NÚMERO 16 | Agosto, 2017

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Yo migro, tú migras… Nosotras migramos… | María Virginia Salomone

Yo no sé dónde soy,
mi casa está en la frontera,
y las fronteras se mueven,
como las banderas.
Mi patria es un rinconcito,
el canto de una cigarra,
los dos primeros acordes
que yo supe en la guitarra. 
Soy hijo de un forastero
y de una estrella del alba,
que si hay amor, me dijeron,
que si hay amor, me dijeron,
toda distancia se salva.
No tengo muchas verdades,
prefiero no dar consejos,
cada cual por su camino,
igual va a aprender de viejo.
 Que el mundo está como está
por causa de las certezas,
la guerra y la vanidad
comen en la misma mesa.
Soy hijo de un desterrado
y de una flor de la tierra,
y de chico me enseñaron
las pocas cosas que sé
del amor y de la guerra.
 

 

Frontera. Jorge Drexler

(Cantautor uruguayo residente en España)

 

Desde hace tiempo vengo buscando material sobre ésta temática… porque me intrigaba, porque lo necesitaba en torno a mi práctica profesional, porque me convocaba… quizás porque toca también parte de mi historia por haber tenido parte de la familia que vino de Europa.

Desde hace seis años me desempeño como psicóloga en un CIC (Centro de Atención Comunitaria) (CIC N.º 600 Néstor Kirchner) ubicado en Villa Zagala, Partido de San Martín, provincia de Buenos Aires. El mismo se ubica rodeado de barrios carenciados (monoblocks) y villas; incluso fábricas que han sido abandonadas y tomadas como viviendas colectivas. En dicha zona, convive población que ha emigrado de Paraguay y de la zona de la Mesopotamia argentina (Misiones y Corrientes, específicamente) que han dejado las zonas rurales donde residían para venir “a la ciudad”. Dicho CIC surge en el marco de la gestión del Ministerio de Desarrollo Social de Alicia Kirchner con el cual se crean 700 centros a lo largo de todo el país. El CIC 600 tiene varias particularidades; el mismo es interministerial (participan profesionales de distintos ministerios: Salud, Justicia, Desarrollo Social), pero depende de la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia dependiente del Ministerio de Desarrollo Social. Esto genera que sea un Centro con distintos y variados recursos dentro de la zona: abogados (área penal), médicos (pediatras y ginecólogas) salud comunitaria, área territorial con licenciados en trabajo Social, programas del Ministerio de Desarrollo Social, área de talleres recreativos para niños coordinados por docentes (por ejemplo: orquesta, hockey, ajedrez, etc.) y talleres para adultos (costura, electricidad, yoga y pilates, huerta, etc.). El área de Salud Mental a la que pertenezco, está integrada por psicólogos (equipo de niños y equipo de adolescentes y adultos), una trabajadora social y un sociólogo. Anteriormente contábamos con una psiquiatra, antropóloga y psicólogas que pertenecían a un área del Ministerio de Salud que, con el cambio de gestión, han sido removidos de sus puestos. Dentro del área de Salud Mental, realizamos abordajes de terapias individuales y contamos con espacios grupales que hemos ido conformando a través de los años para dar respuesta a las distintas demandas.

Una institución donde conviven distintas disciplinas, con el desafío de articularnos, integrarnos y poder trabajar desde la transdisciplina… camino que vamos transitando, no sin dificultad.

En este marco es que nos encontramos con pacientes que se acercan al CIC demandando tratamientos por sus padeceres y sufrimientos. En ellos, la migración no aparece como tema que traigan a consulta; esto es pasado por alto, no tenido en cuenta, no mencionado ni puesto en palabra hasta que uno lo pregunta, hasta que uno lo lleva a otro plano y, a partir de ahí, se comienza a transitar un camino lento, trabajoso.

Punto de partida. ¿Qué es la migración?

Entendemos Migración como “el cambio geográfico de radicación que realiza una persona familia o grupo de personas. El movimiento de desplazamiento incluye la variable temporal: debe ser por un tiempo prolongado, lo que implica desarrollar actividades cotidianas en el nuevo lugar. “La migración es una forma de lejanía de la tierra natal (barrio, provincia, país). Realizarla puede afectar de manera radical la historia de un sujeto en sus primeros años cuando no es decisión propia”. (Cohan, 2017, clase 1)

La Migración como cambio específico, conflictivo siempre, traumático a veces, pero también creativo

Resalto esta frase ya que condensa un poco las vivencias y relatos de las pacientes y digo las  pacientes porque son mujeres las que se atienden y se acercan a los distintos espacios del Centro de Salud en que trabajo) donde todos estos componentes se hacen presentes. En estos años de trabajo, he podido atender distintos pacientes que concurren pidiendo tratamiento por estados depresivos, profunda angustia, y aislamiento, como así enfermedades psicosomáticas. En algún momento del tratamiento, aparece la historia migratoria, casi tímidamente, ¿desinvestidamente? de las vivencias presentes, migrando a las búsquedas de significados anclados en el pasado.

