NÚMERO 13 | Marzo, 2016

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Narcisismo… ¿en los inicios? | Verónica Ginocchio; Graciela Jaimsky

Trabajo presentado en septiembre 2015, en la Mesa previa al VIII Congreso – XXVIII Symposium AEAPG: «Narcisismo. Interrogantes clínicos, revisiones teóricas», octubre 2015.

El simulacro alzó los soñolientos párpados
y vio formas y colores que no entendió,
perdidos en rumores,
y ensayó temerosos movimientos.
Gradualmente se vio (como nosotros)
aprisionado en esta red sonora de
Antes, Después, Ayer, Mientras,
Ahora, Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros.
(«El Golem», Borges, 1958)

 

Partimos de la complejidad del concepto de narcisismo. E incluyendo la pregunta propuesta por si el narcisismo es una etapa, proponemos un abordaje desde dos puntos de vista. Desde lo planteado por Freud como nuevo acto psíquico y desde las patologías graves del desarrollo, afirmamos que en los míticos orígenes de la vida psíquica hubo un tiempo en que el yo no existía.

Y proponemos diferenciar —tomando autores como Meltzer— el avance por fases (al modo de la embriología o del nivel de análisis biológico), y el modo de funcionamiento de la vida simbólica. Junto con éste y otros autores —los Baranger en el origen revisitados por Ferro, y Grotstein, por ejemplo— refieren la concepción de campo. Dice Meltzer: «Al igual que el río del filósofo que no puede ser atravesado dos veces, el campo está en flujo continuo, ofreciendo a la mente del sujeto un espectro infinito de elección».

Enfatizamos en este punto, que el aparato psíquico tendrá a su disposición una gran variedad de organizaciones para aplicar a los datos sin procesar que se le presentan. La experiencia irá moldeando aquello que el aparato es capaz de organizar, dando lugar a distintos niveles de funcionamiento: excitación, emoción, símbolo son distintos modos de organización y respuesta a los estímulos internos y externos. Es en este sentido que podemos proponer al narcisismo no como una fase, sino como un modo de funcionamiento mental posible, en paralelo con otros.

Entonces, trátese de un campo complejo o de un desarrollo por fases, pensamos que acceder al Narcisismo requiere que determinadas condiciones se produzcan, o bien una vez producidas, que mantengan su condición de posibilidad para la experiencia.

¿Sobre quién o qué se organiza ese yo inicial del narcisismo? Existen distintas formas de nombrar este proceso: identificación con el objeto bueno como núcleo del yo, función alfa que construye sentido y organiza la experiencia, la piel que envuelve, el espejo que crea un cuerpo, la madre deseante.

Cada uno de estos conceptos teóricos da cuenta de funciones que proveen un principio de organización alrededor del cual las impresiones sensoriales, los afectos, y las sensaciones corporales comienzan a producir esa nueva «entidad», centro de la experiencia.
Por eso hemos elegido hablar de la Prehistoria del Narcisismo… de cómo se llega a tener un yo que investir.

El eterno desafío de los hombres es superar
su estado Golémico, condición sine qua non
para lograr su ser totalmente humanos.
(Meyrink, 2003)

 

Sirva este interesante enunciado de Meyrink para presentar una versión sobre los orígenes.

La novela de este autor austríaco, recrea una leyenda del Renacimiento: en ella un rabino de Praga construye un hombre de barro, a quien le pone un pergamino mágico entre sus dientes y, según las fórmulas de la cábala, —en el que se lee el término hiyyut (vitalidad)— éste podría experimentar las cualidades humanas.

«El golem es una persona cuyas virtudes no están completas ni ordenadas apropiadamente, (…) son confusas y desordenadas. Se lo denomina Golem ya que se asemeja a una vasija hecha por un artesano que tiene la forma de una vasija pero aún necesita ser completada y perfeccionada». (Prólogo a Meyrink, 2003)

En el libro Soledades, Liliana Kaufman se señala cómo este mito reaparece en obras literarias, que luego serán reconocidas en populares cuentos como Frankenstein, Pinocho o el Pequeño soldadito de plomo. Así, el Golem se encuentra en personajes que ilustran la trasformación y nacimiento del ser humano. Intentos de trasmitir los movimientos hacia la apropiación del ser, modos de «sentirse vivos».

El Tiempo no soporta que lo marquen. Si estuvieras en
buenos términos con él, haría lo que tú quisieras con los relojes.
(Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas, Lewis Carrol)

 

Si existe un universo para el no nacido, se trataría de la superficie corporal en contacto con el útero, un conjunto de sonidos, ritmos, sensorialidades… Nada hay más allá.

