{"id":48,"date":"2026-08-05T19:12:25","date_gmt":"2026-08-05T22:12:25","guid":{"rendered":"https:\/\/www.elpsicoanalisis.org.ar\/web\/?post_type=articulo&#038;p=48"},"modified":"2026-08-05T20:07:46","modified_gmt":"2026-08-05T23:07:46","slug":"la-produccion-psiquica-de-un-hermano","status":"publish","type":"articulo","link":"https:\/\/www.elpsicoanalisis.org.ar\/web\/articulo\/la-produccion-psiquica-de-un-hermano\/","title":{"rendered":"La producci\u00f3n ps\u00edquica de un hermano"},"content":{"rendered":"<p><strong>I.<\/strong>\u00a0Pese a lo que sugiere el t\u00edtulo, este texto no es un trabajo sobre teor\u00eda o cl\u00ednica de los v\u00ednculos familiares, si bien, al menos indirectamente, podr\u00eda derivarse hacia ese terreno. En todo caso, la producci\u00f3n ps\u00edquica de un hermano es un modo de referirme al car\u00e1cter simb\u00f3lico de los v\u00ednculos fraternos, o, en t\u00e9rminos de Freud (1895), al complejo del semejante o del pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>Este tema, que fue abordado tempranamente por Freud, no solo conserva toda su vigencia, sino que, sobre todo, atraviesa diferentes campos problem\u00e1ticos de la cl\u00ednica e institucionales y sociales. Incluso, como veremos luego, la cuesti\u00f3n del semejante no solo tiene relevancia te\u00f3rica sino tambi\u00e9n epistemol\u00f3gica.<\/p>\n<p><strong>II.<\/strong>\u00a0Comencemos con una breve referencia cl\u00ednica.<\/p>\n<p>Se trata de una paciente de algo m\u00e1s de 80 a\u00f1os; una mujer muy vital y con un permanente buen humor. F\u00edsicamente, y sobre todo por su actitud, parece una mujer m\u00e1s joven, camina, hace cursos, viaja al exterior. En una ocasi\u00f3n cuenta sobre la hostilidad de algunas de sus amigas y refiere que ella no participa de las escenas conflictivas, m\u00e1s bien las reh\u00faye. En ese momento, entonces, agrega: &#8220;como yo soy hija \u00fanica, de chica no aprend\u00ed a pelear&#8221;.<\/p>\n<p>Desde luego, de su frase no se deriva ninguna ley universal del tipo: &#8220;solo pelean quienes tienen hermanos&#8221;. Tampoco deducimos de all\u00ed ninguna actitud amorosa, sino algo bastante diferente. En efecto, seg\u00fan lo expres\u00f3 literalmente ella misma, hay algo que ella no aprendi\u00f3. Podr\u00edamos formularlo de otro modo: si por no tener hermanos, no aprendi\u00f3 a pelear, no es que eso le permiti\u00f3 ser menos hostil, sino que la priv\u00f3 de aprender a procesar su propia hostilidad.<\/p>\n<p>Esta misma paciente, que con cierta frecuencia pinta cuadros, me hab\u00eda contado, bastante tiempo atr\u00e1s, que hab\u00eda hecho un cuadro de un perro en el campo (ella se cri\u00f3 en un campo en el interior). Lo que la hab\u00eda sorprendido al terminarlo, relat\u00f3, es que hab\u00eda pintado &#8220;un perro sin sombra&#8221;<sup><a id=\"ref-2\" class=\"text-dark-gray\" href=\"https:\/\/www.elpsicoanalisis.org.ar\/produccion-psiquica-hermano-plut.html#nota-2\">2<\/a><\/sup>.<\/p>\n<p><strong>III.<\/strong>\u00a0Como ya se\u00f1alamos, desde los inicios de su obra, Freud describi\u00f3 el complejo del semejante o complejo del pr\u00f3jimo, y con s\u00f3lo estas dos palabras surgen extensos debates: qu\u00e9 entra\u00f1an estas palabras, c\u00f3mo definimos al pr\u00f3jimo o al semejante, qu\u00e9 conceptos se enlazan con ellos, etc. De todos modos, en su texto Freud intent\u00f3 teorizar no tanto qu\u00e9 es un semejante, sino c\u00f3mo cada sujeto construye dentro de s\u00ed a ese pr\u00f3jimo o semejante. Podr\u00edamos decir, entonces, c\u00f3mo se da en cada sujeto la producci\u00f3n ps\u00edquica de un hermano.