NÚMERO 13 | Marzo, 2016

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La jubilación. Hoy soy, mañana seré… | Raquel Szlajen; Susana Triguboff; Stella Maris Grisolía; Patricia Dina Kossoy

Ponencia de la Mesa: «La jubilación. Hoy soy, mañana seré...» organizada por el Área de Adultos Mayores y Mediana Edad, perteneciente al Ciclo «Miércoles en la Escuela», noviembre 2015.

En nuestro espacio de reunión de los viernes comenzamos a pensar sobre los avatares que acontecían alrededor del tema de la jubilación.

La palabra jubilación tiene varias procedencias: por un lado, tiene un origen hebreo en el cual, en la ley de Moisés, se estableció que una vez cumplidos los 49 años (siete veces siete) debía celebrarse una fiesta —el Yobel— para dedicarse a reflexionar, meditar y volver a la esencia de la vida, pero siempre con gozo y alegría. El año n.° 50 se dedicaba entonces a disfrutar con júbilo lo que se había conseguido en los años anteriores.

Por otro lado, la palabra jubilación viene del latín Jubilatio-Jubilare que significa gritar de alegría. Los soldados romanos al llegar a los 45 años se jubilaban y recibían una pequeña porción de tierra y un modesto capital para cambiar su vida. Esto era sentido como una gran alegría y vivido como un premio o un regalo después de tantos años de servicio al pueblo.

Otra acepción menos optimista apunta al «descarte», descartar una cosa por no tener más utilidad según la Real Academia Española.

En nuestro país las primeras cajas previsionales se crearon en 1904, la caja de Empleados de la Administración Pública, en 1905, la de los Ferroviarios, a las que se fueron sumando otras cajas. Esto estuvo comprendido dentro del surgimiento de los primeros sindicatos y de luchas obreras y sociales.(1)

«La jubilación es un derecho comprendido dentro del régimen de seguridad social que consiste en percibir un dinero mensual hasta la muerte del trabajador a pesar de no estar ya trabajando, ganado a través de años de servicios con aportes».(2)

La jubilación se puede experimentar como un momento de crisis, de cambios muy profundos: cuando se considera al trabajo como parte de la identidad y como parte de la esencia de cada uno (tomando la noción de identidad con cierta fijeza «Yo soy este» para toda la vida), y éste se termina o se acaba, la sensación que puede traer aparejada es la de caerse o adentrarse en un mundo desconocido, de códigos distintos a los anteriores ya adquiridos, una sensación de intranquilidad, de pérdida, de angustia por el porvenir, por el futuro y, también, por el tiempo libre del cual se dispondrá de ahora en adelante.

Otra posibilidad es la de tomar esta noción de identidad «como una producción nunca terminada, deviniente», al decir de Gloria Abadi y Laura Borensztein, lo que posibilitaría futuros desarrollos creativos y/o laborales.(3)

Según Ricardo Iacub «la jubilación puede ser una experiencia que modifica la figuración que se tenía de sí mismo, de los roles y posiciones que se habían ocupado hasta ese momento y una demanda de un “¿quién soy ahora?” o “¿quién debería ser?”».(4)

«Jubilación, hoy, significa dejar de trabajar para poder descansar o hacer otras actividades. El trabajo ocupa mucho espacio, mucho tiempo, y hay actividades que pueden comenzar a realizarse durante el período de la jubilación y no antes. Algunas personas tienen el privilegio de trabajar de lo que les gusta: hay muchas otras que trabajan en puestos poco creativos, en trabajos pesados y con una carga importante que conlleva el cuerpo, con lo cual, en algunos casos, la jubilación la podemos pensar como un premio, una retribución por tanto esfuerzo» dice la licenciada Judith Jaskilevich, especialista en psicogerontología.(5)

Siguiendo a Iacub: «A lo largo de la vida, fuimos conducidos a través de dos organizadores centrales: educación y trabajo. Cada uno, con sus ritmos, exigencias, recreos, vacaciones, buenas y malas notas. La jubilación puede generar que nuestras posibilidades y nuestro tiempo aumenten, pero, también, implica la falta de referencias acerca de cómo utilizarlos… para algunos el recorrido del proceso jubilatorio puede suponer momentos críticos y hasta traumáticos, que incluso pueden desencadenar patologías físicas y mentales».(6)

