NÚMERO 13 | Marzo, 2016

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Una Mirada al film «La cacería» (de Thomas Vinterberg) | Gabriela Cramer

Hemos convocado a la licenciada Gabriela Cramer para realizar un análisis de la película La Caza, dirigida por Thomas Vinterberg,. En este caso, Cramer logra cuestionar escenas del film y nos lleva a preguntarnos sobre la mentira, los cuestionamientos, la escucha de quien escucha, etc. Su análisis nos abre distintos escenarios… y nos invita a pensar.

Esta película puede pensarse desde distintos ángulos. El que tomaré es el del infantil. Así que nos detendremos en las escenas y vivencias de la niña.

En líneas generales, relata sobre Lucas quien es un docente que trabaja, pareciera que recientemente, como asistente en un jardín de infantes. Todo sucede en una pequeña comunidad, donde el protagonista es mostrado como un ser querido y aceptado por el resto. Se observan diversas escenas en la que esto resulta notorio. En una de ellas, aparece Lucas llegando a su trabajo, los niños se esconden para recibirlo y él les sigue el juego. Los niños se muestran muy divertidos.

Está divorciado y tiene un hijo adolescente, Marcus. Tiene conflictos con su ex mujer para que su hijo pueda ir con mayor frecuencia a su casa, para así poder verlo.

La afición del grupo de amigos es participar en temporadas de caza.
Klara es una de las niñas que concurre a ese jardín. Ella es la hija menor de su mejor amigo, Theo. Y tiene un vínculo cercano con Lucas. Dicho vínculo se va estableciendo a medida que se suceden algunas situaciones que exceden el ámbito del colegio. En una, Lucas sale del supermercado y encuentra a Klara sola en la salida. Al preguntarle, la niña responde que se perdió, que salió de su casa sin mirar el camino, y apareció allí. La niña tiene un tema con las líneas y suele estar pendiente de ellas, no puede pisarlas. Ella manifiesta que al mirar las líneas en el piso para impedir pisarlas no ha podido registrar el camino y no sabe cómo regresar. Lucas la lleva de vuelta a su casa, donde la reciben sus padres. Allí, Lucas tiene un diálogo con su amigo respecto de su situación afectiva y lo que viene pasándole luego del divorcio y Theo, el padre de la niña, le dice: «Se nota cuando mientes» y agrega: «Haces así con el ojo, «como una especie de tic». Dime la verdad».

En otra ocasión, Lucas se encuentra casualmente afuera con Klara. Allí escuchan los gritos de los padres discutiendo acerca de quién se ocupa de llevar a la niña al jardín. Lucas interviene y, luego de consultarlo telefónicamente con el padre, se hace cargo de llevarla. La niña le agarra la mano mostrando cariño. Esta niña luego de un serie de situaciones que después retomaremos y, a partir de un dialogo con la directora del colegio, asiente que Lucas se ha propasado con ella. A partir de esto, tanto los responsables de la escuela como la familia de la chica y el pueblo le creerán a la niña tomándola como «victima» y se pondrán en contra de Lucas siendo este «el victimario». Pero el espectador va observando, a medida que transcurren las escenas, que todos ellos están tomando por certera una acusación que no es verdadera y que Lucas está siendo víctima de una serie de sucesos como consecuencia de dicha acusación.

Ahora voy a relatar algunas situaciones y transcribir algunos diálogos para poder reflexionar acerca de ellos:

Klara está mirando y contando líneas verticales en el ventanal; en ese momento aparece su hermano adolescente junto con un amigo. Están mirando en una tablet una escena pornográfica y se muestran impactados por el tamaño del pene erecto.

La interrumpen sorpresivamente, al pasar junto a su lado, para mostrarle la imagen que ellos están viendo.