La mayoría migra a Buenos Aires en busca de mejores oportunidades laborales, muchas veces en plena adolescencia, otras siendo niños y viniendo con sus familiares. Estas migraciones, tal como se menciona en la clase 1, pudieron ser forzadas, muchas veces por falta de oportunidades, especialmente en las zonas rurales donde residían. Definiendo como Migración forzada “cuando la situación social, política, económica o religiosa se torna tan adversa que empuja a tomar esta decisión”. A la vez migración que puede ser interna (dentro del mismo país) y temporal (con la esperanza de un regreso a casa, que finalmente no se da). (Cohan, 2017, clase 1)

“La migración es una situación compleja que abarca la dimensión espacial y temporal. Se inicia con la partida, desarraigo del lugar propio y se completa con la llegada arraigo”. Escuchando a algunos pacientes que he atendido en el CIC, me pregunto si se llegó a la etapa del arraigo, me pregunto si sus síntomas se relacionan con su pasado migrante, sobre todo, de pacientes que presentan signos de depresión y aislamiento. (Cohan, 2017, clase 1)

Migración como “situación de crisis ya que implica tener en cuenta los efectos del desarraigo, los cambios identificatorios, el trabajo psíquico del duelo, la necesidad de una rápida adaptación al idioma y costumbres culturales diferentes”. Quizás el desafío del tratamiento sea para cada paciente poder transitar ese tema, la motivación, su experiencia personal, y como analistas poder acompañar ese transitar. “Las reacciones emocionales de los migrantes y las consecuencias de la experiencia dejan sus huellas en el propio sujeto, en su pareja y en sus descendientes. Marcas a encontrar en la clínica”. (Cohan, 2017, clase 1)

Siguiendo con el texto: “¿Y si migramos?” (Bar de Jones, 1998), “Migrar implica, aún en las mejores condiciones, atravesar una crisis que deja efectos profundos y duraderos. Simboliza y reproduce la separación de la madre. La regresión es inevitable en los primeros tiempos. La soledad (objetiva) es uno de los grandes riesgos de la migración”. (Este último aspecto es manifestado por muchas de las pacientes que asisten al CIC , tanto a tratamientos individuales como al taller Saludarte). “Una migración es precedida por la experiencia de la separación de las personas cercanas, la familia, los amigos, del país de origen, del idioma materno; instala una cierta distancia en relación a las formas de interacción y a las posibilidades de simbolización específicas habituales que en general se apoyan en un consenso cultural”.

Venir del campo a la ciudad. Las pacientes en sus tratamientos relatan distintas situaciones y emociones al llegar a la ciudad y “no comprenderla”, “sentirse aterradas, con miedo”, “perderse”. “sentirse extrañas”.

Escuchando estos relatos, lo relacionaba con el apartado que desarrolla la migración como experiencia traumática: ”Momento caracterizado por el desborde, donde se pierden los bordes de contención y soporte. Y el sujeto no puede hacer frente a ese desborde. Esta secuencia de instante traumático y desvalimiento queda inscripta en el aparato psíquico como momento traumático. La función básica del yo es restablecer el equilibrio perturbado por un estímulo externo. La intensidad del impacto sentido varía en cada uno. Hay personas proclives a ser arrolladas por los estímulos externos y caer en momentos traumáticos, y otras tienen un umbral mucho mas alto”. (Cohan, 2017, clase 1)

Especialmente, los migrantes que concurren al CIC han venido a la Argentina forzados por los problemas económicos. Sus países de origen o provincia ya no le dan la protección, amparo y cuidado que ellos querían. Ese pacto se ha roto y surge la decisión (y la ilusión) de buscar en otro lugar lo que en el suyo no encuentra. Ilusión y creencia de que ese lugar va a proteger y proveer lo que en el lugar de origen no se daba y se había perdido.

Ilusión —¿desilusión?— A veces juegan juntos. Si bien la expectativa deseante y la ilusión es mucha y hay mayores posibilidades laborales y acceso a la salud, en los pacientes que atendemos —especialmente los que vienen de zonas rurales— manifiestan, en los tratamientos individuales como en los espacios grupales, el costo de pasar a vivir en zonas precarias y de hacinamiento donde continuamente mencionan y recuerdan las diferencias espaciales. La mayoría llega sin conocer previamente Buenos Aires, y se asientan en el cordón del conurbano; en el mejor de los casos, logran conseguir trabajo en las fábricas textiles de la zona (antes del cierre de las mismas que afecta la zona actualmente); pero muchas mujeres refieren trabajar como empleadas domésticas en casas de familias en zonas muy alejadas a su residencia, lo cual les implica tener que aprender a moverse y entender la gran ciudad (muchas mujeres refieren haber venido en plena adolescencia y elegir trabajar cama adentro a fin de no tener que movilizarse, acompañando estos fuertes sentimientos de angustia y soledad). ¿Protección o desprotección? Algunas manifiestan haber tenido la suerte de tener algún familiar viviendo en Buenos Aires que las apoyó a su llegada.

Migración como acontecimiento único. El sujeto no está preparado, aún cuando haya tomado las precauciones necesarias. Es posible apropiarse y aprendeherlo recién después de atravesarlo. Como consecuencia directa se produce un cambio de estructura y un cambio de significar los nuevos hechos vividos.