Escuchamos los dichos de un paciente:

«Me ofrecieron jubilarme a los 60 muy bien. Acepté por los números sin saber de qué se trataba. Al día siguiente, no tenía que ir al trabajo, como lo había hecho los últimos 40 años, pero fui igual.
Me encontré con la gente en el bar de siempre… a tomar el cafecito de la mañana. Todos se fueron a sus trabajos y yo me quedé solo. Empecé a dar vueltas por la calle. No sabía qué hacer. Me inventaba cosas para salir de mi casa. Venía a 180 km/h y paré de golpe. No estaba preparado».
«En este caso, el haberse jubilado aparece como una categoría a partir de la cual el sujeto se sitúa en relación con los otros desde un espacio diferente de valoración y poder. la pérdida de aquel lugar asociado con la posesión y la identidad, el tener jerarquía, y el ser un personaje, lo deja sin ese bien que dá forma a su sí mismo o al quién soy», al decir de Ricardo Iacub.

Otro paciente

—Me duele el pecho, tengo miedo de que sea el corazón de nuevo. El médico me dice que está todo bien. Como me sigue doliendo me mandó a usted.
—¿Cuándo le parece que comenzó a estar enfermo?
—Cuando me jubilé. Ahora me doy cuenta: LA JUBILACION ME MATO. Yo trabajé desde los 12 años. Primero sirviendo café, después en un colectivo de chofer y 42 años en una carnicería, hasta que no pude trabajar más cargando media res. De remisero con coche propio hasta que me pusieron la sonda.
Yo estaba acostumbrado a salir, soy un hombre que necesita tener una mujer, aunque con mi esposa hace años que no tenemos sexo. Eso está arreglado, yo siempre tenía alguna novia, por el trabajo. Ahora con la sonda que me han colocado, que quiere que haga.
—¿Y qué le dice el urólogo?
—No me dice nada ni me preguntó nada.
—Y entonces ¿cómo sigue el tratamiento?
—Tengo que estar bien del corazón para que me operen de la próstata y me saquen la sonda. Pero no sé cómo sigue.

Este paciente comienza su relato refiriéndose a su dolor físico que, según su médico cardiólogo, no tiene correlato orgánico. A partir de las entrevistas con su analista este dolor se enlaza con un momento particular de su vida: la jubilación.

Este recorrido conlleva dolor, el dolor de un duelo por aquellos años vividos en un ámbito especial, compartiendo horas, alegrías y desazones.
La licenciada Marconi (siguiendo a Robert Atchley, 1975) menciona varias etapas en el proceso jubilatorio, como por ejemplo: prejubilación, jubilación, desencanto, reorientación y estabilidad. Acordamos con ella cuando dice «que si bien la propuesta de Atchley plantea una secuencia de pasos en torno a la adaptación a la jubilación, es posible que llevado al estudio del caso individual, selo se experimentan algunas de las etapas».(7)

Queremos compartir ahora con ustedes un relato del escritor francés David Foenkinos. En su libro Los Recuerdos cuenta una anécdota relacionada a su padre. (8)

