{"id":283,"date":"2026-10-06T15:54:40","date_gmt":"2026-10-06T18:54:40","guid":{"rendered":"https:\/\/www.elpsicoanalisis.org.ar\/web\/?post_type=articulo&#038;p=283"},"modified":"2026-10-23T17:29:53","modified_gmt":"2026-10-23T20:29:53","slug":"el-mundo-sera-tlon","status":"publish","type":"articulo","link":"https:\/\/www.elpsicoanalisis.org.ar\/web\/articulo\/el-mundo-sera-tlon\/","title":{"rendered":"El mundo ser\u00e1 Tl\u00f6n\u00a0"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1 wp-block-paragraph\">Al igual que a Freud, a Borges hay que leerlo hacia adelante, como punto de partida y no como punto de llegada. Un contempor\u00e1neo inc\u00f3modo y no un cl\u00e1sico que trae respuestas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2 wp-block-paragraph\">Freud inaugura una forma de pensar lo humano que permanece abierta, y que permite a cada generaci\u00f3n elaborar nuevas preguntas de acuerdo a los instrumentos conceptuales con los que abreva en ella. Con Borges ocurre algo semejante. Cuanto m\u00e1s se aleja su \u00e9poca de la nuestra, mayor complejidad aflora en su obra, y en la superficie aparecen nuevas l\u00edneas que hab\u00eda trazado sin nombrarlas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3 wp-block-paragraph\">Bajo una est\u00e9tica literaria, Borges plasma teor\u00eda. Apoyada en la estructura ficcional, su literatura traza un mapa detallado de las fisuras que conforman la experiencia humana contempor\u00e1nea. Cada avance, cada retroceso, cada pliegue, es un punto en la compleja dimensi\u00f3n de lo humano, imposible de abarcar por el recorrido de una l\u00ednea recta. Pliegue que remite al concepto deleuziano, en el que interior y exterior dejan de funcionar como polos opuestos, y son envueltos en una variaci\u00f3n continua, sin punto fijo desde el cual medirlos ni superficie plana en la que se puedan apoyar. Un pliegue que en lugar de separar multiplica los planos y las intensidades.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4 wp-block-paragraph\">La escritura de Borges anticipa en 40 a\u00f1os el concepto de rizoma (Deleuze y Guattari,&nbsp;2004\/1980). La pluma de Borges niega la arborizaci\u00f3n de ra\u00edz \u00fanica y jerarqu\u00edas ascendentes. En Borges no hay subordinaci\u00f3n a un origen \u00fanico, solo multiplicidades en perpetuo devenir.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5 wp-block-paragraph\">Deleuze y Guattari llegan al rizoma por la v\u00eda de la elaboraci\u00f3n acad\u00e9mica y su conceptualizaci\u00f3n se sostiene constre\u00f1ida al binarismo que propone destituir: la estructura rizom\u00e1tica frente a la arborizaci\u00f3n de la ling\u00fc\u00edstica estructural, el concepto de complejo de Edipo, o la dial\u00e9ctica hegeliana. Borges, por su parte, no rechaza, avanza rizomaticamente, elaborando literariamente la estructura a la que luego la filosof\u00eda elevar\u00eda a la categor\u00eda de concepto. Borges construye el objeto en acto.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6 wp-block-paragraph\">El relato dentro del relato, sin final excluyente, como en <em>El jard\u00edn de los senderos que se bifurcan<\/em>. All\u00ed Borges (2011\/1944) sostiene la ambig\u00fcedad de todos los finales posibles, sin que ninguna l\u00ednea cancele a las dem\u00e1s. El tiempo y el espacio se expanden pleg\u00e1ndose hacia el infinito, capturando al lector en su despliegue. La estructura funciona al modo del proceso primario, por desplazamientos y condensaciones no jerarquizadas, catectizando aqu\u00ed, decatectizando all\u00ed, pero sin detenerse. Un vaiv\u00e9n al modo pulsional. Bordeando agujeros, dando sentidos ef\u00edmeros que impulsan a nuevos recorridos sin resoluci\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7 wp-block-paragraph\">Si bien la mayor parte de su obra fue escrita en la primera mitad del siglo XX, sus surcos parecen anticipar las condiciones de subjetividad actual, caracterizada por la saturaci\u00f3n de est\u00edmulos, simulacros y versiones m\u00faltiples. Mucho antes de que el mundo fuera envuelto en las redes de las redes, las operatorias algor\u00edtmicas y la aceleraci\u00f3n digital, Borges anticip\u00f3 la forma en que el individuo del siglo XXI habita la realidad, la memoria y la identidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8 wp-block-paragraph\">Al igual que con el concepto de rizoma, Borges identific\u00f3 la estructura del simulacro (Deleuze, 2005\/1969), que prolifera sin necesidad de un original que lo respalde, mucho antes de que la filosof\u00eda de Deleuze interpelara los modelos de copias plat\u00f3nicos. El simulacro no es una copia degradada, es la afirmaci\u00f3n de una diferencia que no necesita un modelo original para sostenerse y produce sus propios efectos de verdad.