NÚMERO 21 | Mayo 2020

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Remedios Varo, artista en movimiento | Graciela Cohan

«Mujer saliendo del psicoanalista», un cuadro de Remedios Varo, es el camino elegido por Graciela Cohan para entrecruzar una vida de exilio y desarraigo familiar con la obra pictórica original y sensible, plena de significados de esta artista española radicada en México a mediados del siglo XX.

Nos sorprende porque pintó sorprendida

Octavio Paz

Introducción

Imaginamos al pintor iluminado por su arte, creando en forma fluida y despertando admiración en el público. Sin embargo, es un proceso que no resulta tan sencillo. La obra surge como producto de un doloroso y gozoso trabajo de deconstrucción y reconstrucción de su cuerpo y de su mundo interno. Lo peligroso, lo fascinante, lo repulsivo, aquello no dicho emergen en la obra artística.

Podría decirse que es el resultado de una solución de compromiso donde deseo y prohibición se encuentran como en el sueño, el síntoma o el fallido. En el desarrollo de la actividad creativa, la ruptura de este delicado equilibrio puede dar lugar a inhibiciones, fallos, parálisis de la creación, además de temores y síntomas. También es la capacidad de sublimar duelos y traumas tempranos transformando el sufrimiento psíquico en obra compartida con los otros.

Cuando un artista enfrenta ese espacio en blanco, dispuesto a la creación, se materializa un trabajo previo que es un camino sinuoso, lleno de bocetos, investigaciones, avances y detenciones antes de lograr una obra que considera finalmente inacabada. Es allí, en ese punto de inflexión, donde el psicoanálisis puede abrir nuevos niveles de sentido, buscando en la historia del artista la posible explicación a sus inhibiciones o fallos en su producción.

En esta línea, Remedios Varo, cuya obra estaba programada para ser expuesta en el mes de mayo 2020, en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), ejemplifica el entrecruzamiento de la vida y la obra de un artista. En su historia podemos encontrar la conexión entre las vicisitudes de su vida y el trabajo íntimo y creativo que le demandó plasmar la mayoría de su obra original y deslumbrante.

Remedios Varo (España 1908 –México 1963)

Encontramos a Remedios Varo, de 33 años, viviendo con su esposo, Benjamín Peret, poeta francés de 42 años, en la Ciudad de México. No están solos en este país que André Bretón calificó de surrealista. Forman, con un grupo de artistas, intelectuales y políticos, el núcleo de exiliados europeos que, habiendo escapado de la Segunda Guerra Mundial, pudieron recrear la vida intelectual parisina. Remedios anhela encontrar en México la paz que necesita para poder pintar.

Los cambios migratorios habían sido una constante en su vida; de pequeña, porque la profesión paterna obligaba al traslado familiar. Luego estudia en Madrid y se radica en Barcelona. A los 28 años deja España —donde ya había estallado la Guerra Civil— siguiendo a su amor, Peret, y se instalan en París. La decisión cumplía dos necesidades: encontrarse con el círculo surrealista de Peret y alejarse de la violencia de la guerra. Decisión no sin consecuencias significativas para ella. Partir en ese momento significó no poder volver a España nunca más. A raíz de esa decisión, que se volvió irrevocable por las condiciones políticas de su país, sufrió lo que llamó un “profundo remordimiento por haberse separado así de su familia”.[1]  

Al llegar a París, se incorpora al movimiento surrealista, vanguardia de la época. Dos figuras eran tomadas por los surrealistas como modelos: Karl Marx y Sigmund Freud. Del fundador del psicoanálisis toman el asociar libremente y lo que llaman el automatismo del sueño para el acto creativo.

Lo que caracteriza la pintura surrealista es que toman dos términos opuestos, casi irreconciliables y, al juntarlos, intentan provocar en el espectador un disparador que ponga en marcha su imaginación. En la obra de Varo, aparecen con frecuencia elementos que son familiares, cotidianos y anodinos como una mesa o un sillón y los transforma en elementos ambiguos, casi bordeando lo siniestro.

Si bien durante aquella época parisina participa de la actividad plástica del núcleo surrealista, no logra despegar con su arte. Siendo una de las primeras mujeres egresada con honores de la Academia San Fernando de Madrid, se convierte en una dibujante que llega a falsificar cuadros de De Chirico con la excusa de que se vendían mejor que los suyos.

Sin embargo, nuevamente, la invasión alemana a París los obliga al destierro. Después de atravesar situaciones traumáticas de las que nunca quiso hablar, logran subir a un barco y llegan en 1941 a México, DF.