Los ritmos del interior de la madre envuelven acústicamente al desarrollo perinatal. Madre e hijo comparten un mismo espacio corporal. Y podría decirse que «lo corporal esta hecho de música». El cuerpo no es nada sin el latido de los ritmos, las subidas y bajadas de intensidades, el peso de ciertos acentos, la alternancia entre sonidos y silencios, el aumento o disminución de velocidades, etc. (Rodulfo)

Freud en «El problema económico del masoquismo» retoma la relación entre placer y ritmo. Allí afirma: «(…) estaríamos mucho más adelantados en la psicología si supiéramos indicar este carácter cualitativo. Quizá sea el ritmo el acto temporal de las alteraciones, subidas y caídas de la cantidad de estímulos, no lo sabemos».

El ritmo es un rasgo básico de todas las artes, especialmente en música, poesía o danza. Se trata de un flujo del movimiento medido, (sonoro o visual) generalmente producido por una ordenación de elementos. Es decir, que presenta una organización temporal.

No existen tanto diferencias entre estímulos visuales, auditivos o táctiles, por ejemplo, sino que éstos quedan homologados en la medida en que contienen los mismos ritmos, los mismos períodos o distribuciones temporales, como Freud (1950) lo describe en el Proyecto.

Lo esencial del planteo es que el ritmo es un componente de la construcción psíquica que no sufre re-trascripciones en las sucesivas estratificaciones de la memoria. Así es interesante pensar el modo en que los parámetros sonoros permitirían en la vida extrauterina, recrear, re-ligar, esa ilusión de ser dos en uno.

Existe mucha más continuidad con la vida intrauterina
de lo que la impresionante cesura
del acto de nacer quisiera hacernos creer.
(Inhibición, síntoma y angustia, S. Freud)

Bion retoma esta cita de Freud en Inhibición, síntoma y angustia; para preguntarse qué de la vida en un medio líquido del sentir del feto se abandona o retoma al pasar a habitar un medio gaseoso.

Con el nacimiento, el infante viene a habitar un mundo nuevo: cambio y movimiento, cuerpo y sensorialidad, solo existen con relación a las partes que son estimuladas.

Se trata de un mundo pre-sustancial con un modo de funcionamiento en el cual no existen objetos permanentes y solipsista, donde sensación y recuerdo no se diferencian. Esta idea la trabaja Money Kyrle con su denominado «Monismo Subjetivo».

Desde la confusión sensorial inicial del infante emerge una base primera que funciona como orientación. Esta base es, según distintos autores, no el yo corporal, sino un primer objeto que lo organiza.

Cuando murió Narciso las flores de los campos quedaron desoladas
y solicitaron al río gotas de agua para llorarlo.
—¡Oh! —les respondió el río— aun cuando todas mis gotas de agua se convirtieran en lágrimas, no tendría suficientes para llorar
yo mismo a Narciso: yo lo amaba.
—¡Oh! —prosiguieron las flores de los campos—¿Cómo no ibas a amar a Narciso? Era hermoso.
—¿Era hermoso? —preguntó el río.
—¿Y quién mejor que tú para saberlo? —dijeron las flores—. Todos los días se inclinaba sobre tu ribazo, contemplaba en tus aguas su belleza…
—Si yo lo amaba —respondió el río— es porque,
cuando se inclinaba sobre mí, veía yo en sus ojos el reflejo de mis aguas.
(«El reflejo», Oscar Wilde)

 

El mito de Narciso nos refiere en varias lecturas al estudio del espejo y la especularidad como necesidad para la construcción psíquica.
Este cuento nos permite pensar sobre la contextura singular de este espejo.

Winnicott otorga a la función especular un rol esencial en esta peripecia, dice: «Cuando el niño al mirar la cara de la madre se ve a sí mismo (…) la madre lo mira y lo que ella parece se relaciona con lo que ve en él».
Podríamos decir también que la ganancia de sentido sobre el infinito vacío sin forma (Bion) que hace a la trasformación de la experiencia, requiere un continente.

Psicoanalistas contemporáneos como Lombardi (2010), Molinari, Ferro, consideran que el despliegue de las percepciones sensoriales del cuerpo, son las primeras expresiones del yo y del sentimiento de existencia. El cuerpo es el punto de origen del Yo (Freud, 1923) y por ello la importancia de activar una elaboración imaginativa de esta área. Consideran que la experiencia sensorio-perceptiva del cuerpo corresponde a los comienzos de un funcionamiento mental autónomo y al sentimiento de existir como sujeto separado.

La integración de los distintos canales sensoriales, rompe con el sistema «todo o nada» y parcela el mundo sensorial indiferenciado, en fenómenos discretos y reconocibles.

La singularidad del rio —que narra el cuento de Oscar Wilde— nos muestra «la rigidez de sus propias defensas» (al decir de Winnicott). Y nos permite introducir autores que inspiran nuestro pensar, cuando se producen fallas en los inicios psíquicos.

