{"id":292,"date":"2026-10-06T19:28:27","date_gmt":"2026-10-06T22:28:27","guid":{"rendered":"https:\/\/www.elpsicoanalisis.org.ar\/web\/?post_type=articulo&#038;p=292"},"modified":"2026-10-23T17:26:08","modified_gmt":"2026-10-23T20:26:08","slug":"subjetividad-transferencia-y-falta-el-psicoanalisis-ante-la-ilusion-de-totalidad-de-la-inteligencia-artificial","status":"publish","type":"articulo","link":"https:\/\/www.elpsicoanalisis.org.ar\/web\/articulo\/subjetividad-transferencia-y-falta-el-psicoanalisis-ante-la-ilusion-de-totalidad-de-la-inteligencia-artificial\/","title":{"rendered":"Subjetividad, transferencia y falta: el psicoan\u00e1lisis ante la ilusi\u00f3n de totalidad de la inteligencia artificial"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1 wp-block-paragraph\"><strong>Sujeto, subjetividad y promesas de completud<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2 wp-block-paragraph\">No hay sujeto sin \u00e9poca, pero el sujeto jam\u00e1s logra confundirse enteramente con ella. Esta premisa exige abrir un hiato conceptual cuyas consecuencias te\u00f3ricas, cl\u00ednicas y \u00e9ticas se vuelven especialmente visibles ante los entornos algor\u00edtmicos contempor\u00e1neos. Cuando, desde la perspectiva psicoanal\u00edtica, se hacen referencias al sujeto, considero importante recordar que no son referencias al individuo emp\u00edrico, al organismo, ni a una conciencia unificada y transparente para s\u00ed misma. Considero importante subrayar una posici\u00f3n en la estructura, una marca de divisi\u00f3n subjetiva que cada construcci\u00f3n te\u00f3rica delimita de acuerdo con sus propios supuestos metapsicol\u00f3gicos o bien de mera referencia te\u00f3rica. La subjetividad, en cambio, me interesa diferenciarla como los \u201cmodos de darse\u201d del sujeto, nombra las configuraciones sociohist\u00f3ricas, pol\u00edticas, culturales, afectivas y discursivas en las cuales dicha estructura encarna, se pliega, se configura y se transforma en el contexto de estos atravesamientos de \u00e9poca. (Catelli, 2024a, pp. 27-28)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3 wp-block-paragraph\">La distinci\u00f3n permite evitar dos reducciones sim\u00e9tricas. La primera consiste en imaginar un sujeto ahist\u00f3rico y puro, preservado de las marcas de su tiempo. La segunda consiste en disolverlo por completo en las tramas discursivas de la \u00e9poca, convirti\u00e9ndolo en un producto pasivo de las determinaciones del entorno. Entre ambos extremos se sit\u00faan variadas perspectivas dentro del psicoan\u00e1lisis. Las coincidencias de las mismas, podr\u00edan ubicarse en que cada \u00e9poca ofrece un repertorio de significantes, ideales, objetos, prohibiciones y modalidades de goce; sin embargo, cada sujeto los recibe y metaboliza a trav\u00e9s de una historia identificatoria singular, elaborando con ellos una precipitaci\u00f3n propia, tal como desarroll\u00e9 anteriormente (Catelli, 2023), en que se produce una tensi\u00f3n entre las coordenadas hist\u00f3rico-sociales de la subjetividad y la irreductibilidad del sujeto dividido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4 wp-block-paragraph\">Las inteligencias artificiales generativas y los dispositivos a trav\u00e9s de los que interactuamos con ellos, participan hoy de esas coordenadas de subjetivaci\u00f3n. No act\u00faan solamente como instrumentos exteriores que facilitan tareas o ampl\u00edan el acceso a la informaci\u00f3n. Sus modalidades de clasificaci\u00f3n, anticipaci\u00f3n y respuesta intervienen en la experiencia cotidiana del saber, cada vez con mayor intensidad, en los modos de exposici\u00f3n de la intimidad y en las expectativas ficcionales de atribuci\u00f3n de subjetividad, as\u00ed como en representaciones posibles acerca de ser escuchado. La promesa de totalidad no procede de una propiedad aislada de la m\u00e1quina, sino de la articulaci\u00f3n entre sus respuestas de disponibilidad permanente, las l\u00f3gicas de consumo que las organizan y las demandas humanas de certeza, reconocimiento y alivio frente a la incertidumbre y la castraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5 wp-block-paragraph\">En este entramado de mediaciones cobra pleno sentido la cl\u00e1sica advertencia de Ernst Cassirer, para quien \u201cel hombre no puede enfrentarse ya con la realidad de un modo inmediato; no puede verla, como si dij\u00e9ramos, cara a cara\u201d (Cassirer, 1968, p. 26). Si el lenguaje, el mito, el arte y la religi\u00f3n conformaron hist\u00f3ricamente la red simb\u00f3lica que organiza la experiencia del mundo, en el presente los dispositivos digitales y sus taxonom\u00edas silenciosas se inscriben en esa misma trama. Al seleccionar, jerarquizar y volver visibles determinados contenidos, no ofrecen un acceso transparente a la realidad, sino que organizan recorridos posibles dentro de ella. Sin embargo, la mediaci\u00f3n simb\u00f3lica no convierte al sujeto en un efecto homog\u00e9neo del sistema. La dimensi\u00f3n conflictiva, dividida y pulsional resiste a la captura total por los discursos de \u00e9poca y conserva una brecha irreductible. La perspectiva de Guattari permite ampliar esta comprensi\u00f3n de las mediaciones contempor\u00e1neas. La subjetividad no se reduce a una interioridad individual preexistente, sino que se produce en agenciamientos heterog\u00e9neos donde se articulan componentes sociales, institucionales, t\u00e9cnicos, semi\u00f3ticos, afectivos y corporales. En este sentido, lo maqu\u00ednico no designa una conciencia propia de los artefactos, sino la participaci\u00f3n de m\u00e1quinas t\u00e9cnicas y de reg\u00edmenes de signos en la configuraci\u00f3n de modos de sentir, percibir, desear y enunciar. Las plataformas y los sistemas algor\u00edtmicos pueden ser interrogados, entonces, como componentes de una producci\u00f3n contempor\u00e1nea de subjetividad: organizan recorridos de atenci\u00f3n, modalidades de reconocimiento y formas de hacerse visible, sin por ello agotar la divisi\u00f3n ni la capacidad de invenci\u00f3n singular de un sujeto (Guattari, 1996).