En esta primera etapa de su exilio mexicano, permanece alejada del mundo artístico, aunque Varo es el sostén económico de la pareja: se dedica a la pintura de muebles y decorados, hace vestuarios, ilustra publicidad para la casa Bayer. Transcurren varios años hasta que en 1947 se precipitan dos acontecimientos significativos. Por un lado, se separa de Peret, quien regresa a París; por otro, logra reencontrarse con su madre y su hermano mayor a los que no veía desde que dejó España. Su familia se instala en Venezuela y Remedios viaja a su encuentro y permanece dos años sosteniéndose económicamente con el dibujo.

El padre de Remedios y su hermano menor, muy cercano a ella, habían fallecido hacía unos años.

Don Varo, un ingeniero hidráulico de ideas liberales, observó rápidamente el talento de Remedios para el dibujo y la alentó siempre trasmitiéndole un gran interés por máquinas y cálculos, estimuló su facilidad para la perspectiva acercándola a la obra de Jerónimo Bosh. Estas influencias pueden observarse en sus cuadros.

Su madre intentaba hacer de Remedios una niña hogareña y religiosa, destinada a las tareas de costura y bordado y, por supuesto, a un buen matrimonio. Nuestra joven siente que es el “remedio” que la Virgen envió a su madre. Según su biógrafa, Janet Kaplan:

…un sentimiento culposo de usurpar el lugar de una hermana muerta antes de su nacimiento, acompañó a Remedios toda su vida. Tuvo la impresión de ser tan sólo un sustituto en un lugar que no le correspondía.[2]

 

Es posible pensar que, siendo la niña muerta una pérdida irreparable para su madre, su evocación a través del nombre la obligara a compararse con esa hija ideal y, de ese modo, vivió sintiéndose culpable por haber sobrevivido. Las figuras femeninas etéreas, fantasmales, de ojos grandes y largos cabellos en su obra podrían representar esta hermana muerta.

Remedios crece siendo el campo de batalla donde se enfrentaron dos posiciones opuestas, por un lado, la imposición materna de misa, costura y mirada baja y, por el otro, la formación paterna de una joven independiente, activa militante de la vanguardia artística.

Benjamín Peret aparece en su vida en el momento preciso. Era mucho mayor que ella, rígido en el control de los postulados surrealistas, intentó subordinarla al movimiento que representaba. Condensaba tanto la figura paterna que la introduce en el mundo artístico como a la figura materna que no autoriza su libertad creativa.

Continuando con su historia, en 1947, Remedios se instala en Venezuela con su madre y la familia.

En esta recuperación de la vida familiar, después de casi 20 años de distanciamiento, por razones políticas y de exilio, también retoma el vínculo con su madre quien desaprueba enérgicamente su vida —Remedios convive con un hombre catorce años menor que ella— y le exige que vuelva a ser católica activa. Ella decide firmar sus trabajos como Remedios Uranga, apellido materno, como intento de apaciguarla.

Dice ella: “El catolicismo lo bebí con la leche materna. Debo encontrar las respuestas en mi propio camino y por mis propios esfuerzos”[3]. Fiel a su propio deseo, toma la decisión de regresar a México que elige como su lugar en el mundo.

Es, precisamente en ese momento, que conoce a Walter Gruen, un joven exilado europeo que sufrió como ella los horrores de la guerra. Por primera vez y después del encuentro tan significativo con su madre, Remedios junto a este nuevo amor encuentra un lugar propio y seguro para crear. En los siguientes 14 años, plasma una obra pictórica de casi cien cuadros que la harán famosa en su época y que perduran en el tiempo como una creación tan original que es difícil de encasillar.

En este momento de su vida nos dice:

Llegué a México buscando la paz que no había encontrado ni en España, la de la revolución, ni en Europa, la de la terrible contienda, para mí era imposible pintar

antes entre tanta inquietud.[4]

 

Pareciera que un velo se descorre internamente y permite aflorar todo su talento. Una de sus obras lo refleja: Mujer saliendo del Psicoanalista (1960).

En este cuadro, la imagen pareciera respetar los procesos de condensación y desplazamiento propios del sueño.

La nota de humor es la chapa en la puerta del consultorio que dice: Dr. F. J. A. que, según explica la autora en sus notas, son las iniciales de Freud, Jung y Adler. Más allá del conocimiento que como surrealista tiene del psicoanálisis, es una forma de plasmar un deseo de unir posturas irreconciliables, aludiendo a su anhelo de ver unido lo que está irremediablemente roto, perdido. No debe ser ajeno al deseo de liberarse de “un permanente sentimiento de culpabilidad” que dice sufrir.[5]

La cabeza que sostiene en sus manos es la de Peret indicando que …tira la cabeza de su padre a un pequeño pozo circular, un acto que es correcto hacer al salir del psicoanalista, y el resultado es que puede quitarse una de las capas del velo. Sin embargo, igual que quedan aún otros “desperdicios psicológicos” en el cesto que lleva, a ella también le quedan capas del velo que le cubren la boca y la dejan muda.[6]

Mujer saliendo del psicoanalista - Remedios Varo

Imagen extraída del artículo de Graciela Graschinsky de Cohan: “Una autorización tardía para Remedios Varo una pintora sin cuadros” publicado en la Revista Asociación Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados, número 23 del año 1997.

