El Área de Género comparte un ensayo de pensar las formas actuales y cambiantes en la que se presenta en Patriarcado. Desarrolla ideas respecto de la machósfera; pone al descubierto viejos mandatos machistas y sus nuevas formas. Denuncian los escenarios renovados en las nuevas tecnologías y la virtualidad. Entre tanto, buscan identificar y pasar en limpio los distintos componentes (psicológicos, políticos, laborales, etc.) de la crisis de las masculinidades.
Colaboradores: Ramiro Bergagna, Graciela Graschinsky de Cohan, Graciela Beatriz Reid
“Tres veces tendrá que demostrar su identidad masculina convenciéndose y convenciendo a los demás de que no es una mujer, de que no es un bebé, de que no es un homosexual”.— Elizabeth Badinter
La machósfera: un malestar de época que interpela a la clínica
Este artículo surge del encuentro cotidiano con una clínica atravesada por las marcas de la época y de la necesidad de interrogar una realidad que genera creciente preocupación. Quienes trabajamos como analistas advertimos que el patriarcado, lejos de desaparecer, se transforma y encuentra nuevos modos de expresión en los discursos, los vínculos y las formas contemporáneas de producción de subjetividad. Frente a los efectos que estos discursos pueden tener sobre las mujeres, las diversidades y también sobre los propios varones, consideramos necesario examinar sus condiciones de emergencia, sus modos de circulación y sus manifestaciones en la clínica.
Una de esas formas contemporáneas es la llamada machósfera, cada vez más extendida en plataformas digitales, que actualiza antiguos mandatos patriarcales mediante las nuevas tecnologías. Esta comunidad digital ofrece una respuesta identitaria y afectiva al malestar de ciertos varones, transforma la vulnerabilidad en resentimiento (Reid/ Lo Russo, 2025) y organiza la pertenencia alrededor de la subordinación y denigración de las mujeres, las diversidades y otras minorías, incluidos aquellos varones que quedan desjerarquizados. Ensayamos aquí, de manera necesariamente provisoria, una lectura de este fenómeno.
Estos discursos no siempre se presentan abiertamente como discursos de odio. Pueden aparecer bajo la forma de consejos para ganar dinero, fortalecer el cuerpo, conquistar mujeres o recuperar un poder supuestamente perdido. Adolescentes y jóvenes pueden quedar así seducidos por una promesa de éxito basada en la autosuficiencia, el dominio y la eliminación de toda vulnerabilidad. Las plataformas digitales, la estética del emprendedor y el lenguaje de la autosuperación presentan como novedosas antiguas relaciones de dominación.
Este fenómeno interpela también a la clínica. Escuchamos a varones jóvenes atravesados por sentimientos de fracaso, aislamiento y desorientación, en quienes la soledad, el miedo, la vergüenza, la fragilidad o la dependencia resultan difíciles de reconocer y elaborar. Estos afectos pueden expresarse entonces como irritabilidad, hostilidad o resentimiento. El fenómeno de la machósfera captura ese malestar, le ofrece una explicación simplificada y lo convierte en mercancía mediante cursos, comunidades y liderazgos que prometen restituir, por la vía del consumo, una potencia y una posición masculina que se experimentan como pérdidas.
Tomaremos como disparador a Louis Theroux: “Dentro de la machosfera”, documental que se adentra en las comunidades virtuales masculinas. Theroux realiza un análisis de las dinámicas ocultas, el modelo de negocio, así como las corrientes ideológicas extremas que operan de forma oculta en esta red de comunidades virtuales. Gurúes financieros, entrenadores y expertos en seducción sostienen frente a adolescentes y jóvenes que el feminismo ha despojado al varón de su potencia y prometen el retorno a un paraíso perdido. Mediante la acumulación de dinero, el disciplinamiento corporal y el tratamiento de las mujeres como objetos de consumo o trofeos imponen una disciplina casi militar, donde el dolor, la duda, la dependencia y la vulnerabilidad son incompatibles con el ideal del varón ganador. Foros y comunidades promueven además hostigamientos contra activistas feministas y diversidades bajo la idea de una batalla cultural. El malestar, en lugar de elaborarse, se proyecta sobre un enemigo externo y común.
La machósfera como actualización del backlash?
