Las autoras comparten los resultados de su trabajo de investigación con madres de niños y niñas con diferentes condiciones del neurodesarrollo en una escuela pública del Distrito Federal, Brasil. Articular los hechos observados, buscando comprender los efectos de esta experiencia sobre la subjetividad materna, las redes de apoyo, el cuerpo, los duelos, los vínculos y los proyectos de vida.
Introducción
La maternidad atípica no se constituye como una experiencia lineal ni exclusivamente biológica, sino como una compleja reorganización subjetiva en la que la mujer debe tramitar de manera continua el encuentro entre lo real del diagnóstico y el ideal de la función materna. Este artículo analiza datos producidos en cuatro momentos de investigación con madres de niños y niñas con diferentes condiciones del neurodesarrollo, con el propósito de comprender los efectos de esta experiencia sobre la subjetividad materna, las redes de apoyo, el cuerpo, los vínculos y los proyectos de vida.
El grupo investigado está compuesto por madres de una escuela pública del Distrito Federal, Brasil, predominantemente de entre 25 y 45 años. Los relatos revelan una realidad marcada por la sobrecarga, las renuncias, los silenciamientos y la fragilidad de las redes de apoyo, pero también por estrategias de afrontamiento y formas de resistencia. La presencia predominante de diagnósticos combinados, como el Trastorno del Espectro Autista (TEA), el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) y la discapacidad intelectual, asociada a trayectorias diagnósticas muchas veces prolongadas, sitúa a estas mujeres en un período de incertidumbre que puede intensificar angustias, fantasías y cuestionamientos acerca de la propia función materna.
El análisis de los relatos permite identificar tres dimensiones articuladas: la precariedad de las redes de apoyo; la dinámica de la economía psíquica frente a la sobrecarga; y la necesidad de simbolizar el sufrimiento, frecuentemente obstaculizada por la idealización de la madre fuerte y por la romantización de la maternidad atípica. En este contexto, el proyecto “Cuidando a quien cuida” se presenta como una propuesta de escucha cualificada, orientada a la construcción de espacios en los que estas mujeres puedan poner en palabras y elaborar experiencias que con frecuencia permanecen silenciadas.
La demografía del cuidado
Las participantes presentan una franja etaria concentrada entre los 25 y los 45 años, con una mayor presencia de mujeres alrededor de los 40 años, lo que indica que la maternidad atípica atraviesa diferentes momentos del ciclo vital y se articula con otras responsabilidades y experiencias previamente constituidas. En cuanto al nivel educativo, predomina la educación secundaria completa, con participantes que se encuentran cursando o que han concluido estudios superiores.
La mayoría de las participantes mantiene una relación de pareja, pero la existencia de un vínculo conyugal no implica necesariamente la presencia de una red de apoyo efectiva. También se observan situaciones de alejamiento del mercado laboral y diferentes modalidades de inserción profesional, entre ellas el trabajo en servicios generales, la educación y el trabajo autónomo.
El diagnóstico como marca: temporalidad y duelo
La mayoría de las participantes tiene un solo hijo, con predominio de niños y niñas de entre 6 y 11 años. Los diagnósticos incluyen TEA, TDAH, discapacidad intelectual y dislexia, frecuentemente en combinación. Las edades en las que se produjo la identificación varían aproximadamente entre los 2 y los 10 años, configurando trayectorias diagnósticas diversas.
El intervalo entre el nacimiento y la nominación de la diferencia puede constituir un período de angustia e incertidumbre. Mientras que un diagnóstico temprano introduce rápidamente a la familia en una rutina de terapias, evaluaciones e intervenciones, una identificación tardía puede implicar años de preguntas sin respuestas. En ambos casos, el diagnóstico reorganiza las expectativas construidas en torno al niño o la niña y convoca a la madre a elaborar el encuentro con una realidad que puede diferir de aquella previamente imaginada.
Desde una perspectiva psicoanalítica, este proceso puede movilizar fantasías, sentimientos de culpa y cuestionamientos acerca de la propia capacidad materna. El diagnóstico no necesariamente pone fin a la angustia; muchas veces inaugura una nueva temporalidad en la que la madre necesita reconstruir sentidos acerca de la experiencia y del futuro de su hijo.