Las máscaras cumplen la función de dar presencia a aquello que se oculta. No todo está dicho, aún, al mostrarse, esconde sus secretos. Un artificio de Remedios del que se vale para apuntar que el sujeto siempre se escapa, que está fragmentado.

Es un cuadro lleno de movimiento, podemos imaginar a esta mujer que sale del psicoanalista dispuesta a dejar atrás lo que le impide avanzar. Me inclino a pensar que el fallido reencuentro con su familia, especialmente con su madre que no pudo aceptar la personalidad libre y creativa de Remedios, fue lo que empujó la caída de velos y ataduras para que desplegara su talento. En homenaje a las figuras femeninas de su infancia y, a manera de suturas y lazos, aparecen el tejido y la costura en el contenido de muchos de sus cuadros.

Todos los biógrafos coinciden en sostener que, a partir de su regreso a México y de su matrimonio con Walter Gruen, puede desarrollar un “catálogo deslumbrante, preciso y precioso de lo que podríamos llamar las diversas categorías de lo irreal.[7]

Durante los años posteriores se reencuentra con su madre en una sola oportunidad. A Varo no le gustaba viajar, a pesar de haber sido una permanente viajera por mundos tan opuestos como el arte, la ciencia, la magia, la matemática, el pasado, el mundo científico de su padre, el mundo místico de su madre. Mirando su obra se observan personajes que intentan un viaje hacia la independencia, pero siempre aparecen limitaciones.

Remedios Varo falleció a los 55 años, en 1963. Su corazón falló luego de haber pintado en 15 años unos 80 cuadros que son testimonio de un viaje interior con el que nos sentimos identificados. Como ha dicho ella misma: “Puedes ir de aquí para allá, pero, mientras tú no estés bien, nada de lo que te rodea lo estará”.[8]

Notas al pie

[1] Kaplan, J. (1998). Viajes inesperados. El arte y la vida de Remedios Varo. México: Era ediciones, p. 85.

[2] Gruen, W. (1994). Remedios Varo: nota biográfica. En R. Ovalle y W. Gruen (editores.), Remedios Varo: Catálogo razonado. México: Era ediciones, p. 42

[3] Ovalle, R. 1994). Coda. En R. Ovalle y W. Gruen (editores), Remedios Varo: Catálogo razonado. México: Era ediciones, p. 105

[4] Kaplan, J. Op. cit., p. 53.

[5] Varo, R. (1994). Cartas y sueños y otros textos. México: Era ediciones, p. 75.

[6] Kaplan, J. Op. cit., 155.

[7] Del Conde, T. (1994). Remedios y el surrealismo. En Catálogo razonado de la exposición Remedios Varo 1994. México: Museo de Arte Moderno, p. 26.

[8] Kaplan, J. Op. cit., 151

Bibliografía

Del Conde, T. (1994). Remedios y el surrealismo. En Catálogo razonado de la exposición Remedios Varo 1994. México: Museo de Arte Moderno.

Freud, S. (1976). El creador literario y su fantaseo. En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras Completas: Sigmund Freud (Vol. 9, pp. 123-136). Buenos Aires: Amorrortu (Trabajo original publicado 1906 [1907] )

Freud, S. (1976). El Yo y el Ello. En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras Completas: Sigmund Freud (Vol. 19, pp. 1-65). Buenos Aires: Amorrortu (Trabajo original publicado 1923)

Freud, S. (1976). Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis.  En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras Completas: Sigmund Freud (Vol. 22, pp. 1-167). Buenos Aires: Amorrortu (Trabajo original publicado (1933 [1932]).

Graschinsky de Cohan, G. (1997). Una autorización tardía para Remedios Varo. Asociación Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados, (23), pp. 245-259.

Gruen, W.(1994). “Remedios Varo: nota biográfica”. En R. Ovalle y W. Gruen (editores.), Remedios Varo: Catálogo razonado. México: Era ediciones.

Kaplan, J. (1994). Encantamientos domésticos: La subversión en la cocina. En R. Ovalle y W. Gruen (editores.), Remedios Varo: Catálogo razonado. México: Era ediciones

Kaplan. J. (1989). Viajes Inesperados. El arte y la vida de Remedios Varo. México: Era ediciones

Paz, O. y Caillois, R. (1966). Remedios Varo. México: Era ediciones.

Ravera, R. M. (1996). Pintura e interpretación. En Arte y locura. Buenos Aires: Comisión de Cultura. Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

Varo, R. (1996). Consejos y recetas. Pinturas, manuscritos y dibujos. México, Amigos del Museo Carillo Gil.

Acerca del autor

GRACIELACOHAN

Graciela Cohan

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