«Hacía varios meses que se había jubilado. La dirección del banco no le había pedido que prolongara su contrato. Había que dejar sitio, llegaba una nueva generación. La suya, en cambio, ya podía quedarse en casa.
Él, cuya agenda siempre habían planificado las secretarias, se encontraba de pronto con que tenía que gestionar él mismo el empleo de su tiempo.
Había hecho su carrera en el universo de la banca, y , en concreto, en los últimos veinte años, en el de un banco determinado. y toda esa trayectoria había culminado, sin grandes obstáculos, en un honroso puesto de director de oficina.
Con motivo de su último día de trabajo, sus compañeros organizaron un convite de despedida en el banco. Fue una celebración simpática, hasta se podría emplear el término «cordial». hubo ponche, unos discursitos aquí y allá para ensalzar los méritos de una gran carrera, palmaditas en la espalda, una colecta de varios colegas para regalarle un viaje. Y luego cada uno tuvo que volver a sus ocupaciones, así es que al poco rato sólo quedaron dos o tres personas alrededor del bufet. Mi padre ayudó a recoger, a tirar los vasos de plástico de su convite de despedida. Ese gesto fue el último de su vida profesional. Una compañera, al comprobar que aún quedaba un poco de jugo de manzana en una botella, le dijo con una gran sonrisa llena de humanidad salarial: «anda, toma, te lo puedes llevar si quieres». Mi padre obedeció sin rechistar, en un intento por ocultar la leve humillación del momento. Después de tantos años sintiéndose importante, volvía a su casa con un poco de jugo de manzana. Era la versión moderna de los honores.
Al principio iba regularmente a la oficina, y todos fingían alegrarse de verlo, mencionaban algunos expedientes que, en su momento, habían parecido sorprendentes o cómicos pero que, con el filtro de los años, habían perdido todo interés. Se preguntaban cómo iba todo y, como todo iba bien, ya no tenían nada que decirse. Entonces mi padre les deseaba feliz día a todos y prometía volver a visitarlos pronto para ver cómo estaban. Pero un día esa fórmula de cortesía se transformaría en una mentira, pues ya no volvería a pasar por allí. Y a nadie le preocuparía saber qué era de él.

 

Según Freud en «Duelo Y Melancolía», «El duelo es, por regla general, la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces, como la patria, la libertad, un ideal, etc…» (9)

Siguiendo entonces al creador del psicoanálisis: «El examen de realidad ha mostrado que el objeto amado ya no existe más, y de él emana ahora la exhortación de quitar toda libido de sus enlaces con ese objeto». (9)

Volvemos a nuestra clínica:

«No tiene nada que ver que uno se jubile, puede seguir trabajando. Yo soy contadora y estoy jubilada. Hago mis aportes. Tengo PAMI. Estoy ocupada, hago cursos; ahora, con la reforma del Código Civil, nos juntamos una vez por semana con unos colegas y lo trabajamos. También tengo una nietita que es la luz de mis ojos, es adorable. Salimos a pasear, jugamos. Yo soy especialista en derecho laboral, ¿por qué no iba a seguir haciendo lo que sé? Y si trabajo en una empresa, les conviene, porque no tienen que hacer los aportes por mí».
En este caso, se llega a la culminación de varios años de esfuerzos, con derivación de aportes para el correspondiente descanso. Puede suceder que el nivel de ingresos que reciba el jubilado no alcance a cubrir sus necesidades y deba continuar trabajando. También ocurre que algunos se retiran a una edad en la que se encuentran con recursos cognitivos y corporales para continuar realizando actividades que les proporcionen placer y una expansión de su potencial.

Otro paciente relata:

«Me llega la edad de jubilarme, es con 62 cumplidos. Puedo seguir trabajando o hacer los trámites para retirarme. Problemas con el dinero no tendría porque sigo cobrando lo mismo, trabaje o me jubile. Muchos en mi lugar siguen trabajando hasta los 70 y más todavía. Yo le estuve preguntando a colegas míos que ya se jubilaron: “¿vos qué hacés todo el día?”. “Y… yo corto el pasto”. Y el otro me dice: “Yo viajo”. Y yo les pregunto: “¿Y cómo estás?”. Porque yo me imagino: a mí todo el mundo me conoce, me saludan por la calle por el puesto que ocupo… y después de jubilarme, ¿cómo sería? No sé, lo tengo que pensar… y después digo: “Sería lindo no trabajar y estar todo el día en el fondo de mi casa en la pileta o a la noche viendo las estrellas…”. Será que no sé quién sería yo… es que trabajo en esto desde muy joven».

Las épocas actuales denotan que la prolongación de la edad se hace notoria y nos enfrentamos a juventudes sesentosas, setentosas, ochentosas y más aún. Representan un recurso humano de experiencia, conocimientos aun en lo tecnológico (la lentitud puede estar, pero también se puede haber ha ganado en paciencia y tolerancia).