La labor del analista será de poder estar atento a la historia migratoria. Muchas veces implicará un trabajo de reconstrucción, recorriendo un camino que se inicia en las vivencias más presentes para llegar a la búsqueda de significados anclados en su pasado. En los pacientes que asisten al CIC, es ayudarlos a poder pensar y transitar la vivencia de migración y lo que les implicó, movilizó y, quizás, determina hoy muchos de sus actuales síntomas.

Taller Saludarte. Un espacio grupal de encuentro

Desde el inicio de nuestra labor en el CIC, se nos planteó el desafío de realizar una actividad grupal, un espacio grupal que tenga el arte como eje, teniendo en cuenta el poder transformador del arte como recurso en sí mismo. Por tanto nos juntamos para idearlo, soñarlo, concretarlo, la profesora de arte del Centro y dos psicólogas, ambas con formación artística. Una de ellas trabaja en una escuela de arte como psicóloga. Yo, con formación en arte plástica. Por tanto, ese es el lenguaje que nos reúne y convoca.

Nos planteamos distintos objetivos:

  • Centrar al grupo en una tarea que le posibilite revisar su atrincheramiento (refugio) narcisista por la vía de la creación con otros.
  • Tejer lazos con otros.
  • Articular la tarea propuesta en relación con la idea de trabajo.
  • Posibilitar el tejido de una red grupal donde la producción y la creación con otros resulte una forma posible de bordear el malestar.
  • Utilizar lenguajes del arte, como la plástica, la música, la literatura, la danza, el canto, los medios audiovisuales, entre otros, para proponer la generación de espacios transicionales.
  • Alojar al grupo e introducir demora a partir de este recurso privilegiado que ofrecen los distintos lenguajes artísticos que ayudan al sujeto a salir del destino de la fijación, de la repetición, del estereotipo.
  • Detenernos en el trabajo sublimante, más que en sus productos, y pensarlo como un pasaje, más que como un modo específico de satisfacción.

Adriana Farias, docente de la Universidad Nacional de Artes (UNA) dice: “En estos tiempos complejos que vivimos, donde resulta imposible encontrar una forma de abordaje para cualquier situación, considero de gran importancia el trabajo de los que creemos en el arte. Valorar el espacio de creación, estar atentos y observando los acontecimientos que se producen, disfrutar con los grupos y tener un intercambio fluido con los profesionales, nos permite tener una visión más completa de cada sujeto. Desde la salud produciendo cultura, y desde la cultura produciendo salud”. (Bróccoli, 2011)

¿Por qué elegimos el “taller” como dispositivo de abordaje grupal? Porque constituye un espacio para el aprendizaje grupal y participativo donde se privilegia la producción colectiva. Propiciando, a su vez, en los participantes, un fortalecimiento de su posición subjetiva en tanto aporta la ficción de un reconocimiento social del sujeto productor. El coordinador propicia la participación de los integrantes,  propicia la construcción permanente de conocimiento y su producción desde la confrontación, con los problemas y situaciones reales y concretas. Su intervención apunta a sostener este proceso y promover la reflexión acerca del trayecto del grupo y su producción. El taller como espacio en el cual sujetos integrales despliegan acción, pensamiento y emoción entretejiéndolos y potenciándolos, avanzando en la ardua tarea de comprender y transformar lo real.

¿Por qué un taller en donde nos sirvamos de los lenguajes del arte?

El arte es garantía de salud

Louis Bourgois

 

Porque el arte da múltiples posibilidades, “vela y revela”, porque tiene un poder transformador y no deja de conmover. Mover y conmover. Pensar en arte nos remite a creatividad.

Lo que hace que el individuo sienta que la vida vale la pena de vivirse es, más que ninguna otra cosa, la percepción creadora. Frente a esto existe una relación con la realidad exterior que es relación de acatamiento, se reconoce el mundo y sus detalles pero solo como algo en que es preciso encajar o exige adaptación […] En forma atormentadora muchos individuos han experimentado una proporción suficiente de vida creadora como para reconocer que la mayor parte del tiempo viven de manera no creadora, como atrapados en la creatividad de algún otro, o de una maquina… nuestra teoría incluye la creencia de que vivir en forma creadora es un estado saludable, y que el acatamiento es una base enfermiza para la vida.

Es interesante hacer dialogar este planteo de Winnicott con las vivencias relatadas por las integrantes de Saludarte, donde se observaban y se observan continuos cambios subjetivos al poder desplegar y descubrir los propios potenciales creativos. Se confrontan así con la ficción que toda angustia, dolor o sufrimiento puede ser resuelto con objetos o sustancias.

En el grupo que coordinamos, no está pensada la presencia de un observador que intervenga frente a los contenidos implícitos, latentes que presenta la tarea. Tampoco el trabajo con “ansiedades básicas” que implican necesariamente la interpretación de contenidos inconcientes. No es éste el objetivo del taller y sería lícita que cualquier interpretación en este sentido fuera vivida como una agresión por parte de las integrantes del grupo.

Bien, entonces, partimos de la posibilidad que brinda el arte: proporciona la expresión simbólica, la posibilidad de otros lenguajes allá donde no está la palabra. Se inició este recorrido donde nos han inspirado muchos artistas que admiramos y disfrutamos, y nos hacen la vida más bella.