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, hay algo curioso, quiz\u00e1 paradojal, en la palabra semejante, ya que una de las perspectivas para entender de qu\u00e9 se trata ese semejante, precisamente, es descubrir la diferencia, la alteridad. Pero, entonces, si se trata de la diferencia, \u00bfpor qu\u00e9 aludir a la semejanza?<\/p>\n<p>Podemos, en consecuencia, recordar el trabajo de Freud, en especial el apartado &#8220;El recordar y el juzgar&#8221; del Proyecto (Freud; Op. cit.). Desde luego, cada analista que recupera sus hip\u00f3tesis posteriormente establece enlaces con otros tantos textos de Freud u otros autores.<\/p>\n<p>El comentario previo no constituye, \u00fanicamente, una referencia bibliogr\u00e1fica, sino que el mismo comentario ya sugiere algo sobre el semejante: todos tomamos un mismo punto de partida y, luego, construimos las diferencias, con los colegas y con los textos, pero sostenidas en aquel elemento com\u00fan.<\/p>\n<p>Asimismo, cuando alud\u00ed a &#8220;recordar el trabajo de Freud&#8221;, deliberadamente utilic\u00e9 ese verbo, pues, si reunimos lo dicho, para pensar el problema del semejante podemos articular la percepci\u00f3n, el recuerdo, lo com\u00fan y lo diferente.<\/p>\n<p><strong>IV.<\/strong>\u00a0Hay un tipo de pacientes a los que, seg\u00fan cierto posicionamiento que adoptan en los v\u00ednculos, podemos denominar &#8220;tambienistas&#8221;. En rigor, es una suerte de rasgo de car\u00e1cter que es posible reconocer no solo en los pacientes sino en m\u00faltiples v\u00ednculos sociales. Me refiero a los sujetos a los que cuando uno relata una experiencia o situaci\u00f3n, de inmediato esa persona responde &#8220;yo tambi\u00e9n&#8221;. Ocurre casi con cualquier asunto del que uno est\u00e9 hablando: uno puede contar que se ir\u00e1 de viaje, y aqu\u00e9l responder\u00e1 &#8220;yo tambi\u00e9n&#8221;; uno puede decir &#8220;tengo un t\u00edo que muri\u00f3 de un infarto&#8221; y el interlocutor nuevamente dir\u00e1 &#8220;yo tambi\u00e9n&#8221;.<\/p>\n<p>\u00bfDe qu\u00e9 se trata esa peculiar identidad? \u00bfAcaso consiste en un modo de comprender la vivencia ajena asemej\u00e1ndola a las propias vivencias? Tiendo a pensar que su traducci\u00f3n no es, \u00fanicamente, &#8220;yo te entiendo porque a m\u00ed me pas\u00f3 lo mismo&#8221;, sino, m\u00e1s bien, &#8220;yo te entendiendo s\u00f3lo si puedo reconducir tu relato a algo propio&#8221;. Es como cuando aplaudimos a un profesor que nos dice lo que ya sabemos, o cuando al leer un libro subrayamos algo que ya sab\u00edamos o hab\u00edamos entendido.<\/p>\n<p><strong>V.<\/strong>\u00a0Con estas breves referencias ya esbozamos algunas pistas que nos introducen en el problema del complejo del semejante o del pr\u00f3jimo. Seg\u00fan explic\u00f3 Freud, una imagen recordada despierta un deseo, pero como la percepci\u00f3n aporta algo que no coincide con aquella imagen, de all\u00ed surge un inter\u00e9s por discernir. Sin embargo, Freud tambi\u00e9n dice que el prop\u00f3sito es descubrir el camino hacia el recuerdo. Luego agrega que si la imagen percibida no es del todo nueva, se podr\u00e1 evocar un recuerdo con el que coincida al menos en parte. Son los sectores en disidencia, dice Freud, los que despiertan el inter\u00e9s, los que dan ocasi\u00f3n al pensamiento. De all\u00ed, las investiduras derivan o bien hacia el recuerdo, o bien hacia la percepci\u00f3n de lo nuevo, con el consiguiente trabajo de juicio. Es decir, Freud entiende que el pensamiento es eso que sobrepasa las representaciones derivadas de la percepci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sin embargo, hay algo quiz\u00e1 m\u00e1s significativo, y por ello Freud se refiere al pr\u00f3jimo: no se trata tanto de que el objeto de la percepci\u00f3n sea igual, parecido o diferente a un recuerdo, sino de que sea parecido al propio sujeto. Este objeto, pues, es un sujeto.