Señala Iacub: «En algunos momentos, particularmente ante cambios importantes, como la jubilación o la partida de los hijos del hogar, es común realizar lo que habitualmente llamamos un cierre, es decir, una evaluación de la vida volviendo a transitar distintos momentos como una película, para comprenderlos y encontrarles nuevos sentidos, y enfrentar el futuro conociéndose un poco mejor».(6) Este autor tampoco nos recomienda quedarse en los recuerdos y desaprovechar el tiempo del hoy.
Se abren nuevos caminos, habrá que poder encontrarlos, buscarlos, pedir ayuda si fuera necesario para lograr disfrutarlos. El tiempo de los jubilados no concluyó…

MARIA FUX
«Vos me ves a mí? 91 años y sigo trabajando».
El entrevistador acota: «Es parte de su secreto». Dice ella: «Es algo más. Es ir cumpliendo etapas, lo que uno hizo ya está hecho y no se puede cambiar, si hay algo de interés es de hoy a mañana. ¿Qué mueve esa posibilidad? Desde mi punto de vista dar a través de la experiencia, dar para que otros desarrollen la de ellos, tratar de que cada día en cada instante de la vida haya algo creativo alrededor de lo que uno vive». … «Hay algo que es hermoso y que tiene que ver con cómo la Tierra se mueve. Saber que todo es movimiento y que este produce cambios…». (10)

Para finalizar recurrimos a nuestro poeta J. L. Borges (11)

LOS ENIGMAS
Yo soy el que ahora está cantando
seré mañana el misterioso, el muerto,
el morador de un mágico y desierto
orbe sin antes ni después ni cuándo.
Así afirma la mística. Me creo
indigno del Infierno o de la gloria,
pero nada predigo. Nuestra historia
cambia como las formas de Proteo.
¿Qué errante laberinto, qué blancura
ciega de resplandor será mi suerte,
cuando me entregue el fin de esta aventura
la curiosa experiencia de la muerte?
Quiero beber su cristalino olvido,
ser para siempre, pero no haber sido.

 

PROTEO o PROTEUS
Mitología Griega: Dios marino, hijo de Neptuno, quien se otorgó el don de la profecía.
Proteo mudaba de forma con frecuencia para pasar desapercibido. Era la deidad de las muchas metamorfosis, lo proteico, la vida que resurge y se amplía mediante la expresión de nuevas formas.

Notas al pie

1. Basulado, E. (coordinador): «Documento de trabajo n.º 2: La evolución del sistema previsional argentino», Buenos Aires, CIFRA (Centro de Investigación y Formación de la República Argentina), noviembre 2009
2. «Concepto de jubilación», [en línea]. Dirección URL: http://deconceptos.com/ciencias-juridicas/jubilacion [Consulta: octubre2015].
3. Abadi, G. Borensztein, L.: «Pensando sin centro: Una apuesta a lo indeterminado. Psicoanalistas dialogando». Trabajo presentado en la actividad Pre-Jornada de la Sexta Jornada Clínica entre Instituciones Psicoanalíticas sobre el caso clínico «Una familia silenciosa» de la Lic. María Cristina Rojas, agosto 2015
4. Iacub, R.: «El envejecimiento desde la identidad narrativa», en Identidad y envejecimiento, Buenos Aires, Paidós, 2010.
5. Jaskilevich Judith. Entrevistas acerca de la jubilación con Ricardo Iacub
6. Iacub, R.: Todo lo que usted siempre quiso saber sobre su Jubilación y nunca se animó a preguntar, Buenos Aires, Paidós, 2015.
7. Marconi, A.: «La Jubilación. Una mirada desde la prevención en Psicogerontología», material bibliográfico de la materia «Abordajes Preventivos, Comunitarios y Grupales», Especialización en Psicogerontología. Universidad Maimónides, 2015
8. Foekinos, D.: Los Recuerdos, Barcelona, Seix Barral, 2012..
9. Freud, S. (1917-1915): «Duelo y Melancolía», A.E., XIV.
10. Bernardini, D.: «Relatos de María Fux», en De Vuelta. Diálogos con personas que vivieron mucho (Y lo cuentan bien), Buenos Aires, Aguilar, 2015.
11. Borges, J.: El Otro, el Mismo, Buenos Aires, Emece, 1969.

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