Trabajo presentado en el ciclo Miércoles Científico 2026 por el equipo del Área de Psicosomática.
Coordinadora: Lic. Elsa Hecht
Co-coordinadora: Lic. Verónica Luftman
Integrantes: Lic. Carina Rudinstein; Lic. Cintia Vega; Lic. Patricia Gerez; Lic.Silvia Lavorski; Lic. Beatriz Jawerbaum; Lic. Liliana Falduti; Esp. Alejandra Pujol; Lic. Maria Teresa Bottinelli; Lic. Mara Baretto.
“Vivimos en una cultura del rendimiento donde el cansancio ya no es un descanso, sino una herida en la carne”.— Byung Chul Han (2010)
Interrogar hoy la clínica de pacientes con vulnerabilidad somática (Zukerfeld y Zonis Zukerfeld, 1999) sostienen que desde el psicoanálisis se nos exige, de manera inevitable, situar al sujeto dentro de las coordenadas de su época.
Ya Sigmund Freud, en El malestar en la cultura (1930 [1929]), nos transmitía cómo las restricciones de la civilización impactan directamente en la economía psíquica de los sujetos.
Sin embargo, hoy el malestar ha cambiado. El cuerpo no es un organismo aislado; es una superficie donde se traducen y se descargan las exigencias, los discursos y los malestares de la cultura imperante.
Entendemos por vulnerabilidad psicosomática, como aquello que responde a la lógica del déficit, a cierta falla estructural en la trama representacional, con un modo de funcionamiento a pura descarga en el cuerpo (Zukerfeld y Zonis Zukerfeld, 1999).
Es aquello imposible de elaborar, vinculado a huellas activables, pero no evocables, memoria procedural, producto de vivencias traumáticas tempranas, que no accedieron a la palabra ni a la ligadura simbólica.
Cuando el aparato psíquico se enfrenta a cierta adversidad y carece de recursos elaborativos yoicos, la energía no ligada simbólicamente asociada a la precariedad de la vida fantasmática y a fallas tempranas de la integración yoica, produce un pasaje del desvalimiento psíquico a la enfermedad orgánica.
Las fallas en la función materna alteran los procesos de investidura y codificación primarios. Al no consolidarse una adecuada inscripción del conflicto, debido a este maternaje deficitario, el niño no logra desarrollar las herramientas de ligadura psíquica necesarias. En consecuencia, el cuerpo queda desprotegido y se convierte muchas veces, en el único escenario disponible para tramitar, mediante el desborde y la somatización, tanto los impactos del ambiente como el exceso pulsional.
Por lo tanto, el modo en que esta falla estructural se desencadena y se manifiesta está íntimamente ligado también, al ritmo y al vértigo contemporáneo. ¿Cuál es, entonces, ese malestar de nuestra época y cómo eclosiona en el cuerpo?
La era de la inmediatez
Hoy estamos atravesados por el discurso de la inmediatez. Todo tiene que ser ya; esperar se ha vuelto una experiencia intolerable.
Bajo el imperativo del “Tú puedes” nos exigimos un Ideal del Yo ilimitado que tarde o temprano, hace colapsar el psiquismo. “Ser exitosos, llegar a tener aquello que muchas veces es inalcanzable, ideales imposibles de cumplir.” Se trata de lo que Han denomina la “autoexplotación” en la sociedad del rendimiento.
En la clínica presenciamos este colapso de manera cotidiana. Vemos sujetos imposibilitados de tramitar su sufrimiento a través de la palabra. Ante la falta de mediación simbólica, esa deficiencia representacional deviene en un acontecimiento somático, un verdadero pasaje al acto en el cuerpo.
Frente al trauma por exceso de estímulos no metabolizables (como la intoxicación por pantallas, la exigencia laboral), el sujeto queda en un estado de desvalimiento psíquico, sin recursos de afrontamiento.
Estamos bajo la lógica de un funcionamiento sin dique, anclado desde el psicoanálisis en lo que S.Freud (1893-1899) denominó neurosis actuales y neurosis mixtas, resultado directo de falta de elaboración psíquica como descarga y cierto empobrecimiento subjetivo del narcisismo fundante, en lugar de la formación de síntomas que se estructuran a partir de un conflicto reprimido, un sentido oculto a develar o un jeroglífico a decodificar.
Para ilustrar esto, pensemos en los discursos que escuchamos a diario en nuestros consultorios:
“No me doy cuenta si tengo hambre o no, muchas veces ni voy al baño y me duele todo”.
Esta paciente siempre priorizó las obligaciones, buscando responder a todo lo que la escuela le exigía.
Dice “hace tiempo que vengo con diarreas y dolores de estómago antes de salir al trabajo”. Necesito cuidarme porque ya tengo una enfermedad compleja donde el hígado presiona al riñón y puede llegar a estrangularse si no tengo los cuidados necesarios”
“Por suerte el gimnasio cerca de mi casa cierra tarde; aunque estoy cansadísimo voy, hago musculación y cada vez le meto más peso para estar mejor entrenado”.
“Llego a casa y a veces me acuesto sin comer porque caigo “desmayado”.