El duelo, en este contexto, no debe ser entendido como la pérdida del niño real, sino como un proceso de elaboración de las expectativas y representaciones previamente construidas. Freud (2010a, 2010b) permite pensar el duelo como un trabajo psíquico frente a una pérdida significativa.
La soledad de la red de apoyo
La fragilidad de las redes de apoyo constituye uno de los hallazgos más significativos. Algunas participantes identifican como único sostén a “Dios”, “solo el psicólogo del centro de salud”, “poco, mi marido” o “solamente mi familia”. Otras responden simplemente “no” cuando se les pregunta acerca de la existencia de una red de apoyo.
A partir de Winnicott (1980), puede comprenderse la importancia del ambiente en el sostén del desarrollo y, por extensión, en la posibilidad de que la madre pueda sostener sus propias funciones. Cuando el ambiente falla o resulta insuficiente, aumenta la exigencia sobre los recursos internos del sujeto.
Economía psíquica: entre la supervivencia y el colapso
Los relatos indican diferentes formas de organización frente a las exigencias de la maternidad atípica. Algunas madres desarrollan estrategias para preservar diferentes dimensiones de sus vidas; otras recurren a una organización rígida de la vida cotidiana; y hay quienes manifiestan signos de agotamiento y de quiebre de las condiciones de sostén.
En algunos casos, la administración del tiempo funciona como estrategia de preservación del yo. Las participantes relatan la necesidad de distribuir sus inversiones entre el cuidado del hijo, la relación de pareja, el trabajo y el autocuidado. Esta alternancia permite que la función materna no elimine por completo otras posiciones subjetivas.
En otros relatos se observa una organización más rígida de la rutina, con horarios definidos para el trabajo, la familia y el autocuidado. Esta estructura puede ser comprendida como un intento de producir previsibilidad frente a una experiencia marcada por la incertidumbre.
El cuerpo que habla
El cuerpo aparece en los relatos como lugar de inscripción del sufrimiento. El cansancio extremo, las alteraciones corporales y el uso intensivo de medicación son mencionados como consecuencias de una rutina de cuidados prolongada. Desde una perspectiva psicoanalítica, estos elementos pueden comprenderse como manifestaciones de experiencias que no siempre encuentran vías suficientes de elaboración simbólica.
El cuerpo se convierte, en este sentido, en un lenguaje posible para aquello que no pudo ser plenamente puesto en palabras. Cuando el sufrimiento es silenciado y la mujer necesita mantenerse funcional, el cansancio puede constituir una de las pocas formas de expresión de una sobrecarga que excede los recursos disponibles para su elaboración.
Duelo, silenciamiento y ambivalencia materna
Los relatos muestran que las expectativas previas a la maternidad adoptan diferentes formas. Algunas participantes no imaginaban características específicas para su hijo, pero esperaban la experiencia de amar y compartir la vida. Otras tenían expectativas más definidas. El nacimiento y, posteriormente, el diagnóstico producen un encuentro con lo real capaz de modificar estas representaciones.
El duelo aparece de manera heterogénea. Algunas madres reconocen su existencia como un proceso continuo; otras lo desplazan hacia el cuerpo, describiéndolo como “cansancio extremo”; y también están aquellas que parecen racionalizar o espiritualizar la experiencia, enfatizando la necesidad de aceptar inmediatamente la condición de su hijo. Si bien la aceptación puede ser importante, no elimina la necesidad de elaborar el sufrimiento.
La ambivalencia forma parte constitutiva de la experiencia materna. Amor, culpa, rabia, frustración y deseo pueden coexistir sin que ello implique ausencia de amor hacia el hijo. Klein (1996a, 1996b) permite comprender la coexistencia de estos afectos como parte de la complejidad de los vínculos, mientras que Freud (2010c) contribuye a pensar las tensiones inevitables entre el deseo individual, los vínculos y las exigencias de la vida colectiva.
La mujer más allá de la función materna
Uno de los aspectos más significativos de los relatos es la necesidad de recuperar a la mujer que existe más allá de la función materna. Las participantes describen frustraciones, renuncias y sentimientos de impotencia, pero también identifican recursos para sostenerse, como la música, la espiritualidad, el ocio, la terapia y la posibilidad de vivir “un día a la vez”.
