestras elecciones? La promesa romántica de plenitud convive con la lógica líquida de lo desechable. Entre redes, películas y aplicaciones, el amor se escenifica como destino absoluto o como experiencia fugaz, narrativas que orientan expectativas y generan frustraciones cuando el vínculo real no responde al guión cultural.
¿Cuál es el costo psíquico de eludir la diferencia? Evitar el conflicto preserva una armonía aparente, pero empobrece la relación y fragiliza al sujeto. En la clínica emergen síntomas de vacío y ansiedad, propios de un yo que rehúye la alteridad y queda atrapado en vínculos reversibles donde la dificultad nunca se elabora, sólo se reemplaza.
Tal vez el desafío actual no sea elegir entre ilusión romántica o fugacidad líquida, sino aprender a articular deseo y amor en un espacio donde la alteridad no sea amenaza, sino condición de la experiencia amorosa.
Conclusiones
El amor contemporáneo suele reducirse a un producto de consumo: se mantiene mientras provea bienestar y se descarta ante la frustración, el conflicto o aburrimiento. En una cultura que exalta la autosuficiencia y la optimización personal, se experimenta más como amenaza que como enriquecimiento. La fricción con el deseo, el tiempo y las necesidades del otro se percibe como ataque, favoreciendo rupturas o vínculos superficiales.
El quiebre surge entre la ilusión de fusión y la autonomía radical como únicas vías. Reconocer la irreductible alteridad abre una tercera vía: sostener el vínculo desde la diferencia, en la tensión creativa entre dos mundos psíquicos que se respetan sin disolverse. El amor, lejos de ser estático o un bien a consumir, es una práctica transformadora que descentra, cuestiona y obliga a reformularse. No depende de hallar al “indicado/a”, sino de tolerar la incomodidad de la diferencia y comprometerse con la tarea de construir un vínculo. En el crisol del encuentro con un otro verdadero, el yo se expande y se nutre, aprendiendo a habitar ética y amorosamente el espacio entre dos.
Badiou, A. (2009). Ética: ensayo sobre la conciencia del bien. Fondo de Cultura Económica.
Badiou, A., & Truog, N. (2021). Elogio del amor. Ariel.
Bauman, Z. (2003). Vida líquida. Fondo de Cultura Económica.
Bauman, Z. (2005). Amor líquido: acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. Fondo de Cultura Económica.
Benjamin, J. (1996). Los lazos de amor: psicoanálisis, feminismo y el problema de la dominación. Paidós.
Coontz, S. (2006). Historia del matrimonio: cómo el amor conquistó el matrimonio. Gedisa.
Fernández, A. M. (1993). La mujer de la ilusión: pactos y contratos entre hombres y mujeres. Paidós.
Freud, S. (1908). La moral sexual “cultural” y la nerviosidad moderna (Obras Completas, Vol. IX). Amorrortu Editores.
Giddens, A. (1992). La transformación de la intimidad: sexualidad, amor y erotismo en las sociedades modernas. Ediciones Cátedra.
Illouz, E. (2007). La emergencia del amor romántico ligado al discurso de la modernidad y el consumo. Katz Editores.
Illouz, E. (2009). Emotional life in a market society. Routledge.
Recalcati, M. (2015). Ya no es como antes: elogio del perdón en la vida amorosa. Editorial Anagrama.