Estando en el jardín de infantes, Lucas está jugando con varios niños. Klara, divertida, está observando la escena. En el juego, Lucas se tira y simula estar muerto. Klara se acerca y lo despierta con un beso en la boca. Más adelante, Klara se encuentra entusiasmada realizando manualidades. Luego, Lucas encuentra un regalo en el bolsillo y, como tiene su nombre, considera que ella lo ha hecho. Al confrontar a la niña con dicho regalo ella niega su autoría y Lucas le señala que «besar a los labios es sólo para mamá y papá». La niña insiste: «No es mío. Estás mintiendo». Es notorio el cambio de expresión de Klara en estas escenas en las que se la ve en un momento alegre y entusiasmada preparando el dibujo, sonriente al ver a Lucas con los chicos jugando y divertirse y, luego de este intercambio de palabras con Lucas, se la nota seria y como decepcionada.

Ese mismo día, la directora nota que, siendo tarde, Klara sigue en la institución sentada sola esperando; trata de aliviarla que ya vendrán a buscarla y para entretenerla le propone cantar canciones. En ese momento espontáneamente la niña dice: «Odio a Lucas». La directora sorprendida le dice: «Creía que eran amigos». La niña responde: «Pues, no es así. Es tonto, es feo», y agrega: «Y tiene pito». La directora contesta minimizando la situación: «La mayoría de los hombres tienen». Y Klara agrega: «Pero el suyo apunta para arriba como un…un palo». Ahí la directora cambia la expresión y pregunta: «¿Por qué dices eso Klara? «Porque es verdad», contesta. «Ha pasado algo Klara?». Dice: «Me ha dado este corazón, pero no lo quiero» (el corazón que ella hizo y negó habérselo regalado a Lucas).

La directora, Grethe, con cierto recaudo, sin dar detalles, plantea a Lucas que debería alejarse por un tiempo del colegio, tomándose unos días libres luego de dar una pequeña explicación respecto que se produjo una situación con un niño. Sólo agrega al finalizar la conversación: «El niño dijo que ha pasado algo entre ustedes dos que sólo podría pasar entre adultos» y «el niño dice que no le gustas y que ha visto tus genitales».

Concurre un hombre, Ole, a la institución escolar a indagar a Klara. Junto con ellos está la directora, Grethe, y se establece este diálogo: (O: Ole, K: Klara, G: Grethe)

O: —Klara, me podrías contar exactamente lo que le has contado a Grethe.
O: —Por favor, cuéntale lo que me dijiste del corazón.
K: —Yo no he dicho nada.
O: —¿Se lo está inventado todo Grethe?, ¿o te lo has inventado todo tu?
K: —Niega con la cabeza «no».
O: —Entonces inténtalo… y cuéntamelo a mí también.

La niña se queda callada.

G: —Contarlo está bien Klara.
O: —¿Es verdad que has dicho que has visto el pito de Lucas?

Klara niega con la cabeza.

O: —Intenta contarme lo que hizo Lucas. A ver si puedes contarme un poco de ello, Klara.
K: —Quiero salir a jugar.
O: —Sólo tienes que contestar, Klara.
G: —No tengas miedo, Ole no te hará daño. Sólo quiere que nos cuentes lo que ha pasado.
O: —¿Fue aquí en la guardería donde te enseñó el pito? ¿Fue aquí Klara? ¿Klara?

Klara asiente con la cabeza.

O: —Estas asintiendo. ¿Entonces fue aquí en la guardería?

Vuelve a asentir Klara

O: —Dime que más sucedió después. Grethe me ha contado que tú le has contado que estaba de punta. ¿Estaba su pito de punta?
K: —Creo que sí. No me acuerdo.
O: —¿Entonces te ha enseñado su pito?
Klara asiente con la cabeza
O: —Klara ¿te sientes incómoda al hablar de Lucas?

Klara asiente.

O: —¿Es porque no te gusta lo que te hizo?

Vuelve a asentir.

O: —Klara, estas respondiendo mis preguntas muy bien… ¿Qué hizo después de enseñarte el pito?
K: —No lo sé.
H: —¿Te tocó? ¿Te acuerdas? ¿Salió algo blanco de ahí?