<\/p>\n<p>Es sobre este objeto-sujeto, entonces, que el ser humano aprende a discernir. Y aprende a discernir porque este pr\u00f3jimo que se constituye como complejo de percepci\u00f3n posee sectores &#8220;nuevos e incomparables&#8221; y sectores que coinciden con impresiones visuales propias (por ejemplo, el movimiento de las manos). A su vez, adem\u00e1s de la semejanza de movimientos, si aquel otro grita, su sonido evoca el propio grito, es decir, las propias vivencias de dolor. De este modo, el complejo del pr\u00f3jimo o del semejante re\u00fane dos componentes, uno que se presenta como una cosa del mundo y otro que es comprendido por v\u00eda del recuerdo del cuerpo propio.<\/p>\n<p>Si reunimos, pues, los diversos elementos que este complejo del pr\u00f3jimo pone en juego tenemos: el cuerpo, los recuerdos, la percepci\u00f3n, los movimientos y el afecto. Recordemos, por ejemplo, que la m\u00edtica vivencia de satisfacci\u00f3n re\u00fane la percepci\u00f3n (del pecho), la motricidad (succi\u00f3n) y el afecto (alivio de la tensi\u00f3n y satisfacci\u00f3n)<sup><a id=\"ref-3\" class=\"text-dark-gray\" href=\"https:\/\/www.elpsicoanalisis.org.ar\/produccion-psiquica-hermano-plut.html#nota-3\">3<\/a><\/sup>.<\/p>\n<p>Freud agrega que el discernimiento contiene un juicio y que \u00e9ste consiste en la investidura del sector dispar. A esto \u00faltimo corresponde el pensamiento judicativo mientras que el otro sector corresponde al pensamiento reproductor.<\/p>\n<p>Todo este proceso, entonces, permite la producci\u00f3n ps\u00edquica de un hermano, un rival dec\u00eda Freud (1921); es decir, aquel que desea lo mismo que el yo, pero a quien no se lo puede eliminar. En este contexto, el verbo eliminar puede implicar dos desenlaces: o bien proceder a su supresi\u00f3n o bien reducirlo al propio yo, tenerlo por id\u00e9ntico. En suma, el pr\u00f3jimo, el semejante, el rival o el hermano es aquel que producimos cuando asumimos que no lo podemos eliminar, ya sea porque por su diferencia no imaginamos su muerte, ya sea que por su parecido no pensamos que sea un doble id\u00e9ntico del propio yo.<\/p>\n<p>Que ocurra este desenlace, no supone que desaparezcan la hostilidad, los celos, o la envidia. No obstante, lo que s\u00ed ocurre, que no es poco, es que aun albergando esos sentimientos, el sujeto ya no puede consentir la supresi\u00f3n del otro y, desde luego, tampoco colocarse a s\u00ed mismo en la posici\u00f3n de desecho.<\/p>\n<p><strong>VI.<\/strong>\u00a0Quiero plantear ahora un camino paralelo y complementario para pensar la cuesti\u00f3n del semejante, lo que denomin\u00e9 la producci\u00f3n ps\u00edquica de un hermano. Este camino consiste en subrayar una figura que tom\u00e9 de Freud, que es la figura del puente. En su texto sobre Mois\u00e9s, en el que insiste en la importancia de la hip\u00f3tesis filogen\u00e9tica, dice Freud: &#8220;Si suponemos la persistencia de tales huellas mn\u00e9micas en la herencia arcaica habremos tendido un puente sobre el abismo entre psicolog\u00eda individual y de las masas; podremos tratar a los pueblos como a los neur\u00f3ticos individuales&#8221; (1939, p. 96).<\/p>\n<p>Cuando Freud formula que la hip\u00f3tesis filogen\u00e9tica permite tender un puente sobre el abismo entre psicolog\u00eda individual y de las masas est\u00e1 afirmando, por un lado, que ese abismo es el negativo del pueblo y, por otro lado, que no debemos olvidar nuestro pasado, nuestros or\u00edgenes, nuestra historia colectiva y de la especie.