En este contexto emerge un aspecto todavía poco legitimado socialmente: el arrepentimiento materno. Una participante diferencia claramente el amor por su hija del arrepentimiento relacionado con las elecciones a las que debió renunciar y con el peso invisible del cuidado. Esta distinción resulta fundamental, ya que permite comprender que lamentar la pérdida de determinadas posibilidades de vida no equivale a rechazar al hijo.
Reconocer el arrepentimiento puede funcionar como un movimiento de humanización. La madre deja de ocupar el lugar idealizado de aquella que debe desear exclusivamente el bienestar de su hijo y pasa a reconocer también sus propios límites, deseos y pérdidas.
Las expectativas para los próximos diez años oscilan entre la dificultad para imaginar el futuro y el deseo de autonomía e independencia para los hijos. La ausencia de políticas públicas y de redes institucionales suficientes, sin embargo, vuelve incierto ese futuro. En muchos relatos, el apoyo estatal aparece como insuficiente, mientras que la escuela se constituye como uno de los principales espacios institucionales de apoyo.
Consideraciones finales
Los datos analizados indican que la maternidad atípica constituye una experiencia atravesada por la sobrecarga, la fragilidad de las redes de apoyo, las renuncias personales y los desafíos permanentes en la organización de la vida. Las participantes manifiestan una fuerte implicación afectiva con sus hijos, pero también revelan procesos de duelo, ambivalencia, cansancio y necesidad de reconocimiento de su propia vulnerabilidad.
La romantización de la maternidad atípica y la expectativa social de que estas mujeres sean permanentemente fuertes contribuyen a invisibilizar el sufrimiento. La figura de la “madre heroína” puede producir justamente el efecto contrario al esperado: al transformar la resistencia en una obligación, impide que la mujer reconozca que también necesita ser cuidada.
En este sentido, resulta fundamental crear espacios de escucha en los que la madre pueda hablar sin tener que responder al ideal de fortaleza. El proyecto “Cuidando a quien cuida” resulta pertinente al proponer una escucha sostenida desde el psicoanálisis, favoreciendo la construcción de un espacio de continencia, vínculo y simbolización. En un dispositivo grupal, la posibilidad de compartir experiencias similares puede disminuir el aislamiento y permitir que afectos como la culpa, la rabia, la tristeza, la frustración y el arrepentimiento sean reconocidos y elaborados.
Así, desplazar la imagen de la “madre heroína” hacia la de la “mujer posible” no significa negar la fuerza de estas mujeres, sino permitir que esa fuerza deje de constituir una exigencia. La maternidad atípica puede implicar sufrimiento y pérdida, pero también puede constituir un espacio de reconstrucción subjetiva. Para ello, es necesario que la sociedad, las instituciones y el Estado reconozcan a la cuidadora como sujeto de derechos, deseos y necesidades.
El “seguir nadando” no debería ser una lucha solitaria contra la invisibilidad, sino un recorrido sostenido por redes capaces de alojar tanto al hijo como a quien lo cuida.
Notas
1 jenainaluzia@gmail.com ; danielemenap@gmail.com
Freud, S. (2010a). Além do princípio do prazer. En S. Freud, História de uma neurose infantil (“O homem dos lobos”), além do princípio do prazer e outros textos (1917–1920) (P. C. de Souza, Trad., Vol. 14, pp. 161–239). Companhia das Letras. (Trabajo original publicado en 1920).
Freud, S. (2010b). Luto e melancolia. En S. Freud, Introdução ao narcisismo, ensaios de metapsicologia e outros textos (1914–1916) (P. C. de Souza, Trad., Vol. 12, pp. 170–194). Companhia das Letras. (Trabajo original publicado en 1917).
Freud, S. (2010c). O mal-estar na civilização. En S. Freud, O mal-estar na civilização, novas conferências introdutórias à psicanálise e outros textos (1930–1936) (P. C. de Souza, Trad., Vol. 18, pp. 13–122). Companhia das Letras. (Trabajo original publicado en 1930).
Klein, M. (1996a). Amor, culpa e reparação e outros trabalhos (1921–1945) (A. Cardoso, Trad., Vol. 1). Imago.
Winnicott, D. W. (1980). Da pediatria à psicanálise: Obras escolhidas. Davy Bogomoletz (Trad.). Francisco Alves.