Luego de este interrogatorio este hombre afirma que este es un tema para recurrir a la policía, pero que antes hay que pedir autorización a los padres.

Me surgen diversos interrogantes a partir de estas situaciones planteadas:
Uno gira alrededor del tema de la mentira, que aparece de modo recurrente en distintas circunstancias:

– Cuando el adulto miente: recordemos cuando el padre de Klara repara en Lucas un gesto particular cuando no dice la verdad.
– Cuando los adultos creen los dichos de los niños y aseveran su veracidad:
En la ocasión en que Lucas va a conversar con Theo, el padre de Klara, le plantea de conversar acerca de lo sucedido con ella para aclarar la situación. El padre de la niña dice: «Lucas… Conozco a mi pequeña y ella no miente. Nunca lo ha hecho. ¿Por qué iba a mentir ahora?». A continuación, Klara al observar la reacción de enojo de su padre con Lucas, le manifiesta a la madre que Lucas no ha hecho nada y que ella sólo «ha dicho una cosa tonta y ahora todos los niños hablan». La madre le plantea que es difícil de entender y que a lo mejor su mente prefiere no recordar lo que pasó porque no es algo muy bonito de recordar. Y agrega que esto pasó de verdad y que ellos están muy contentos de que ella se los haya contado.
– Cuando los niños mienten. Y aquí me cuestiono:
¿Cómo pensar la mentira de Klara?

Según el diccionario la mentira es «la expresión o manifestación contrarias a la verdad». En psicoanálisis esto es complejo porque uno se preguntaría de cuál verdad estamos hablando. Retomando las ideas de Sigmund Freud, el planteo de realidad psíquica surge paralelamente al abandono de la teoría de la seducción y el papel patógeno de los traumas infantiles reales. Esto quiere decir que Freud, a partir de este momento, no se detiene en investigar las situaciones reales sino que toma para su trabajo terapéutico la realidad psíquica a partir de los relatos de sus pacientes. En este sentido, podríamos considerar que no se detiene en la veracidad de los dichos en el mundo objetivo.

¿Podríamos pensar que Klara realizó expresiones contrarias a la verdad? ¿Al asentir algunas de las preguntas que le hicieron en el interrogatorio? (si consideramos los hechos objetivos que se van sucediendo). En dicho intercambio con Ole y Grethe asiente con la cabeza al responder algunas preguntas, luego de cierta insistencia, asiente que Lucas le enseñó su pene, que se siente incómoda al hablar de Lucas y que no le gustó lo que le hizo. La primera afirmación estaría faltando a la verdad. Con respecto a las dos siguientes podríamos repensarlo un poco. ¿En qué podría estar pensando Klara? ¿Qué le hizo Lucas? ¿No le correspondió a su amor? ¿Le cuestionó su beso en la boca? ¿No le aceptó el regalo como ella hubiera querido? Sería comprensible pensar que desde la perspectiva de Klara no le guste lo que le hizo y que ello genere incomodidad para hablar. Lo único que sale de su boca y que es contrario a la verdad es lo que le plantea a Grethe cuando afirma que Lucas le regaló el corazón, dado que es ella quien lo hace.

¿Uno podría pensar que, a pesar de su corta edad, Klara en ese momento está mintiendo?
¿Puede discernir la diferencia entre mentira y verdad? Si así fuera ¿posee una intencionalidad conciente? ¿Cuáles serían las motivaciones que la llevaron a utilizar dicha mentira?

