NÚMERO 20 | Octubre 2019

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¿Qué decimos cuando hablamos de psicosis y autismo? | Judith Roitenberg

Trabajo libre presentado en el Mesa «¿Qué decimos cuando hablamos de psicosis y autismo?» perteneciente al Ciclo «Miércoles en la Escuela», junio 2019.

Agradezco a Osvaldo Maltz permitirme exponer, en el encuentro de hoy, algunas ideas sobre las que trabajo hace ya bastantes años. Pienso que nuestro quehacer no está en los pensamientos del analista ni en el de los autores estudiados, sino en la experiencia clínica, siempre soberana. Esta experiencia se nos presenta en la consulta y con la que aprendemos cada día. Me inicié en la psicoterapia psicoanalítica con una adolescente esquizofrénica en un hospital de la ciudad y fue el inicio de mis abordajes en la clínica. Esta experiencia me marcó y me enseñó a perderle miedo a la locura de la que hay mucho que aprender. Compré mi primer contestador telefónico que la atendía de una a seis veces por día. Hoy es una mujer adulta, tendrá unos 48 años, y aún me sigue llamando cada tanto.

 

Un niño de 4 años entraba a mi consultorio sin mirarme, sin saludar. Al despedirse su mamá y cerrar la puerta, el nene tocaba mi escritorio frotándose contra él y decía deslizando su mano por la superficie: ¿Esto es la psicóloga? Luego bordeaba el perímetro de la pared con su cuerpo, lustrando la superficie sin hablar. Era un movimiento continuo y bamboleante. Otro niño de dos años y medio seseaba de modo atonal. Sonreía, pero nada decía; obedecía las indicaciones, pero no emitía sonidos y no se sabía cuánto comprendía.

Todo humano, para nacer y para convertirse en persona, depende profundamente de otro para sobrevivir, para alimentarse, para socializar con el mundo, para desarrollar modos de comunicación. Para acceder al lenguaje. Para sentirse humano, capaz, potente, agente de sus acciones y que aporta algo al otro. Necesita ser bien recibido, sentir que puede ser, desplegar sus cualidades y, en lo posible, no ser interferido en sus búsquedas. Su desarrollo potencial es altamente frágil. La necesidad de la asistencia del otro compromete de modo notable al cuidador que en ocasiones puede resultar extenuante para una única persona. La figura de apego, de la que el niño depende, debe reunir cualidades de sensibilidad, responder con empatía e identificación con la criatura. Dirá Winnicott, para cumplir con los cuidados, es necesaria lo que él llama como la Preocupación maternal primaria. Esto es un trabajo diario, hora a hora, momento a momento. Si hay salud física y psíquica, los buenos cuidados auguran un desarrollo considerable.

Una depresión en el cuidador le impide ocuparse con una respuesta emocional sensible. La falta de disponibilidad emocional puede ser una hecatombe para el pequeño sujeto que emerge. Las madres lo saben y sufren si no pueden responder. Françoise Dolto señala: «Es posible que (los padres) se sientan culpables cuando en realidad también ellos son tan solo responsables ocasionales, como puede provocar accidentes el conductor de un vehículo que ha perdido el control a causa de un pinchazo o de un choque».[1] Cuando el duelo no es posible, es pura pérdida. No es la falta la que se inscribe. Se produce un derrumbe (breakdown) como señala Winnicott.

Tustin habla de depresión de agujero negro en la madre, que se corresponde a la depresión de agujero negro del bebé. Un paciente de Tustin sentía en su boca un agujero negro con un pincho feo. Así descubría la autora lo que Winnicott define como angustia psicótica. La boca mutilada por la pérdida traumática de su unión con el pecho. Boca y pecho se encuentran fusionados y esta sensación desgarradora mutila el ser del bebé mucho antes de que este tenga noción de estar diferenciado de ese pecho como otro distinto de sí.

Los niños o jóvenes responden con barreras porque viven como ataques las sensaciones que no soportan afrontar. La angustia los devasta y se torna impensable. El resultado sería el derrumbe como lo muestran las elocuentes imágenes de la película The Wall. Es un plano sensible previo al autoerotismo, donde prima la sensorialidad aun no ligada al autoerotismo.

En las psicosis y en las psicosis infantiles, la percepción se disfraza de realidades sustitutas que intentan y fracasan en el enlace con el principio de realidad, resultando la creación de una realidad inventada. La presentación es un niño enmarañado, confuso en su comportamiento y en su lenguaje. Hay presentaciones diferentes de psicosis.