“No puedo decir que no a las tareas que me piden. Trabajo 16 horas al día y los fines de semana adelanto lo que no terminé. Mira si me echan… tengo que mantener a mi familia, la escuela privada de las nenas, el fútbol, el gimnasio, los campamentos, las vacaciones… todo hay que pagar”.
¿Qué nos muestran estas viñetas?
Muestran a sujetos sobreadaptados —en los términos que plantea David Liberman et al. (1982)— ya que, para mantener el ritmo y no quedar excluidos de una sociedad que impone velocidad y éxito, omiten sistemáticamente el registro de sus sensaciones corporales: el cansancio, la angustia y el dolor.
El sufrimiento psíquico se oculta detrás del padecimiento corporal; el cuerpo se convierte en escenario de inscripción a pura descarga.
Cuando el aparato no puede decir “basta”, la descarga en el soma aparece como la única vía para frenar la exigencia: un grito mudo del organismo ante la imposibilidad psíquica de poner un corte.
En algunos casos se detecta la evidencia de cierta enajenación del psiquismo por logros pendientes, frustraciones que impactan en un sentimiento de vacío, colapsando y derivando en afecciones físicas, muchas veces transitorias y otras prolongadas en el tiempo por gravedad y desenlace.
En la clínica con jóvenes y adultos se observa una incapacidad radical para tolerar el tiempo del procesamiento subjetivo, del dolor psíquico ante una pérdida, duelo, tristeza.
Cuerpo-imagen: Un objeto mercantilizado, hiper regulado por los algoritmos, el gimnasio y la estética, jóvenes que invierten horas en “editar” y alimentar la imagen de su cuerpo en redes o en el gimnasio, pero están completamente desconectados de sus señales interoceptivas (hambre, cansancio, dolor). Hay un vaciamiento del cuerpo erógeno/pulsional, en favor del cuerpo especular.
La intolerancia a la tristeza: La sociedad del rendimiento penaliza la tristeza y el duelo; hay que “estar bien” y ser funcional inmediatamente.
Cuando un sujeto no puede detenerse a realizar el trabajo de duelo (por una pérdida, una frustración amorosa o un ideal caído), el aparato psíquico, obligado a seguir produciendo, muchas veces delega ese dolor en el cuerpo.
Estar siempre anteponiendo las obligaciones, exigencias, mandatos e imposiciones, ante la propia necesidad, remite a lo que David Liberman (1982) denomina Self cultural sobreadaptado. Han (2010), lo refiere a violencia neuronal (así como la llama) produciendo un “infarto del alma” o “infarto psíquico”.
Desde una perspectiva clínica, es muy interesante detenernos a pensar como lo pulsional, no ligado que termina decantando en enfermedades crónicas, pasajeras o agudas, donde muchas veces el propio sistema inmunitario se confunde, atacando al propio cuerpo.
Estamos frente a un cuerpo que se manifiesta donde no hay palabras, no hay relato, no hay historia.
Esta modalidad de descarga carente de registro cenestésico se escucha cada vez más en el discurso de pacientes, muchas veces carentes de lazos sociales sostenedores y empobrecimiento subjetivo. Sin proyectos futuros y gran incertidumbre.
La hiperconectividad con el exceso de redes sociales, espacio donde surgen las comparaciones y pareciera que lo mejor siempre está ocurriendo en otro lado, jóvenes a la espera de la aprobación de otros, representados por la cantidad de likes que reciben, el consumo sin límites, los juegos de apuestas, con la falsa promesa de alcanzar la felicidad, aunque sea efímera.
Lo psicosomático en pacientes jóvenes
Los datos estadísticos respecto al incremento de enfermedades en la población más joven, resultan significativos, evidenciando cómo la vulnerabilidad somática y el desborde se manifiestan con especial intensidad en este grupo etario.
Tal es así que, asistimos a un preocupante adelantamiento cronológico de patologías como ACV, infartos o colocación de stents, como también el aumento de suicidios, afecciones, cirugías a repetición que antes asociábamos exclusivamente a la adultez mayor.
La Organización Mundial de la Salud (OMS 2022) advierte un incremento del 25% de los fenómenos psicosomáticos desde la pandemia de 2020 hasta la actualidad, manifestándose con gran fuerza en adolescentes que padecen de dolores de cabeza tensionales, colon irritable y distintas afecciones dermatológicas, entre otras.
Desde la clínica psicoanalítica, observamos que los niños y jóvenes de hoy, constituyen su subjetividad en un entorno saturado por la lógica del mercado, los dispositivos digitales, las redes sociales y, fundamentalmente atravesados, por la fragilidad de los lazos parentales.
Para que un organismo biológico se transforme en un cuerpo habitado por el deseo, se requiere de la función de holding y de la libidinización de los cuidadores primordiales, un entorno contenedor y posibilitador del juego y el desarrollo creativo (Winnicott, 1960-1965).
Sin embargo, los adultos que sostienen la crianza muchas veces están precarizados, hiperconectados a sus propias pantallas y tomados por la misma vertiginosidad de la época.