La plástica y la literatura fueron y son los lenguajes privilegiados en los que abrevamos, lenguajes que permitieron la expresión, la investigación y la exploración. En estos, los primeros intercambios, era interesante ver como, en estas mujeres, los espacios ligados a la creatividad habían sido desalojados por espacios dedicados a la productividad, en su aspecto más enajenante y alienante. Probablemente por el origen fabril de características predominantemente textiles de esta zona, la mayoría de estas mujeres son costureras, o bien, empleadas domésticas.

En una etapa inicial, pudo observarse claramente como en cada encuentro se ampliaban los espacios íntimos, confidentes. El marco ensanchado por la confianza que cada integrante pudo depositar en el espacio grupal fue dando lugar a la posibilidad de compartir con las otras, distintas experiencias de dolor, especialmente situaciones ligadas a violencia de género, silenciadas durante muchos años. También se abrió el espacio para el despliegue de los anhelos, los sueños y las ilusiones.

El trabajo con la palabra comenzó a abrirse paso de manera relevante. En esta lógica, en donde todo el tiempo se trataba de no coagular sentidos, de un intento de situar la imposibilidad de “pintar todo”, de “decir todo”, de un encuentro diferente y particular con la realidad y con la propia historia, el trabajo con la metáfora, particularmente con la poética, vino en nuestro auxilio a destrabar y a relanzar el proceso iniciado. Compartíamos en cada encuentro poemas. El nivel de protagonismo grupal invitaba a traer al espacio y compartir distintas poesías.

En este viaje grupal, como hemos visto, se fue armando una red, la construcción de una trama la cual generó confianza en las integrantes, confianza para que se animen a habitar el grupo y sentirse alojadas, tolerando lo diverso, lo múltiple, lo que falta y no se ajusta a la totalidad; tarea no del todo sencilla. Sentirse alojadas en una época de no lugares y de aislamiento.

Es interesante pensar esto partiendo del perfil de la población que asiste al grupo. En sus discursos relataban no salir de la casa, “permanecer aisladas y deprimidas”. Podríamos pensar “solas en su padecimiento”. Es así que el grupo, en este caso el Taller Saludarte, se presenta como una alternativa para intentar tramitar porciones de padecimiento a cambio del placer de la creación con otros.

Pensamos la coordinación teniendo como eje el poder co-trabajar o co-pensar (como decía Pichon-Rivière) formas novedosas de resolución de problemas, instrumentos de indagación, por sobre la transmisión de información. En todo momento abrimos la posibilidad de problematizar por sobre el otorgamiento de sentido a lo que se escucha. Coordinar interviniendo en el grupo para favorecer producciones colectivas, las nuevas significaciones.

Los Miedos, un tema para abordar grupalmente. Y que nos fue sorprendiendo

Los temas que se abordan grupalmente parten de los distintos emergentes grupales que van surgiendo en el grupo. Surgieron en estos años especialmente temas relacionados a las situaciones de violencia que han vivido con parejas, o bien, con sus familias de origen (siendo esto uno de los temas centrales que ellas traían), cuestiones ligadas a poder pensarse como mujeres. Al comienzo del taller, teníamos un encuadre más flexible que luego modificamos en cuidado del espacio grupal (lo realizamos de manera cuatrimestral, con entrevista de admisión). Esto permitía el ingreso de nuevas integrantes.

En uno de los cuatrimestres, hemos propuesto nosotras un tema para ser abordado en el taller: “Los miedos”. El objetivo era poder transitar este tema desde distintos aspectos: los miedos que nos determinan, miedos infantiles, miedos actuales, cómo enfrentarlos, estrategias… etcétera. Esto fue posible teniendo conocimiento y vínculo con las mujeres que asisten al taller (si bien cada cuatrimestre se incorporan mujeres nuevas al espacio, hay algunas que concurren desde el inicio lo cual generó un vínculo de confianza, transferencia que permite profundizar sobre distintos temas).

Por tanto, se inicia el cuatrimestre planteando este tema, abarcativo pues, profundo, el que sentíamos que hasta el momento había sido obviado, pasado por alto.

Los encuentros grupales. De los miedos infantiles a un miedo común

Como primera actividad se planteó que cada una de las participantes escriba un miedo infantil (en un papel y de manera anónima). Tenía que ser puesto en una caja destinada a recibirlos. Los mismos se fueron guardando durante varias semanas para ser leídos posteriormente.

En cada encuentro leíamos los papeles que ellas pusieron en las cajas sobre los miedos infantiles. Al leerlo, la que lo escribió cuenta por qué y qué recuerdos le trajo escribir sobre eso. Surgieron así diversas asociaciones y comentarios de las demás participantes que se van involucrando. Aparecen miedos de distintas características: “a la oscuridad”, “a las tormentas”, “a los gritos de las peleas de mis padres”, “al lobo feroz”, “al silencio”, “a que me peguen”, “a la muerte”, “a mi madre”, etcétera. Los miedos se pueden hablar, se traen recuerdos asociados a estos, algunos son vigentes, actuales, se convive con ellos.

Posteriormente, se trabajó proponiendo una actividad plástica ligada a esta temática utilizando como recurso la dactilopintura, pero de manera grupal usando distintos materiales (poder ponerle color, y texturas y formas usando yerba, café, tergopol, cartones, plasticola, etcétera). La consigna del trabajo era poder explorar texturas, conectarse con un material que permita jugar.