Consideramos que la posibilidad de mentir es una adquisición que puede comenzar en forma de juego y que luego permite al niño considerar que sus padres no pueden conocer y adivinar todos sus pensamientos. Con respecto al tema de las mentiras podemos tomar un artículo de S. Freud de 1913 «Dos mentira infantiles». Tomaré el primer y último párrafo de dicho artículo. Freud dice: «Es comprensible que los niños mientan, toda vez que así imitan las mentiras de los adultos. Pero algunas mentiras de niños bien criados tienen un significado particular y deben llamar a reflexión al educador en vez de enojarlo. Se producen bajo el influjo de unos motivos de amor hiperintensos y se vuelven fatales si provocan un malentendido entre el niño y la persona amada por él». Luego de desarrollar e interpretar el sentido de un par de viñetas, Freud concluye: «No hay que tener en poco tales episodios de la vida infantil. Sería un serio error si de esas faltas se extrajera la prognosis del desarrollo de un carácter inmoral. Pero, sin duda, ellas se entraman con los más intensos motivos del alma infantil y anuncian las predisposiciones a posteriores destinos o futuras neurosis».

En el caso de Klara se podría plantear, siguiendo a Freud, que se ha producido bajo el influjo de motivos de amor hiperintenso. En su enojo con Lucas, que queda en evidencia cuando dice: «Odio a Lucas», termina diciendo cosas que faltaron a la verdad. Para poder plantear esto tenemos que remarcar que estamos contemplando los desarrollos psicoanalíticos acerca de la sexualidad infantil y del complejo de Edipo. La existencia de una pulsión sexual en la infancia, la evolución de un desarrollo sexual infantil con diversas zonas erógenas, las aspiraciones enamoradas y hostiles hacia los primeros objetos.

Hasta ahí lo que le corresponde a la niña.

El resto ya es del mundo de los adultos. La interpretación de los hechos y las consecuencias que estos hechos tienen en la sociedad es algo que la niña desconoce. Ella no sabe qué pueden producir sus afirmaciones. Ella todavía no puede darle el sentido que tiene socialmente que un adulto tenga inclinaciones hacia un menor, ni las consecuencias que podría tener que ella haya visto su miembro.

Freud ya afirma que la disposición polimorfa de los niños contribuye a que las trasgresiones tropiecen con escasas resistencias, y agrega que es en función de la edad de cada niño el hecho que todavía no se hayan formado o estén en vías de formación los diques anímicos contra los excesos sexuales. Considera que habría que admitir que la vida sexual infantil también muestra componentes que desde el comienzo envuelven a otras personas en calidad de objetos sexuales y que de esa índole son, junto con la pulsión de la crueldad, la pulsión de ver y exhibir. Me detengo en dichas pulsiones porque considero que hay algo que se le arma a la niña en su fantasía a partir de ver la imagen pornográfica del pene parado que le muestra el adolescente. Pareciera que ella establece cierta relación entre esa imagen y Lucas, cuando afirma que Lucas tiene un pito que apunta hacia arriba como un palo. Klara vio esa imagen, en eso no miente. Pensamos que cuando los niños hacen ese tipo de afirmación, no es solo fruto de su imaginación. En alguien o en algún lugar tienen que haberlo visto. Y debido al desarrollo de la pulsión de ver les ha generado curiosidad e interés. Pero la relación entre esa imagen que vio Klara en la tablet y la persona de Lucas ya es propia de la niña. Ella dota a Lucas de un atributo que observó en otra situación. Siguiendo las puntualizaciones acerca de la sexualidad infantil freudianas no nos sorprende que esto suceda. Entre otras cuestiones, podríamos evocar una de las teorías sexuales infantiles planteadas por Freud que sería suponer que todos los seres humanos poseen el mismo genital, el masculino. Sabemos que dichas teorías responden a la pulsión de saber. Klara observa la imagen del pene erecto y luego considera su presencia en Lucas, por quien se muestra especialmente vinculada afectivamente.

El tema es que nadie del mundo adulto sabe de esto que ha visto la niña y tampoco indagan demasiado al respecto.

Siguiendo este aspecto, podríamos cuestionar la modalidad de interrogar para investigar lo sucedido; dado que dicha modalidad podría estar interfiriendo en la veracidad de las respuestas. Cuando se le pregunta, la niña no puede responder, se queda callada y solo termina asintiendo con la cabeza. La dificultad de definir esta situación es clara, dado que el hecho que la niña no pueda hablar de ello no implica que no haya sucedido.