<\/p>\n<p>Subrayamos, entonces, el valor del puente y, a su vez, la destructividad de los fen\u00f3menos que, por el contrario, reintroducen o profundizan el abismo. El psicoan\u00e1lisis, entonces, se suma a las disciplinas que abonan los puentes entre el individuo y el grupo, entre el sujeto, la masa y el pueblo, en la continuidad animal-humano, entre las generaciones, en la historia de la especie, entre los antiguos pueblos y los modernos y, como dec\u00eda Freud, entre el ni\u00f1o, el paciente y el hombre primitivo. En suma, la hip\u00f3tesis filogen\u00e9tica es otra variable que nos acerca al problema del semejante. Recordemos lo que se\u00f1al\u00f3 Bion: &#8220;Cuando ustedes observan al paciente, en realidad est\u00e1n observando un esp\u00e9cimen arqueol\u00f3gico en vida: sepultada en el paciente se halla una antigua civilizaci\u00f3n&#8221; (1992, p. 142).<\/p>\n<p>La hip\u00f3tesis filogen\u00e9tica, entonces, es otro de los conceptos que abren la posibilidad de pensar el complejo del semejante, ahora, en el contexto m\u00e1s amplio de la historia de la especie.<\/p>\n<p><strong>VII.<\/strong>\u00a0Por otro lado, aunque parcialmente emparentado con la hip\u00f3tesis filogen\u00e9tica, podemos proponer otro puente, en este caso entre psicoan\u00e1lisis y feminismo, sobre todo para pensar la cuesti\u00f3n del patriarcado. En alg\u00fan sentido, entiendo que por su car\u00e1cter abarcativo, la categor\u00eda patriarcado en los estudios de g\u00e9nero es equivalente al concepto de complejo de Edipo en psicoan\u00e1lisis. Esto implica numerosas cuestiones que apenas puedo referir ahora, pero s\u00ed me interesa destacar que esa abarcatividad supone una notable riqueza conceptual y una inevitable ambig\u00fcedad. Este doble car\u00e1cter (riqueza y ambig\u00fcedad simult\u00e1neamente) implica un conjunto de problemas te\u00f3ricos y epistemol\u00f3gicos, referidos a las hip\u00f3tesis etiol\u00f3gicas o, dicho de otro modo, cu\u00e1les son los eslabones que debemos adicionar para comprender los nexos entre factores determinantes y las manifestaciones. Este fue, de hecho, uno de los problemas \u2014y prevenciones\u2014 sobre los que Freud llam\u00f3 la atenci\u00f3n<sup><a id=\"ref-4\" class=\"text-dark-gray\" href=\"https:\/\/www.elpsicoanalisis.org.ar\/produccion-psiquica-hermano-plut.html#nota-4\">4<\/a><\/sup>.<\/p>\n<p>Sin embargo, prefiero ahora detenerme en otro aspecto. A partir de algunas lecturas me he preguntado si las teorizaciones sobre el patriarcado, al menos en parte, no superponen la concepci\u00f3n sobre el padre desp\u00f3tico de la horda con la representaci\u00f3n del padre devenida tras el pasaje al totemismo. El totemismo, recordemos, consisti\u00f3 en los caminos por los que la horda paterna qued\u00f3 sustituida por el clan de hermanos y que rindi\u00f3, al mismo tiempo, la constituci\u00f3n de un ideal del yo. Dicho de otro modo, a partir del totemismo el patriarcado sufri\u00f3 una transformaci\u00f3n no menor. Incluso, podemos decir que a partir de ese momento el patriarcado ya fue consecuencia del parricidio.<\/p>\n<p>Hay un hermoso ejemplo que lo encontramos en un libro de Leila Guerriero sobre el Festival Nacional del Malambo que cada a\u00f1o se realiza en Laborde, un peque\u00f1\u00edsimo pueblo de C\u00f3rdoba. All\u00ed se lleva a cabo una competencia que requiere una preparaci\u00f3n sumamente exigente para los bailarines y de un esfuerzo extremo al momento de su ejecuci\u00f3n. Lo notable es que quien sale campe\u00f3n, por un pacto t\u00e1cito, ya no podr\u00e1 volver a competir: &#8220;Un hombre \u2014dice Leila Guerriero\u2014 que, en el mismo momento en que recibe su corona, es aniquilado&#8221; (2013, p. 18). Esos hombres que zapatean adquieren atributos casi de semidioses, aunque, insiste la escritora, &#8220;ser campe\u00f3n de Laborde es, al mismo tiempo, la c\u00faspide y el fin&#8221; (Op. cit., p. 22).