NÚMERO 15 | Marzo, 2017

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Entrevista a Miguel Alejo Spivacow | Ileana Fischer

Miguel Alejo Spivacow comparte con un estilo amable, cálido y reflexivo aspectos de su vida personal y el modo en que se tejieron para orientar su elección profesional. Presenta de un modo claro y comprometido su opinión acerca de los desafíos actuales del psicoanálisis y de los psicoanalistas. Respecto del tema de las perspectivas de género, eje temático de la actual edición, plantea sus reflexiones desde el punto de vista clínico. Invitamos a los lectores de Psicoanálisis Ayer y Hoy a leer esta entrevista entretenida en la que Miguel Spivacow muestra con claridad sus posición respecto a temas actuales del psicoanálisis.

Comité Editoral: ¿Cómo elegiste ser psicoanalista?

Miguel Spivacow: Cuando era adolescente, tenía 12 o 13 años, hubo una historia en mi familia que me afectó mucho. Basicamente, me puse muy celoso de una persona que vino a vivir a casa. Mi mamá, muy inteligentemente, me mandó a un terapeuta; mi papá se oponía. Yo fui, y esa persona me ayudó mucho. Durante esa época me imaginaba que los psicoanalistas eran tipos tranquilos, que no tenían problemas. Pensaba que ser psicoanalista equivalía a comprar la felicidad. No sabía que éramos como todos; que sufríamos, que éramos inestables y que la profesión no nos hacía ni más sanos ni más tranquilos. Creo que eso influyó mucho. Después estudié Medicina. Me gustaban las humanidades. Primero fui médico clínico, después me gustó la psiquiatría y, dentro de la psiquiatría, lo que más me interesaba era lo que se conocía como psiquiatría dinámica. Es decir, la psiquiatría que le otorga un lugar preponderante a la subjetividad. Así llegué a ser psicoanalista, siguiendo esos caminos. Otra cosa que influyó mucho fue que, cuando era adolescente, leí un libro de José Bleger Psicología de la conducta. Era un libro muy claro, muy preciso. Me encantó y creo que me gustó esa manera de plantear las cosas, de pensar.

CE: Teniendo en cuenta esta creencia que tenías en la adolescencia acerca de los psicoanalistas y tu modo posterior de acercamiento al psicoanálisis ¿creés que esto te posiciona de un modo particular en la escucha de tus pacientes y del trabajo con parejas?

MS: Sí, creo que sí. Me posiciona en este sentido: creo que entre los colegas hay gente más intelectual en su modo de aproximación al paciente; hay gente menos intelectual, gente más vivencial y menos vivencial; algunos toman más en cuenta los sufrimientos, gente que los toma menos en cuenta. Cuando uno mira como la gente trabaja, diría que soy un tipo al que le interesa la teoría, pero que en la aproximación al paciente siempre siempre empiezo por mirar dónde sufre, dónde está mal; me aproximo de una manera vivencial y siempre pienso que el tratamiento tiene que servirle al paciente en su vida emocional, en lo que hace a los sufrimientos. No pienso jamás y nunca creí que un psicoanálisis se hacía para conocerse a uno mismo. Ese es un objetivo secundario que por añadidura, como diría Lacan, se puede dar. Pero el objetivo de un tratamiento es vivir mejor y resolver ciertos sufrimientos. Esa es la manera en la que me beneficié del psicoanálisis y creo que esa es la manera en la que yo me aproximo a los pacientes. Pienso que esta manera está muy vigente actualmente, pero hace cincuenta años no era tan claro que los síntomas eran fundamentales y que el sufrimiento era fundamental.

CE: Este año la AEAPG propone para su Ciclo Científico y Congreso Anual el tema de la vigencia y desafíos actuales del psicoanálisis. Si tomamos en cuenta esto último que planteás respecto de la intervención del psicoanalista en el sufrimiento de los pacientes y lo vinculamos con sufrimiento actual y el psicoanálisis actual, ¿te parece que el psicoanálisis ha tenido que cambiar sus modos de intervenir respecto de los sufrimientos de las personas? ¿Los sufrimientos de la actualidad difieren de los de hace años atrás?

