Lo que leímos…
“Tres luces” de Claire Keegan. Una pequeña novela de la escritora irlandesa que ilustra de una manera conmovedora una infancia vulnerada a partir del nacimiento de otro hijo en la ya numerosa familia de una niña. Esta es llevada por su padre a la casa de unos desconocidos para aliviar la carga de su mamá. De repente, lo que parecía una situación desoladora y desampararte, encuentra a la niña recibiendo, casi por primera vez un afecto amoroso desconocido por ella y una suerte de nueva vida que supo conseguir mediante tener comodidades ajenas hasta el momento para ella. Y, en una casa que parecía no guardar secretos, aparece uno, sobre el final del relato que cambia sutilmente el curso de los hechos.
“Un cactus en el medio” de Lila Bendersky. Esta pequeña gran novela escrita con sencillez, pero también buscando la profundidad necesaria para comprender algo de lo inentendible y doloroso. Una vivencia que “cambia la vida para siempre de mi familia”, dice la autora. Lila en esta conmovedora historia de no ficción que nos acerca una vez más la editorial Vinilo, procura conocer y detallar parte de la historia de su familia en ese difícil tramo de la vida. Lo hace desde el lugar que va encontrado Lila: como periodista, hija, hermana, escritora. Ella no llegó a conocer a su hermana, “soy la hija que vino después de una tragedia, de un caos impronunciable”. Es una novela necesaria para pensar como una vivencia disruptiva puede sostenerse en el entramado familiar de manera silenciosa.
“Más allá de las razones” de YIyun Li. Es un libro impresionante e intenso y difícil de sostener en una lectura cotidiana. Es el relato imaginario que una madre, la misma autora, decide tener con su hijo de 16 años, Nikolai, una vez que este decide quitarse la vida. Interpela para pensar la idea del duelo y las posibles respuestas que alguien puede darse. Yiyun Li se apoya en el recurso que mejor la define: la escritura y de esa manera va tramitando el vacío que deja una pérdida de semejante magnitud. Entre otros interrogantes que surgen fue pensar si su hijo no quería vivir o no sabía cómo hacerlo. Gran pregunta, entre muchas, para pensar algo en relación al suicidio. La literatura posibilitando, una vez más, articular el recuerdo, la memoria con frescura y vitalidad.
“La vida al final” de Bernhard Schlink. Simplemente: hay que leerlo. Schlink desde la profundidad de su escritura aborda, nuevamente, temas sencillos y cotidianos sin entrar en clishes y dramatismos. Encontrando giros sorprendentes para no aburrir al lector. Esta novela aborda el difícil momento de enfrentarse a la finitud de la vida frente a un diagnostico terminal. Atrapante y emotiva propone el interrogante acerca de cómo vivir plenamente los últimos meses de vida. Schlink presenta una valorable posición frente a la muerte: “como parte natural del ciclo de la vida”.
“El jardinero y la muerte” Gueorgui Gospodinov. “No es un libro sobre la muerte sino sobre la tristeza que implica una vida que se va”. Comienza con un gran enunciado: ¿Dónde empieza el final? Un hijo acompaña el momento en el cual la vida de su padre se va apagando en una amorosa y dedicada compañía. La novela abunda en oraciones hermosas y necesarias que permiten simbolizar el dolor, la pérdida y la muerte, en este caso, de un padre.
Lo que vimos…
“Las hijas”
Es una obra de Ariadna Asturzzi realmente muy conmovedora. Se trata de una comedia que, con mucho humor y emoción, nos invita a reflexionar sobre un tema tan delicado como el Alzheimer y cómo afecta los vínculos familiares. Una vez más la memoria que se desarticula frente a la presencia de las hijas que acompañan, sostienen y piensan como seguir frente al mundo que se ve interpelado a seguir de una manera distinta a la conocida. Resulta importante pensar en las diferencias subjetivas de cada hija para elaborar una misma situación, en este caso el difícil diagnostico que llevara a su madre a un deterioro irreversible.
La obra culmina en el momento justo donde la angustia se manifiesta en toda su intensidad en los espectadores.
“Precoz”
Basada en la novela de Ariana Harwicz y con dirección de Lorena Vega. Una dura historia entre una madre y su hijo adolescente que mantienen un vínculo simbiótico y con rasgos incestuoso enmarcados en la marginalidad. Es atrapante, desgarradora y con dos actuaciones sobresalientes luciéndose en el teatro independiente.