NÚMERO 25 | Mayo 2022

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¿Dónde asienta la histeria? Pensando el concepto de solicitación somática | Nadina Tauhil

Trabajo presentado en la «Jornada de Alumnos y Alumnas AEAPG» organizada por la Secretaría Académica para los alumnos de los Posgrados de Especialización y Maestría en Psicoanálisis y del Curso Superior en Psicoanálisis con Niños y Adolescentes, el 6 octubre de 2021. La autora ubica el síntoma conversivo en la histeria y se pregunta por el lugar del cuerpo donde asienta.  Se interroga si existe una explicación freudiana para estas preguntas o si se trata de algo azaroso.  Es un escrito claro que invita a pensar la solicitación somática en la histeria.

Por medio del presente escrito quisiera intentar responder a las preguntas que más me resonaron cuando trabajé sobre los textos de la cursada de Clínica y psicopatología freudiana I: ¿Dónde asienta el síntoma conversivo en la histeria? ¿Por qué, en ese lugar del cuerpo y no en otro? ¿El lugar del cuerpo donde asienta el síntoma se enlaza de algún modo con su formación y significado? ¿Existe alguna explicación desde la clínica freudiana para estas preguntas, o se trata tan sólo de una cuestión azarosa? 

Freud plantea los síntomas histéricos, ya desde el inicio de su obra, como una solución de compromiso ante un conflicto. En los primeros años del psicoanálisis, lo desarrolla como un conflicto que sobreviene ante la aparición de una representación inconciliable para el Yo y después lo planteará entre instancias psíquicas (Yo, Ello). Pero lo importante sigue siendo el conflicto y el síntoma como una solución que trae aparejado sufrimiento. En «Las neuropsicosis de defensa», escrito en 1894, Freud afirma que el yo intenta tratar a la representación inconciliable —por su contenido sexual que entra en choque con la educación y la formación moral de la persona— como non arrivé, como si nunca hubiera llegado y, por tanto, no se supiera de ella, pero que fracasa en su intento. En cambio, sí logra «convertir esta representación intensa en una débil, arrancarle el afecto (…) esa representación débil dejará de plantear totalmente exigencias al trabajo asociativo, empero, la suma de excitación divorciada de ella tiene que ser aplicada en otro empleo» (Freud, 1894). Se plantea que este mecanismo es exactamente igual tanto para la histeria como para la neurosis obsesiva y las fobias, sin embargo, a partir de este punto se produce una divergencia. «En la histeria, el modo de volver inocua la representación inconciliable es trasponer (umsetzen) a lo corporal la suma de excitación, para lo cual yo propondría el nombre de conversión» (Freud, 1894). Lo que distingue entonces a la histeria de las otras neurosis de transferencia es la capacidad conversiva. Pero, ¿de qué depende la misma? ¿Qué determina la elección de la neurosis? Esta pregunta tiene respuestas diversas y nunca del todo acabadas. En ese mismo texto, Freud hace mención a una predisposición histérica que estaría dada por la capacidad psicofísica de trasladar grandes sumas de excitación a una inervación corporal.

Ahora bien, creo que es necesario considerar dos cuestiones: por un lado, cuáles son aquellas representaciones que pueden tornarse inconciliables y que entonces podrían provocar la aparición del síntoma histérico y, por otro, qué implica esa predisposición histérica y cómo se entrama para dar lugar a los síntomas.  En «La etiología de la histeria» de 1896, Freud ubica, como fuerza determinadora, las escenas sexuales infantiles y plantea que la representación que aparece como inconciliable, la escena, posterior en el tiempo, «debe su fuerza determinadora de síntomas a su concordancia con las escenas tempranas». Es decir, que lo que aparece como inconciliable está ligado a lo sexual traumático que irrumpe desde afuera introducido por un adulto. En 1897 Freud abandona la teoría de la seducción desarrollando el concepto de la psicosexualidad infantil.