Y en este punto surge otra pregunta: ¿Cómo diagnosticar una situación de abuso en la infancia?

Los que trabajamos con niños sabemos que esto resulta muy complejo. En la clínica esta problemática puede presentarse de diversas maneras, podría ser que un adulto sospeche que algo de esto esté sucediendo y pretenda verificarlo o que en el material que produce el niño en el consultorio genere la sospecha que algo está pasando.

Para adentrarnos en el tema me parece importante tomar algunas cuestiones que plantean los especialistas.

Maria Kuitca define el abuso sexual, diferenciándolo de la violación, como un hecho reiterativo, que puede comenzar a temprana edad (2 ó 3 años) con implicación o no de los genitales de ambos participantes y llevado a cabo por personas cercanas. Remarca la idea de compromiso familiar, conciente o inconciente. Además, agrega, que cuando un niño pequeño es abusado sexualmente (aproximadamente hasta los 4 años) no vive las acciones de por sí como inadecuadas dado que aún no conoce las leyes de parentesco, no siente que eso no debería estar sucediéndole; esta es la razón por la cual manifiesta de variadas formas los hechos, transmitiendo de todos modos que la tolerancia de su tono erógeno ha sido superada.

Es interesante ver como la directora de la guardería, inmediatamente presta atención a los comentarios de la niña. Y toma cartas en el asunto enseguida. Esta autora considera que en el tema del diagnóstico de abuso sexual nos encontramos, por un lado, con la necesidad concreta de la búsqueda de la verdad para lograr la seguridad del niño y, por otro lado, con la férrea negativa de reconocimiento por parte de las personas transgresoras propiamente dichas y el medio familiar como tercera dificultad con la diversidad de actitudes dentro de las distintas disciplinas para el manejo de la supuesta verdad. Teniendo en cuenta estas ideas, no sorprende que la comunidad educativa y la población tomen enseguida por certera la presunción de abuso de parte de Lucas.

Esta misma autora afirma que el hecho que los niños abusados oculten el problema, hagan descripciones ambivalentes, o bien, lo comuniquen en forma indirecta o distorsionada, produce confusión en los observadores. Esto hace evidente la complejidad del diagnóstico y resulta comprensible lo que termina sucediendo con Lucas y las respuestas de la comunidad en la que tanto él como la niña participan.

Teniendo en cuenta que una respuesta posible de los niños sería ocultar el problema, tanto la escuela como los padres de la niña, consideran que el silencio o la negación del hecho formaría parte del proceso posterior habitual a la situación de abuso. Cuando Klara intenta negar algo de lo dicho, la madre interviene aseverando lo sucedido y justificando esta posición de la niña. Como si fuera a consecuencia de una modalidad que utiliza la niña para evitar el sufrimiento (no evocar algo que sucedió que no es bonito de recordar).

En esta selección he ido pensando alrededor de algunas temáticas: como ser la sexualidad infantil, la mentira en los niños y el diagnóstico de abuso sexual en la infancia. Por supuesto quedaron de lado muchas otras, como el vivenciar de Lucas, quien es el protagonista principal de la historia. Pero, como expresé al comienzo, esta mirada es desde las problemáticas en la infancia. Considero que son temáticas que despiertan movilizaciones en diversos ámbitos sociales y muy a menudo en las instituciones escolares como sucede en este relato.

Bibliografía

Freud, S. (1905): Tres ensayos de teoría sexual, A.E., VII.
Freud, S. (1913): «Dos mentiras infantiles», A.E., XII.
Freud, S. (1931): «Sobre la sexualidad femenina», A.E., XXI.
Kuitca, M. L.: «Violencia familiar y abuso sexual infanto juvenil», Psicoanálisis, vol. XXII, N.º 2, 2000.

Acerca del autor

Gabriela Cramer

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