{"id":71,"date":"2026-08-11T13:00:20","date_gmt":"2026-08-11T16:00:20","guid":{"rendered":"https:\/\/www.elpsicoanalisis.org.ar\/web\/?post_type=articulo&#038;p=71"},"modified":"2026-08-11T13:03:04","modified_gmt":"2026-08-11T16:03:04","slug":"todavia-sonamos","status":"publish","type":"articulo","link":"https:\/\/www.elpsicoanalisis.org.ar\/web\/articulo\/todavia-sonamos\/","title":{"rendered":"Todav\u00eda, so\u00f1amos."},"content":{"rendered":"<p class=\"fs-15 fst-italic text-medium-gray lh-30 mb-5px\" style=\"text-align: right;\">A pesar de los golpes que asest\u00f3 en nuestras vidas<br \/>\nel ingenio del odio, desterrando al olvido a nuestros seres queridos.<br \/>\nTodav\u00eda cantamos, todav\u00eda pedimos,<br \/>\nTodav\u00eda so\u00f1amos, todav\u00eda esperamos.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Victor Heredia, 1984.<\/p>\n<p>Meses atr\u00e1s tuve un sue\u00f1o en el que me visit\u00f3 la actual vicepresidenta de la Naci\u00f3n Argentina. Durante ese d\u00eda hab\u00eda le\u00eddo una nota que trataba acerca de su vinculaci\u00f3n con los genocidas de la \u00faltima dictadura c\u00edvico-militar (1976-1983). All\u00ed, se hac\u00eda referencia a su expl\u00edcita defensa y reivindicaci\u00f3n de los represores que se encontraban condenados y cumpliendo su pena en c\u00e1rcel com\u00fan por ejecutar cr\u00edmenes de lesa humanidad. Para no olvidar, se trata de aquellos &#8220;de especial gravedad, como el asesinato, el exterminio, la esclavitud, la deportaci\u00f3n o el traslado forzoso de poblaci\u00f3n, la privaci\u00f3n grave de la libertad o la tortura, que se comete como parte de un ataque generalizado o sistem\u00e1tico contra una poblaci\u00f3n civil y con conocimiento de dicho ataque&#8221; (Real Academia Espa\u00f1ola, s. f.).<\/p>\n<p>El plan sistem\u00e1tico, proyectado para operar en toda la regi\u00f3n, en Argentina, dej\u00f3 lesiones imborrables. Son 30.000 personas las desaparecidas y fueron alrededor de 500 beb\u00e9s que nacieron en cautiverio o secuestrados junto con sus madres y\/o padres, los que sufrieron la apropiaci\u00f3n por parte de familias militares, o bien civiles, a quienes las propias Fuerzas Armadas los entregaban como bot\u00edn de guerra. Hasta el d\u00eda de la fecha, se han restituido las identidades de 140 nietos y nietas gracias a la lucha inquebrantable de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.<\/p>\n<p>Las im\u00e1genes del sue\u00f1o siguieron interrumpi\u00e9ndome en las acciones cotidianas los d\u00edas que siguieron. Adem\u00e1s de trabajarlo en mi an\u00e1lisis, a modo de confesi\u00f3n les cuento, tambi\u00e9n &#8220;se lo llev\u00e9&#8221; a algunos amigos y amigas. Durante esos meses, muchos de ellos\/as, conocidos\/as y tres pacientes hab\u00edan sido despedidos de sus puestos de trabajo en el Estado. Una de ellas, me enter\u00e9, hab\u00eda conseguido una reubicaci\u00f3n en la Ex-Esma.<br \/>\nEn el sue\u00f1o yo estaba en la Universidad Nacional de las Artes, donde hace unos a\u00f1os era estudiante de Artes Dram\u00e1ticas. Todos a mi alrededor, como es com\u00fan en esa casa de estudios, estaban disfrazados con trajes extravagantes, semidesnudos, con ropajes vintage, por no decir viejos. Casi siempre corriendo, a trote, levantando la voz, subiendo y bajando por las escaleras de hierro. As\u00ed, iban y ven\u00edan esas caras conocidas de varios espacios propios: ex suegras, amantes, compa\u00f1eros\/as, y amigas (<em>\u00bfning\u00fan familiar?