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9 wp-block-paragraph\">Borges deja en claro que la identidad no es una esencia, sino una construcci\u00f3n narrativa, susceptible de repeticiones, y falsificaciones. En <em>Borges y yo<\/em> (Borges, 2011\/1960) desdobla su figura p\u00fablica en un personaje ajeno, una m\u00e1scara que al escribir deja en segundo plano al individuo privado. Anticipa as\u00ed, en m\u00e1s de medio siglo, la experiencia cotidiana de quienes administran perfiles digitales que constituyen versiones de s\u00ed mismo con escasos puntos de convergencia. Al modo del simulacro, el perfil es un enunciado que produce aquello que representa, en infinitas versiones en las que ninguna puede reclamar prioridad por sobre las dem\u00e1s, y no una copia degradada de una identidad previa.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-10 wp-block-paragraph\">Perfiles que, al igual que en Borges, prescinden del cuerpo. Los personajes borgeanos se caracterizan por ser principalmente mentales: bibliotecarios, lectores, estrategas, conciencias que piensan el mundo apenas roz\u00e1ndolo. Ausencia que lo digital profundiza al convertir el cuerpo en dato.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-11 wp-block-paragraph\">El laberinto de <em>La casa de Asteri\u00f3n<\/em> (Borges, 2011\/1949), o la ciudad inabarcable de <em>El inmortal (Borges, 2011\/1949)<\/em>, sumergen al lector en la experiencia de habitar una red digital, donde cada elecci\u00f3n genera infinitas ramificaciones que no llevan a ninguna parte. Cada click abre un sendero que hace crecer al laberinto y nos sumerge en sus entra\u00f1as. Sin embargo, a diferencia de lo que esa experiencia provoca, el laberinto borgeano no es un espacio confuso. Est\u00e1 organizado y contiene predise\u00f1ados todos los caminos posibles, al igual que el algoritmo que, a partir de una entrada, genera un recorrido de alternativas ya previstas. Recorrido angustiante, en tanto avizora la no existencia de un exterior al cual escapar. No se est\u00e1 atrapado en una red de la que no se sabe c\u00f3mo salir, la propia red no posee un afuera. Ser es estar adentro.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-12 wp-block-paragraph\">Cuando Mark Fisher (2016\/2009) acu\u00f1a el concepto de realismo capitalista, y plantea que es m\u00e1s f\u00e1cil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo, en tanto el sistema ha absorbido la imaginaci\u00f3n colectiva hasta hacer imposible concebir cualquier otra alternativa, nos dice que el propio sujeto es a la vez el minotauro, el h\u00e9roe y la arquitectura que los contiene.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-13 wp-block-paragraph\">Como en <em>La biblioteca de Babel<\/em> (Borges, 2011\/1944), los modelos de inteligencia artificial generativa recorren los espacios de posibilidades ya inscritas en sus par\u00e1metros, y seleccionan, seg\u00fan funciones probabil\u00edsticas, la secuencia que oficia de respuesta.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-14 wp-block-paragraph\">El tiempo borgeano se constituye igualmente en una red de ramificaciones donde, como en <em>El jard\u00edn de los senderos que se bifurcan<\/em> (Borges, 2011\/1944), todas las posibilidades ocurren simult\u00e1neamente. Al igual que bajo la operatoria algor\u00edtmica, pasado, presente y futuro est\u00e1n ubicados en el mismo plano de presente perpetuo que no permite anclarse a un ahora estable, construido a partir de la memoria del pasado y la proyecci\u00f3n a futuro. El habitar una sucesi\u00f3n de presentes eternos, que se suceden sin producir sentido, reproduce la paradoja borgeana del tiempo circular en el que la biograf\u00eda pierde su narrativa ordenada para volverse un conjunto de instantes yuxtapuestos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-15 wp-block-paragraph\">Pierre Menard reescribe el Quijote palabra por palabra y, sin embargo, produce un texto diferente (Borges, 2011\/1944). La identidad entre ambas versiones se disuelve en el preciso instante en que se pregunta en qu\u00e9 presente fueron escritas, ya que el sentido de una frase reside en la posici\u00f3n hist\u00f3rica desde la que se enuncia, y no solamente en las palabras. Menard funciona como una alegor\u00eda de la construcci\u00f3n narrativa de la identidad, en la que el pasado se reescribe cada vez que es evocado. Reescritura que, lejos de ser repetici\u00f3n o falsificaci\u00f3n, es la forma en la que la historia tiene efecto sobre quien la recuerda.