El ecosistema que engloba la machósfera no es homogéneo, sino que reúne activistas por los derechos de los varones, comunidades incel, artistas de la seducción, defensores de la red pill y nuevos “manfluencers”, todos ellos variantes de una misma promesa, la de restituir por otros medios un poder que se vive como arrebatado. Aunque diversos, comparten una interpretación victimista de la condición masculina y una fuerte oposición a los feminismos (Ging, 2019). Sus mensajes idealizan una masculinidad jerárquica y prometen éxito, dominio emocional y control, proponiéndose como verdaderas usinas de producción de subjetividades que actualizan violencias patriarcales.
Ahora bien, las plataformas, la estética del emprendedor y el lenguaje de la autosuperación presentan como novedosas antiguas relaciones de dominación. La diferencia con el backlash que describe Faludi (1993) está en la arquitectura, no en el contenido, ya no circula filtrado por editores (gatekeeping editorial) sino amplificado por algoritmos, no argumenta ante la opinión pública sino que identifica y convoca directamente a los varones, y no sostiene un orden económico sino que se vuelve, él mismo, un negocio.
Frente a esta reconfiguración, la tarea clínica no puede desentenderse de sus condiciones políticas de producción. La perspectiva de género es, para lxs psicoanalistas, una herramienta política, epistemológica, ética y clínica para reconocer relaciones de poder naturalizadas. Permite visibilizar el daño sobre mujeres y disidencias y abrir la pregunta por el trabajo con los varones. No se trata solo de denunciar la violencia, sino de comprender qué la sostiene y cómo transformarla.
Crisis y captura de los ideales masculinos
La expansión de la machósfera, entendida como una vasta comunidad digital que promueve la exaltación de la masculinidad, puede leerse en relación con la crisis de los ideales masculinos tradicionales. No se trata de su desaparición, sino de la pérdida de eficacia y legitimidad de un modelo que ya no garantiza las posiciones de autoridad, reconocimiento y poder que históricamente prometía a los varones.
En este escenario, influencers y comunidades digitales ofrecen narrativas que convierten la incertidumbre, la frustración o la pérdida de referencias en una experiencia de desposesión. El avance de movimientos autoritarios y neofascistas encuentra allí un terreno fértil, mediante la reafirmación de una masculinidad hiperbólica y tradicional, captura y orienta políticamente el malestar de ciertos varones, atribuyéndolo al feminismo, a las diversidades y a la ampliación de derechos (Barzani y Vainer, 2025). Cabe preguntarse, entonces, de qué crisis se trata, a quiénes alcanza y qué promesas masculinas aparecen amenazadas.
No pretendemos universalizar la experiencia del “varón actual”. Nos referimos a ciertos varones cisheterosexuales socializados bajo un modelo que les prometía autoridad, centralidad social, capacidad de proveer y disponibilidad de los cuerpos femeninos. Cuando estas prerrogativas dejan de ser naturales e incuestionables, algunos pueden experimentar la igualdad no como una ampliación de derechos, sino como una pérdida de su propio lugar.
Las conquistas feministas y de las diversidades cuestionaron privilegios vividos como derechos naturales. Sin embargo, reducir el malestar de los varones únicamente a esta cuestión sería incorrecto. El avance de los feminismos por sí mismo no constituye la causa de esa crisis; más bien cuestiona y desnaturaliza posiciones de autoridad, privilegios y modos de vinculación que durante generaciones pudieron vivirse como evidentes. La desorientación que atraviesan las masculinidades está directamente relacionada con las transformaciones del mundo del trabajo, la precarización y las crisis económicas erosionan otro de sus organizadores históricos. “Se conmueven los soportes simbólicos, materiales y sociales sobre los que durante mucho tiempo se organizó la masculinidad heterosexual hegemónica. Lo que entra en crisis, entonces, no es solo una identidad, sino una economía narcisista y vincular. A ese escenario de vulnerabilidad y aislamiento, refugiado en el mundo digital, se suman movimientos reaccionarios que ofrecen respuestas simples y enemigos identificables. Este proceso puede comprenderse a partir de lo que Michael Kimmel (2013) denominó derecho agraviado, se trata de la convicción de haber sido despojado de algo que se consideraba legítimamente propio como también lo describe Freud (1916) en sujetos que se sienten con derecho a estar exceptuados de las renuncias por haber sufrido de más. Privilegios históricamente naturalizados son vividos como derechos adquiridos y, cuando comienzan a ser cuestionados, su pérdida se experimenta como una injusticia. El trabajo, la autoridad, el reconocimiento social o el acceso privilegiado a una posición de Amo dentro de la división sexual y erótica dejan de estar garantizados y son percibidos como algo que otrxs les han arrebatado.