<\/em>).<br \/>\nDe todos esos rostros, en este momento en el que escribo, y tambi\u00e9n poco despu\u00e9s de despertar, ya no recordaba a ninguno. Sus presencias en el sue\u00f1o quedaron como una sensaci\u00f3n\u2026 como una impresi\u00f3n de figuras sin nombre propio. A la \u00fanica que recordaba n\u00edtida, impactante, literal era a la vicepresidenta.<br \/>\nElla me intercept\u00f3 mientras intentaba hacer una pregunta (<em>me intercept\u00f3 mientras intentaba hacer una pregunta<\/em>) en lo que podr\u00eda entenderse por bedel\u00eda, o secretaria, o punto de informaci\u00f3n u oficina de orientaci\u00f3n. No recuerdo qu\u00e9 estaba queriendo preguntar cuando se acerc\u00f3 y agarr\u00e1ndome s\u00f3lidamente de un brazo me dijo:\u00a0<em>&#8220;ven\u00ed conmigo&#8221;<\/em>\u00a0forz\u00e1ndome a caminar por la instituci\u00f3n. Entonces, recuerdo, en el sue\u00f1o, las miradas. Fueron protagonistas. Esos otros a quienes nos cruz\u00e1bamos, reconoc\u00edan a la mandataria con espanto y a m\u00ed, me observaban con notable confusi\u00f3n silenciosa:\u00a0<em>&#8220;\u00bfqu\u00e9 hac\u00e9s con ella?&#8221;<\/em>. Pod\u00eda escucharlo en sus ojos. Yo, les devolv\u00eda la mirada con esfuerzo pidiendo que me ayuden, rogando que comprendan que no eleg\u00eda caminar al lado suyo, suplicando que no supongan monstruosidades de m\u00ed. Pero todas esas personas ten\u00edan miedo y se abr\u00edan como el mar rojo mientras avanz\u00e1bamos por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, el trocado escenario del sue\u00f1o, lugar donde trabajo actualmente.<br \/>\nEl estado de desesperaci\u00f3n lleg\u00f3 a su m\u00e1ximo cuando esperando al ascensor, alguien (tengo la reminiscencia de que se trataba alguien significativo, podr\u00eda ser mi mejor amiga) al abrir sus puertas se baja y yo quiero hablarle.\u00a0<em>No puedo.<\/em>\u00a0Quiero decir:\u00a0<em>&#8220;Yo no quiero estar con ella&#8221;<\/em>. No me salen las palabras. Y aunque estoy muda, ella me escucha, y burl\u00e1ndose de m\u00ed, inmoviliza el brazo del que me llevaba con mayor firmeza para luego, susurrar en mi o\u00eddo:\u00a0<em>&#8220;Vos de ac\u00e1 no te vas&#8221;<\/em>. Me despierto.<em>Me despierta.<\/em><\/p>\n<p>En pleno auge global de las derechas neofascistas reaccionarias, mentir\u00eda si dijera que me tomaron inadvertida la rapidez y virulencia del avance de discursos negacionistas mediante sus respectivos mecanismos de desmentida. La relativizaci\u00f3n brutal del terrorismo de estado, as\u00ed como tambi\u00e9n el ataque sobre los avances en materia de derechos humanos y pol\u00edticas de memoria, re-aparecieron haci\u00e9ndose notar en las bancas del Congreso, en la propaganda del poder Ejecutivo, en los medios masivos de comunicaci\u00f3n y en los digitales. A\u00fan as\u00ed, a pesar de no contar con la particularidad de lo sorpresivo, la sensaci\u00f3n era m\u00e1s cercana al terror, que al miedo o la angustia. \u00bfPor qu\u00e9?