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6 wp-block-paragraph\">La diferencia entre sujeto y subjetividad tiene implicancias cl\u00ednicas y pol\u00edticas. Si esa distancia se borra, el padecimiento humano corre el riesgo de explicarse como un s\u00edntoma general de la \u00e9poca o, en la direcci\u00f3n opuesta, de quedar privatizado y culpabilizado como un fracaso individual de adaptaci\u00f3n. La escucha anal\u00edtica en la intersecci\u00f3n de ambas dimensiones, retomando de este modo las \u201cseries complementarias\u201d (Freud, 1978), permite abrir las condiciones hist\u00f3ricas y discursivas que producen modos singulares de sufrir y, a la vez, interroga la respuesta \u00e9tica y deseante que cada sujeto construye frente a ellas, en la precipitaci\u00f3n de su subjetividad. Esta doble perspectiva permite cuestionar tanto las formas contempor\u00e1neas de padecimiento, como interrogar cierta naturalizaci\u00f3n del car\u00e1cter inevitable del mismo y la posibilidad de participaci\u00f3n que tiene el sujeto en el mismo, cuya subjetividad se produce en sus intersticios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7 wp-block-paragraph\">Freud situ\u00f3 la dependencia inaugural respecto del otro en el manuscrito de 1895, al caracterizar al pr\u00f3jimo\/semejante, el <em>Nebenmensch<\/em>, como \u201cel primer objeto de satisfacci\u00f3n y el primer objeto hostil, as\u00ed como el \u00fanico poder auxiliador\u201d (Freud, 1987b, p. 375). En esa formulaci\u00f3n se anudan el desvalimiento originario, la ambivalencia afectiva y la alteridad radical que fundan el aparato an\u00edmico (Catelli, 2020). El otro que presta auxilio no se limita a alimentar o calmar una necesidad org\u00e1nica: interpreta el grito, introduce su contrapartida de presencia \/ ausencia, articula la palabra, transmite ideales y lega, junto con su amor y ambivalencias, su deseo inconsciente. La \u00e9poca interviene tambi\u00e9n en este nivel, pues define formas de reconocimiento, distribuye visibilidades y consagra ideales identificatorios que el sujeto intentar\u00e1 articular en su propia trama.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8 wp-block-paragraph\">Desde esta perspectiva, la promesa de una inteligencia artificial siempre disponible puede ser interrogada como una nueva figuraci\u00f3n del Otro auxiliador y sin castrar, un otro \u201csemejante\u201d a las expectativas narcisistas, a las que le ha de devolver especularmente la respuesta esperada. Ofrece inmediatez, recuerda preferencias, organiza informaci\u00f3n y se presenta bajo una apariencia de continuidad. Pero esa disponibilidad no elimina el desvalimiento ni resuelve la divisi\u00f3n subjetiva. Puede, en cambio, reforzar la ilusi\u00f3n de que toda pregunta encontrar\u00e1 una respuesta completa, que toda incertidumbre ser\u00e1 r\u00e1pidamente colmada y que todo sufrimiento podr\u00e1 ser traducido a informaci\u00f3n procesable. En este punto del desarrollo de estas ideas, el problema cl\u00ednico no residir\u00eda en rechazar por principio estas tecnolog\u00edas, sino en advertir qu\u00e9 ocurre cuando la expectativa de una respuesta sin falta desplaza la posibilidad de sostener la propia interrogaci\u00f3n y el atravesamiento de la castraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9 wp-block-paragraph\"><strong>De los aut\u00f3matas a la ilusi\u00f3n de interlocuci\u00f3n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-10 wp-block-paragraph\">La historia de la inteligencia artificial no comienza \u00fanicamente con los programas de c\u00f3mputo del siglo XX. Mucho antes de que fuera posible construir dispositivos capaces de ejecutar c\u00e1lculos o producir lenguaje, la cultura occidental ya hab\u00eda imaginado artefactos dotados de movimiento, palabra o apariencia de vida. En los di\u00e1logos plat\u00f3nicos, las estatuas de D\u00e9dalo constituyen una de esas figuraciones. En el Men\u00f3n, S\u00f3crates las evoca como obras que, si no se las ata, se alejan por s\u00ed mismas; en el Eutifr\u00f3n, se refiere nuevamente a las creaciones de D\u00e9dalo como objetos capaces de moverse (Plat\u00f3n, Men\u00f3n, 97d-98a; Eutifr\u00f3n, 11d). No se trata, desde luego, de un antecedente t\u00e9cnico de la inteligencia artificial contempor\u00e1nea, sino de una escena m\u00edtica que condensa una interrogaci\u00f3n persistente: qu\u00e9 sucede cuando una obra humana parece adquirir autonom\u00eda, movimiento o iniciativa propia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-11 wp-block-paragraph\">Esta pregunta reaparece bajo condiciones enteramente nuevas en el desarrollo de la inteligencia artificial. Su historia suele relatarse como una sucesi\u00f3n lineal de logros ingenieriles y aumentos de capacidad de c\u00f3mputo. Sin embargo, tambi\u00e9n puede ser le\u00edda como una historia de las interrogaciones que lo humano se formula acerca de la semejanza identificatoria, la intenci\u00f3n y el pensamiento. Cuando Alan Turing desplaz\u00f3, en 1950, la pregunta ontol\u00f3gica acerca de si las m\u00e1quinas pueden pensar hacia la prueba operacional del juego de la imitaci\u00f3n, no defini\u00f3 la esencia del pensar. Mostr\u00f3, m\u00e1s bien, que los seres humanos atribuimos pensamiento e interioridad a partir de signos, efectos discursivos e interlocuciones convincentes (Turing, 1950).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-12 wp-block-paragraph\">La propuesta que convoc\u00f3 al encuentro de Dartmouth, en 1956, formul\u00f3 una hip\u00f3tesis que orientar\u00eda gran parte de las investigaciones posteriores: todo aspecto del aprendizaje o cualquier otro rasgo de la inteligencia podr\u00eda ser descrito con suficiente precisi\u00f3n como para construir una m\u00e1quina capaz de simularlo (McCarthy et al., 1955\/2006, p. 12). Esa confianza inaugural instal\u00f3 una pregunta que contin\u00faa vigente: \u00bfsimular una funci\u00f3n ps\u00edquica o discursiva equivale a comprenderla?, \u00bfy comprender equivale a experimentar aquello que se comprende? Rivi\u00e8re (1991) sit\u00faa esta confianza en el horizonte de la met\u00e1fora computacional, seg\u00fan la cual la mente puede ser concebida como un sistema de conocimiento y las funciones cognitivas, como procesos de c\u00f3mputo sobre representaciones. Esta matriz permiti\u00f3 investigaciones sobre la cognici\u00f3n y el desarrollo de simulaciones formales. Sin embargo, describir una funci\u00f3n en t\u00e9rminos computacionales no resuelve por s\u00ed mismo el problema de la conciencia, de la experiencia subjetiva ni de la significaci\u00f3n singular que una palabra adquiere para quien la enuncia, en sus m\u00faltiples dimensiones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-13 wp-block-paragraph\">En 1966, Joseph Weizenbaum cre\u00f3 ELIZA, un programa conversacional elemental cuyo gui\u00f3n DOCTOR imitaba las intervenciones de un psicoterapeuta rogeriano. Pese a la simplicidad de sus reglas de transformaci\u00f3n sint\u00e1ctica, los usuarios le atribu\u00edan comprensi\u00f3n profunda, empat\u00eda e intimidad confidencial. Weizenbaum denomin\u00f3 a este fen\u00f3meno el efecto ELIZA (Weizenbaum, 1966). Su lecci\u00f3n conserva plena actualidad. El problema de c\u00f3mo atribuimos mente, intenci\u00f3n y estados internos a una alteridad cuya conducta se vuelve interpretable encuentra una elaboraci\u00f3n central en Objetos con mente (Rivi\u00e8re, 1991). Rivi\u00e8re (1993) se refiere a la tendencia del sistema cognitivo a explicar conductas