En el autismo se crean fenómenos y objetos que sustituyen o deforman la actividad perceptual según sugiere Hugo Longarela como modo compensatorio, ante la ausencia del sostén materno. El niño se presenta retraído, evita el contacto físico y la mirada. Detiene su capacidad de pensar. Puede quedar suspendido, mirar algo que gira detenidamente, correr sin sentido con ataque de risa o de llanto sin un sentido aparente. Puede agitar sus manos, caminar en puntas de pie. No usar lenguaje o usarlo de modo ecolálico o extravagante. Hay diferentes presentaciones de autismos, por ejemplo, con desarrollo psíquico encubierto. Según Bernard Golse, atraviesan una depresión primaria de la que pueden salir con un avance significativo, no siendo, desde esa perspectiva, un autismo propiamente dicho al modo de Kanner.

Otro ejemplo es el de los casos extremos, puede presentarse como de un débil mental, sin daño orgánico como describen Dolto y Manonni. Winnicott señala que el niño autista en general se desarrolla en un solo sentido. Su especialización resulta tediosa, su balanceo (rocking) o el golpearse la cabeza como actividad compulsiva que, en sus peores extremos, parece desprovista de toda fantasía. Golse afirma que desarrollar alguna forma de autismo sería para no percibir otra sensación más que el movimiento mecánico y repetitivo. Jacqueline Léger, en el video[2] , agrega que ese movimiento repetitivo le servía para recuperarse y volver a centrarse sobre sí misma. Meltzer agregaría que anula o desmentaliza la actividad psíquica, y se produce un detenimiento del espacio y del tiempo. En la clínica no nos encontramos con cuadros puros y, cuando el niño con autismo mejora —como en Autista/Artista, libro publicado con C. Huberman en 2015—[3], nos encontramos con una evolución de tipo psicótica. No neurótica. En el seminario dictado en la AEAPG sobre estas patologías, proponemos diferenciaciones descriptivas y cualitativas que son clasificadas al momento de enseñar. La clínica no suele respetar las categorías tan claramente diferenciables. La variedad clínica es amplísima y los autismos se asemejan de tal modo a algunos cuadros de psicosis infantiles que no nos es posible encontrar la diversidad de su origen.

Los niños con trastornos severos y sus familias traen historias, situaciones de mucho sufrimiento. Morín define la complejidad como un tejido de eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones, azares que conforman el mundo de lo fenoménico. Sus rasgos son los de ordenar lo inextricable, el desorden, la ambigüedad y la incertidumbre, estrategias para lograr la inteligibilidad. La necesidad de un pensamiento complejo, afirma Morín, se impondrá en tanto vayan apareciendo los límites, las insuficiencias y las carencias de un pensamiento simplificante y, en esa medida, estar a la altura de su desafío. Se hace necesario, reitera Morín, crear un método, una manera de pensar, un pensamiento que dialogue con lo real. El paradigma del pensamiento complejo tendrá su origen en los nuevos conceptos, visiones, descubrimientos y reflexiones que puedan reunirse en una tarea cultural histórica y, en ese sentido, allí está su desafío. La complejidad de variables intervinientes en estos trastornos tempranos son imposibles de abarcar en una exposición. Las puertas están abiertas a los investigadores con los que el psicoanálisis pueda dialogar, que puedan hallar algunas respuestas desde distintas fuentes acerca de los trastornos aquí expuestos.

Ante una oferta vastísima de sentidos acerca de la causa de estos trastornos severos en los niños (vacunas, alimentos, anestesias, etc.), hacemos un aporte desde el Psicoanálisis. Luego de un amplio trayecto transitado con familias y niños, hay mucho por transmitir y continuar estudiando. Elegimos la clínica a partir del relato de la propia protagonista (Jacqueline Léger) en encantador video. Esta mujer, escritora y psicóloga, describe sus vivencias personales; da testimonio sobre su padecer infantil, juvenil y hasta el presente con una elaboración fina, Hace referencia sobre su diagnóstico, sus síntomas visibles y no visibles auto-percibidos luego de un profundo trabajo con su analista. Este video resulta muy útil como ensayo clínico para todos y, en especial, para quienes no conocen o les causa temor el trabajo con autismos o psicosis.