&nbsp;<br>El Quijote de Menard abre tambi\u00e9n la pregunta por la posici\u00f3n del enunciador, en un tiempo en el que la autor\u00eda se difumina en los laberintos de la inteligencia artificial. Los modelos de IA generativa recombinan lo ya dicho sin situarse en una posici\u00f3n hist\u00f3rica desde la cual enunciar: Menard reescribe atravesado por su historia, mientras que el algoritmo no reescribe nada, solo promedia. Ah\u00ed donde Borges ubica a la autor\u00eda como un lugar irreductible de enunciaci\u00f3n, lo digital disuelve el texto en un no lugar.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-16 wp-block-paragraph\">Ireneo Funes (Borges, 2011\/1944) ofrece el reverso que fundamenta esta l\u00f3gica. Est\u00e1 condenado a recordar con extrema fidelidad. Sin capacidad para olvidar ni generalizar, est\u00e1 atrapado en una minuciosa percepci\u00f3n que le impide pensar. Cada hoja, de cada \u00e1rbol, de cada d\u00eda, le exige una puesta en palabra, dando cuenta de que la memoria \u00fatil es la que selecciona y distorsiona un texto sobre una trama. La memoria sin p\u00e9rdidas es inhabitable. Hoy, las tecnolog\u00edas de almacenamiento masivo y datificaci\u00f3n permanente de todo lo que ocurre generan un archivo digital que act\u00faa al modo de memoria prot\u00e9sica que no permite el olvido. A diferencia del cuchillero del arrabal, que en el 1900 vive de duelo en duelo, los Funes del siglo XXI vemos afectada nuestra capacidad para duelar, porque el requisito indispensable para que pueda iniciarse un trabajo de duelo es la constataci\u00f3n y aceptaci\u00f3n de la p\u00e9rdida. Algo que se dificulta sobremanera cuando los objetos se convierten en datos, y estos se vuelven recuperables con un par de clics.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-17 wp-block-paragraph\">Las superficies de las pantallas cumplen hoy una funci\u00f3n an\u00e1loga a <em>El Aleph (Borges, 2011\/1949)<\/em>. Devuelven al sujeto infinitas im\u00e1genes de s\u00ed mismo y versiones del mundo fragmentadas y filtradas, que se adaptan a los sesgos que la tecnolog\u00eda extrajo de sus conductas. La saturaci\u00f3n de El Aleph anticipa la sobrecarga informacional contempor\u00e1nea. Acceso a un todo simult\u00e1neo y desde un \u00fanico punto que no permite una comprensi\u00f3n totalizadora. Estimulaci\u00f3n inarticulable que no puede ser metabolizada en una narraci\u00f3n que habilite la experiencia vincular.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-18 wp-block-paragraph\">Ese punto que todo lo ve desde un \u00fanico lugar, sin desplazarse, anticipa la posici\u00f3n del usuario frente a la pantalla. Un ojo inm\u00f3vil al que el mundo entero se le entrega sin que tenga que salir a buscarlo. El mirar como forma privilegiada de habitar el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-19 wp-block-paragraph\"><em>Tl\u00f6n, Uqbar, Orbis Tertius<\/em> narra el proceso por el cual un simulacro que se repite con suficiente insistencia se impone como relato oficial, sin permitir identificar cu\u00e1l es el original del que parte la copia (Borges, 2011\/1944). El orden de causalidad entre el modelo y la copia se vuelve irreconocible. Como los objetos de <em>Tl\u00f6n<\/em>, que empiezan a aparecer a\u00fan antes de que termine de escribirse la enciclopedia que los inventa, el algoritmo propone un anhelo antes de que el sujeto pueda elaborarlo. Da lo que se quiere a\u00fan antes de articular el deseo. Ilusi\u00f3n de omnipotencia (Winnicott, 1971) que pretende eliminar la frustraci\u00f3n de la experiencia cotidiana, pero sin una madre suficientemente buena que sostenga. El algoritmo repite la aparici\u00f3n del objeto pero suprime la exposici\u00f3n a la falta y el sost\u00e9n que posibilita dicha experiencia. De este modo la ilusi\u00f3n se prolonga en un espacio infinito sin posibilidades de salida.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-20 wp-block-paragraph\">Al igual que los personajes borgeanos, que no logran salir de la biblioteca, rodeados de informaci\u00f3n pero sin certezas, el individuo actual es bombardeado por discursos fragmentados que dificultan la construcci\u00f3n de una narrativa coherente en la cual, realidad y ficci\u00f3n, no son t\u00e9rminos en disputa sino la materializaci\u00f3n de la ausencia de l\u00edmites.