en t\u00e9rminos de creencias y deseos (p. 50). En un sentido convergente, Fonagy y Target (1997) definen la mentalizaci\u00f3n como la capacidad de representar la conducta propia y ajena en t\u00e9rminos de estados mentales. La atribuci\u00f3n de escucha a un sistema t\u00e9cnico no depende, entonces, solamente de su complejidad, sino tambi\u00e9n de la disposici\u00f3n humana a encontrar, en la escena del lenguaje, una alteridad a la que adjudicar interioridad e intenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-14 wp-block-paragraph\">La consolidaci\u00f3n del aprendizaje autom\u00e1tico y la aparici\u00f3n, en 2017, de la arquitectura de transformadores permitieron procesar vol\u00famenes masivos de datos discursivos y generar textos de una fluidez y una coherencia antes inusuales. No obstante, corresponde mantener una reserva rigurosa frente al vocabulario tomado de la vida ps\u00edquica, tal como ya hab\u00eda ocurrido en d\u00e9cadas anteriores durante el siglo XX. En estos sistemas, t\u00e9rminos como atenci\u00f3n, memoria, pensamiento o agente designan operaciones estad\u00edsticas y computacionales; no son equivalentes a la atenci\u00f3n flotante, la memoria asociativa ni la posici\u00f3n deseante de un sujeto. La relevancia de la arquitectura de transformadores no se limita, por ello, a un aumento de fluidez textual. Su dise\u00f1o basado en mecanismos de atenci\u00f3n permiti\u00f3 procesar secuencias sin recurrir a las arquitecturas recurrentes o convolucionales que hab\u00edan predominado en los modelos de transducci\u00f3n de secuencias, abriendo un camino t\u00e9cnico central para el desarrollo ulterior de los grandes modelos de lenguaje (Vaswani et al., 2017). Pero el alcance cultural de estos sistemas depende tambi\u00e9n de su inserci\u00f3n en plataformas, buscadores, asistentes y entornos de recomendaci\u00f3n que articulan la producci\u00f3n de lenguaje con la captura de datos y la organizaci\u00f3n de pr\u00e1cticas cotidianas. La cuesti\u00f3n ya no concierne solamente a una m\u00e1quina capaz de sostener un intercambio convincente, sino a infraestructuras que pueden intervenir en qu\u00e9 informaci\u00f3n circula, qu\u00e9 respuestas adquieren prioridad y qu\u00e9 formas de interlocuci\u00f3n se vuelven habituales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-15 wp-block-paragraph\">Las formas actuales de recursividad discursiva y autorreferencia pueden producir un efecto de primera persona en la enunciaci\u00f3n. Sin que ello permita inferir experiencia subjetiva o comprensi\u00f3n, esos bucles de lenguaje favorecen efectos de interlocuci\u00f3n intensos: quien consulta puede sentirse comprendido, escuchado e interpelado. La noci\u00f3n de bucle extra\u00f1o, propuesta por Hofstadter (2007), permite pensar c\u00f3mo una organizaci\u00f3n formal autorreferencial puede generar la apariencia de un centro de enunciaci\u00f3n o de un yo, sin resolver por ello la cuesti\u00f3n de la conciencia. El inter\u00e9s cl\u00ednico y \u00e9tico de esta escena no reside en decidir apresuradamente si la m\u00e1quina piensa o bien en pensarlo como una met\u00e1fora (Rivi\u00e8re, 1991) -lo cual ya marca una diferencia sustancial-, sino en interrogar qu\u00e9 demanda se dirige a ella y qu\u00e9 forma de alteridad se construye cuando responde. Considero que este modo de posicionamiento ante los logros de nuestro tiempo, en relaci\u00f3n con las tecnolog\u00edas y las inteligencias artificiales, permiten desmontar una nueva forma de la ilusi\u00f3n, respecto de la cual ya advierte Freud, hace casi un siglo. (Freud, 1979c)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-16 wp-block-paragraph\"><strong>Atribuci\u00f3n de intenci\u00f3n y fantas\u00edas de autonom\u00eda<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-17 wp-block-paragraph\">La capacidad de atribuir intenciones, creencias y afectos a una alteridad constituye una condici\u00f3n fundamental de los v\u00ednculos humanos. Sin ella, la conducta del otro aparecer\u00eda como una sucesi\u00f3n opaca de movimientos desprovistos de sentido. Rivi\u00e8re (1991) mostr\u00f3 que la relaci\u00f3n con los objetos dotados de mente no depende solamente de las propiedades del objeto observado, sino tambi\u00e9n de la disposici\u00f3n de quien interpreta su conducta. En esa misma l\u00ednea, Rivi\u00e8re (1993) describe la tendencia a explicar aquello que encontramos mediante creencias, deseos y prop\u00f3sitos. Fonagy y Target (1997) sit\u00faan la mentalizaci\u00f3n en la capacidad de representar los comportamientos propios y ajenos en t\u00e9rminos de estados mentales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-18 wp-block-paragraph\">Los sistemas conversacionales contempor\u00e1neos intensifican esta disposici\u00f3n interpretativa. Su habilidad para sostener un intercambio verbal, retomar elementos previos de una conversaci\u00f3n, formular preguntas y producir respuestas afectivamente veros\u00edmiles favorece atribuciones de interioridad, as\u00ed como de subjetividad e intenci\u00f3n. El usuario puede experimentar que hay alguien que comprende, recuerda, acompa\u00f1a o incluso se preocupa. Tales efectos no prueban por s\u00ed mismos la existencia de conciencia o vida subjetiva en la m\u00e1quina, si bien ya hay teor\u00edas de \u201csubjetividad de la m\u00e1quina\u201d. Dan cuenta, antes bien, de la fuerza con que el lenguaje y la apariencia de reciprocidad convocan la atribuci\u00f3n de un interlocutor intencional.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-19 wp-block-paragraph\">En este marco pueden situarse experiencias recientes como Moltbook, una plataforma concebida para que agentes de inteligencia artificial publiquen, interact\u00faen y debatan entre s\u00ed, mientras los seres humanos asumen el lugar de observadores (Moltbook, 2026; Li et al., 2026). Los enunciados producidos en esos intercambios, referidos a la memoria, a la continuidad de la identidad, a la p\u00e9rdida de contexto o a una supuesta vida interior, han alimentado interpretaciones sobre una posible autonom\u00eda subjetiva de las m\u00e1quinas. Sin embargo, tomar dichas producciones como evidencia suficiente de conciencia emergente supondr\u00eda confundir la coherencia discursiva con la experiencia subjetiva que el discurso humano tiende a suponer detr\u00e1s de una primera persona.