NÚMERO 17 | Mayo, 2018

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Entrevista a Sandra Vázquez | María Julieta Peluffo

En diálogo con Psicoanálisis. Ayer y hoy, Sandra Vázquez, alumna de la Escuela, nos cuenta su vasto recorrido desde la Psicopedagogía y los Recursos Humanos al encuentro con el Psicoanálisis como una transformación personal y una pasión profesional. Descubre, en el tránsito por nuestra Institución, los pilares teóricos y de ejercicio de la profesión que sostienen la práctica.

María Julieta Peluffo: Hola. ¿Cómo estás­? Esta sección nos permite conocer a nuestra gente, su historia. Sandra es Psicopedagoga, Psicóloga, se desempeña en recursos humanos y ha finalizado recientemente el Curso Superior en Psicoanálisis con Niños y Adolescentes en la AEAPG, y previamente cursó la Maestría en Psicoanálisis, también en la Asociación. Para iniciar quisiera que nos cuentes tu recorrido profesional y laboral. Y también que compartas con nosotros cómo llegaste a la Escuela (AEAPG).

Sandra Vázquez: En cuanto a mi recorrido laboral, trabajo en Recursos Humanos desde los 17 años. Los primeros 15 años, más o menos, en la parte más dura del área, la que se ocupa de la administración de personal y la liquidación de los sueldos; y, desde que me recibí de Psicopedagoga e hice la formación en Capacitación, en lo que llaman soft, capacitación y desarrollo.

Desde hace 11 años, me desempeño específicamente en el área de capacitación de una empresa de trenes de carga. No dicto las capacitaciones del personal que está haciendo la carrera de conducción, sino que colaboro con los técnicos que saben la especificidad del trabajo, en cuanto a la logística del formato de los cursos, los diseños, manejo de grupo y cuestiones relacionadas con la dinámica de los conflictos que pueden presentarse, ya que hay mucho desarraigo por ser una línea de carga. De hecho la distribución de este personal es por bases, y estas están distribuidas desde Retiro hasta Salta.

La ferroviaria, como cualquier otra cultura laboral particular, tiene una idiosincrasia propia asociada a la herencia laboral, el sentido de pertenencia y la militancia gremial entre otras cuestiones.

En cuanto a formación, realicé un posgrado en RR.HH en el Instituto Digital de Enseñanza Autónoma (IDEA) y la formación en capacitación en la Asociación de Desarrollo y Capacitación (ADCA). Después cursé la Maestría de Psicología Cognitiva en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso); por ese entonces, buscaba en el mercado algo relacionado con la mente y la subjetividad de los adultos en situación de aprendizaje en contextos laborales. Flacso me dio la formación más dura de la Psicología Cognitiva —obvio no es esto lo que buscaba—. De hecho, aún adeudo la tesis, no me pude conectar más. Todo esto fue antes de estudiar Psicología.

MJP: Realizaste varias formaciones de posgrado diferentes. ¿Cómo te fuiste encontrando con el deseo de ser psicoanalista?

SV: Hacía muchos años que me analizada y, por una cuestión muy de mi subjetividad en un momento determinado, me habilté a pensar en la posibilidad de estudiar Psicología. En ese momento tenía 41 o 42 años; recuerdo que me bajé del colectivo 60 volviendo para casa, y consulté en la Universidad de Belgrano sobre el plan de estudio y las materias que me podrían llegar a homologar.

Después de atravesar por una crisis absolutamente profunda, el deseo, las ganas aparecieron con la ilusión de ser psicóloga; se asociaron a esta idea: ¿y si me atrevo a estudiar psicología?

Creo que en realidad cuando tenía 20 años no pude hacerlo porque no tenía recursos (no solo económicos). Y así fue que dije… sé que lo que quiero es ser psicoanalista… llegar en algún momento a aprender y estudiar sobre Psicoanálisis, entonces, para eso, tengo que tener el título de psicóloga.

MJP: ¿Y cómo conociste la AEAPG? ¿Qué te impulsó a inscribirte en la Asociación?

SV: Cuando empecé Psicología, ya sabía que quería ir a la AEAPG. Mi psicoanalista había pertenecido a la Escuela y los comentarios que iba teniendo de la AEAPG desde distintos ámbitos hacían referencia a un lugar plural, en el que había profesionales pertenecientes a diversas líneas del Psicoanálisis con diversos recorridos teóricos y que todos convivían e intercambiaban experiencias de modo enriquecedor. Por otro lado, las veces que concurrí a otros espacios de formación psicoanalítica, no me sedujeron…

En la cursada me encontré con un clima de convivencia y respeto por la diferencia, donde tu conocimiento, que siempre va a ser diferente, mayor o menor que el mío, a su vez me enriquece. Desde el primer día que entré fue así, desde el minuto cero.