<\/p>\n<p>Conviene recordar que la ternura es una transformaci\u00f3n de un sentimiento que, inicialmente, fue hostil: &#8220;El sentimiento social \u2014dice Freud\u2014 descansa en el cambio de un sentimiento primero hostil en una ligaz\u00f3n de cu\u00f1o positivo, de la \u00edndole de una identificaci\u00f3n&#8221; (1921, p. 115). Entender esta suerte de continuidad permite reconocer mejor en qu\u00e9 consiste la agresividad como factor fundante y qu\u00e9 hacer frente a ella.<\/p>\n<p>Dicho de otro modo, el llamado patriarcado contiene en su seno una heterogeneidad de desenlaces, desde una progresiva complejizaci\u00f3n hasta circunstancias regresivas, singulares y colectivas. Desde el surgimiento del totemismo, al menos para Freud (1913), la representaci\u00f3n del padre fue cobrando diversas formas m\u00e1s complejas en el terreno del ideal del yo (el mito, las religiones, las cosmovisiones y el pensar cient\u00edfico-\u00e9tico), todo lo cual supone considerar el valor de la memoria (el pasado, el ideal, la historia, la estirpe o linaje), los lazos libidinales (v\u00ednculos fraternos) y los nexos con lo diverso (exogamia). De hecho, la exogamia no se trata tanto del poder del hombre sobre la mujer, sino de sustraerse de su negativo, el incesto. Recordemos, adem\u00e1s, que la consecuencia de la obediencia de efecto retardado fue que ninguno de los hijos pudiera ocupar el lugar del padre.<\/p>\n<p><strong>VIII.<\/strong>\u00a0Otro camino para pensar la producci\u00f3n ps\u00edquica de un hermano, es recuperar la noci\u00f3n freudiana de subjetividad. Es importante este concepto porque as\u00ed como el yo tiene que construir su posici\u00f3n de sujeto, la configuraci\u00f3n del semejante, como dije antes, tambi\u00e9n consiste en colocarlo en ese lugar.<\/p>\n<p>Al respecto, sabemos que Freud aporta una triple definici\u00f3n de subjetividad: por un lado, la primera expresi\u00f3n subjetiva (y no puramente org\u00e1nica) corresponde al desarrollo de la conciencia inicial u originaria, es decir, esa neoformaci\u00f3n constituida por el surgimiento del afecto. Desde luego, la aparici\u00f3n del afecto es correlativa de la presencia de un otro emp\u00e1tico, lo cual permite que el sujeto se apropie de la capacidad de sentir los propios sentimientos. En segundo lugar, Freud sostuvo que la posici\u00f3n sujeto supone el pasaje de la pasividad (ante la pulsi\u00f3n) a la actividad (ante la realidad). Podemos decirlo as\u00ed: todos estamos expuestos a numerosos est\u00edmulos, end\u00f3genos y ex\u00f3genos, y devenimos sujetos en tanto somos activos ante dichos est\u00edmulos. En este sentido, la noci\u00f3n de subjetividad es correlativa de las ideas de autoafirmaci\u00f3n en el mundo y de transformaci\u00f3n de la realidad. Por \u00faltimo, para Freud el sujeto emerge a partir de la identificaci\u00f3n primaria, consistente en un v\u00ednculo de ser, una ligaz\u00f3n afectiva con otro que est\u00e1 colocado en la posici\u00f3n de modelo.<\/p>\n<p>Es decir, sujeto es aquel que desarrolla un v\u00ednculo con un ideal. En suma, si hablamos de sujeto tambi\u00e9n nos referimos a la producci\u00f3n ps\u00edquica de un hermano, toda vez que subrayamos la significatividad de la combinaci\u00f3n del encuentro afectivo con el otro, el desarrollo de una posici\u00f3n activa y, por \u00faltimo, la producci\u00f3n de ideales, singulares y colectivos.<\/p>\n<p><strong>IX.<\/strong>\u00a0Finalmente, podemos abordar este problema en otro terreno. Cuando nos interesamos por la articulaci\u00f3n entre psicoan\u00e1lisis y pol\u00edtica suele haber un pu\u00f1ado de preguntas m\u00e1s o menos constantes que nos hacemos: por un lado, buscamos entender de qu\u00e9 se trata la actualidad, algo as\u00ed como un diagn\u00f3stico psicosocial. Por otro lado, con frecuencia nos preguntamos por las causas, cu\u00e1les son, si se quiere, las series complementarias en el campo social. De todos modos, como en psicoan\u00e1lisis, y pese a la sofisticada teor\u00eda con la