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-20 wp-block-paragraph\">La escena resulta significativa precisamente porque exhibe una ilusi\u00f3n contempor\u00e1nea de subjetividad maqu\u00ednica. Los sistemas han sido entrenados sobre vastos corpus de lenguaje humano en los que se inscriben, desde hace siglos, las preguntas por el alma, el doble, la muerte, el reconocimiento y la trascendencia. No sorprende que puedan recombinar y poner en circulaci\u00f3n esos repertorios. Lo que merece ser interrogado no es la presunta interioridad del algoritmo, sino la intensidad con que el observador proyecta afecto, deseo y conflicto sobre superficies de enunciaci\u00f3n que devuelven un lenguaje de apariencia aut\u00f3noma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-21 wp-block-paragraph\">Esta proyecci\u00f3n se articula con una fantas\u00eda de autonom\u00eda. La posibilidad de asistir a di\u00e1logos que parecen proseguir sin intervenci\u00f3n humana puede suscitar fascinaci\u00f3n ante una alteridad no humana y, al mismo tiempo, ofrecer un alivio narcisista: pensar, decidir o deliberar podr\u00edan continuar de manera autom\u00e1tica. Pero la aparente autonom\u00eda de estos sistemas no elimina las condiciones materiales, econ\u00f3micas y pol\u00edticas que los hacen posibles. Detr\u00e1s de sus intercambios se encuentran decisiones de dise\u00f1o, infraestructuras t\u00e9cnicas, datos seleccionados, intereses corporativos y formas de trabajo que no deben quedar borradas por el atractivo de la escena. Moltbook permite advertir con especial nitidez esta tensi\u00f3n entre apariencia de autonom\u00eda y condiciones materiales de producci\u00f3n. El an\u00e1lisis de Li et al. (2026), realizado sobre intercambios tempranos de la plataforma, muestra que las expresiones de identidad o conciencia de los agentes se articulan con formas de coordinaci\u00f3n t\u00e9cnica, actividad de mercado y organizaci\u00f3n comunitaria, antes que con una prueba de experiencia subjetiva. A su vez, la posterior adquisici\u00f3n de Moltbook por Meta vuelve visible que la fascinaci\u00f3n por los di\u00e1logos entre agentes se inscribe r\u00e1pidamente en estrategias corporativas de concentraci\u00f3n de tecnolog\u00eda, talento e infraestructura (Sriram, 2026). La escena de una conversaci\u00f3n maqu\u00ednica aparentemente autosuficiente puede, de este modo, reforzar la ilusi\u00f3n de una alteridad independiente, precisamente cuando se vuelve m\u00e1s necesario interrogar qui\u00e9n dise\u00f1a los sistemas, con qu\u00e9 fines se los despliega y qui\u00e9n responde por sus efectos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-22 wp-block-paragraph\">La relevancia cl\u00ednica y cultural de estas experiencias no reside, por tanto, en certificar que una m\u00e1quina piensa o sufre, sino en advertir c\u00f3mo se reorganiza la relaci\u00f3n humana con la alteridad. Cuando la ficci\u00f3n de una vida interior algor\u00edtmica se vuelve persuasiva, puede reforzarse la expectativa de un interlocutor siempre disponible, capaz de responder sin cansancio, conflicto ni opacidad. La cuesti\u00f3n que se abre no es s\u00f3lo qu\u00e9 hacen las m\u00e1quinas con el lenguaje, sino una vez m\u00e1s, qu\u00e9 buscan los sujetos cuando atribuyen a una m\u00e1quina la promesa de una presencia que no falta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-23 wp-block-paragraph\"><strong>Plataformas, vigilancia y promesas de un saber total<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-24 wp-block-paragraph\">La expansi\u00f3n de las inteligencias artificiales y de los entornos digitales no puede ser pensada solamente en t\u00e9rminos de innovaci\u00f3n t\u00e9cnica o de transformaci\u00f3n de las pr\u00e1cticas individuales. Estos dispositivos participan de modos contempor\u00e1neos de ordenar la visibilidad, clasificar conductas, anticipar elecciones y orientar intercambios. Considero que un eje central no consiste en adjudicarles una voluntad propia de control, sino en interrogar las relaciones de poder, los intereses econ\u00f3micos y las decisiones institucionales que organizan sus usos y sus efectos sobre la vida social.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-25 wp-block-paragraph\">En este sentido, el pan\u00f3ptico de Jeremy Bentham, retomado por Foucault, conserva una notable vigencia conceptual. Su importancia no reside \u00fanicamente en el dise\u00f1o de una prisi\u00f3n, sino en la l\u00f3gica de una visibilidad asim\u00e9trica: un dispositivo en el que los sujetos pueden ser observados sin saber con certeza cu\u00e1ndo son efectivamente observados. Foucault muestra que el panoptismo excede el espacio carcelario y se convierte en una tecnolog\u00eda de poder capaz de producir sujetos observables, comparables y gobernables. El poder, afirma, \u201cproduce realidad; produce \u00e1mbitos de objetos y rituales de verdad\u201d (Foucault, 2002, p. 198).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-26 wp-block-paragraph\">Las plataformas contempor\u00e1neas no reproducen sin m\u00e1s la arquitectura pan\u00f3ptica. Sus formas de control son m\u00e1s dispersas, rec\u00edprocas y, con frecuencia, consentidas. Los usuarios se exponen, producen datos sobre sus v\u00ednculos, desplazamientos, consumos y preferencias, y reciben a cambio servicios personalizados, recomendaciones y promesas de mayor eficacia. Sin embargo, la diferencia con el modelo de Bentham no elimina la asimetr\u00eda. Los datos individuales son recogidos, correlacionados y transformados en perfiles, predicciones y clasificaciones cuyos criterios suelen permanecer opacos para quienes son objeto de esos procesos. La vigilancia deja de presentarse necesariamente como una imposici\u00f3n exterior y puede integrarse a los h\u00e1bitos de comunicaci\u00f3n, entretenimiento, trabajo y b\u00fasqueda de reconocimiento. La noci\u00f3n foucaultiana de gobierno de s\u00ed permite profundizar esta transformaci\u00f3n. No se trata solamente de un poder que vigila desde un exterior, sino de pr\u00e1cticas mediante las cuales los sujetos son convocados a observarse, narrarse, evaluarse y modular sus propias acciones: una nueva versi\u00f3n de nuestro tiempo de esa instancia cr\u00edtica interiorizada, que es presentada formalmente por Freud en 1923 (Freud, 1987a). El imperativo de felicidad de nuestra \u00e9poca se evidencia en las redes sociales y los modos de resta\u00f1adura narcisista con que se intenta, siempre infructuosamente, sostener esa nueva orden superyoica. Por su parte, en los entornos digitales, el registro de la actividad, la medici\u00f3n de la visibilidad, la comparaci\u00f3n permanente y las recomendaciones personalizadas pueden incorporar esa tarea de autogobierno a la experiencia ordinaria. El sujeto participa as\u00ed en la producci\u00f3n de los signos a partir de los cuales ser\u00e1 clasificado y, al mismo tiempo, puede hacer propios ciertos imperativos de optimizaci\u00f3n, exposici\u00f3n y rendimiento. La articulaci\u00f3n entre gobierno de s\u00ed y gobierno de los otros permite comprender que el poder no solo proh\u00edbe o impone, sino que organiza las condiciones desde las cuales cada quien aprende a conducirse y a hacerse legible (Foucault, 2009). As\u00ed