NÚMERO 13 | Marzo, 2016

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«Future is shaky» (El futuro es inestable). Sobre las vicisitudes de la pubertad en la película «Intensa-mente»* | Verónica Ginocchio

En este artículo la licenciada Verónica Ginocchio realiza una mirada psicoanalítica muy interesante de la película Intensa-mente, estrenada en junio del 2015. Nos explica, a su entender, cómo podemos interpretar diversas escenas y personajes de este film.

La protagonista es una niña de 11 años llamada Riley, cuya familia se muda de Minnesota a San Francisco por cuestiones laborales del padre. Un clima diferente, nueva escuela y una casa muy distinta a la anterior. Es la única hija de una pareja que se presenta unida. Las escenas de infancia de Riley muestran una familia armoniosa, una niñez ideal, tal vez una infancia pre-freudiana.

La película se desarrolla mostrando un doble escenario:

El del mundo externo, con distintos recuerdos del pasado y con las experiencias nuevas que la niña comienza a enfrentar: la relación con sus padres, especialmente con su madre, un aula y un gimnasio donde la niña estudia y practica hockey sobre hielo, la nueva casa y el vecindario.

El del mundo interno, un complejo escenario, cuyo centro es el Cuartel General. Allí, frente a un tablero de comando operan cinco emociones personificadas: Alegría, Tristeza, Desagrado, Temor y Furia. Las emociones parecen ser las encargadas de manejar el mundo interno y producir acciones en el mundo externo. También son afectadas por éste último.

Además del cuartel general, el mundo interno presenta otros ámbitos. La memoria a largo plazo, una especie de laberinto con paredes curvas donde se alojan grandes cantidades de bolas de distintos colores —de acuerdo a la emoción que corresponda—. Se trata de los recuerdos. Allí trabajan algunos obreros que se encargan de tirar al basurero mental los recuerdos que ya no sirven. Estos también pueden desvanecerse si no son tomados en cuenta por su «dueño».

Los «pensamientos centrales», que dan lugar a las «islas de personalidad», aquello que hace que Riley sea Riley. Así se observan: Isla de la Familia, Isla del Hockey, de las Bobadas, Isla de la Amistad, etc… Algunos sucesos en el mundo externo pueden resquebrajar o derrumbar alguna de las Islas de Personalidad.

El mundo de los sueños, importante ya que buena parte de la historia transcurre mientras Riley duerme. Se trata de un ámbito semejante a un estudio de televisión, donde se montan distintas escenas con un «filtro de distorsión de la realidad». La película plantea que el tren del pensamiento se detiene mientras Riley duerme, razón por la cual en un momento se produce una discusión entre Alegría y Tristeza sobre cómo despertar a la niña. Mientras Alegría sostiene que conviene producir un sueño feliz, Tristeza propone un sueño que asuste. Esto último produce el efecto esperado. Tristeza parece ser freudiana, reconoce en el sueño la función de guardián del dormir.

Las funciones mentales no están tan claramente diferenciadas como para trazar una analogía con las instancias del aparato psíquico psicoanalítico. Si hubiese que elegir, el yo de la segunda tópica parece destacarse en esta persona «del revés» (Inside out es el título original de la película) que el relato propone.

Future is shaky dice la primera plana de un diario que Desagrado lee. Desde la organizada y segura mirada de la latencia, pensar el futuro puede constituir una experiencia desagradable, en especial para Riley, signada desde el nacimiento como «nuestra niña alegre». Se trata de un anuncio o premonición —diría Bion— que previene de una posible intoxicación mental, frente a la conmoción de la «mudanza».

No será esta la única travesía que veremos, puesto que Alegría y Tristeza —las emociones protagónicas de la película— emprenden un viaje, también involuntario, por la memoria, los sueños, los miedos, el pensamiento abstracto, Imaginolandia, el basurero mental, y el cuarto de los miedos. La travesía emocional comienza cuando los felices recuerdos de infancia son tocados por Tristeza.

Esto tiene un antecedente en el cual Alegría produce una acción prohibida, interferir en el sueño de Riley. El sueño «poco feliz» consiste en evocar y procesar las decepciones de la llegada a San Francisco: una casa con ratones, el temible broccoli en la pizza, etc. Los sueños, desde el punto de vista bioniano, no son tanto cumplimientos de deseos como premoniciones. Esto es, anuncios acerca del futuro, que pueden obrar protegiendo al soñante en su experiencia de vigilia. Desde este enfoque, resulta sorprenderte pensar que el tren del pensamiento se detiene al dormir (idea que plantea el argumento del film). La insistente búsqueda de la alegría y el bienestar dejan a la niña desprotegida frente a la experiencia por venir, el primer día de escuela.

El día finalmente llega y para horror de las Emociones, Riley llora cuando, invitada por la maestra, relata a sus nuevos compañeros parte de su historia reciente, evocando su antiguo barrio, amigos y anterior escuela. Sus nuevos compañeros ya no lucen como niños, se trata de adolescentes tempranos, preocupados por su imagen personal y por la formación de grupos de pertenencia. La niña Riley parece no pasar la prueba.