MS: Es muy buena esa pregunta. Yo la dividiría en dos. ¿difieren los sufrimientos actuales de los sufrimientos de la época de Freud, de los sufrimientos de hace cincuenta años? Sí, por supuesto que difieren. Porque lo que difiere es la sociedad, la tecnología. Ahora los muchachos y chicas están preocupados, cuando ponen un mensaje en Facebook, por si les ponen un «me gusta». La tecnología ha cambiado a la sociedad. A lo mejor si pensamos en una esencia del ser humano podemos plantear que las cosas no cambiaron tanto. Pero no creo que haya una esencia del ser humano, todo lo contrario. Creo que somos un producto cultural, social, de época. Entonces entiendo que el sufrimiento ha cambiado y hay nuevos sufrimientos y, también, viejos sufrimientos que se mantienen. En ese sentido, también los modos de abordaje del psicoanálisis han tenido que ir cambiando. La gente que no los cambió es en mucho responsable de que el psicoanálisis haya perdido la presencia en la cultura que antes tenía. Porque, para poner un ejemplo mínimo, cuando empecé a trabajar de psicoanalista, hace cuarenta años, era natural plantear un tratamiento de tres veces por semana. Hoy no es sensato hacerlo. Si lo hacemos, tenemos que estar muy seguros de que la persona lo necesita y que lo puede hacer. Lo más probable es que un paciente pueda venir una vez por semana mientras que antes una vez por semana no era psicoanálisis. Entonces el psicoanálisis debe cambiar y, por suerte, los psicoanalistas inteligentes vienen cambiando y el psicoanálisis viene cambiando. Por supuesto, en todo proceso de cambio hay gente que se resiste, pero, volviendo a la pregunta, los modos de abordaje clínico se  deben modificar.

CE: ¿Cómo fue que elegiste a la AEAPG para hacer parte de tu recorrido profesional? ¿Qué actividades estás realizando ahora en la institución?

MS: Tenía amigos en la Escuela de Psicoterapia y, en aquella época y ahora mismo, es una institución muy respetada. Tenía en aquel momento, sin ser una institución oficial, muy buen nivel científico, muy buenas exigencias. Me interesó ser profesor. En aquella época estudiaba mucho la obra de Freud y me aceptaron como profesor. Durante muchos años estuve enseñando la obra de Freud. Tengo un muy lindo recuerdo de esa época de mi tarea docente y de los alumnos. En la Escuela hay un buen material humano. Posteriormente hice la tesis por el convenio de la Asociación con la Universidad de la Matanza. Al tiempo, organicé un grupo en la Escuela que se llama Malditos lunes, que coordinamos con Silvina Foks y Norma Álvarez. Es un grupo de trabajo clínico, muy lindo. Vemos pacientes y trabajamos textos. Trabajamos hace muchos años, creo que más de diez. Es un grupo que nos enriquece mucho a todos.

Creo que las instituciones son muy necesarias para la vida del psicoanalista. El trabajo del psicoanalista tiene un costado que es el trabajo sobre él mismo, sobre su modo de entender la realidad. Es el trabajo sobre la contratransferencia o el trabajo sobre el deseo del analista, en términos de Lacan. Siempre uno está haciendo un trabajo sobre uno. En ese sentido las instituciones arman grupos, promueven discusiones y favorecen todo esa tarea. Pienso que las instituciones son necesarias en la vida de los psicoanalistas. También es cierto que las instituciones plantean muchos problemas. Uno de esos problemas es la institucionalización del psicoanálisis. En eso la AEAPG es diferente. En general, las instituciones tienen el análisis didáctico de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA) o el Pase de los lacanianos. El Pase es una forma de institucionalizar, ya no el análisis, sino el resultado del análisis. En una u otra lógica se mete una cuña institucional en el análisis. Y eso es lo más antianalítico del mundo.