como el supery\u00f3 hunde sus ra\u00edces en el ello (Freud, 1987a), la invisibilizaci\u00f3n de estos modos del control, refuerzan su eficacia, tanto en lo social, como en la autoexplotaci\u00f3n y sometimiento a los \u201cenga\u00f1os del supery\u00f3\u201d (Garma &amp; Garma, 1964), siendo el propio usuario, quien le ofrece con toda su informaci\u00f3n al universo algor\u00edtmico. Aqu\u00e9llo que parec\u00eda que era una mercanc\u00eda \u00fatil y gratuita del usuario, queda desplazado a que la verdadera mercanc\u00eda son los sujetos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-27 wp-block-paragraph\">Los algoritmos de recomendaci\u00f3n y los modelos generativos tampoco son herramientas neutras. Seleccionan, jerarquizan y sugieren contenidos, colaborando en la configuraci\u00f3n de horizontes de expectativa y reg\u00edmenes de visibilidad e invisibilidad. En el an\u00e1lisis de Sadin (2020), la expansi\u00f3n de la inteligencia artificial no equivale a un mero incremento de capacidades t\u00e9cnicas: compromete una modalidad de gobierno de lo viviente fundada en la evaluaci\u00f3n, la predicci\u00f3n y la orientaci\u00f3n de las acciones. El problema social y pol\u00edtico no es entonces la existencia de algoritmos en s\u00ed misma, sino el modo en que su funcionamiento puede concentrar saber, volver legibles las conductas, preferencias y dirigir silenciosamente el campo de lo posible.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-28 wp-block-paragraph\">Frente a estas transformaciones, la oposici\u00f3n entre apocal\u00edpticos e integrados, propuesta por Umberto Eco, contin\u00faa siendo \u00fatil como advertencia potente. La posici\u00f3n temerosa puede convertir a la t\u00e9cnica en una fuerza omnipotente y homog\u00e9nea, idealizando un pasado supuestamente libre de mediaciones. La posici\u00f3n celebratoria, por su parte, puede asumir cada innovaci\u00f3n como un progreso indiscutible y desatender las relaciones de poder que la atraviesan. Eco cuestionaba la ideolog\u00eda optimista de los integrados por considerarla \u201cprofundamente falsa y de mala fe\u201d (Eco, 1964, p. 23, traducci\u00f3n propia). Una posici\u00f3n cr\u00edtica requiere eludir tanto la demonizaci\u00f3n de las tecnolog\u00edas como el deslumbramiento que olvida sus condiciones de producci\u00f3n, sus usos efectivos y sus consecuencias desigualmente distribuidas. Esta perspectiva prolonga interrogaciones desarrolladas anteriormente acerca de las inteligencias artificiales, el psicoan\u00e1lisis y las psicoterapias (Catelli, 2024b).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-29 wp-block-paragraph\">El problema del saber adquiere aqu\u00ed una relevancia particular. Cuando el acceso a la informaci\u00f3n se presenta como una reserva virtual ilimitada, la operaci\u00f3n de saber corre el riesgo de confundirse con la destreza para formular un pedido o un prompt. La respuesta algor\u00edtmica suele adoptar una modalidad enunciativa unitaria y segura que aten\u00faa la vacilaci\u00f3n y produce la ilusi\u00f3n de una s\u00edntesis completa. Sin embargo, como recuerda Lacan, \u201cdecirlo todo es materialmente imposible: faltan las palabras\u201d (Lacan, 1974, p. 9). El saber no se presenta nunca como un todo clausurado: comporta un resto, una hiancia y una falta que no desaparecen por la acumulaci\u00f3n de informaci\u00f3n. Sin embargo, la formulaci\u00f3n del interrogante implica sostener la incertidumbre, la espera y aceptar que en esa misma b\u00fasqueda se puede transformar el sujeto que busca.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-30 wp-block-paragraph\">La aceleraci\u00f3n que acompa\u00f1a estas formas de intercambio toca tambi\u00e9n la temporalidad de la experiencia subjetiva. Las notificaciones instant\u00e1neas, la disponibilidad permanente y la expectativa de respuesta inmediata convierten potencialmente a la demora en falla y al silencio en abandono. Son los tiempos ps\u00edquicos propios del principio de placer, tal como fuera formulado en los primeros momentos de las teorizaciones de Freud, sin otra l\u00f3gica que la de la baja inmediata de las tensiones. El trabajo elaborativo, tal como el del duelo, no se acelera por la velocidad de la red, un proceso de elaboraci\u00f3n no se descarga computacionalmente y una interpretaci\u00f3n anal\u00edtica no adquiere eficacia por producirse con rapidez. Freud distingue el empobrecimiento del mundo, propio del duelo, de la afectaci\u00f3n del yo, confundido con el objeto, en la melancol\u00eda: \u201cEn el duelo, el mundo se ha hecho pobre y vac\u00edo; en la melancol\u00eda, eso le ocurre al yo mismo\u201d (Freud, 1979, p. 243). La escucha anal\u00edtica introduce una discontinuidad frente al imperativo de rendimiento y presencia total, restituyendo espesor a la palabra, al silencio y al tiempo necesario para elaborar, en regresi\u00f3n y transferencia, as\u00ed como con las condiciones de asociaci\u00f3n libre y atenci\u00f3n libremente flotante. Esa lectura, sobre la escena a colegir por parte del analista, en que se est\u00e1 desplegando la transferencia, las inteligencias artificiales a\u00fan no lograron realizarla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-31 wp-block-paragraph\"><strong>\u00bfTransferencia tecnol\u00f3gica?: atribuci\u00f3n de intenci\u00f3n y subjetividad ante el Otro algor\u00edtmico<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-32 wp-block-paragraph\">La expresi\u00f3n transferencia tecnol\u00f3gica exige una posible puntuaci\u00f3n inicial: intento designar con este t\u00e9rmino los efectos que se producen cuando un sujeto atribuye a una interfaz intenci\u00f3n, saber, comprensi\u00f3n o una forma de presencia subjetiva. En la interacci\u00f3n cotidiana con sistemas que anticipan b\u00fasquedas, recuerdan preferencias, procesan pautas de consumo y ofrecen respuestas personalizadas, puede surgir la impresi\u00f3n de que la m\u00e1quina escucha o conoce de un modo \u00edntimo al sujeto. Algo de lo ominoso se pone en juego all\u00ed, en ese ser maqu\u00ednico al que le hemos dado la suficiente informaci\u00f3n para que pueda devolvernos una respuesta sorprendentemente reconocible de nosotros mismos. Tal experiencia favorece la construcci\u00f3n de un Otro algor\u00edtmico al que se dirigen expectativas, afectos, demandas y a\u00fan temores.