Distintas reacciones emocionales llevan a que las Islas de Personalidad vayan cayendo. Así como Riley añora su niñez, Alegría y Tristeza reclaman un retorno intacto de las Islas de Personalidad. El Duelo por la infancia es visto con preocupación por todas las emociones. Sin embargo, si las Islas hacen que Riley sea Riley, no hay otro modo de crecer que soportando su remodelación. Las posiciones Esquizo-Paranoide y Depresiva, revisitadas por Bion como oscilación ps↔d, representan la necesaria operación de ruptura para hallar ideas nuevas y producir crecimiento mental. Para ello, es necesario abandonar el conocimiento saturado que el latente cree poseer y cuya fuente es adjudicada a los padres.

Alegría y Tristeza, lejos de estar enfrentadas, muchas veces conversan, ocupando Alegría un papel más activo y convocando a la otra, más pasiva, quien responde amistosamente. Entre ellas existe un pasaje de pelotas/pensamientos que cambian de color y resplandor al ir desde una a la otra. La tristeza es azul/violeta y la alegría naranja o dorada, con un halo resplandeciente. Es interesante representarla de ese modo, pero para que fuese válida la coloración, su quehacer debería ser más significativo. El exacerbado optimismo de Alegría rara vez produce el resultado deseado. Alegría y Tristeza se comportan como amigas entre sí. Actúan mancomunada y simultáneamente. Esto aleja toda noción de conflicto, lo que es difícil de imaginar, en la vida mental en general, pero más aún en una mente infantil que crece.

Ir de un lado al otro está perturbado por avatares diferentes: a veces el transporte es un tren, aunque las vías desaparecen o carecen de apoyo; otras, Alegría corre, cae o asciende por tubos, pero las direcciones de los movimientos tienden a ser anárquicas. Faltan las fantasías inconcientes, la historia —que no es lo mismo que la acumulación de recuerdos—, los discursos parentales, las identificaciones, como trama que dé textura y profundidad al conflicto y a los sentidos posibles por recorrer.

El paisaje sufre cambios geológicos, que incluyen derrumbes de colinas y la aparición de abismos no muy peligrosos, en una versión atenuada de sismos/cambios puberales. Asistimos a la perplejidad de la niña mudando a púber, al enojo y desencuentro con sus padres, al extrañamiento respecto de sus recursos infantiles, que comienzan a perder vigencia: de qué reírse, con qué mundo irse a dormir, en quién pensar… así veremos que el amigo imaginario cae frente a la aparición de un posible novio imaginario. Este personaje masculino es aún bidimensional y se multiplica en serie.

Aunque se supone que la acción transcurre en el tiempo, la dimensión temporal parece reflejar más un momento, un corte transversal, que un movimiento lineal hacia algún desenlace. El pasado y el futuro están reflejados: para el pasado, por los recuerdos encerrados en pelotas, donde hija, padre y sobre todo madre interactúan. El futuro por la madre misma. Podríamos decir entonces que pasado y futuro están transformados (T madre ∝) por la madre en un deseo de que mañana Riley se le parezca (T madre ß).

La universalidad de las emociones muestra, sobre el final, cómo cada una de las personas está habitada por las mismas emociones. Cada emoción va adoptando una fisonomía distinta de acuerdo al género y edad de la persona.

El final de la historia muestra una rápida resolución: la niña, ahora púber tiene nuevos amigos, se cruza con un chico y el tablero del Cuartel General es reemplazado por una nueva versión más grande y compleja.

Si bien se trata de una película animada, dirigida a un público infantil, deja la sensación de cierta simplificación de la vida mental. Pero no deja de ser una excusa para que cada uno se formule sus propios interrogantes, sobre lo que la película propone, y sobre lo que omite…

  • El cuerpo en la pubertad
  • La serie pensamiento-sueño-emoción
  • La contextura del conflicto psíquico en sus distintos niveles
  • Las identificaciones
  • Los filtros de distorsión de la realidad
  • La historia personal y familiar

y sobre todo,
El valor profundo de la experiencia (tema del Ciclo Científico AEAPG 2016), «… pues así como fue privado de su biografía, al hombre contemporáneo se le ha expropiado su experiencia».(1)

Notas al pie

* Investigando un poco en la Web puede observarse que el guión toma como referente teórico al psicólogo estadounidense Paul Ekman que se dedicó e investigar las emociones y su relación con la expresión facial. En un comienzo describió 6 emociones universales: Alegría, Tristeza, Desagrado, Temor, Sorpresa y Furia. Posteriormente fue sumando muchas otras como Satisfacción, Vergüenza, placer sensorial, soberbia, culpa, etc. También se interesó por la observación del lenguaje corporal para detectar mentiras, estudios en que se basó la serie «Lie to me».

(1) Agamben, G.: Infancia e historia, Madrid, Adriana Hidalgo, 2011.

Acerca del autor

VGinocchio

Verónica Ginocchio

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