Así, el malestar masculino se transforma en adhesión política, reconocimiento narcisista y rentabilidad económica (Gerrand, Ging, Roose y Flood, 2025). El neoliberalismo financiero actual fomenta nuevas formas de autoritarismo basadas en el miedo, la crueldad y el individualismo, estamos frente a un neoliberalismo a ultranza que desmantela los lazos y por ende los espacios soporte necesarios para hacer frente a la violencia destructiva y autodestructiva (Carpintero, 2025).
Una lectura psicoanalítica: omnipotencia, identificación y alteridad
Ante la caída de referencias tradicionales, la machósfera ofrece una ilusión de omnipotencia, una vivencia de poder ilimitado, autonomía total y libertad absoluta que sintoniza con las lógicas neoliberales. Se vende al varón la fantasía de que podría producirse a sí mismo, dominar el cuerpo, controlar los vínculos y eliminar toda dependencia. La promesa de autosuficiencia procura desmentir la vulnerabilidad y la falta constitutivas. Sin embargo, ese intento de obturación necesita sostenerse mediante la subordinación de otras personas, es decir una masculinidad de sometimiento. Esa subordinación no es solo un efecto social del fantasma omnipotente, sino su condición de posibilidad psíquica para sostenerse, ese yo necesita expulsar hacia afuera lo que no tolera reconocer en sí mismo. En “La negación”, Freud (1925) describe justamente la constitución de un yo-placer que procura incorporar lo vivido como bueno y expulsar hacia el exterior aquello que experimenta como malo o amenazante. Esta formulación permite pensar un funcionamiento psíquico en el que lo propio aparece como verdadero, valioso y legítimo, mientras que la diferencia queda situada como causa del malestar. Por ello especificamente las mujeres, los movimientos de emancipación feminista, disidencias pueden convertirse así en soportes privilegiados de una exteriorización hostil que evita reconocer la conflictividad interna, la dependencia y la falta constitutiva.
También resulta fecundo recuperar “Psicología de las masas y análisis del yo” (Freud, 1921). El gurú digital encarna un ideal de potencia, riqueza, certeza y dominio; al ocupar el lugar del ideal del yo, facilita identificaciones horizontales entre sus seguidores. La comunidad promete pertenencia y una fraternidad que se consolida alrededor de consignas compartidas y de la construcción de un enemigo común. La adhesión no depende solamente del contenido de las ideas, se sostiene también en el lazo afectivo, la idealización del líder y el alivio que produce sentirse parte de un colectivo. Si tomamos la noción freudiana del narcisismo de las pequeñas diferencias permite pensar, a su vez, la intensidad hostil que pueden adquirir las distancias sexuales, genéricas, económicas, raciales o políticas. Este concepto no sustituye el análisis de las relaciones estructurales de poder, pero ayuda a comprender cómo diferencias próximas pueden ser investidas como amenazas intolerables. En términos de El malestar en la cultura (Freud, 1930 [1929]), la agresividad inherente a la vida social requiere destinos y regulaciones; la machósfera ofrece, por el contrario, una legitimación para la descargar sobre sujetos construidos como responsables del propio padecimiento.
Continuidades y transformaciones de los mandatos masculinos
La apelación a una masculinidad autosuficiente, triunfante, belicosa y heroica (Bonino Méndez, 1998) continúa vigente como propuesta identificatoria para ciertos varones. En el entorno digital contemporáneo, Gerrard, Ging, Roose y Flood (2025) describen cuatro transformaciones centrales de la neo-machósfera: a) la migración hacia nuevas plataformas; b) su normalización, incorporación al discurso dominante y monetización; c) su diversificación ideológica y étnica; y d) su convergencia con otras corrientes extremistas.