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-21 wp-block-paragraph\">El algoritmo opera con rigor de ajedrecista (Borges, 2011\/1944), consistente en el interior de su l\u00f3gica y ajeno a cualquier instancia que lo trascienda. La humanidad, encantada por esa consistencia, lo recibe como si se tratara de un rigor ang\u00e9lico que revela la verdad sobre el deseo, cuando apenas es un engranaje preciso de reglas que se despliegan sobre el tablero de una interfaz. El algoritmo, devenido dios, mueve tanto al jugador como a la pieza (Borges, 2011\/1960), en una trama dise\u00f1ada por hombres situados en la c\u00faspide de las estructuras de poder.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-22 wp-block-paragraph\">Borges imagin\u00f3 pliegues y bifurcaciones infinitas como figuras de un exceso que ning\u00fan sujeto puede abarcar. Exceso que, a modo anticipatorio, permanec\u00eda del lado de la literatura, resguardado por la distancia que separa la ficci\u00f3n de la experiencia cotidiana. Pero la realidad digital disuelve esa distancia y convierte la enciclopedia total, la memoria sin olvido de Funes, la bifurcaci\u00f3n infinita de los jardines, en la textura propia de lo cotidiano. Lo que en Borges era met\u00e1fora del l\u00edmite humano frente a lo ilimitado, hoy se presenta como superestructura.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-23 wp-block-paragraph\">En el transcurso de los pr\u00f3ximos a\u00f1os podremos quiz\u00e1s develar si el sujeto que habita esa superestructura conserva algo del v\u00e9rtigo que Borges reservaba a sus lectores, o si el exceso, vuelto rutina, ha abolido ya la capacidad de inquietar.&nbsp;<br><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br><\/p>\n","protected":false},"featured_media":0,"template":"","seccion":[15],"class_list":["post-283","articulo","type-articulo","status-publish","hentry","seccion-jorge-luis-borges"],"acf":{"numero_de_revista":[161],"aclaracion":"","subtitulo_articulo":"","bajada":"El art\u00edculo propone una reflexi\u00f3n sobre aquello que en Borges funciona como met\u00e1fora de lo ilimitado, present\u00e1ndolo en relaci\u00f3n con lo que hoy aparece como ilimitado en la experiencia digital...","copete":"El art\u00edculo propone una reflexi\u00f3n sobre aquello que en Borges funciona como met\u00e1fora de lo ilimitado, present\u00e1ndolo en relaci\u00f3n con lo que hoy aparece como ilimitado en la experiencia digital. Invita a leer al autor m\u00e1s como un contempor\u00e1neo que como un cl\u00e1sico, ya que postula que su literatura parece haber anticipado algunas de las formas en que se expresa la subjetivad actualmente. Desde el psicoan\u00e1lisis y en di\u00e1logo con Deleuze, Guattari, Winnicott y Fisher, recorre la obra borgeana para interrogar qu\u00e9 ocurre con el deseo, la memoria, la identidad y la posibilidad de construir singularidad, cuando aquello que en Borges era ficci\u00f3n comienza a adquirir la textura de lo cotidiano.\r\n","autores":[180],"entrevistadores":"","entrevistados":"","imagen_de_seccion":"","articulo_bibliografia_titulo":"Bibliograf\u00eda","articulo_bibliografia":"Borges, J. L. (2011). Ficciones. Debolsillo. (Obra original publicada en 1944). \r\nBorges, J. L. (2011). El Aleph. Debolsillo. (Obra original publicada en 1949).\r\nBorges, J. L. (2011). El hacedor. Debolsillo. (Obra original publicada en 1960).\r\nDeleuze, G., y Guattari, F. (2004). Mil mesetas: Capitalismo y esquizofrenia (J. V\u00e1zquez P\u00e9rez y U. \r\nLarraceleta, Trads.). Pre-Textos. (Obra original publicada en 1980). \r\nDeleuze, G. (2005). L\u00f3gica del sentido (M. Morey, Trad.). Paid\u00f3s. (Obra original publicada en 1969). \r\nFisher, M. (2016). Realismo capitalista: \u00bfNo hay alternativa? (C. Iglesias, Trad.). Caja Negra. (Obra original publicada en 2009). \r\nWinnicott, D. W. (1971). Realidad y juego. Gedisa. \r\n","autor_tiene_nota":false},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.elpsicoanalisis.org.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/articulo\/283","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.elpsicoanalisis.org.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/articulo"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.elpsicoanalisis.org.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/types\/articulo"}],"acf:post":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elpsicoanalisis.org.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/autor\/180"},{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elpsicoanalisis.org.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/numero\/161"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.elpsicoanalisis.org.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=283"}],"wp:term":[{"taxonomy":"seccion","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elpsicoanalisis.org.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/seccion?post=283"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}