Seguida a esta actividad (pasaje de lo grupal a lo individual), se trabajó como propuesta la realización de un trabajo individual utilizando pinturas que apuntaba a que cada una pueda pensar en los miedos propios buscando colores y formas. “Ponerle colores al miedo”. En esta actividad pudieron no sólo conectarse con los colores, sino darles formas, nombrarlos y dibujarlos. Algunas de las mujeres hicieron formas con colores; otras, pudieron dibujar sus objetos temidos y situaciones traumáticas.

Un tema que emerge a la luz. La Migración

Acompañando este trabajo sobre los miedos, trabajamos con la biografía y obras del pintor Eduard Munch. Las mujeres participantes del taller observaron sus cuadros, los comentaron, opinaron.

«Desde que nací, los ángeles de la angustia, el desasosiego y la muerte estaban a mi lado. Me acechaban cuando me iba a dormir y me aterrorizaba con la muerte, el infierno y la condenacíon eterna. A veces me despertaba de noche y miraba alrededor: ¿estaba en el infierno?».

«Mi pintura es, en realidad, una confesión hecha por mi propio albedrío, un intento de aclararme a mí mismo mi concepto de la vida. No quisiera perder la esperanza de que pudiera ayudar a otros a alcanzar claridad sobre sí mismos».

Y vaya si lo hizo.

El libro sobre la vida y obras de Munch se lo fueron llevando a sus casas, libro viajero. Así, una de ellas lo trajo al grupo y dibujó la obra “El Grito” en su casa, diciendo que ese cuadro la había conmovido. Fue colgado en el taller y se trabajaron grupalmente las distintos significaciones que las participantes le daban al mismo.

Surgió la propuesta —no se cómo, de dónde, casi impulsivamente y en plena trama grupal— de que el grupo pueda realizar “la propia versión del Grito de Munch”. Ellas acotaban: “Tendría que ser una mujer la que grita y está allí”. A partir de esto se inicia una cadena de asociaciones ligadas al terror y al miedo, y que situaciones de la vida les habían despertado tales sentimientos. Miedos hablados y relatados que habían sido sepultados, ocultados.

Aparece un tema en el grupo, un emergente que irrumpe, las congrega, las une y que tiene que ver con “la Migración”.

Tomando este emergente que surge con fuerza, aparecen distintos recuerdos intensos del momento de la migración, sentimientos, temores, sensaciones. Se sorprenden a sí mismas descubriendo que casi todas las integrantes venían de otro lugar (Paraguay, Misiones, Corrientes, Jujuy) y que ninguna había nacido en Buenos Aires. Todas coinciden en que vivían en zonas rurales y no conocían la ciudad. La mayoría de las integrantes relatan que vinieron con sus padres, habiendo dejado la casa, el terreno con sus animales. Coinciden en que fue “de un día para otro”. Tren-MigracionesMVSalomoneCoinciden en un tren en el que se viajó mucho tiempo. Otras integrantes refieren haberse venido, escapando (de situaciones familiares). Hablan de cómo les impactó la llegada, su desorientación. Refieren que siendo “muy jovencitas” (adolescentes y algunas niñas) fueron enviadas a trabajar a casas de familias (cama adentro) para tener empleo seguro. A partir de esto, pueden mencionar sus sentimientos de soledad y angustia.

Relaciono estos relatos que irrumpen con el texto “Re-escribiendo la historia familiar: las consecuencias de una experiencia migratoria forzada” (Cohan, 2001) donde se desarrollan varios aspectos que me permiten pensar en las mujeres participantes del taller y de cómo, luego de todo un recorrido, abren este tema (el grupo, ante esto, tuvo un antes y un despúes) como la migración misma que instaura un antes y un después, haciendo y marcando frontera, ¡lo mismo el grupo!

Estas mujeres no eligieron migrar; en su mayoría fueron sus padres los que tomaron la decisión por razones económicas, necesidad de empleos estables (soñando empleos en industrias y fábricas). Aparece así, un costado traumático que ellas pueden relatar en su primer encuentro con la ciudad, pasando a vivir en barrios hacinados y viviendas pequeñas; sumado a tener que dejar su idioma (la mayoría reconoció hablar el guaraní y, actualmente, sólo lo hablan entre adultos en sus casas y no lo transmitieron ni a sus hijos ni a sus nietos. Vale la cita:

Los cambios migratorios son experiencias que pueden ser vividas en forma traumática, despertando sentimientos primarios de desamparo que dejan huellas en el sujeto. Perder lo que le es propio, todo aquello que constituye el espejo donde se reconoce y se encuentra…su entorno, su idioma, su cotidianeidad, su gente; supone una fractura. Lo conocido pierde la función de apuntalamiento que proporciona y uno queda frente a lo nuevo y desconocido, sin ayuda exterior. Lo peor no es el peligro en sí, sino la sensación de no contar con la ayuda externa para superarlo, el sentirse sin recursos, sin poder esperar nada de nadie. (Cohan, 2001)