<\/p>\n<p>En\u00a0<em>M\u00e1s all\u00e1 del principio de placer<\/em>, Freud (1920) formula la distinci\u00f3n entre estos tres estados afectivos: &#8220;La angustia designa cierto estado como de expectativa frente al peligro y preparaci\u00f3n para \u00e9l, aunque se trate de un peligro desconocido; el miedo requiere un objeto determinado, en presencia del cual uno lo siente; en cambio, se llama terror al estado en que se cae cuando se corre un peligro sin estar preparado: destaca el factor de la sorpresa&#8221; (p. 12). Mientras que el miedo nos prepara frente al peligro de una p\u00e9rdida posible de ser simbolizada (podr\u00eda ser la p\u00e9rdida de un amor, de la integridad del cuerpo, de un trabajo, de un lugar o de la vida), la angustia, se caracteriza por ser afecto no ligado cuyo objeto es ausente e indeterminado. En la oraci\u00f3n siguiente Freud, escribe: &#8220;No creo que la angustia pueda producir una neurosis traum\u00e1tica; en la angustia hay algo que protege contra el terror y por tanto, tambi\u00e9n contra la neurosis de terror&#8221; (p.13). Entonces, la angustia es un motor que nos permite hacer-algo con aquello que, predominando el factor sorpresa, inund\u00f3 el aparato invadi\u00e9ndolo de est\u00edmulos de percepciones que no pudieron ser ligadas, y rompiendo cierta protecci\u00f3n, produjeron aquel estado que llamamos terror.<\/p>\n<p>Hace un tiempo me recomendaron leer una nota de P\u00e1gina 12 titulada\u00a0<em>&#8220;Los sue\u00f1os eran tambi\u00e9n una herramienta del terror&#8221;<\/em>. En ella, el periodista y cr\u00edtico de cine Oscar Ranzani entrevista a Soledad N\u00edvoli y Leandro Lev\u00ed, docentes e investigadores de la Facultad de Psicolog\u00eda de la UNR. Ambos tradujeron\u00a0<em>El tercer Reich de los sue\u00f1os<\/em>, libro en el que Charlotte Beradt recopila, de manera clandestina, relatos de los sue\u00f1os de &#8220;gente com\u00fan&#8221; durante los a\u00f1os 1933 a 1939, en pleno ascenso del nazismo. Seg\u00fan se\u00f1ala el autor de la nota, este &#8220;archivo on\u00edrico&#8221; funcionaba como un sism\u00f3grafo de \u00e9poca, poniendo en escena las pol\u00edticas m\u00e1s siniestras que caracterizaron aquel r\u00e9gimen pol\u00edtico.<br \/>\nCharlotte Beradt (Forst, 1901 &#8211; Nueva York, 1986), era una periodista, afiliada al Partido Comunista Alem\u00e1n, que sufri\u00f3 la censura del nazismo y tuvo que transformar su actividad en clandestina. La idea de la recolecci\u00f3n de sue\u00f1os comenz\u00f3 cuando ella misma tuvo uno que llam\u00f3 su atenci\u00f3n y defini\u00f3 como an\u00f3malo y extra\u00f1o: so\u00f1aba que la persegu\u00edan y la torturaban. Entonces, empez\u00f3 a preguntar a sus otros cercanos si hab\u00edan tenido experiencias similares. Al encontrarse con una afirmaci\u00f3n, decidi\u00f3 comenzar la tarea de recabar m\u00e1s testimonios, que terminaron siendo un pu\u00f1ado de sue\u00f1os hecho libro.<br \/>\nLeandro Levi, se\u00f1ala enf\u00e1ticamente que el totalitarismo acecha hasta en los lugares m\u00e1s \u00edntimos y deseantes, en donde logramos desconectarnos de una realidad que puede ser terror\u00edfica, en los lugares de mayor libertad subjetiva, en el so\u00f1ar, all\u00ed tambi\u00e9n el totalitarismo se introduce para reiterar el terror. Sostiene Soledad N\u00edvoli, que la funci\u00f3n singular del so\u00f1ar, es alterada por el discurso totalitario y hace eco, resonancia, coro social, narraci\u00f3n del horror.