Estas transformaciones no suponen una ruptura con los antiguos mandatos masculinos, sino una reconfiguración de sus modos de transmisión y legitimación. Bonino permite reconocer la insistencia de ideales tradicionales vinculados con el dominio, la autosuficiencia, la subordinación de la diferencia y el rechazo de lo femenino y de lo vulnerable. Segato, (2018) por su parte, muestra que la masculinidad funciona además como un estatus que debe demostrarse y su validación es ante la cofradía masculina.
La machósfera no crea estos mandatos, los actualiza, los amplifica y les proporciona nuevas formas de circulación. Convierte la vigilancia entre pares en pertenencia digital, señala a las mujeres y las diversidades como enemigos y degrada a los varones que no responden al ideal. De este modo, antiguas relaciones de dominación se transforman en comunidad, espectáculo y negocio. Cuando se suman la exclusión y subordinación de la otredad, al deshumanizar lo diferente, la machósfera canaliza la angustia de inexistencia, mediante la segregación.
Algoritmos, polarización y monetización del malestar
La novedad de la machósfera reside en buena medida en su infraestructura de circulación. Las plataformas conectan discursos antes dispersos y les dan una visibilidad inédita. Como sus modelos comerciales privilegian la atención y la permanencia, los contenidos provocadores y polarizantes pueden obtener ventajas de difusión.
Conviene evitar una causalidad lineal ya que los algoritmos no crean por sí solos la misoginia ni radicalizan automáticamente. Interactúan con disposiciones previas, búsquedas, comunidades, acontecimientos biográficos, oferta de contenidos e incentivos comerciales. Pueden facilitar la reiteración, normalización y monetización de ciertos discursos, pero no constituyen un motor autónomo.
La exposición reiterada a contenidos homogéneos puede consolidar una lectura del mundo organizada alrededor de la degradación del otrx y la construcción de una alteridad amenazante. Esto no supone una carencia de recursos simbólicos necesariamente, varones con capacidad simbólica pueden producir argumentaciones complejas para sostener su posición. Desde una perspectiva psicoanalítica, el resentimiento puede fijar sentidos, reforzar certezas y orientar la elaboración simbólica hacia la confirmación de una ofensa, evitando interrogar la propia implicación en el malestar. La velocidad, la repetición y la fragmentación propias de las plataformas pueden favorecer este circuito, aunque no lo determinan por sí solas.
Desde una perspectiva interseccional, la producción de enemigos puede extenderse hacia minorías étnicas, raciales, religiosas o migrantes. género, clase, orientación sexual, racialización y nacionalidad no operan aisladamente, sino que se articulan y modifican entre sí.La exposición reiterada a contenidos homogéneos puede reforzar una división entre semejantes y una alteridad amenazante. Lo moral y deseable queda del lado de “los nuestros”; lo diferente aparece como degradado o peligroso. Se dificulta el encuentro con la complejidad y se favorecen lógicas regresivas de amor y odio, pertenencia y expulsión.
El trabajo con varones: clínica, grupos y comunidad
Frente a este escenario, necesitamos espacios donde los varones puedan hablar del miedo, la soledad, la incertidumbre y la dependencia sin traducirlos como fracaso. El desafío clínico no consiste en absolver ni patologizar, sino en lograr que el malestar deje de proyectarse sobre un enemigo y pueda adquirir representación, historia y responsabilidad.
Trabajar con varones exige interrogar los vínculos entre pares. Si la machósfera ofrece una fraternidad obediente al mandato de potencia, será necesario favorecer lazos basados en el cuidado, la reciprocidad y la conversación. No nos referimos a una masculinidad abstracta, sino a los “varones de carne y hueso” de los que habla Feldman (2026), aquellos sujetos singulares, atravesados por sus vínculos, sus condiciones materiales de existencia y los mandatos de su época. Por eso resulta necesario pensar en términos de una clínica ampliada, capaz de articular los abordajes individuales con dispositivos grupales, institucionales y comunitarios, sin reducir el malestar masculino a explicaciones individuales o biologicistas.
Los grupos de varones, en particular, pueden favorecer, como señalan Barzani y Vainer (2025), procesos psíquicos de desidentificación y reidentificación, así como giros subjetivos que habiliten otros modos de ser y vincularse. La pregunta no se limita a cómo impedir la circulación del odio, sino que incluye qué otros ideales y formas de comunidad pueden construirse colectivamente.