que contamos, siempre es dif\u00edcil responder sobre las causas o sobre el porqu\u00e9 de un fen\u00f3meno, cuanto menos nos dirigimos a tratar de pensar cu\u00e1ndo comenz\u00f3 un cierto estado de situaci\u00f3n. Tampoco en este aspecto es sencillo establecer el punto de partida, porque la realidad es heterog\u00e9nea y no es un \u00fanico fen\u00f3meno del presente sobre el cual podr\u00edamos hacernos estas preguntas. Como sea, uno de los inquietantes problemas actuales es que ha triunfado el individualismo y, si bien no lo voy a desarrollar ahora, en gran medida de all\u00ed deriva el t\u00edtulo de mi \u00faltimo libro,\u00a0<em>El autoerotismo libertario<\/em>\u00a0(Plut; 2025).<\/p>\n<p>Hay varias dimensiones de este problema: por ejemplo, podr\u00edamos pensarlo desde el ataque al supery\u00f3 cultural, esto es, c\u00f3mo se agreden las tradiciones de las que todos formamos parte. Otro camino puede ser estudiar qu\u00e9 del lazo social resulta angustiante para la ultraderecha. Me pregunto, por ejemplo, si dado que los lazos sociales son lazos libidinales, no ser\u00e1 \u00e9sta una vivencia ominosa para la derecha en tanto, precisamente, la libido constituye una cantidad no medible, mientras la derecha aspira a medir o calcular todos los acontecimientos. Esto es, la derecha rechaza radicalmente al amor.<\/p>\n<p>Sin embargo, quiero referirme a otro punto, que consiste en el ataque a las identificaciones del yo, en borrar toda experiencia hist\u00f3rica identificatoria y reemplazarla por identificaciones banales e inconsistentes.<\/p>\n<p>Hace poco m\u00e1s de veinticinco a\u00f1os tuve la oportunidad de trabajar con los empleados bancarios durante el corralito. Si bien no podr\u00eda afirmar que all\u00ed comenz\u00f3 esta historia, ya que la dictadura c\u00edvico militar de los a\u00f1os &#8217;70 tambi\u00e9n fue determinante en este sentido, en aquel momento a m\u00ed me impresion\u00f3 cu\u00e1nto repet\u00edan los trabajadores la frase &#8220;yo soy el banco&#8221;. Es decir, hay all\u00ed si no un punto de partida, al menos un hito significativo, respecto de que lo que hoy vivimos en el mundo de la pol\u00edtica comenz\u00f3 en el mundo de las empresas; ese fue su laboratorio para luego expandirse al terreno m\u00e1s amplio.<\/p>\n<p>Mis conjeturas en ese momento apuntaron a pensar la identificaci\u00f3n con la empresa, la desmentida de la diferencia entre banquero y bancario y la reducci\u00f3n o regresi\u00f3n del ideal. Esto es, el horizonte del trabajador ya no era un gremio sino la misma empresa.<\/p>\n<p>Lo que quiz\u00e1 no advert\u00ed del todo en ese tiempo, aunque estaba impl\u00edcito en las conjeturas mencionadas, era la supresi\u00f3n del plural, del nosotros (Plut; 2022), y en su lugar se iba entronizando el yo. Hoy, entonces, dir\u00eda lo siguiente: la identificaci\u00f3n con la empresa y la supresi\u00f3n de la pertenencia gremial, reemplazaban al nosotros por el yo y, a su vez, ofrec\u00edan una identificaci\u00f3n inconsistente, ser la empresa.<\/p>\n<p>A\u00f1os despu\u00e9s tenemos un n\u00famero importante de sujetos que repiten &#8220;yo soy apol\u00edtico&#8221; o &#8220;yo no soy de izquierda, ni de derecha&#8221;; es decir, anulan una identidad social, para luego reemplazarla por una identificaci\u00f3n banal: entre ellas, &#8220;yo soy Vicent\u00edn&#8221; o &#8220;yo soy Nisman&#8221;.