Jaqueline Léger cuenta que nació en una familia de muchos hermanos y de la presencia–ausencia de la madre con la que describe desencuentros en los inicios de su vida. Nos deja entrever situaciones que rodearon el parto con complicaciones que determinaron cierto distanciamiento entre Jaqueline y su madre. Describe e interpreta sus experiencias vividas e inferidas en el trabajo con su analista y luego las re-enlaza con autores estudiados por ella. El titulo de su libro es Algo de un fantasma melancólico alude a una depresión precoz infantil probablemente como la descripta por Tustin.

Green llama depresión “negra”, depresión “blanca” a la melancolía en la que se tiene una experiencia del self de “futilidad”, de “vacío mental” y de “inexistencia” y que la entrevistada, Jaqueline, podría haber vivido tempranamente. Green, en la clínica de “lo negativo”, se refiere a la consecuencia del “no acaecer” psíquico. La “madre muerta” greeniana dejó una huella “negativa” en su infante. Según M. Klein, en el bebé no hay inscripción de ausencia. Se inscribe la presencia de algo malo, persecutorio. El carácter traumático generado por el complejo de “madre-muerta” creará una detención en el incipiente desarrollo del infante a partir de revisar “lo que no pudo ser”.

Jaqueline describe un desarrollo silencioso en ella, algo retardado y poco comunicativo. Comenta que le sucedió lo que describe Denis Vasse: “el no consentimiento a vivir”. Esta es una decisión muy precoz que emerge antes del encuentro con los otros. La diferencia del rechazo percibido. Habla de una falta de vitalidad. Un no deseo en la misma criatura. Citando a Soulé, Golse señala que hay un momento decisivo cuando el bebé nace en el que se define si van a predominar las pulsiones de vida o de muerte y si va a apelar a la vida.

La Jaqueline niña se organiza con la presencia de sus hermanos que le dan cierto lugar, cierto soporte, y son su suplemento. La vitalizan. Funcionarían como envolturas psíquicas (Esther Bick, Didier Anzieu), quizá insuficientes, como lazos primitivos con quienes intenta constituirse. Jaqueline recuerda de su padre una foto y recuerda que le cuesta quedarse a solas con él. Accede al lenguaje gracias a su hermano vitalizante y extrovertido quien da sentido a la palabra hablada. Al decir de Vasse, la voz escuchada o proferida desaloja al hombre del cuerpo biológico y lo transporta a habitar el lenguaje. La voz testimonia el límite y se sitúa en el intervalo entre el cuerpo biológico y el cuerpo de la lengua. El bebé o niño puede, si lo desea, atenuar o evitar los registros perceptivos, pero no puede anular el registro de la voz. Si su oído no registra, todo su cuerpo funciona como un interminable territorio perceptivo.

El Juego para ella debía ser concreto, no entendía el despliegue de fantasías. No habia transicionalidad, sólo actividad en respuesta a imágenes o situaciones concretas sin pensamiento representacional. La muñeca y la sillita de juguete, que compartía con una de sus hermanas, no le significaban nada, refiere que no sabía qué hacer con eso, pero que las risas compartidas sí la llenaban de voces y presencias.

Describe que lo que la desalojaba era la mirada adulta, la mirada de su madre. Para la madre ocuparse de ella era un trabajo. La madre le comunicó en su vejez que se ocupó más de ella como se lo indicaron. En una foto busca su testimonio: le muestra que la sostuvo de la mano “y no era la más pequeña”. Pero la foto quedó perdida. Así también la representación de esa imagen–escena en su psiquismo.

Jacqueline destaca su esfuerzo ante su propia mirada compungida con la que ella “se iba”. Esto lo analiza con una foto de ella, que le tomó su padre, y se propone vencer ese rasgo. El acceso a las palabras leídas y a sus sentidos llega a sus 12 a 13 años. Describe que le saltan a la cara y se encuentra con ellas. Las historias de los cuentos que comienza a leer la reflejan. En especial la historia de una niña con la que se identifica. Accede al lenguaje comunicativo.

En este trabajo entendemos que el trastorno autístico es una respuesta desesperada de repliegue ante el fracaso profundo en el contacto humano. Winnicott propone indagar hasta qué punto el autismo puede prevenirse y hasta qué punto puede ser tratado.

La psicoanalista inglesa, Margaret Little, paciente de Winnicott, se internó en el mundo del daño psicológico temprano donde las palabras enmudecen o se tornan insuficientes, y amplió las posibilidades técnicas del psicoanalista y el rango de pacientes que pueden acceder a un tratamiento psicoanalítico.