<\/p>\n<p>Fue en esa misma \u00e9poca en la que so\u00f1\u00e9 con la vicepresidenta, que un paciente al que llamar\u00e9 Francisco, me trajo un sue\u00f1o. En el,\u00a0<em>&#8220;se lo llevaban&#8221;<\/em>. Estaba en una estaci\u00f3n de tren. Ten\u00eda una bolsa de papel madera que conten\u00eda un\u00a0<em>snack<\/em>\u00a0preparado por su madre. Madre a quien extra\u00f1a y no abraza hace m\u00e1s de cinco a\u00f1os por permanecer en el pa\u00eds de origen del que \u00e9l tuvo que migrar forzadamente. Mientras com\u00eda y esperaba para volver a lo que hoy es su actual residencia en alg\u00fan Estado del pa\u00eds cuya identidad confunde la parte (Norte) por el todo (Am\u00e9rica), unas personas cuyos rostros estaban completamente cubiertos\u00a0<em>&#8220;sin dejarse ver&#8221;<\/em>, lo capturan. Lo suben a una camioneta. Lo mantienen detenido. En el sue\u00f1o, \u00e9l recordaba que sus amigos le dec\u00edan que se tranquilice, que no est\u00e9 tan paran\u00f3ico con las noticias, que \u00e9l\u00a0<em>&#8220;no parec\u00eda inmigrante&#8221;<\/em>; pero cuenta que en su trabajo de repartidor, algunos clientes lo increpan a partir de lo que \u00e9l cree su acento con casi siempre la misma frase:\u00a0<em>&#8220;\u00bfDe d\u00f3nde sos, realmente?&#8221;<\/em>. Dice que la situaci\u00f3n est\u00e1 cada vez m\u00e1s violenta, que tiene miedo de salir a la calle, que no puede parar de leer y escuchar historias que\u00a0<em>&#8220;terminan mal&#8221;<\/em>.<br \/>\nEn el sue\u00f1o, cuando lo deportan,\u00a0<em>se despierta gritando.<\/em><\/p>\n<p>En el texto\u00a0<em>Sobre el mecanismo ps\u00edquico de fen\u00f3menos hist\u00e9ricos: comunicaci\u00f3n preliminar<\/em>\u00a0(Breuer &amp; Freud, 1893), los autores designan como\u00a0<em>traumas ps\u00edquicos<\/em>\u00a0a &#8220;vivencias que susciten los afectos penosos del horror, la angustia, la verg\u00fcenza, y el dolor ps\u00edquico: y desde luego, de la sensibilidad de la persona afectada&#8221; (p.31). En\u00a0<em>M\u00e1s all\u00e1 del principio de placer<\/em>, sin alejarse en demas\u00eda de esas primeras conceptualizaciones, Freud postula: &#8220;Llamaremos\u00a0<em>traum\u00e1ticas<\/em>\u00a0a las excitaciones externas que poseen fuerza suficiente para perforar la protecci\u00f3n antiestimulo (&#8230;) Un suceso como el trauma externo provocar\u00e1, sin ninguna duda, una perturbaci\u00f3n enorme en la econom\u00eda [<em>Betrieb<\/em>] energ\u00e9tica del organismo y pondr\u00e1 en acci\u00f3n todos los medios de defensa&#8221; (1920, p.29). En este mismo sentido, define a los sue\u00f1os de las llamadas &#8220;neurosis traum\u00e1ticas&#8221; como aquellos que &#8220;buscan recuperar el dominio [<em>Bew\u00e4ltigung<\/em>] sobre el est\u00edmulo por medio de un desarrollo de angustia cuya omisi\u00f3n caus\u00f3 la neurosis traum\u00e1tica&#8221; (1920, p.31). Por eso, el desarrollo de la angustia como \u00faltima trinchera de la protecci\u00f3n antiestimulo es una oportunidad de hacer con aquel dolor. De motorizar en b\u00fasqueda de alg\u00fan recorrido posible, de crear una l\u00ednea de fuga que abra a la simbolizaci\u00f3n del horror.<\/p>\n<p>Enzo Traverso (Gavi, Piamonte, 14 de octubre de 1957), es uno de los m\u00e1s destacados historiadores de las ideas del siglo XX. En su \u00faltimo libro\u00a0<em>Las nuevas caras de la derecha: \u00bfPor qu\u00e9 funcionan las propuestas vac\u00edas y el discurso enfurecido de los antisistema y cu\u00e1l es su potencial pol\u00edtico real?