Entre los textos a trabajar sobre la clínica del autismo, Maria Rodhe e Ignês Sodré hacen referencia a un modo particular de intercambio con el objeto en el cual, en lugar de producirse una introyección simbólica, se observa una operación concreta que Rhode denomina «anexado» e Ignes Sodré «introyección concreta». Con esta propuesta invitamos a pensar nuevas teorizaciones.

¿Qué relación tengo con la historia de mi vida?
¿Soy su autor conciente o debo concebirme como una mera voz
que enuncia con la menor interferencia posible una sucesión
de palabras que brotan de mi interior?
(El buen relato, J. M. Coetzee y Arabella Kurtsz)

 

«Los inicios» nos convocan a trabajar la noción de tiempo. Es la memoria autobiográfica la que permite conservar la sensación de seguir existiendo. Y justamente es aquella que se encuentra alterada en los niños que presentan severas perturbaciones en su desarrollo.

Se diferencia de la memoria procedimental (ligada a experiencias corporales, habilidades), y de la memoria semántica (ligada al recuerdo de hechos generales).

Destacamos la memoria autobiográfica, porque nos ubica como un personaje distinto de los otros al pensar la experiencia.

(…) Cuando la marioneta recobró el sentido, no podía recordar dónde había estado. A su alrededor todo era oscuridad, una oscuridad tan densa y tan negra que por un momento pensó que lo habían sumergido de cabeza en un tintero. Esta es la descripción que hace Collodi de la llegada de Pinocho al vientre del tiburón. (…) acaba de entrar y todavía no sabe que Gepetto está allí, así que durante un breve instante todo parece perdido. Será en ese lugar donde surge el acto creativo del libro, el lugar donde el títere encontrará el valor de salvar a su padre y convertirse en un niño real.

 

Paul Auster plantea que con estas líneas, Collodi hace un relato autobiográfico: «(…) aquella marioneta se había convertido en la imagen de sí mismo en la infancia, (…) al meterlo en el tintero, estaba usando su creación para escribir la historia de sí mismo».

Hemos ensayado un recorrido breve por el profundo y enigmático proceso de devenir humano. En él subrayamos una cesura atravesada, la mirada de un río, la magia de la letra, ritmos, espacios, continentes… Sin todo ello, Narciso no habrá nacido.

NOTA: En el siguiente link encontrarán la proyección de la presentacion de este trabajo: Narcisismo… ¿en los inicios?

Bibliografía

Auster, P. La invención de la soledad, Buenos Aires, Booket, 2012.
Bion, W.: «Acerca de una cita de Freud», en Seminarios clínicos y cuatro textos, Buenos Aires, Lugar, 1992.
Bion, W.: Aprendiendo de la experiencia, Buenos Aires, Paidós, 1975.
Borges, J. L (1964): «El Golem», en El otro, el mismo, Buenos Aires, Emecé, 1996.
Carrol, L.: Alicia en el País de las Maravillas, México, Fondo de Cultura Económica, 2012.
Coetzee, J. M; Kurtsz, Arabella: El buen relato. Conversaciones sobre la verdad, la ficción y la terapia psicoanalítica, Buenos Aires, El hilo de Ariadna, 2015.
Ferro, A. y Basile, R.: The analytic Field. A clinical concept, London, Karnac, 2009.
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Freud, S.: (1950 [1895]): «Proyecto de psicología», A.E., I
Freud, S. (1926 [1925]): Inhibición, síntoma y angustia, A. E., XX.
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Kaufmann, L.: Las raíces intersubjetivas del autismo, Buenos Aires, Paidós, 2010.
Levobici, S.: «Defensa e ilustración del concepto de narcisismo primario. Los avatares del narcisismo primario y el proceso de subjetivación», en Revista Asociación Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados N.º 24, 1998.
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Meltzer, D.: Metapsicología Ampliada, Buenos Aires, Spatia, 1990.
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Molinari, E.: «Aprender a danzar en el desierto del no-pensamiento», en Ferro, A. y otros: Soñar el análisis. Desarrollos clínicos del pensamiento de W. Bion, Buenos Aires, Lumen, 2010.
Money-Kyrle, R.: Man’s picture of his world: a psychoanalytic study, New York, International Universities Press, 1961.
Rhode, M.: «Whose memories are they and where do they go? Problems surrounding internalization in children on the autistic spectrum», en Journal of Psychoanalysis, 2012, 93:355-376.
Rodulfo, R.: «Cantocuento», en Futuro porvenir. Ensayos sobre la actitud psicoanalítica en la clínica de la niñez y adolescencia, Buenos Aires, Noveduc, 2008.
Sodré, I.: «Who’s who? Pathological identification», en Hargreaves, E. y Varchevker, A.: In Pursuit of psychic change, New York, Brunner-Routledge, 2004.
Winnicott, D.: Realidad y juego, Buenos Aires, Gedisa, 1986.

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