Asistimos a un desamparo ante el faltante de una mirada que libidinice al niño posibilitando la ligazón de los primeros desbordes pulsionales. Al sustituir la presencia viva y la palabra mediadora, por la pantalla. Así el niño queda expuesto prematuramente a cierto desamparo afectivo y a un exceso de estímulos que no puede metabolizar.
En este contexto, la Inteligencia Artificial aparece como el interlocutor perfecto: disponible las 24 horas, responde en el acto y se convierte en el lugar donde consultan lo que no se atreven a hablar con otros. Transitamos un mundo que no da tiempo para el aburrimiento, para el deseo, ni para la construcción de subjetividad.
Por eso, el trabajo psicoanalítico actual con los jóvenes poco tiene que ver con levantar la represión clásica, sino con trabajar aquello que los empuja directamente al acto, a la necesidad de “probarlo todo” a cambio de no resignar la pertenencia endogrupal.
Se trata de un aparato psíquico con una predisposición mayor a la descarga en el cuerpo por encontrarse en situaciones de desamparo y soledad de desasimiento pulsional. La falta de representaciones y de un lazo social que amortigüe el impacto de la época, hacen que la energía sobrante tome el camino del cuerpo, hasta enfermarlo.
Influencia de lo epocal en el desencadenamiento de diversas enfermedades desde el punto de vista médico.
La literatura médica contemporánea atribuye el crecimiento exponencial de las enfermedades en los últimos treinta años a tres grandes fenómenos determinantes: la transformación radical de los hábitos alimentarios, los cambios en las actividades recreativas y la excesiva conexión a dispositivos digitales.
Reflexiones sobre el rol del terapeuta: Ofrecer un tejido simbólico.
En la actualidad nos encontramos con pacientes desbordados quienes, muchas veces, nos demandan “soluciones mágicas” o recetas urgentes para eliminar el síntoma, conductas que reflejan la misma inmediatez del entorno y que dificultan la instalación del vínculo transferencial.
Uno de sus objetivos es encontrar herramientas para seguir produciendo velozmente, recurriendo a veces a terapias alternativas rápidas en paralelo con el tratamiento psicoanalítico. El origen de muchos trastornos que irrumpen como angustia automática sin ningún atributo protector se traduce en pacientes con gran dificultad de poner palabras a sus sentimientos y proyectarse a un futuro que despierte su interés. Al ligarse esto a una falla estructural en la constitución del narcisismo primario, el analista de hoy, se encuentra ante un desafío ético y clínico de enormes dimensiones.
Es importante facilitar la historización del pasado y de los impactos traumáticos sufridos en las diferentes etapas vitales, ya que esto permitiría intervenir sobre la inundación del aparato psíquico. Este proceso es fundamental, ya que la imposibilidad para metabolizar el exceso de carga, es lo que, en numerosas ocasiones, se consolida como enfermedad somática.
Como bien señalaba S. Freud en Construcciones en el análisis (1937) en estos casos el analista no busca develar un sentido oculto o reprimido, sino ofrecer una pieza de tejido representacional que nunca existió.
El analista ofrece su propio aparato psíquico como verdadero contenedor, prestando su función simbólica para alojar el desvalimiento del paciente e intentar ligar aquello que impactó directamente en el soma del paciente.
Solo así, bordeando el dolor con la palabra, será posible restarle terreno a la mudez de los trastornos psicosomáticos. Se trata en definitiva de propiciar que Eros vuelva a tejer los hilos de la vida, allí donde los imperativos de la época, los determinismos de su historia y el devenir , empujan al sujeto hacia la desconexión y la desubjetivación.
Freud, S. (1976). Obras completas: Primeras publicaciones psicoanalíticas (1893-1899) (J. L. Etcheverry, Trad.; Vol. 3). Amorrortu Editores. (Trabajo original publicado en 1893-1899).
Freud, S. (1976). Obras completas: El porvenir de una ilusión, El malestar en la cultura y otras obras (1927-1931) (J. L. Etcheverry, Trad.; Vol. 21). Amorrortu Editores. (Trabajo original publicado en 1930).
Freud, S. (1976). Construcciones en el análisis. En Obras completas: Moisés y la religión monoteísta, Esquema del psicoanálisis y otras obras (1937-1939) (J. L. Etcheverry, Trad.; Vol. 23, pp. 255-270). Amorrortu Editores. (Trabajo original publicado en 1937).
Han, B.-C. (2010). La sociedad del cansancio. Herder.
Liberman, D., Grassano de Piccolo, E., Neborak de Dimant, S., Pistiner de Cortiñas, L., & Roitman de Woscoboinik, P. (1982). Del cuerpo al símbolo: Sobreadaptación y enfermedad psicosomática. Ediciones Kargieman.
Winnicott, D. W. (1960/1965). Los procesos de maduración y el ambiente facilitador: Estudios para una teoría del desarrollo emocional. Paidós.
Zukerfeld, R., & Zonis Zukerfeld, R. (1999). Psicoanálisis: Tercera tópica y vulnerabilidad somática. Lugar Editorial.