<\/em>\u00a0(2021), postula que las nuevas expresiones de las extremas derechas se emanciparon discursivamente de la matriz hist\u00f3rica que les dio surgimiento con el fascismo y el nazismo en el siglo XX. En este marco, el neofascismo o postfascismo en el siglo XXI son resultado de una nueva configuraci\u00f3n caracterizada por la fluctuaci\u00f3n ideol\u00f3gica, las pol\u00edticas autoritarias y xen\u00f3fobas que utilizan a la migraci\u00f3n como chivo expiatorio de las crisis econ\u00f3micas nacionales y, fundamentalmente, su integraci\u00f3n en los sistemas democr\u00e1ticos y republicanos en una &#8220;alternancia&#8221; pol\u00edtica normal.<br \/>\nDice Traverso acerca del empresario devenido en pol\u00edtico al frente de una de las principales potencias occidentales (y me es imposible disociar su definici\u00f3n del electo en nuestro pa\u00eds), &#8220;es una mina flotante, imprevisible e incontrolable&#8221; (p. 39). Porque lo que caracteriza a estas nuevas derechas es, tambi\u00e9n, su juego con lo inesperado en ausencia de ley com\u00fan. Frente a aquel &#8220;sin sentido&#8221; del capricho del poder que produce sujetos del desvalimiento en t\u00e9rminos de no contar con la capacidad de estar preparados para defenderse, el terror es el que inunda la escena.<\/p>\n<p>As\u00ed lo plantea el psicoanalista y doctor en psicolog\u00eda Enrique Carpintero en su libro\u00a0<em>La tentaci\u00f3n neofascista. El odio y el miedo como pol\u00edtica de sometimiento<\/em>\u00a0(2025). Nos propone &#8220;incluir lo traum\u00e1tico que produce una cultura en el exceso de realidad que produce monstruos&#8221; (p.145). Esto quiere decir que como psicoanalistas de este presente, tendremos la tarea de atender al fen\u00f3meno que denomina como &#8220;traumatismo generalizado&#8221; o &#8220;traumatismo colectivo&#8221; que es aquel que difiere al de la fantas\u00eda o del delirio del sujeto &#8220;freudiano&#8221;, sino que es particular de nuestra \u00e9poca. Lo excesivo de la realidad (del mundo exterior) opera impidi\u00e9ndole al sujeto movilizar los recursos necesarios para su simbolizaci\u00f3n, lo cual produce como efecto, su sometimiento, la sensaci\u00f3n de vac\u00edo y de vulnerabilidad, entre otros. Todo ello converge con la proliferaci\u00f3n de discursos neofascistas que refuerzan creencias ligadas al individualismo y la competencia, sostenidas no s\u00f3lo pero fundamentalmente, a partir de la construcci\u00f3n del miedo como estrategia de disciplinamiento.<\/p>\n<p>La siguiente sesi\u00f3n, Francisco trajo otro sue\u00f1o:\u00a0<em>&#8220;Me perd\u00ed el tren. El tren me dej\u00f3 en la Estaci\u00f3n y yo no conoc\u00eda a nadie. No ten\u00eda mi tel\u00e9fono, ni mi computadora. S\u00f3lo llevaba una bolsa de pl\u00e1stico. Vi a una se\u00f1ora que parec\u00eda estar viendo las noticias. Le pregunt\u00e9 si se pod\u00eda fijar en las redes sociales si me estaban buscando. Le pregunt\u00e9 si aparec\u00eda mi nombre o mi cara en las b\u00fasquedas&#8221;.<\/em><br \/>\nEsta vez no se despert\u00f3.<br \/>\nEn varias ocasiones me pregunta si &#8220;ac\u00e1&#8221; nos llega la informaci\u00f3n de lo que est\u00e1 pasando &#8220;all\u00e1&#8221; refiri\u00e9ndose a las medidas represivas contra la inmigraci\u00f3n que ya separaron a m\u00e1s de 100.000 ni\u00f1os de sus padres. En un art\u00edculo de\u00a0<em>The New York Times en Espa\u00f1ol<\/em>\u00a0se se\u00f1ala que &#8220;no hay informaci\u00f3n fiable sobre cu\u00e1ntos hijos tienen los detenidos o qu\u00e9 pas\u00f3 con esos ni\u00f1os cuando sus padres fueron puestos bajo custodia&#8221; (Jordan &amp; Adelson, 2026).<br \/>\nLo escucho y yo tambi\u00e9n me siento perdida:\u00a0<em>\u00bfqu\u00e9 es all\u00e1?, \u00bfqu\u00e9 ser\u00e1 ac\u00e1?.