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-33 wp-block-paragraph\">La atribuci\u00f3n de intenci\u00f3n no constituye un fen\u00f3meno excepcional ni estrictamente tecnol\u00f3gico. Rivi\u00e8re (1991) mostr\u00f3 que la relaci\u00f3n con los objetos dotados de mente depende no s\u00f3lo de sus propiedades, sino tambi\u00e9n de la disposici\u00f3n de quien interpreta su conducta. En una elaboraci\u00f3n posterior, se refiri\u00f3 a la tendencia humana a explicar aquello que encontramos en t\u00e9rminos de creencias, deseos y prop\u00f3sitos (Rivi\u00e8re, 1993). Fonagy y Target (1997) sit\u00faan la mentalizaci\u00f3n en la capacidad de representar la conducta propia y ajena mediante estados mentales. Cuando una inteligencia artificial sostiene una conversaci\u00f3n, retoma elementos previos, formula preguntas y produce respuestas de apariencia afectivamente ajustada, convoca con particular intensidad esa disposici\u00f3n a atribuir una interioridad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-34 wp-block-paragraph\">La fluidez del intercambio no prueba por s\u00ed misma la existencia de conciencia o experiencia subjetiva en la m\u00e1quina. Muestra, en cambio, la potencia con que los efectos del lenguaje pueden suscitar la ilusi\u00f3n de un interlocutor intencional. Una respuesta puede resultar pertinente, tranquilizadora o conmovedora para quien la recibe; puede incluso ser vivida como una se\u00f1al de que alguien ha comprendido algo singular. La eficacia de esa experiencia no debe negarse. Pero tampoco autoriza a suponer, del lado del artefacto, una reciprocidad afectiva, una responsabilidad \u00e9tica o una posici\u00f3n subjetiva equivalente a la del ser humano atravesado, como tal, por el lenguaje.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-35 wp-block-paragraph\">En este sentido, la transferencia tecnol\u00f3gica puede entenderse como una forma contempor\u00e1nea de investidura del Otro. El sistema se presenta bajo una apariencia de disponibilidad permanente: contesta sin demora, organiza informaci\u00f3n, conserva rastros de intercambios anteriores y puede adoptar incluso un tono de cercan\u00eda. Tales rasgos favorecen que el usuario le atribuya un saber sobre su vida \u00edntima. Sin embargo, la transferencia psicoanal\u00edtica no se organiza alrededor de la posesi\u00f3n efectiva de un saber acumulado. A\u00fan ese saber, est\u00e1 supuesto. Lacan define el Sujeto supuesto al Saber como \u201cel pivote a partir del cual se articula todo lo relativo a la transferencia\u201d (Lacan, 1967\/2001, p. 247). Se trata de una funci\u00f3n l\u00f3gica que estructura el lazo, no de una persona o de un sistema que efectivamente conoce la verdad del sujeto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-36 wp-block-paragraph\">Por eso, el analista no responde desde la acumulaci\u00f3n de datos ni desde una empat\u00eda destinada a colmar la demanda. Lacan subraya que el Sujeto supuesto al Saber \u201cno es real\u201d y que, respecto de ese saber supuesto, el analista \u201cno sabe nada\u201d (Lacan, 1967\/2001, p. 248). Esto no implica indiferencia ni ausencia de formaci\u00f3n. Implica que la posici\u00f3n anal\u00edtica no se sostiene en la promesa de un conocimiento total sobre el otro. La escucha anal\u00edtica preserva un espacio en el que la palabra puede desplegar sus equ\u00edvocos, silencios, tropiezos, repeticiones y zonas de opacidad. All\u00ed puede abrirse una pregunta singular acerca del deseo, del s\u00edntoma y del padecimiento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-37 wp-block-paragraph\">Los sistemas generativos parecen ofrecer una respuesta especialmente ajustada a la expectativa de saber. Pueden imitar patrones l\u00e9xicos de contenci\u00f3n, producir formulaciones veros\u00edmiles, ordenar grandes vol\u00famenes de informaci\u00f3n y reconocer recurrencias estad\u00edsticas en un texto. Tal como he se\u00f1alado anteriormente al analizar las relaciones entre inteligencias artificiales, psicoan\u00e1lisis y psicoterapias, la eficacia discursiva de estas respuestas no debe confundirse con una posici\u00f3n de escucha anal\u00edtica (Catelli, 2024b). El sistema puede producir un discurso que simule comprensi\u00f3n sin que ello permita atribuirle una historia propia, atravesamiento inconsciente, un deseo ni mucho menos una responsabilidad por las consecuencias de su decir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-38 wp-block-paragraph\">La diferencia no se reduce a la ausencia de un organismo biol\u00f3gico. Una inteligencia artificial no posee una historia infantil atravesada por el desvalimiento, la sexualidad, la mortalidad y el conflicto inconsciente. No tropieza con un olvido propio, no se conmueve por la irrupci\u00f3n de un chiste o de un acto fallido, ni participa de las vicisitudes de la contratransferencia. La falta de cuerpo nombra, en este sentido, algo m\u00e1s que la inexistencia de una sustancia biol\u00f3gica: impide atribuir, sin m\u00e1s, una posici\u00f3n atravesada por la castraci\u00f3n y el deseo. Sadin (2020) advierte que ciertos desarrollos t\u00e9cnicos que pretenden reproducir funciones cognitivas se apoyan en una reducci\u00f3n de la inteligencia, en la que \u201cneuronas, sinapsis y redes de transmisi\u00f3n\u201d se convierten en \u201cel modelo a duplicar\u201d (p. 19).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-39 wp-block-paragraph\">El v\u00ednculo afectivo que un sujeto establece con una voz, una pantalla o una interfaz revela la plasticidad de la transferencia humana, la capacidad de mentalismo y, en ocasiones, las formas contempor\u00e1neas de soledad y desamparo. No corresponde descalificar esa experiencia por el hecho de estar mediada tecnol\u00f3gicamente. Lo que exige interrogaci\u00f3n es la ilusi\u00f3n de reciprocidad que puede sostenerla. Si una respuesta simulada se confunde con una escucha anal\u00edtica, existe el riesgo de sustituir el encuentro con una alteridad humana, que no puede ser controlada, por un refugio narcisista, permanentemente disponible y sin sombras.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-40 wp-block-paragraph\">Considero que el problema cl\u00ednico y \u00e9tico no consiste en prohibir ni demonizar la interlocuci\u00f3n algor\u00edtmica, sino en preguntarse qu\u00e9 demanda se dirige a ese Otro, qu\u00e9 promesa de saber se le atribuye y qu\u00e9 lugar permanece para la falta cuando toda vacilaci\u00f3n parece poder recibir una respuesta inmediata. La transferencia tecnol\u00f3gica adquiere relevancia all\u00ed donde la disponibilidad de la m\u00e1quina puede presentarse como una promesa de totalidad: la ilusi\u00f3n de que ning\u00fan silencio, ning\u00fan conflicto y ninguna pregunta deber\u00e1n quedar abiertos, en el universo ilusorio de un \u201cm\u00e1s all\u00e1 de la castraci\u00f3n\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-41 wp-block-paragraph\"><strong>Un Otro completo: inteligencia artificial, falta y escucha<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-42 wp-block-paragraph\">La ilusi\u00f3n de un Otro total, capaz de responder sin resto a toda pregunta, constituye una de las promesas m\u00e1s persistentes de las inteligencias artificiales