Este año voy a continuar con las materias que me faltarían para la Especialización en Psicoanálisis con Orientación Clínica en Adultos. Y estuve haciendo el Seminario de práctica clínica supervisada en el Centro de Investigación y Orientación Comunitaria Dr. Arnaldo Rascovsky como parte de la currícula de la carrera. De hecho, considero que para los terapeutas que no tuvieron la posibilidad de realizar una concurrencia o una residencia, este tipo de seminarios serían muy útiles.

El tema de la ética profesional es todo un tema en sí mismo, ya que la matrícula te habilita a hacer clínica sin supervisar, por ejemplo. De ahí que encuentre a esta oportunidad de práctica y supervisión como un espacio valiosísimo que ofrece la Escuela para formarse como analista, al igual que la formación freudiana, base de toda la teoría.

Mi recorrido es como “Recordar, repetir y reelaborar”. Siento que estoy otra vez iniciando un ciclo, pero con la convicción de que los tramos anteriores —aunque no sin costos ni resistencias— me habilitan a fluir como una eterna aprendiz… Sé que no sé nada (risas), pero lo poquito que sé es que me apasiona el Psicoanálisis.

MJP: ¿Encontraste alguna articulación posible entre estos saberes que recogiste del Psicoanálisis y tu tarea en el área de RR.HH? ¿Crees que son aplicables los recursos del Psicoanálisis en esta área?

SV: Sería aplicable si las organizaciones estuvieran dispuestas a escuchar y posteriormente hacer algo de ese relevamiento. Donde estoy es muy difícil porque no se dispone de confianza ni credibilidad para iniciar ningún proceso de cambio profundo.

Dentro de las líneas teóricas que piensan a las organizaciones hay una que a mí me gusta mucho, que es la Teoría de la Organización Requerida de Elliot Jaques; plantea algo así como que las organizaciones requieren una estructura particular, adecuada, donde desde el diseño de roles hasta las recompensas deben estar relacionados, esto garantiza cierta equidad y sentido de justicia.

Dichas herramientas enmarcadas o bajo el paraguas de la capacidad y el liderazgo de ese gran Otro que puede estar representado por un CEO, un director o un gran jefe.

La organización en la que estoy es estatal y, en los últimos tiempos la “sensación” de los pasillos es la de estar asistiendo al baile de las sillas. El aporte que podría hacer el Psicoanálisis hoy en este tipo de organizaciones donde se viven reestructuraciones, por lo pronto, sería como aquel que se puede hacer con un paciente en la urgencia: poder escuchar, sostener, posibilitar una via de acceso al pensamiento para que la sensación de incertidumbre no paralice a los sujetos y pueda continuar pensándose en ámbitos individuales.

MJP: El eje temático de este número de la Revista digital Psicoanálisis. Ayer y hoy es “Lazo social y ley”. ¿Cómo crees que se articulan estos conceptos en las organizaciones?

SV: Mi opinión es que dado que el fin de las empresas es generar capital, la mayoría de los empleados que trabajan en recursos humanos de las organizaciones la observan y rediseñan pensándola en la versión más eficiente que puedan conseguir: lo nombran “capital humano”.

Esta mirada, el psicólogo y, más específicamente el psicoanalista, no la tiene desde el vamos y no tienen por qué tenerla. A las organizaciones hoy —y esta es una opinión absolutamente personal— creo que les importan poco las personas, son muy pocas las que piensan en la subjetividad del trabajador.

Se trabaja con los recursos psicológicos de las personas, pero desde una mirada coloreada con cierto tinte psicopático, manipulando ciertas variables dada las características del mercado laboral. Cuando el psicólogo entra en una organización, el trabajo que en general le ofrece es en puestos de selección, capacitación o desarrollo y se convierte en cierta forma en un empleado más, con sus propios objetivos para cumplir.

El riesgo al que considero que debe estar atento, o sea, que no puede perder de vista, sería el de observar/pensar a las personas en función de su potencial y no de la productividad a cualquier costo.

MJP: Volviendo a la Escuela, una vez que termines la tesis y ya no seas alumna ¿te imaginas siguiendo en contacto con la Asociación? ¿Desde qué lugar?

SV: Si, pasás por la Escuela y sentís que el Psicoanálisis te sigue cuestionando, te sigue interrogando y de verdad lo haces desde el deseo, no podrías dejarla…

Creería que se va construyendo un sentido de pertenencia, de gratitud, de compromiso, de querer colaborar que trasciende y, a su vez, hace trama en tu formación.

MJP: Gracias, Sandra, por esta conversación. Fue muy interesante conocerte.

SV: Gracias a ustedes.

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