Para dar lugar a alguna respuesta sobre la segunda cuestión, Freud introduce en el historial clínico de Dora el concepto de solicitación somática. «… todo síntoma histérico requiere de la contribución de las dos partes. No puede producirse sin cierta solicitación (transacción) somática brindada por un proceso normal o patológico en el interior de un órgano del cuerpo, o relativo a ese órgano. Pero no se produce más que una sola vez (…) si no posee un significado (valor, intencionalidad psíquica), un sentido» (Freud, 1905 [1901]). Agrega que el sentido no es propio del síntoma histérico, sino que le es prestado. El síntoma histérico asienta entonces en el cuerpo, pero no en cualquier parte, sino en aquella que lo solicita. Por otro lado, es necesario aclarar que el síntoma histérico no asienta en el cuerpo biológico, sino en el cuerpo simbólico, en la representación del cuerpo. Asimismo, el síntoma histérico es sobredeterminado, es decir, que tiene múltiples causas y significados y es esta multiplicidad la que lo mantiene.

A modo de ejemplo clínico, se puede utilizar el caso de la Señorita Elisabeth von R. La joven tenía dolores en las piernas y caminaba mal. Sin embargo, nada hacía parecer que se tratara de una sintomatología de origen orgánico, por lo cual Freud inicia una cura interpretando esta sintomatología como histérica y utiliza el método creado con Breuer. Pero también, desde un inicio, se la plantea como mixta, es decir, con una base de origen orgánico. «Lo probable, entonces, era que hubiera sobrevenido una alteración orgánica de los músculos en el sentido indicado, en la cual la neurosis se apuntaló haciendo aparecer exageradamente grande su valor» (1893-1895). Freud aquí se refiere a la posibilidad de que la Señorita Elisabeth (basada en el examen médico) haya sufrido un reumatismo muscular crónico común y que este haya brindado la base (el proceso patológico en un órgano) para la solicitación somática de la pierna. Ahora bien, ¿qué lugar tiene la solicitación somática respecto de la constitución de una zona histerógena, en este caso, de la zona histerógena de la pierna? ¿Podría constituirse de no existir tal solicitación? En la cita anterior, Freud refiere que la neurosis se apuntaló en la alteración muscular orgánica. Siguiendo este modelo, podríamos pensar que la zona histerógena se sostiene en la solicitación somática que brinda una base, una plataforma para su formación.

Tal como la definen Laplanche y Pontalis en su Diccionario de psicoanálisis, se entiende por zona histerógena aquella parte del cuerpo que, en casos de histeria de conversión, presenta una sensibilidad especial. Generalmente descripta por el paciente como dolorosa, «se observa al examen que la misma se encuentra especialmente catectizada, y su excitación provoca reacciones parecidas a las que acompañan al placer sexual y que pueden llegar hasta el ataque histérico» (1970). A diferencia del pensamiento de Charcot, Freud consideraba que las zonas histerógenas, al igual que las erógenas, no son fijas, lo que implica que cualquier zona del cuerpo puedo devenir histerógena y que ellas son asiento de excitaciones sexuales, de una libidinización particular.

Siguiendo con el caso de la Señorita Elisabeth von R. y, en el intento de investigar el porqué de una zona histerógena atípica como la de la pierna, es la misma paciente la que aporta los datos necesarios. «… ahora sabía por qué los dolores partían siempre de aquel determinado lugar del muslo derecho (…) Es el lugar donde cada mañana descansaba la pierna su padre mientras ella renovaba las vendas (…) Esto había sucedido cientos y cientos de veces». (Freud, 1893-1895) Es decir, esta zona de la pierna tenía una catectización especial. Había sido erogenizada de un modo diferente a otras zonas del cuerpo y brindó la base para que luego, ante la aparición de la representación inconciliable y la disociación de la excitación producida por esta, pudiera transponerse en esta parte determinada del cuerpo y asentar allí el síntoma conversivo. Con el transcurrir del tratamiento, la paciente relata los síntomas del segundo período, los que se iniciaron en el viaje a Gastein del que su hermana y su cuñado debieron volverse antes. Allí cuenta acerca de su soledad, su desvalimiento, «la sensación de “no avanzar un paso”» (1893-1895), sus dificultades para caminar asociadas a los sentimientos amorosos hacia su cuñado que consideraba inapropiados y que dieron lugar, por tanto, a una representación inconciliable. Freud dirá que, mediante este mecanismo, el de la simbolización, «… la abasia preexistente había experimentado un refuerzo sustancial…». (Freud, 1893-1895)