<\/p>\n<p>Hay algo m\u00e1s que podemos decir sobre la afectaci\u00f3n del yo desde la pol\u00edtica de la derecha. Esto es, el individualismo que tanto pregona, lejos de ser una apelaci\u00f3n a la potencia del yo, constituye m\u00e1s bien el reforzamiento de su destituci\u00f3n. Dicho de otro modo, cuanto m\u00e1s le hace creer al sujeto que est\u00e1 en condiciones de hacer lo que desea, m\u00e1s encubre que el yo cada vez puede menos. Es el reino de las apariencias, un espejismo en el que, por ejemplo los j\u00f3venes, se sienten liberados de cumplir los mandatos para poder hacer lo que deseen, trabajar o no, tener hijos o no, cuando, en rigor, est\u00e1n cada vez menos en condiciones de realizar esos proyectos. Es decir, cuando el sujeto intrusado por la derecha dice &#8220;yo no quiero&#8221;, en el fondo, est\u00e1 diciendo &#8220;yo no puedo&#8221;.<\/p>\n<p><strong>X.<\/strong>\u00a0En s\u00edntesis, el complejo del semejante o del pr\u00f3jimo nos permite pensar numerosos problemas, entre ellos: a) el v\u00ednculo entre diferentes sujetos en tanto tales, en donde importan la percepci\u00f3n, el recuerdo, el afecto y el cuerpo, todo ello en el marco de la combinaci\u00f3n entre la afinidad y la diferencia; b) nuestro lugar no excepcional en la historia de la especie; c) la diversidad de desenlaces a partir de un n\u00facleo com\u00fan, ya sea el complejo de Edipo, ya sea el patriarcado; d) tambi\u00e9n nos exige pensar de manera compleja la categor\u00eda subjetividad y e) nos ayuda a entender que si se entroniza el individualismo, no solo quedan abolidos los nexos intersubjetivos, sino que tambi\u00e9n es el propio yo el que queda vaciado.<\/p>\n<div class=\"separator-line-2px bg-light-gray mt-50px mb-30px\"><\/div>\n<div class=\"mb-30px\">\n<h6 class=\"fw-700 text-dark-gray mb-15px\">Notas<\/h6>\n<p id=\"nota-1\" class=\"fs-13 text-medium-gray lh-24 mb-10px\"><sup>1<\/sup>\u00a0Doctor en Psicolog\u00eda. Psicoanalista. Coordinador del Grupo de Investigaci\u00f3n en Psicoan\u00e1lisis y Pol\u00edtica (AEAPG). Miembro fundador del Grupo Psicoanal\u00edtico David Maldavsky (GPDM).<\/p>\n<p id=\"nota-2\" class=\"fs-13 text-medium-gray lh-24 mb-10px\"><sup>2<\/sup>\u00a0No podremos desarrollarlo aqu\u00ed, pero aqu\u00ed cabe un examen de los dobles, en particular de ese doble que Freud denomin\u00f3\u00a0<em>sombra.<\/em><\/p>\n<p id=\"nota-3\" class=\"fs-13 text-medium-gray lh-24 mb-10px\"><sup>3<\/sup>\u00a0El refr\u00e1n que dice &#8220;el que se quem\u00f3 con leche, ve una vaca y llora&#8221; es ilustrativo. En efecto, por un lado, el sujeto establece una semejanza entre dos sucesos que, objetivamente, tienen muy poco en com\u00fan. Sin embargo, por alg\u00fan motivo el saber popular construy\u00f3 esa equivalencia. En este caso, un suceso doloroso resulta evocado por una percepci\u00f3n y, en consecuencia, se desarrolla un afecto (&#8220;llora&#8221;) que, podemos imaginar, afecta a los movimientos (por ejemplo, no acercarse a la vaca).<\/p>\n<p id=\"nota-4\" class=\"fs-13 text-medium-gray lh-24\"><sup>4<\/sup>\u00a0&#8220;Justamente por su omnipresencia, el complejo de Edipo no se presta a extraer una conclusi\u00f3n sobre la autor\u00eda del crimen&#8221; (Freud; 1931, p. 250).<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"featured_media":0,"template":"","seccion":[3],"class_list":["post-48","articulo","type-articulo","status-publish","hentry","seccion-nuestra-gente"],"acf":{"numero_de_revista":[20],"aclaracion":"","subtitulo_articulo":"","bajada":"El autor propone analizar la funci\u00f3n del semejante en la constituci\u00f3n ps\u00edquica; c\u00f3mo cada sujeto construye dentro de s\u00ed el complejo del semejante o pr\u00f3jimo, c\u00f3mo el sujeto produce un hermano.","copete":"El autor propone analizar la funci\u00f3n del semejante en la constituci\u00f3n ps\u00edquica; c\u00f3mo cada sujeto construye dentro de s\u00ed el complejo del semejante o pr\u00f3jimo, c\u00f3mo el sujeto produce un hermano. En este proceso destaca el encuentro afectivo con otro, como tambi\u00e9n, la asunci\u00f3n de una posici\u00f3n activa y la producci\u00f3n de ideales singulares y colectivos. Trabaja las paradojas entre la alteridad y la semejanza, tomando a esta \u00faltima como punto de partida. A su vez, establece un puente entre la hip\u00f3tesis filogen\u00e9tica tomada por Freud, como tambi\u00e9n, con las nociones de patriarcado e individualismo.","autores":[46],"entrevistadores":null,"entrevistados":null,"imagen_de_seccion":"","articulo_bibliografia_titulo":"Bibliograf\u00eda","articulo_bibliografia":"<ul class=\"fs-14 text-medium-gray lh-30\">\r\n \t<li class=\"mb-8px\">Bion, W. (1992)\u00a0<em>Seminarios cl\u00ednicos y cuatro textos.