Tustin nos dice que los autistas no se sienten personas y se adhieren a objetos duros, ya que han perdido la opción de asirse al otro como sostén. Esto un sufrimiento para el sujeto y para su ambiente familiar que no encuentra un vínculo de unión relajada. También reaccionan con organizaciones autistas (Spitz, 1965) donde el deseo vital desaparece. [4]

Algunas hipótesis del psicoanálisis que investiga el desarrollo infantil sostienen que el autismo, en tanto trastorno psicógeno, es entendido hasta ahora como un modo de psicopatología dentro de los cuadros de las psicosis infantiles de surgimiento precoz, quizá el trastorno más temprano en el desarrollo mental infantil. Cuando nos proponemos realizar un análisis de pacientes graves, los incluimos dentro de las patologías de déficit que no han logrado constituir un psiquismo operativo funcional para desenvolverse con soltura, con su cuerpo, con sus representaciones mentales, su lenguaje, con su vida emocional y con su medio social, de relación con los otros. Encontramos Déficit de narcisización, de libidinización. La psicoterapia se propone subjetivar al niño, pensarlo como persona con derecho propio, que pueda reorganizar su psiquismo y, si es posible, volver a dominar su cuerpo, sus esfínteres, conectarse con su piel como límite corporal. Subjetivarse, empoderarse de su cuerpo y de su propio deseo. No se trata de corregir modales o de someter coercitivamente al paciente y a su familia a las normas esperadas. Si ese niño siente que tiene su propia voz, su palabra o su gesto propio nos daremos por satisfechos.

Notas al pie

[1] Dolto, F. (1988).  Prefacio. En M. Mannoni, La primera entrevista con el psicoanalista (p. 32). Buenos aires: Gedisa.

[2] Palabras de una autista: Entrevista a Jacqueline Léger, autora del libro Un autisme qui se dit…Fantôme Mélancolique. De la página Écouter les autistes (www.autistes-et-cliniciens.org), gracias a la generosa autorización de Jean-Claude Maleval. Traducción de Mari Cruz Alba y Natalia Blasco, Revisión: Vilma Coccoz. Subtitulación para La Antena Infancia y Juventud de Bogotá: Xavier Rodríguez Vera. http://observatoriodeautismonel.blogspot.com/2016/10/palabras-de-una-autista-entrevista.html

[3] Huberman de C., M. C. (2015). Autista / Artista : La historia de A.. Un recorrido psicoanalítico. Buenos Aires: Biebel.

[4] Vaneeckhaute. H. (2016, octubre 26). Privación emocional en la Infancia. Rene A Spitz  (1952-1965) Proyecto de Investigación Psicoanalítica sobre los problemas de la infancia. [Archivo de video] Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=YwhzTU3lveE&app=desktop

Bibliografía

Dolto, F.  (1971). Caso Dominique. México: Siglo Veintiuno.

Golse, B. (Abril de 2013) . Cuerpo y desarrollo. Simbolización en presencia y en ausencia. La metáfora de la araña. En Cuerpos y subjetividades contemporáneas. Conferencia de la actividad Debates actuales en psicoanálisis. Secretaría Científica de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) con el Departamento de niños y adolescentes y la Sociedad Argentina de Primera Infancia (SAPI). Buenos Aires

Green, A. (1980). La madre muerta. En A. Green, Narcisismo de vida, narcisismo de muerte (pp. 209-238). Buenos Aires: Amorrortu.

Mannoni, M. (1972). El niño retardado y su madre. Buenos Aires: Paidos

Meltzer, D. (1982). Exploración del autismo. Un estudio psicoanalítico. Buenos Aires: Paidos.

Morin, E. (2005). Introducción al pensamiento complejo. Barcelona: Gedisa.

Tustin, F. (1990). El cascarón protector en niños y en adultos. Buenos Aires: Amorrortu

Vaneeckhaute. H. (2016, octubre 26). Privación emocional en la Infancia. Rene A Spitz  (1952-1965) Proyecto de Investigación Psicoanalítica sobre los problemas de la infancia. [Archivo de video] Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=YwhzTU3lveE&app=desktop

Vasse, D. (1974). El ombligo y la voz. Psicoanálisisde dos niños. Buenos Aires: Amorrortu.

Winnicott, D. W. (1996) Acerca de los niños. Buenos Aires: Paidós

Acerca del autor

Judith Roitenberg

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