No es mi intención describir por completo este historial clínico, pero este breve resumen permite ver la sobredeterminación de los síntomas conversivos en la histeria. Para que se formen y luego continúen manifestándose en el tiempo, no basta con una sola causa, sino que son el resultado de una multiplicidad de causas y, además, remiten a diversos elementos inconscientes.  El reumatismo, la escena del baile mientras el padre se encontraba enfermo, la pierna del padre apoyada sobre su pierna al cambiar los vendajes, los sentimientos hacia el cuñado, la necesidad de «no dar un paso más» respecto de lo que sentía por él. Es la convergencia, la sumatoria de estas causas y de estas representaciones inconscientes las que permiten que el síntoma se forme y se mantenga; no podría existir si sólo hubiera una de ellas. Acerca del mantenimiento del síntoma, creo que es importante resaltar el sentido psíquico es el que lo genera. ¿Se habría mantenido la dificultad de Elisabeth para caminar si, en uno de sus sentidos posibles, esta no le hubiera impedido «dar un paso hacia su cuñado, ir hacia él»?

Quisiera retomar, por último, la cuestión de la relación entre la solicitación somática y la formación de la zona histerógena. En una nota al pie, en el primero de los tres ensayos de «Tres ensayos de teoría sexual», se hace mención a la primera aparición del término zona erógena y cómo fue creado por analogía con el de zona histerógena. Como sabemos, una de las características de la sexualidad infantil es su apuntalamiento en funciones corporales necesarias para la sobrevivencia. Las zonas del cuerpo utilizadas para ejercerlas (la boca, el ano) están predestinadas para convertirse en zonas erógenas privilegiadas. Ahora bien, a pesar de este privilegio, cualquier zona de piel o mucosa puede prestarse para convertirse en una zona erógena. «El niño chupeteador busca por su cuerpo y escoge algún sector para mamárselo con fruición; después, por acostumbramiento, este pasa a ser el preferido» (Freud, 1905). Retomará que en la histeria esta capacidad de desplazamiento aparece de manera análoga y que, como en esta neurosis la represión afecta en mayor grado la zona estrictamente genital, la estimulabilidad se trasladará a otras zonas que se comportarán como los genitales. Refiere que las zonas erógenas e histerógenas poseen las mismas características. ¿Podemos pensar entonces que las zonas histerógenas se constituyen, en parte, por acostumbramiento, por reiteración del estímulo (como la zona de las piernas donde Elisabeth apoyaba la pierna de su padre durante el cambio de vendas) o por apuntalamiento, apuntalamiento en una cierta solicitación somática? Y, a pesar de esto, otra vez volvemos a qué fue primero. ¿Deberíamos reemplazar este «o» por «y»? ¿O sería mejor recurrir una vez más a la metáfora arqueológica y acumular capa tras capa, donde la solicitación somática ocuparía el estrato más antiguo donde luego se van sumando los otros? En lo personal, me inclino por esta última idea. Asimismo, considero que podría resultar interesante seguir adentrándose en el tema para investigar aquellos procesos orgánicos que se encuentran en la base de la solicitación somática.

Bibliografía

Freud, S. (2010). Estudios sobre la histeria. Punto II: historiales clínicos. Señorita Elisabeth von R. En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras Completas: Sigmund Freud (Vol. 2). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu.

Freud, S. (2018). La etiología de la histeria.  En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras Completas: Sigmund Freud (Vol. 3). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu.

Freud, S. (2018). Las neuropsicosis de defensa.  En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras Completas: Sigmund Freud (Vol. 3). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu.

Freud, S. (2010). Fragmento de análisis de un caso de histeria. En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras Completas: Sigmund Freud (Vol. 7). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu.

Freud, S. (2010). Tres ensayos de teoría sexual. En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras Completas: Sigmund Freud (Vol. 7). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu.

Laplanche, J; Pontalis, J-B. (1968) Diccionario de psicoanálisis. Barcelona, España. Editorial Labor.

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Nadina Tauhil

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