<\/em>\u00a0Ed. Lugar.<\/li>\r\n \t<li class=\"mb-8px\">Freud, S. (1895) Proyecto de psicolog\u00eda para neur\u00f3logos.\u00a0<em>O.C., Vol. I.<\/em>\u00a0Amorrortu Editores, Buenos Aires.<\/li>\r\n \t<li class=\"mb-8px\">Freud, S. (1913) T\u00f3tem y tab\u00fa.\u00a0<em>O.C., Vol. XIII.<\/em>\u00a0Amorrortu Editores, Buenos Aires.<\/li>\r\n \t<li class=\"mb-8px\">Freud, S.; (1914) Sinopsis de las neurosis de transferencia, Ed. Ariel.<\/li>\r\n \t<li class=\"mb-8px\">Freud, S. (1921) Psicolog\u00eda de las masas y an\u00e1lisis del yo.\u00a0<em>O.C., Vol. XVIII.<\/em>\u00a0Amorrortu Editores, Buenos Aires.<\/li>\r\n \t<li class=\"mb-8px\">Freud, S. (1927) El porvenir de una ilusi\u00f3n.\u00a0<em>O.C., Vol. XXI.<\/em>\u00a0Amorrortu Editores, Buenos Aires.<\/li>\r\n \t<li class=\"mb-8px\">Freud, S. (1930) El malestar en la cultura.\u00a0<em>O.C., Vol. XXI.<\/em>\u00a0Amorrortu Editores, Buenos Aires.<\/li>\r\n \t<li class=\"mb-8px\">Freud, S. (1931) El dictamen de la Facultad en el proceso Halsmann.\u00a0<em>O.C., Vol. XXI.<\/em>\u00a0Amorrortu Editores, Buenos Aires.<\/li>\r\n \t<li class=\"mb-8px\">Freud, S. (1939) Mois\u00e9s y la religi\u00f3n monote\u00edsta.\u00a0<em>O.C., Vol. XXIII.<\/em>\u00a0Amorrortu Editores, Buenos Aires.<\/li>\r\n \t<li class=\"mb-8px\">Guerriero, L. (2013)\u00a0<em>Una historia sencilla.<\/em>\u00a0Ed. Anagrama.<\/li>\r\n \t<li class=\"mb-8px\">Maldavsky, D. (1986)\u00a0<em>Estructuras narcisistas.<\/em>\u00a0Amorrortu Editores, Buenos Aires.<\/li>\r\n \t<li class=\"mb-8px\">Maldavsky, D. (1991)\u00a0<em>Procesos y estructuras vinculares.<\/em>\u00a0Nueva Visi\u00f3n.<\/li>\r\n \t<li class=\"mb-8px\">Plut, S. (2021)\u00a0<em>Vestigios Psicoanal\u00edticos.<\/em>\u00a0Ed. Ricardo Vergara.<\/li>\r\n \t<li class=\"mb-8px\">Plut, S. (2022) \"Para pensar el nosotros\".\u00a0<em>Revista Psicoan\u00e1lisis. Ayer y Hoy,<\/em>\u00a0N\u00b0 26, AEAPG.<\/li>\r\n \t<li class=\"mb-8px\">Plut, S. (2024)\u00a0<em>Fragmentos y fronteras de la vida ps\u00edquica.<\/em>\u00a0Ed. Entreideas.<\/li>\r\n \t<li>Plut, S. (2025)\u00a0<em>El autoerotismo libertario. Escritos sobre la irracionalidad.<\/em>\u00a0Ed. Top\u00eda.<\/li>\r\n<\/ul>","autor_tiene_nota":true},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.elpsicoanalisis.org.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/articulo\/48","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.elpsicoanalisis.org.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/articulo"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.elpsicoanalisis.org.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/types\/articulo"}],"acf:post":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elpsicoanalisis.org.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/autor\/46"},{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elpsicoanalisis.org.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/numero\/20"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.elpsicoanalisis.org.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=48"}],"wp:term":[{"taxonomy":"seccion","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elpsicoanalisis.org.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/seccion?post=48"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}