Coincidiendo con lo que plantea el doctor Carlos Sluzky en este escrito: «En los años subsiguientes a un cambio de área de residencia (mudanza o migración) tiene lugar más violencia familiar y abuso de alcohol, ocurren más separaciones y tanto niños como mayores sufren mayor cantidad de accidentes y enfermedades, perturbaciones somáticas e interpersonales de sufrimiento», y vinculando los relatos de las mujeres del taller, estas refieren que sus padres tuvieron dificultades para asentarse y que las condiciones de vida eran muy duras. Coincide esto con las problemáticas que ellas mismas padecen con sus parejas e hijos (violencia, y alcoholismo). (Cohan, 2001)

Se plantea la idea de hacer una recreación del cuadro de “El Grito“ de E.Munch. Esta vez desde la perspectiva de lo que venimos charlando y trabajando grupalmente. Surge de ellas, que la protagonista sea un primer plano de la mujer, una mujer que está de frente que grita. Discuten entre ellas cómo plasmar las ideas, qué elementos dibujar, cómo hacerlo. Se turnan, intentan, borran, vuelven a hacerlo…

MujerCiudad-MigracionesMVSalomoneEn el centro del trabajo ubican a la mujer —no aparece una mujer gritando, aparece una mujer ambivalente, ni triste ni alegre— a un lado de ella ubican lo que se deja, la naturaleza, árboles, ríos, animales, su casa rodeada de vegetacìon, el tren (tren que todas recuerdan, ese viaje largo, sorpresivo), todo lo que se dejó atrás. Al otro lado, dibujan la ciudad gris (edificios, calles, semáforos). Una de ellas, mientras dibuja, relata sus terrores al ver la ciudad, “No sabía manejarme, no entendía qué era eso de los semáforos; una vez me puse a llorar en un ascensor porque no sabía qué era, cómo usarlo. Me dio pánico, nunca más subí a uno”.

Ponen colores: de una lado del trabajo predomina el gris, del otro, el verde. La mujer aparece femenina, vital. Se cuestionan: ”No es como queríamos, no está gritando, nos salió distinta a lo que queríamos”. Aparece una mujer expectante ante el cambio, pero risueña. Mientras pintan (este trabajo, por sus dimensiones, les lleva varios encuentros) van compartiendo distintos recuerdos. Aparece en los relatos compartidos cómo fue la decisión de irse. Delia (oriunda de Misiones de una zona rural) cuenta: “Fue de un día para otro. Mis padres me dijeron que nos íbamos, que íbamos a tomar un tren y viajar mucho; y fue de un día para otro. Dejamos todo: los animales, la casa, los muebles. Todo quedó como estaba. Yo no entendía, pensaba que íbamos a volver. Yo me entusiasmé con el viaje, pero luego me di cuenta que no volvíamos y extrañaba mucho, el verde, mi casa. Acá vivíamos todos apretados en un cuarto, no había lugar, había que buscar trabajo”. A partir de esto, todas relatan sus experiencias con respecto al tren y al viaje; dicen que nunca se habían movido de sus pueblos y no conocían la ciudad, y que fue un viaje demasiado largo. Hacen referencia al impacto de la llegada, a la sensación de miedo y sorpresa de ver tantos edificios; lo definen como “ver gris”. Y deciden que de un lado de la mujer tiene que predominar el verde ligado al pasado que dejaron y, del otro costado, (quedando dos planos) predominio del gris relacionado a la ciudad y al cemento. Todas coinciden en que, si bien iban algunas a casas de familiares o vecinos que conocían y habían migrado anteriormente, se mudaban a viviendas precarias, con poco espacio, villas cercanas a fábricas e industrias ya que buscaban fuentes de trabajo; pudiendo manifestar que no era eso lo que imaginaban (muchas eran niñas o adolescentes). Sus pagos del pasado aparecen como el paraíso perdido y la ciudad como algo no elegido… gris

Ciudad-MigracionesMVSalomoneMientras van relatando y recordando, se van conectando con las sensaciones de ese momento y aparece entre ellas cierto asombro de ver que todas vivieron situaciones similares; aparecen las miradas cómplices, las sonrisas y especialmente el poder contar la propia experiencia. Es a partir de este momento en que se activa una grupalidad diferente, donde todas se reconocen como migrantes, como mujeres que vienen de vivir en el campo y llegan a la ciudad.

Siendo que vinieron bajo la modalidad de migración forzada, traídas por sus padres —la mayoría—, este aspecto me hace pensar, interrogarme en cómo tramitaron este duelo (siendo niñas y con padres que tenían a su vez que duelar el haber dejado su tierra y adaptarse a la nueva realidad), si esta migración resultó traumática y si todo esto influye en sus síntomas actuales como se menciona en la clase 4 que aborda los efectos, menciona síntomas multideterminados donde este aspecto del viaje migratorio no es menor en la vida de estas mujeres o en el de sus hijos. Vale la cita: “Es frecuente que en un primer momento la familia migrante mantenga cierta cohesión ante la situación de cambio mientras está ocupada en la sobrevivencia. Las ansiedades y los temores se vinculan con el entorno, con las dificultades que enfrentan y se va postergando el duelo. Pero si la desmentida del ser extranjero es tan fuerte que permanece en el tiempo y atraviesa todas las elecciones de la vida familiar, sin tramitar el duelo, se somete a los hijos y nietos a un trabajo psíquico que es empobrecedor y a consecuencias somáticas, muchas veces graves”. (Cohan, 2017, clase 4)

En uno de los últimos encuentros, ellas comenzaron a relatar ciertos problemas de sus hijos ligados a adicciones. Pensaba en los modos de resolución de conflictos, cómo se habrá planteado en ellas, en sus parejas también migrantes, y qué le transmitieron a sus hijos en lo que respecta a la solución de conflictos.