Frente a la machósfera, entonces se vuelve necesario alojar la vulnerabilidad y la diferencia sin convertirlas en signos de humillación, transformar el dominio en capacidad de vínculo, la autosuficiencia en interdependencia y la fraternidad excluyente en cuidado compartido. Los estudios sobre masculinidades vienen nombrando este horizonte en términos de masculinidades orientadas al cuidado, (Elliott, 2016) posiciones masculinas que rechazan la dominación y se organizan alrededor de la interdependencia, la sensibilidad y el reconocimiento del otrx.
Por lo tanto, no se trata de sustituir un mandato por otro ni de ofrecer un nuevo ideal de masculinidad. Desde una clínica psicoanalítica orientada por una perspectiva de género y derechos, se trata de acompañar un trabajo psíquico que permita interrogar las identificaciones, reconocer los modos defensivos y elaborar las heridas narcisistas que atraviesan a las subjetividades masculinas contemporáneas.
El análisis puede abrir un espacio para que cada sujeto se implique en la trama singular de su malestar, advierta el lugar que ocupa en aquello que repite y asuma responsabilidad por los efectos que sus respuestas producen sobre sí mismo y sobre los demás. No se trata de abolir el conflicto ni de prometer una existencia sin malestares, sino de posibilitar respuestas menos violentas y desubjetivantes para habitar el mundo y relacionarse consigo mismo, con sus semejantes y con la diferencia.
Badinter, E. (1993) XY: La identidad masculina. Madrid. Alianza Editorial.
Barzani, C. y Vainer, A. (2025) El malestar de los varones en tiempos de oscuridad. Buenos Aires, Topía editorial.
Bonino Méndez, L. (1998). Desconstruyendo la “normalidad” masculina: Apuntes para una “psicopatología” de género masculino. Actualidad Psicológica, 23(253), 17–20.
Carpintero, E. (2025) La tentación neofascista. El odio y el miedo como política del sometimiento. Buenos Aires. Topia Editorial.
Elliott, K. (2016) Caring masculinities: Theorizing an emerging concept. Men and Masculinities, 19(3), 240–259. https://doi.org/10.1177/1097184X15576203
Faludi, S. (1993). Reacción: La guerra no declarada contra la mujer moderna. Anagrama.
Feldman, L. ( 2026) Varones de carne y hueso · Subtítulo: ¿Nuevas masculinidades? Buenos Aires, Editorial Noveduc.
Freud, S. (1916) Algunos tipos de carácter dilucidados por el trabajo psicoanalítico. En Obras completas (Vol. XIV). Buenos Aires, Amorrortu Editores.
Freud, S. ( 1921) Psicología de las masas y análisis del yo. En Obras Completas (Vol. XVIII) Buenos Aires, Amorrortu Editores.
Freud, S. (1925) La negación. En Obras completas (Vol. XIX). Buenos Aires, Amorrortu Editores.
Freud, S. (1930). El malestar en la cultura. En Obras completas (Vol. XXI, pp. 57-140). Amorrortu Editores.
Gerrard, V., Ging, D., Roose, J. M., & Flood, M. (2025). Mapping the Neo-Manosphere(s): New Directions Research. Men and Masculinities, 28(5), 443–464. El artículo de Gerrand y colaboradores fue https://doi.org/10.1177/1097184X251350277 publicado online el 17 de junio de 2025.
Ging, D. (2017) Alfas, betas e incels: teorizando las masculinidades de la manosfera, publicado originalmente en 2017 en la revista Men and Masculinities (vol. 22, n.º 4)
Kimmel, M. (2013). Angry White Men: American Masculinity at the End of an Era. Nation Books.
Reid, G. y Lo Russo, A. (2025). Políticas de Eros: Sexualidades y géneros en la escena analítica. Letra Viva.
Segato, R. (2018). Contra-pedagogías de la crueldad. Buenos Aires: Prometeo.
*Dentro de la machosfera es un documental de 2026 dirigido por Adrian Choa y presentado por el conocido periodista británico Louis Theroux, que se encuentra disponible para ver en la plataforma Netflix.