NÚMERO 29 | Mayo 2024

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El Otro y lo íntimo en la escritura del analista | Perla Frenkel

Perla Frenkel nos muestra en su escrito, como el sujeto se construye a partir de la lengua que proviene del Otro. Nos ayuda a pensar en nuestra tarea como psicoanalistas, proponiendo construir en análisis, un nuevo anudamiento, realizar otra escritura, que rompa con el sentido dado. A través del recorrido por diferentes autores de la literatura y personajes históricos, nos muestra como la escritura, posibilita la elaboración, y conectar con las angustias en relación con el lugar que ocupamos frente a los analizantes. La escritura del analista como posición sublimatoria.

Es habitual considerar a la escritura como una construcción que brinda  sentido y significación a una realidad siempre esquiva a ser representada.  

El humano está construido desde el lenguaje, somos hijos del lenguaje.  Antes de nacer hablan de nosotros, nos ponen un nombre, son los otros  significativos quienes nos nombrarán. Somos, entonces, aquello que dicen  de nosotros. 

Ahora bien si la lengua es en principio del Otro, nuestra tarea como  psicoanalistas será que el sujeto en vez de responder al llamado del Otro  inexistente pueda tomar el la palabra, o sea realizar un pasaje de la  lengua del Otro a la propia. Realizar otra escritura, no ordenada desde la  significación, que rompe con el sentido dado, con la gramática que transforma algo de lo dado. Escritura no ordenada desde la significación, implica la afectación del cuerpo, al acontecer un nuevo anudamiento.  Escritura que soporta un real. 

La escritura es un medio empleado por personajes de la literatura mística como forma de trasmitir sus inéditas y originales experiencias acerca de sus vivencias de intimidad con Dios.  

Teresa de Ávila bajo las presiones de la cultura hispánica del siglo xvi  escribe sus experiencias gozantes, en términos de arrobamiento y unión con el sr. 

En estos arrobamientos parece no anima el alma en el cuerpo y ansí se siente muy sentido faltar de él el calor natural; base enfriando, aunque con grandísimo suavidad y deleite. Aquí no hay ningún remedio de resistir; que, en la unión, como estamos en nuestra tierra, remedio hay…acá las más veces ningún remedio hay, sino que muchas, sin prevenir el pensamiento ni ayuda ninguna, viene un ímpetu tan acelerado y fuerte que veis y sentís levantarse esta nube u esta águila caudalosa y cogeros con sus alas.1 

En la experiencia mística, el sujeto se pierde, mente y cuerpo se desarticulan al experimentar a este último enajenado por emociones e impresiones de goce extraño que lo inundan. De pronto aparece como novedad, la posibilidad de alcanzar en algunos momentos; capacidades singulares e inhabituales, por ejemplo, en Teresa, esa unión pasional con Dios o figuras celestiales. O sea, en el goce místico se rebasa, se desborda el ordenamiento del goce que facilitó y propició la regulación fálica.  

Ahora bien, es importante recordar que Teresa, luego de transitar las experiencias en que es habitada y hablada por el Otro, necesita escribir de su puño y letra nuevas escrituras, que no son sin la intensa conmoción de su cuerpo.  

Freud dirá de la mística: “Mística, la oscura percepción del sí del reino que está fuera del Yo, del Ello2 y es que allí “Nos acercamos a los límites de la memoria inconsciente, de la maquinaria simbólica. Allí donde la angustia revela o anula, donde puede producirse el hallazgo de la creación, el goce místico o la propuesta analítica3

De esa experiencia mística podemos conjeturar que esa intimidad también se genera en nuestra práctica como psicoanalistas. Es una intimidad especial, cuando al salir del consultorio permanecemos pensando, es que nuestra subjetividad tuvo una disposición particular. 

En la mística el sujeto se olvida de sí mismo. Para la mística judía el mundo fue hecho y el hacer se realiza a través de la palabra. El mundo está hecho de palabras. Al sujeto le corresponde por vía de la palabra querer interpretar. El creer aquí es un acto de participación, no de sumisión. El patriarca Abraham cree, pero se pelea y dialoga con Dios. De algún modo se intercambian interpretaciones. La lectura está abierta a múltiples sentidos y significados. Rige un principio de anarquía donde la única autoridad es la palabra donde es leída. Y ahí interviene mi autoridad, yo la autorizo y nadie más. Nadie podrá decir que es el dueño de la palabra. Se trata de un mundo inconcluso que depende de la palabra y el hombre se va haciendo en el diálogo con otros hombres, ésta es la base de la teoría de la Cabalá. Se trata de la ruptura anárquica de los significados establecidos y se busca lo ignoto. Es una mística donde hay éxtasis del significado, no de la persona. 

En esta concepción de la mística la pregunta no es cómo fue creado el hombre o para que lo creó, sino que se busca el porqué del sufrimiento. 

“Se elabora en el molde del desierto, del exilio y del desarraigo, no debe ni  puede aceptar un único principio de autoridad, con excepción  ciertamente, de aquélla del Otro por excelencia, de ése Otro siempre  ausente”4 

Cualquier parecido con la tarea del analista …. 

Escuchamos el sinsentido del goce, intentamos acotarlo, los laberintos del lenguaje nos llevaron en su recorrido a tierras inhóspitas, a tiempos ignotos y ahora en esos momentos del a posteriori en la soledad más absoluta tratamos de liberarnos del yo, que en su función de ocultamiento nos impedía encontrarnos con el hecho, que estamos solos en una intimidad que nos angustia y ahí escribimos.  

La escritura de Teresa la llevó a ser Doctora de la Iglesia, nosotros analistas en una posición menos ambiciosa logramos a través de la escritura conectarnos con lo más íntimo de nuestro ser, el Kern unseres  Wesen en el decir de Freud, de esa manera lo extraño de la transferencia que movilizó angustias, marcas, recuerdos pudo ser puesto en escritura, posiblemente como “un llamado al otro” el de la carta 52. Eso íntimo extranjero se transformó en un otro con quien compartir, un compañero de viaje. Viaje en que el analizante reescribirá su historia, posiblemente sólo con palabras y nosotros lo volcaremos en escritura, algunas veces en  un intento de acotar nuestro propio goce ante la angustia de lo escuchado, de lo interpretado, es entonces la escritura del analista, un acceso a la posición sublimatoria entendida ésta como la que “acota la muerte, brindándole un marco erótico”5

Mag. Perla Frenkel 

 

 

Notas al pie

1 El libro de la vida

2 Freud: Conclusiones, ideas, problemas 

3 Frenkel, Mandet, Vaqué: Encrucijada identificatoria

4 Harold Bloom, Gershom Sholem: Cabalá y deconstrucción 

5 Frenkel, Mandet, Vaqué: Sublimación: destino extranjero de la pulsión

Bibliografía

Frenkel, P., Mandet, E., & Vaqué, M. (2003). De exilios y márgenes en psicoanálisis. Poesía y verdad.

 – Encrucijada identificatoria. Capítulo III 

 – Sublimación: destino extranjero de la pulsión. Capítulo II 

Freud: Carta 52. A.E. Tomo I, 1896. 

Freud: Interpretación de los sueños. A.E. V, 1900. 

Freud: Conclusiones, Ideas, Problemas. A.E. XXIII, 1938. 

Bloom, H., & Sholem, G. (1999). Cábala y deconstrucción. Editorial Azul.

Santa Teresa de Jesús: Obras Completas, Biblioteca de autores Cristianos

Acerca del autor

Perla Frenkel

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