Citando el texto de Norma Ferro Pérez y Carmen Rodríguez Rendo (1999), me pregunto acerca de su condición de seguir siendo extranjeras. “…el fantasma de la traición coloca al yo en una compleja situación: sin repudiar los ideales anteriores, los que refieren a su origen, debe sentirse autorizado para identificarse con los nuevos ideales, de lo que dependerá su capacidad para haberse ido y para haber llegado […] La palabra SOLEDAD de uso corriente entre los extranjeros [y mujeres del taller que cuando inician el taller, referían no tener amigas, gente con quien hablar, y no salir de sus casas] retorna como forma de acuñar un termino para sostener un deseo. Quedarse en lo extranjero no dejará de ser un nuevo intento de puntuación en el discurso de la vida”.

Es, a partir de este momento, en que en el grupo se comienzan a habilitar para traer recuerdos y asociaciones ligadas a su historia, a sus infancias rurales, a los recuerdos de sus tierras (¿Idealizados? ¿Paraíso perdido?). Es en estos encuentros en que ellas se dan cuenta que muchas son de la misma provincia, pueblos rurales cercanos (limítrofes con Paraguay); que otras vienen de Paraguay, y otras (dos de ellas) de Jujuy. En el trabajo grupal, ellas resaltan los colores intensos de su tierra, la tierra colorada, los pájaros, la vegetación, dibujan y pintan un río con peces; hacen plantas, cargan de colores intensos esa escena y, atravesando en forma diagonal, un tren largo- .Una de las participantes que concurre desde el inicio de este taller, disfruta mucho dibujando y pintando, recrea continuamente con las distintas técnicas que proponemos escenas selváticas con pájaros de colores, árboles, ríos de una belleza muy particular. Pudimos entender, a medida en que ella fue contando recuerdos de su infancia en Misiones, cómo ella tenía incorporadas observaciones de la naturaleza, de su vida cotidiana y que ahora las revivía a través de la pintura. Le brotaban, sin pensarlo, surgían. Esto, a su vez, la gratificaba mucho, sorprendiéndose a sí misma).

Los encuentros se fueron enriqueciendo cada vez más, y generándose un clima grupal de mucha confianza y cercanía; se fue armando trama grupal, trama tejida entre estas mujeres que permitió y permite actualmente el poder traer recuerdos acerca de ese pasado, de esas vivencias como migrantes. Van surgiendo como asociaciones que fluyen de acuerdo a distintos temas, muchas veces son recuerdos dolorosos, angustiantes; otros, risueños. Comenzaron a hablar de las comidas, las recetas de los distintos platos que cocinan y hasta los prepararon para compartirlos en el taller. Se comenzó a hablar de la música y los idiomas. Por ejemplo: una integrante del grupo llega un día diciendo que era el día de la madre en Paraguay y que había festejado con su madre; refiere que les trajo una canción para compartir, la canción era en guaraní y todas las entendían. Nos la tradujeron para que entendamos. La canción hablaba acerca de la madre y su sacrificio, donde los hijos crecen y no la valoran. Comienzan a debatir sobre esta canción, diciendo que no es tan así. Una particiapante del grupo de las más jóvenes  escuchaba callada, se anima a hablar y dice que es que en Paraguay las mujeres son muy machistas. A partir de su intervención, comienzan a pensar cómo es el ser madre en su cultura. Nosotras, como coordinadoras, acompañamos, las escuchamos.

Muchas de estas mujeres al llegar al espacio del taller, al iniciar el mismo (hace ya seis años) se las observaba desvitalizadas, encerradas en sus casas, con altos montos de angustia y enfermedades de distinto tipo (algunas de mucha gravedad). ¿¿Sindrome de Ulises?? Algunas de ellas realizaron en el CIC tratamiento psicológico individual y, aparte, participaban del Taller Saludarte. Otras integrantes no realizaron nunca tratamiento individual hasta el momento. Dentro del proceso grupal, llevó tiempo para que aparezca la migración como tema que las incluía, las relacionaba. Algo se destrabó en ellas al abrirse esta temática (que durante mucho tiempo estuvo silenciada, vedada, callada). La red grupal permitió poder desplegarla, justo cuando lo que se abordaba era el tema de los MIEDOS.

Es a partir de esta trama que se cuestionan y preguntan acerca de ciertos prejuicios culturales.

Al iniciar este trabajo y propuesta con el tema del miedo, se comienza a armar historia, a poner en la trama grupal, a simbolizar y a compartir, y a atravesar el tema dentro del viaje grupal (metáfora que solemos usar en Saludarte.) donde se vuelva a vivencias, donde se encuentran similitudes y diferencias, donde los sentimientos empiezan a tener palabra, significante.