<\/em><br \/>\n<em>&#8220;Ellos son implacables&#8221;<\/em>, dice.\u00a0<em>&#8220;Est\u00e1n buscando gente debajo de las piedras&#8221;.<\/em><\/p>\n<p>Marzo del 2013. \u00c9ramos aproximadamente cien estudiantes en los que estoy inclu\u00edda los que murmuramos antes de que empiece la primera clase de la materia de Psicopatolog\u00eda en la Facultad de Psicolog\u00eda de la Universidad de Buenos Aires. Cuando entr\u00f3, la profesora del te\u00f3rico agarr\u00f3 el borrador y lo golpe\u00f3 contra el pizarr\u00f3n tres veces. Autom\u00e1ticamente todos y todas nos callamos. Entonces, antes de iniciar cualquier otra presentaci\u00f3n, ella nos pregunt\u00f3:\u00a0<em>&#8220;\u00bfAlguien me puede explicar cu\u00e1l es la relaci\u00f3n entre un golpe y el silencio?&#8221;.<\/em><br \/>\nHace unos d\u00edas, un conocido que sab\u00eda que estaba escribiendo un art\u00edculo para la revista me pregunt\u00f3 sobre qu\u00e9 tema pensaba hacerlo. Cuando respond\u00ed a su pregunta me dijo:\u00a0<em>&#8220;te vas a quedar sin pacientes&#8221;.<\/em><br \/>\nLa pregunta de mi profesora se hizo huella en m\u00ed. Cada tanto vuelvo a ese recuerdo. A 50 a\u00f1os del \u00faltimo golpe c\u00edvico-militar, ayer:\u00a0<em>\u00bfcu\u00e1l fue la relaci\u00f3n entre el golpe y el silencio?<\/em>\u00a0Hoy:\u00a0<em>\u00bfcu\u00e1l es la relaci\u00f3n entre el golpe y el silencio?<\/em><\/p>\n<p>Lo que so\u00f1amos y la forma en la que padecemos son producto de una \u00e9poca. El sujeto es ba\u00f1ado por el lenguaje, contamos con los significantes que nos son dados, hacemos con las percepciones del mundo cu\u00e1nto podemos. En la cl\u00ednica, el eco de la \u00e9poca se deja escuchar en la singularidad de cada historia. La\u00a0<em>cura por conversaci\u00f3n<\/em>, as\u00ed nominada por Ana, O. paciente de Breuer, es una forma de hacer lazo social, y el lazo social no es neutral. Aunque el fen\u00f3meno de la transferencia y la posici\u00f3n de escucha del analista produzca algo in\u00e9dito, los analistas tambi\u00e9n estamos atravesados por el momento hist\u00f3rico y en consecuencia, tambi\u00e9n somos hablados por los discursos ordenadores de la dominancia cultural. Es desde nuestro m\u00e9todo y a partir de nuestra t\u00e9cnica que nos advertimos de ello para convocar la aparici\u00f3n de lo m\u00e1s singular del sujeto y &#8220;hacer suya&#8221; nuestra convicci\u00f3n sobre lo inconsciente. Por todo esto de lo que &#8220;venimos hablando&#8221; tambi\u00e9n es importante recordar que:\u00a0<em>&#8220;quien s\u00f3lo sabe de psicoan\u00e1lisis, nada sabe de psicoan\u00e1lisis&#8221;.<\/em><\/p>\n<p>Podr\u00e1n meterse en nuestros sue\u00f1os, pero a\u00fan so\u00f1amos. A\u00fan hablamos, los narramos, los compartimos. Con otros y otras. Amigos y amigas. Compa\u00f1eros y compa\u00f1eras. Colegas. Los escribimos ni bien nos despertamos. Los escribimos en un art\u00edculo para una revista. Los hacemos un libro, un pu\u00f1o. Los llevamos a an\u00e1lisis. Los enlazamos. Los escuchamos. Sabi\u00e9ndolos v\u00eda regia, los hacemos hablar. Y es por eso que mi convicci\u00f3n es profunda: el psicoan\u00e1lisis tambi\u00e9n puede ser una trinchera contra el terror.