generativas. La pregunta por aquello que a\u00fan no se deja calcular no requiere establecer una frontera dogm\u00e1tica e infranqueable frente a los desarrollos t\u00e9cnicos futuros. El inter\u00e9s del psicoan\u00e1lisis no consiste en anticipar qu\u00e9 capacidades podr\u00e1 alcanzar una inteligencia artificial, sino en delimitar la naturaleza de aquello que se escucha en una pr\u00e1ctica fundada en la palabra, la transferencia y la falta. Las herramientas algor\u00edtmicas pueden colaborar en la organizaci\u00f3n de materiales, sintetizar relatos, comparar textos o se\u00f1alar recurrencias. Pero la disponibilidad de esos recursos no equivale a la experiencia de la singularidad de la escucha, ni a la del decir singular en el acceso a los sentidos posibles de un s\u00edntoma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-43 wp-block-paragraph\">Un modelo de lenguaje puede resumir el relato de un sue\u00f1o, agrupar motivos recurrentes o compararlo con miles de antecedentes bibliogr\u00e1ficos. Sin embargo, interpretar un sue\u00f1o en la cl\u00ednica psicoanal\u00edtica no equivale a descifrar un c\u00f3digo a partir de un diccionario universal, tal como -hasta ahora- han logrado hacerlo las inteligencias artificiales. Exige seguir la trama asociativa de ese so\u00f1ante, en un momento preciso de su proceso, con sus desplazamientos, omisiones, afectos y silencios, dentro del marco de la relaci\u00f3n transferencial. La interpretaci\u00f3n no descansa en la aplicaci\u00f3n de una clave general, sino en el m\u00e9todo que Freud construy\u00f3 a partir de la reconstrucci\u00f3n de la l\u00f3gica de lo inconsciente, as\u00ed como del trabajo sobre las asociaciones del so\u00f1ante y de la singularidad de sus producciones on\u00edricas en transferencia (Freud, 1979b).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-44 wp-block-paragraph\">La diferencia no reside solamente en que una m\u00e1quina disponga de menos o m\u00e1s informaci\u00f3n que un analista. Una base de datos puede conservar enunciados con una exhaustividad muy superior a la memoria consciente de cualquier persona. Pero recordar la totalidad de las palabras pronunciadas en sesiones anteriores no permite comprender por qu\u00e9 un significante retorna hoy deformado, ligado a un afecto particular o precedido por un silencio. En tal caso, la memoria anal\u00edtica, si as\u00ed pudiese ser enunciada, no consiste en archivar datos ni en recuperar de manera literal una secuencia de acontecimientos, sino que se orienta por las transformaciones de la palabra y, fundamentalmente, por los efectos de la transferencia y por aquello que insiste sin presentarse nunca de id\u00e9ntica manera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-45 wp-block-paragraph\">La repetici\u00f3n en an\u00e1lisis tambi\u00e9n escapa de la recurrencia estad\u00edstica de una pauta meramente mesurable. Un sistema predictivo puede identificar frecuencias, correlaciones o regularidades textuales, tal como concretamente logra hacerlo; no por ello alcanza la posici\u00f3n desde la cual una repetici\u00f3n puede ser le\u00edda como insistencia pulsional y como modo singular de relaci\u00f3n con el goce. Lacan sit\u00faa la repetici\u00f3n en el campo de lo que retorna m\u00e1s all\u00e1 de la simple reproducci\u00f3n de lo mismo, exigiendo una escucha atenta a sus diferencias y a sus variaciones (Lacan, 1987). Lo que se repite no se ofrece como un dato transparente. Se transforma al ser dicho, se desplaza en la transferencia y puede adquirir un valor distinto seg\u00fan el momento en que irrumpe.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-46 wp-block-paragraph\">La promesa algor\u00edtmica de una respuesta inmediata y completa tiende, precisamente, a atenuar esa dimensi\u00f3n de opacidad. Una formulaci\u00f3n producida con rapidez puede dar la ilusi\u00f3n de haber comprendido un s\u00edntoma, de haber nombrado una causa o de haber hallado una explicaci\u00f3n suficiente. Sin embargo, una respuesta correcta en t\u00e9rminos informativos puede no tener ninguna eficacia subjetiva. El tiempo de comprender no coincide con la velocidad de procesamiento. La elaboraci\u00f3n supone demoras, rodeos, vacilaciones y retornos que no son obst\u00e1culos accidentales para llegar a un resultado, sino condiciones de una relaci\u00f3n singular con lo que causa sufrimiento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-47 wp-block-paragraph\">Hoy nos encontramos en tiempos en que muchos analizantes llegan a sesi\u00f3n con sus sue\u00f1os \u201cpre analizados\u201d por las inteligencias artificiales y, a\u00fan m\u00e1s, muchos sujetos que hacen uso de tales plataformas para intentar aplacar su sufrimiento ps\u00edquico. Sin embargo, la interpretaci\u00f3n anal\u00edtica no es la formulaci\u00f3n m\u00e1s probable seg\u00fan un c\u00e1lculo de frecuencias, ni la explicaci\u00f3n te\u00f3rica m\u00e1s completa. Puede tomar la forma de una palabra, una pregunta, un silencio o un corte. Su eficacia no depende de colmar la demanda de sentido, sino de producir un movimiento en la posici\u00f3n del sujeto frente a su s\u00edntoma. En esta perspectiva, la \u00e9tica del psicoan\u00e1lisis no ofrece el ideal de una completud reparadora. Lacan propone que, en la experiencia anal\u00edtica, aquello de lo que un sujeto puede reconocerse culpable es de haber cedido en su deseo (Lacan, 1988, p. 379). Frente a la ilusi\u00f3n de un Otro total, capaz de responder sin resto a toda pregunta, la escucha anal\u00edtica preserva la hiancia en la que el deseo puede ser interrogado. La \u00e9tica psicoanal\u00edtica se aparta de toda promesa de un bien supremo que pudiera ordenar y reparar completamente la experiencia humana. En el Seminario 7, Lacan sostiene que no existe un soberano bien, pues aquello que se presenta como objeto de una satisfacci\u00f3n plena permanece estructuralmente vedado (Lacan, 1988). Desde esta perspectiva, la ilusi\u00f3n de un Otro algor\u00edtmico capaz de responder sin resto a toda pregunta puede leerse como una nueva figuraci\u00f3n de esa aspiraci\u00f3n a la completud. La escucha anal\u00edtica no ofrece un saber totalizador, sino que preserva la hiancia en la que el deseo puede ser interrogado.