Otro tema que apareció fue la necesidad de poder viajar a la tierra de origen y cómo entre ellas había distintas posturas. Están las que dicen sentir la necesidad de ir una vez al año, al menos para visitar familiares, pasear. Una de las mujeres decía que pasó años sin ir a su pueblo, no quería, lo tenía negado, no quería ver a nadie, estaba enojada. “Luego de muchos años decidí ir. No llegué, me apuné y quedé hospitalizada en La Quiaca. No pude llegar, seguí intentando. Ahora ya lo logré”. Otra mujer relataba  que antes iba a su pueblo y se encerraba, no participaba de nada. Ahora dice que quiere ir todos los febreros y agostos para participar de los festejos de Carnaval y Pachamama: ”Me gusta Buenos Aires, pero necesito irme cada tanto. Las fiestas allá me hacen bien, mi familia no entiende que yo quiera esto”.  Una mujer cuenta que ella se encargaba de llevar gente del barrio actual cercano al CIC , donde vive, a la peregrinación de la Virgen de Itatí, y todos los años iba a Corrientes para participar de los rituales religiosos. Ella disfrutaba de esa organización y congregaba a todos los que habían migrado a Buenos Aires para ir a Corrientes a la fiesta de Itatí.

Actualmente, este grupo continúa trabajando, creando arte y palabra, sabiéndose mujeres que comparten una misma historia como migrantes.

Este cuatrimestre estamos trabajando con la técnica de tapiz. La temática se inició con una actividad de inicio donde nos estuvimos ocupando de las reglas convivenciales del grupo y recortando telas para decorar el cartel. Comenzaron a hablar de muñecas. Para acompañar esto, relatamos la leyenda de las muñecas Quitapenas de Guatemala (leímos el texto de Galeano) y surgieron asociaciones y recuerdos acerca de sus infancias en el campo.   Mientras recortaba flores de tela, una mujer  contó un recuerdo de infancia: “Estábamos con mi mamá; había una señora que era indígena, tenía un rancho lleno de muñecos que ella hacía. Eran raros. Yo quería una muñeca que ella tenía, me quedé encantada; no era linda, era hecha con telas, nudos, cosas del campo. Mi mamá se la quiso comprar y la señora le dijo que esa muñeca no se vendía. Lloré tanto tanto por esa muñeca. La señora me vió. Era tan raro todo en su casa de paja; al final me la dio y no nos cobró. Fue mi muñeca preferida, yo la amaba, era feísima, pero no para mí”.

Planteamos como actividad la realización de un tapiz que convoque a una muñeca, utilizando retazos de telas de colores que fuimos pidiendo y recolectando. Ellas pusieron manos a la obra, cada una realizando la suya con la idea de unirlas al fin del cuatrimestre como un gran banderín. Al coser y bordar y confeccionar, surgieron muchos recuerdos ligados de cómo eran sus juguetes. Varias de ellas refirieron no conocer una muñeca hasta que llegaron a Buenos Aires. Otras relataban que confeccionaban muñecas con el marlo del choclo y la chala y que las mamás les hacían vestiditos para los marlos. Otra contaba que usaba a los gatos como muñecas.

Y así entre puntadas, hilos, agujas, retazos de telas, mate, van cosiendo recuerdos, compartiendo vivencias de un pasado remoto habiendo encontrado (y apropiado) de un espacio donde poder hablarlo, donde permitirse sentirse migrante. ¡¡Una experiencia compartida al menos hoy, hablada!!

MujeresMosaico-MigracionesMVSalomonePensar estas mujeres que concurren al Taller Saludarte y ofrecer un espacio de arte y palabra, donde ser escuchadas, escucharlas en sus historias de niñas o adolescentes migrantes, no pudo menos que recordarme a mi Abuela Rufina que vino a los 7 años en barco desde un pueblo de campo cercano a Toledo, España. Su familia campesina dejó su casa de piedra, sus ovejas, su tierra para venir a Buenos Aires. Ese era el destino. Mi abuela campesina, nunca fue al colegio, apenas a una escuelita rural, poco tiempo. Siempre recordaba el barco y ese viaje largo. Se asentaron en Martinez que en esa época era otra cosa. Mis bisabuelos fueron sirvientes de la familia Alvear, mi bisabuela la lavandera. Esta es apenas una partecita de mi historia familiar, del campo a la ciudad, y cruzar un océano…
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Bibliografía

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Bróccoli, B. (2011, 14 de marzo). Arte terapia, el vínculo entre salud y cultura. Argentina Investiga. Divulgación científica y noticias universitaria. Recuperado de: http://argentinainvestiga.edu.ar/noticia.php?titulo=arte_terapia_el_vinculo_entre_salud_y_cultura&id=1236

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Cohan, G. Graschinsky de (Junio, 2001). Re-escribiendo la historia familiar: Las consecuencias de una experiencia migratoria forzada [Rewriting the family story: The Consequences of a forced migration experience]. Trabajo presentado en el 23 Congreso anual American Family Therapy Academy, Miami, Estados Unidos.

Ferro Pérez, N. & Rodríguez Rendo, C. (1999). El porvenir de una representación: emigración e identidad. Revista de Psicoanálisis, 56(4), pp. 799-813.

Hassoun, J. (1996). Los contrabandistas de la memoria (pp. 9-27). Buenos Aires: De la Flor.

Winnicott, D. W. (1988). La creatividad y sus orígenes. En D. W. Winnicott, Realidad y juego (p. 93). Buenos Aires: Gedisa.

Acerca del autor

María Virginia Salomone

María Virginia Salomone

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