NÚMERO 8 | Marzo, 2013

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Ayer y Hoy

Transmisión y producción de conocimientos. Cómo se forma un analista | Enrique Ascaso

Trabajo presentado en el VI Congreso de la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Psicoterapia Psicoanalítica y Psicoanálisis (FLAPPSIP): “Psicoanálisis, una experiencia de fronteras. Diversidad. Producción. Intercambio”, Buenos Aires, mayo 2011.

Voy a abordar el tema, planteando algunas cuestiones sobre las que me parecen importantes reflexionar. Quienes se ocupan de la formación del analista en las diferentes instituciones se preguntan, de una u otra manera:

1) ¿Cómo se trasmite lo que la experiencia analítica nos enseña?
2) Hay condiciones que le son propias
3) ¿Qué tienen en común y en qué se diferencian la enseñanza del psicoanálisis del análisis personal?
4) ¿Se puede pensar la trasmisión psicoanalítica por fuera de la situación transferencial?
5) ¿Cómo se pone en práctica una forma analítica de enseñar psicoanálisis?
6) ¿Qué lugar ocupa la escritura y la investigación en la formación?
7) ¿Cómo incide el modo de ser del candidato en la elección de las teorías y de las instituciones a las que adscribe?

La trasmisión, si bien no es posible pensarla sin relación al análisis personal, tampoco se puede circunscribir a dicha experiencia, aunque en general se sostiene que debe llevar la marca de lo que allí se trata, al decir de Freud, que se instale la convicción de la existencia de lo inconsciente (1937).

Para ejemplificar, voy a desarrollar las preguntas disparadoras y efectuar algunas consideraciones sobre la posición que adopta la Asociación Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados (AEAPG) sobre el proceso de formación.

Es un denominador común en nuestro ambiente manifestar que la formación del analista se apuntala en tres pilares fundamentales: análisis del analista, análisis de control o supervisión de casos, y formación teórica.

Desde la institucionalización del movimiento psicoanalítico han corrido ríos de tinta sobre cada uno de esos pilares.

También se ha insistido que el analista se funda en su análisis, de lo que se deduce que la formación teórica es necesaria pero no suficiente y que es esencial en el proceso atravesar por la experiencia del inconsciente.

Siguiendo en el intento de caracterizar lo esencial del proceso de formación del analista, se ha diferenciado entre enseñanza y trasmisión, adscribiendo la enseñanza a la formación teórica, componente en el que predomina una mayor articulación entre los fundamentos teóricos y las metodologías que orientan la práctica y donde se sostiene un saber ya establecido, reservando el término transmisión para el análisis y la supervisión que son los componentes que más fuertemente se encuentran atravesados por la transferencia y donde se intenta sostener la posición de escucha, dejando en suspenso las presunciones, los saberes instituidos, promoviendo que el analizando pueda tomar la palabra, accediendo así a los cambios de discurso, pasando del discurso universitario al discurso analítico.

No obstante estas diferenciaciones, me parece importante resaltar que en todos los espacios de formación se producen distintos grados de incidencia de la enseñanza y la transmisión.

En la formación psicoanalítica es fundamental que, aún en los pilares más vinculados por el componente que describimos como enseñanza donde predomina la circulación de un saber, no se trate solamente de contenidos a transmitir sino que también tenga el efecto de una experiencia subjetivante y que se produzca una transferencia de trabajo, dando pie a las singularidades de cada analista y de cada situación y contexto.

Muchas veces, por la necesidad de establecer criterios generales, no se presta la debida atención al hecho que los analistas no somos todos iguales, que enfrentamos la práctica clínica con el modelado que nos otorgan nuestras pertenencias culturales e ideológicas (ese bien simbólico colectivo que funciona como memoria, establecida como conjunto de ideas, conceptos, mitos, etc. que representan una cierta interpretación de la realidad histórico-social y sirve de referencia para la acción práctica), con la modalidad propia de nuestro modo de ser en el mundo, nuestro carácter, y con el tipo de formación psicoanalítica por la que optamos de acuerdo a la oferta vigente en el medio, incluidas las marcas que nos dejan el análisis personal y la supervisión de casos. También hay que incluir la diversidad de experiencias clínicas. No es indiferente que un analista haya transitado por experiencias hospitalarias, o que trabaje con sujetos psicóticos, niños, dispositivos grupales o haber integrado equipos interdisciplinarios. Estas experiencias también moldean nuestra forma de enfrentarnos con el dolor.

No obstante, en los dispositivos organizados para la formación no siempre se toman en cuenta toda esta diversidad de factores.

Hay una gran cantidad de psicoanalistas que han estudiado estas cuestiones. En esta oportunidad me interesa destacar a un psicoanalista argentino, Fernando Ulloa quien describía a las sociedades psicoanalíticas en “instituciones totales” o abiertas”, Novela clínica psicoanalítica, Paidós, 1995.

Decía que son instituciones totales aquellas que asumen la coordinación y el control de los tres pilares básicos de la formación, manifestando “estas instituciones suelen estar muy interesadas en proponer sistemas o bien líneas teóricas hegemónicas en la transmisión del psicoanálisis”.