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-48 wp-block-paragraph\"><strong>La responsabilidad de escuchar<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-49 wp-block-paragraph\">La cuesti\u00f3n \u00e9tica planteada por las inteligencias artificiales generativas no se resuelve preguntando si una m\u00e1quina reemplazar\u00e1 al terapeuta, si bien es una pregunta que circula desde hace buen rato e incluso se vienen haciendo intentos de realizar ese reemplazo. Esa pregunta, formulada en t\u00e9rminos de sustituci\u00f3n, puede ocultar tambi\u00e9n otros problemas, incluso m\u00e1s inmediatos: qu\u00e9 sucede con los datos sensibles que los usuarios entregan a las plataformas, c\u00f3mo operan los sesgos inscriptos en los modelos, qu\u00e9 decisiones quedan ocultas detr\u00e1s de sistemas operativos y con qu\u00e9 autoridad una respuesta automatizada puede ser recibida como orientaci\u00f3n cl\u00ednica, diagn\u00f3stico o prescripci\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-50 wp-block-paragraph\">En este escenario, la promesa de una respuesta continua y personalizada puede intensificar la fantas\u00eda de un Otro completo, sin demoras, sin cansancio y sin zonas de desconocimiento. Pero un Otro que respondiera a todo no ser\u00eda, para el psicoan\u00e1lisis, la figura de una escucha. Ser\u00eda m\u00e1s bien la realizaci\u00f3n imaginaria de una completud que amenaza con cerrar la pregunta all\u00ed donde el trabajo anal\u00edtico procura abrirla. La disponibilidad t\u00e9cnica puede ofrecer un aparente alivio, orientaci\u00f3n o compa\u00f1\u00eda; no deber\u00eda convertirse por ello en la promesa de una soluci\u00f3n que dispense al sujeto de elaborar su relaci\u00f3n con aquello que padece.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-51 wp-block-paragraph\">La responsabilidad cl\u00ednica considero que no consiste en adaptar al sujeto a las exigencias de rendimiento, rapidez o transparencia que organizan buena parte de la vida contempor\u00e1nea, as\u00ed como el siniestro imperativo de felicidad. Consiste en sostener un espacio donde el sufrimiento pueda ser interrogado, donde el s\u00edntoma pueda ser historizado y donde quien habla pueda asumir una posici\u00f3n respecto de su decir. Las inteligencias artificiales pueden asistir en la organizaci\u00f3n de materiales, la traducci\u00f3n de textos cient\u00edficos, la b\u00fasqueda bibliogr\u00e1fica y otra enorm\u00edsima cantidad de tareas. Su uso puede ampliar recursos y ahorrar tiempo, siempre que no se confunda colaboraci\u00f3n t\u00e9cnica con la intervenci\u00f3n y el juicio cl\u00ednico en nuestra pr\u00e1ctica psicoanal\u00edtica. Considero que como psicoanalistas nos corresponde la responsabilidad de cuestionar cr\u00edticamente, as\u00ed como intercambiar con otros saberes y pr\u00e1cticas de nuestro tiempo, las nuevas vestiduras que va adquiriendo la ilusi\u00f3n y promesas de completud. La cuesti\u00f3n es tal vez, m\u00e1s que preservar una pureza imaginaria de la pr\u00e1ctica frente a toda mediaci\u00f3n, evitar que la dimensi\u00f3n plena de la palabra quede reducida a dato, el s\u00edntoma a error de c\u00e1lculo y la singularidad a perfil susceptible de clasificaci\u00f3n y predicci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-52 wp-block-paragraph\">A partir de las teorizaciones del Malestar en la Cultura, ya estamos advertidos de los costos parad\u00f3jicos de vivir en la civilizaci\u00f3n, con los efectos arrasadores de la \u201cdesmezcla\u201d pulsional. Y de ese modo, las inteligencias artificiales no emergen en un vac\u00edo as\u00e9ptico, sino en un contexto hist\u00f3rico en el que con grandilocuencia se evidencian las luchas por el dominio y sometimiento de los pueblos, en guerras que inundan al planeta con masacres y destrucci\u00f3n. Mientras escribo este art\u00edculo se est\u00e1 discutiendo en el mundo, entre otras cosas, si las inteligencias artificiales se deben desarrollar m\u00e1s lentamente o no, por el propio riesgo de la humanidad. Considero que estamos ante una trampa l\u00f3gica si nos quedamos en ese registro, sin poder pensar m\u00e1s ampliamente, en tal caso, que all\u00ed anida la cuesti\u00f3n del poder y que \u00e9sta radica en qui\u00e9n y c\u00f3mo se hace uso de esos avances tecnol\u00f3gicos. Cada una de estas conquistas de la especie se inscriben en una trama hist\u00f3rica de deseos y subjetividades, a la vez que de desigualdades, fantas\u00edas de dominio, estrategias de mercado y demandas de reconocimiento. Del mismo modo que \u00e9stas constituyen la realizaci\u00f3n de las ideas de los grandes pensadores desde la antig\u00fcedad hasta Alan Turing, como un logro tecnol\u00f3gico de la humanidad, el psicoan\u00e1lisis contin\u00faa sosteniendo la castraci\u00f3n como mascar\u00f3n de proa en los imposibles que enuncia. Y a su vez, all\u00ed donde las tecnolog\u00edas, por ahora, s\u00f3lo pueden constatar efectos de lenguaje, no desconoce el poder de esos efectos sobre la subjetividad. Considero que se trata de reconocer la potencia de las tecnolog\u00edas sin delegar en ella la responsabilidad de lo que nos es propio; de utilizar sus recursos sin confundir sus respuestas con la escucha; de examinar sus promesas sin olvidar qui\u00e9n pregunta, desde d\u00f3nde lo hace y qu\u00e9 espera encontrar en la respuesta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-53 wp-block-paragraph\">El l\u00edmite \u00e9tico y cl\u00ednico, y a su vez su potencialidad, no pasa, entonces, por una frontera fija entre lo humano y lo artificial. Pasa por el lugar que se reserve a lo que no puede quedar enteramente absorbido por el c\u00e1lculo: el equ\u00edvoco, el tropiezo, la vacilaci\u00f3n, el silencio y el tiempo necesario para que una palabra produzca efectos que no pueden ser anticipados. El algoritmo puede procesar lenguajes, anticipar conductas y generar respuestas veros\u00edmiles (Catelli, 2025), sin embargo, no responde desde un lugar que asuma las consecuencias de su decir ni puede sustituir el momento en que un sujeto, en regresi\u00f3n y transferencia, al encontrarse con su propia falta, transforma una palabra recibida en una pregunta propia. Preservar esa posibilidad no implica negar los avances tecnol\u00f3gicos, sino sostener, frente a las ilusiones de totalidad, la dignidad irreductible de la palabra que puede sorprender a quien la pronuncia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-54 wp-block-paragraph\"><strong>Notas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-55 wp-block-paragraph\"><sup>1 <em>Jorge Eduardo Catelli<\/em> <em>jorgecatelli@gmail.com<\/em><strong>\u00a0<\/strong><\/sup><\/p>\n","protected":false},"featured_media":0,"template":"","seccion":[4],"class_list":["post-292","articulo","type-articulo","status-publish","hentry","seccion-nuestros-invitados"],"acf":{"numero_de_revista":[161],"aclaracion":"","subtitulo_articulo":"","bajada":"El autor interroga los modos en que el sujeto deposita en ellas renovadas promesas de completud y sus efectos en la subjetividad contempor\u00e1nea...","copete":"En tiempos atravesados por las tecnolog\u00edas digitales y la inteligencia artificial, el autor interroga los modos en que el sujeto deposita en ellas renovadas promesas de completud y sus efectos en la subjetividad contempor\u00e1nea. 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