<\/p>\n","protected":false},"featured_media":0,"template":"","seccion":[7],"class_list":["post-71","articulo","type-articulo","status-publish","hentry","seccion-analistas-en-formacion"],"acf":{"numero_de_revista":[20],"aclaracion":"","subtitulo_articulo":"","bajada":"El psicoan\u00e1lisis como trinchera contra el terror. Un recorrido por los sue\u00f1os propios y de un paciente en tiempos de auge neofascista, articulado con Freud, Traverso y Carpintero.","copete":"","autores":[72],"entrevistadores":null,"entrevistados":null,"imagen_de_seccion":"","articulo_bibliografia_titulo":"Bibliograf\u00eda","articulo_bibliografia":"<ul class=\"fs-14 text-medium-gray lh-30\">\r\n \t<li class=\"mb-8px\">Carpintero, E. (2025).\u00a0<em>La tentaci\u00f3n neofascista. El odio y el miedo como pol\u00edtica de sometimiento.<\/em>\u00a0Top\u00eda.<\/li>\r\n \t<li class=\"mb-8px\">Freud, S. (1920). M\u00e1s all\u00e1 del principio de placer. En S. Freud,\u00a0<em>Obras completas<\/em>\u00a0(Vol. XVIII). Amorrortu. (Trabajo original publicado en 1920).<\/li>\r\n \t<li class=\"mb-8px\">Freud, S., &amp; Breuer, J. (1893). Sobre el mecanismo ps\u00edquico de fen\u00f3menos hist\u00e9ricos: Comunicaci\u00f3n preliminar. En S. Freud,\u00a0<em>Obras completas<\/em>\u00a0(Vol. II). Amorrortu. (Trabajo original publicado en 1893).<\/li>\r\n \t<li class=\"mb-8px\">Jordan, M., &amp; Adelson, J. (2026, 18 de mayo). M\u00e1s de 100.000 ni\u00f1os han sido separados de sus padres en la oleada de deportaciones de Trump, dice informe.\u00a0<em>The New York Times en Espa\u00f1ol.<\/em>\u00a0https:\/\/www.nytimes.com\/es\/2026\/05\/18\/espanol\/estados-unidos\/separacion-familias-ninos-deportaciones-estados-unidos.html<\/li>\r\n \t<li class=\"mb-8px\">Ranzani, O. (2025, 21 de abril). Soledad N\u00edvoli y Leandro Levi: \"Los sue\u00f1os eran tambi\u00e9n una herramienta del terror\".\u00a0<em>P\u00e1gina\/12.<\/em>\u00a0https:\/\/www.pagina12.com.ar\/819531-soledad-nivoli-y-leandro-levi-los-suenos-eran-tambien-una-he<\/li>\r\n \t<li class=\"mb-8px\">Real Academia Espa\u00f1ola. (s. f.). Crimen de lesa humanidad. En\u00a0<em>Diccionario panhisp\u00e1nico del espa\u00f1ol jur\u00eddico.<\/em>\u00a0Recuperado el 22 de mayo de 2026, de https:\/\/dpej.rae.es\/lema\/crimen-de-lesa-humanidad<\/li>\r\n \t<li>Traverso, E. (2021).\u00a0<em>Las nuevas caras de la derecha: \u00bfPor qu\u00e9 funcionan las propuestas vac\u00edas y el discurso enfurecido de los antisistema y cu\u00e1l es su potencial pol\u00edtico real?<\/em>\u00a0Siglo XXI.<\/li>\r\n<\/ul>","autor_tiene_nota":false},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.elpsicoanalisis.org.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/articulo\/71","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.elpsicoanalisis.org.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/articulo"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.elpsicoanalisis.org.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/types\/articulo"}],"acf:post":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elpsicoanalisis.org.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/autor\/72"},{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elpsicoanalisis.org.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/numero\/20"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.elpsicoanalisis.org.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=71"}],"wp:term":[{"taxonomy":"seccion","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elpsicoanalisis.org.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/seccion?post=71"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}