El riesgo es que en el movimiento de atribuirse el patrimonio exclusivo del psicoanálisis puede con facilidad convertirse en intento de dominar al otro.

La AEAPG, se ha sostenido desde su fundación (1963) hasta la actualidad como una asociación abierta, ya que deja abierta la posibilita que cada miembro organice su propio trípode, al poder elegir como analista y como supervisor a psicoanalistas que no pertenecen a la institución. Los requisitos que se establece en los estatutos para ser miembro activo o plenario, son los de haber efectuado un curso sistematizado de formación teórico-clínico en la institución y dar cuenta mediante entrevistas, de haber transitado por un análisis personal y supervisión clínica individual.

Además de la formación psicoanalítica mediante la enseñanza sistemática, gradual y curricular que propone como Maestría en Psicoanálisis, Especialización en Psicoanálisis con orientación clínica en adultos, Cursos Superiores: «Versiones contemporáneas de la infancia y adolescencia» y «Versiones contemporáneas de la Psicosomática», mediante las propuestas de Formación permanente y la actividad de las Áreas, se intenta posibilitar la permanente actualización de conocimientos, fomentando la producción e investigación, con el objetivo de sostener la transmisión del psicoanálisis en un fecundo abanico temático interdisciplinario que contribuya a esclarecer el lugar y estatuto de la práctica analítica en relación a la ciencia.

Llegado a este punto me gustaría ahora mencionar el otro punto del título de la mesa, el referido a la producción de conocimientos.

Seguramente todos recordamos que Freud sostuvo que el psicoanálisis es un método de investigación y como tal, no sólo pondrá a prueba la teoría en el análisis de cada caso sino que la emergencia de obstáculos en el proceso deberá dar cabida a un tiempo de reformulaciones conceptuales.

En los últimos tiempos, posiblemente promovido por la mayor presencia de distintas líneas teóricas dentro del ámbito de la psicología (Gestalt, Cognitivismo, etc.) y con el auge de los posgrados universitarios que requieren de la realización de Proyectos de investigación en función de la producción de nuevos conocimientos, ha vuelto a ser materia de discusión los problemas referidos a la investigación en psicoanálisis, incrementándose los debates sobre el tema.

Sin pretender hacer un listado exhaustivo, podemos mencionar algunos problemas que nos parecen relevantes.

En primer lugar, la discusión referida a la diferenciación entre el dispositivo analítico como método de investigación para la emergencia del sujeto del inconsciente y un proyecto de investigación que tiene como objeto de estudio cuestiones que exceden la singularidad de cada caso y pretenden establecer generalidades. Un ejemplo paradigmático es el estudio realizado por Freud sobre la fantasía “pegan a un niño” donde establece dimensiones diferentes para las distintas instancias de investigación. Incluso llega a afirmar la necesidad de contrastar sus conjeturas mediante estudios estadísticos.

El pasaje de lo singular a lo general es un problema que nos incumbe como investigadores pero también en la práctica clínica.

Algunos colegas que se han dedicado a estudiar el tema (Sebastián Plut) diferencian 4 niveles de análisis: lo universal, lo general, lo particular y lo singular.

Lo universal correspondería a construcciones teóricas de mayor nivel de abstracción, por ejemplo, Pulsión de muerte.

El nivel general correspondería a reflexiones psicopatológicas, por ejemplo. Cuando Freud diferencia “entre formaciones sustitutivas de la esquizofrenia, por un lado y de la histeria y la neurosis obsesiva, por otro”.

Lo particular corresponde al estudio del caso, diferenciando entre estructura psicopatológica y el caso clínico.

Por último, el nivel singular, donde se efectúa el análisis de un lapsus, sueño, acto fallido, síntoma, etc.

Un segundo tema está referido a la unidad de análisis y el alcance de los términos “empírico” y “clínica”. La Lic. Clara Azaretto de la Facultad de Psicología de UBA que participó de un proyecto de investigación que se propuso analizar la lógica de los proyectos de investigación en psicoanálisis, desde la perspectiva metodológica con el objeto de inferir la especificidad de la investigación en el campo, manifiesta que gran parte de los debates entre psicoanalistas se debe a la polarización de supuestas oposiciones (Investigación empírica vs. Investigación conceptual e Investigación teórica vs. Investigación clínica) proponiendo leer los pares no como opuestos sino como polos en tensión que posibilitan circunscribir los campos problemáticos.

En la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Psicoterapia Psicoanalítica y Psicoanálisis (FLAPPSIP), desde hace algunos años, se está prestando atención a estos debates, incluso se está llevando adelante una investigación, de la cual participan miembros de instituciones integrantes de la misma, con el título “El estatuto del relato clínico” (Asociación Argentina de Psiquiatría y Psicología de la Infancia y de la Adolescencia-ASAPPIA; Centro de Estudios Psicoanalíticos de Porto Alegre-CEPdePA; Centro de Psicoterapia Psicoanalítica de Lima-CPPL y AEAPG).

Considero que es de suma importancia incluir estas temáticas en la formación de los analistas, en términos generales no se las observa en la curricula que proponen las Asociaciones Psicoanalíticas. Despertar un mayor interés, seguramente va a redundar en una mayor y mejor producción para el desarrollo de nuevos conocimientos.

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Enrique Ascaso

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