Te cuento una anécdota de los análisis didácticos. Yo era analista didacta en una institución y en una ocasión voy al claustro de didactas y una analista estaba presentando en supervisión los problemas que se le presentaban en un análisis didáctico. El supervisor era Meltzer. Parte de las dificultades de este candidato que ella traía, tenían que ver con una serie de inconductas que el paciente tenía dentro de la institución analítica y la primera y gran preocupación de la analista era corregir las inconductas del candidato dentro de la institución. Meltzer escuchó con mucha atención el material y le dijo: «Déjelo que haga lo que quiera en la institución, ya la institución se encargará de sancionarlo o no. Ese es un tema de la institución. Usted no lo está analizando. Usted se está ocupando de una tema colateral en la vida de este muchacho, y no está tomando los temas centrales para trabajar en el análisis». De ahí se derivó un debate acerca del rol de las instituciones. En determinado momento Meltzer dijo: «Las instituciones son como el papel higiénico. Son necesarias pero no son lindas». En este sentido, creo que las instituciones son necesarias, pero plantean un millón de problemas. En la AEAPG es meritorio el modo en el que manejan dos problemas: uno, es que no tiene análisis didáctico, aunque sí le pide análisis a sus miembros; el otro tema es que las instituciones tienen que tener alguna conexión con las universidades, aunque esto sería largo de debatir… La Escuela intentó una aproximación con el convenio con la Universidad de la Matanza.

CE: Este año la Revista Digital va a tomar como eje temático los debates en torno a la subjetividad y las cuestiones de género desde los diversos planteos al respecto. ¿Cómo pensás este tema de las nuevas perspectivas de género?

MS: Los temas de género no tienen un estatus claro en el psicoanálisis. Hay muchas discusiones acerca de esto. Creo que es un tema poco claro y que es un tema en el que hay que esperar que la sociedad evolucione. También que se nos aclaren muchas realidades que no conocemos e informaciones que no tenemos. Es un tema cuya discusión está demasiado teñida por cuestiones sociales. En la última discusión a la que fui, irrumpió un grupo de una comunidad gay para expresar políticamente lo que ellos pensaban, cosa que me parece perfecta, pero… esa no es la manera en la que los psicoanalistas tenemos que tratar estos problemas. Es un tema teñido de cuestiones ideológicas, interviene la iglesia y las iglesias, las comunidades de distinto tipo de orientaciones sexuales. En el psicoanálisis hay quienes han tomado partido y hay otros que estamos mirando y estudiando el problema, sin opiniones muy claras al respecto. Lo que te puedo decir respecto de las nuevas perspectivas de género es que es una cuestión muy clínica. Yo trabajo mucho sobre parejas y escribo mucho sobre ellas. Cuando atiendo a una —sea una pareja homosexual, heterosexual o lo que fuese— en mi aproximación con los miembros de la pareja y con su funcionamiento, no tomo muy en cuenta el género al que ellos pertenecen. Lo que tomo en cuenta es cómo entre ellos circula la falta y la atracción. Como analista de parejas pienso que ambos miembros son una especie de precipitado de bisexualidad en donde a mí, si la mujer maneja el tractor o está en la cocina, no me preocupa. Lo que me preocupa es cómo circula entre ellos el deseo y cómo funciona. Esto es una respuesta clínica a tu pregunta, no es una respuesta teórica. Desde el nivel teórico no tengo una posición tomada. Veo las discusiones que hay, que son muy importantes, pero estoy en una actitud expectante.

CE: Muy interesante esta conversación con vos. ¿Hay algo más que quisieras agregar antes del finalizar?

MS: Estas entrevistas que ustedes les hacen a miembros de la Escuela son un modo interesante de conocernos entre nosotros . La Escuela es una institución muy amigable —o por lo menos lo ha sido siempre para mí— y de muy buen nivel científico. Esa es una muy buena combinación. Y hasta donde yo sé, las luchas por el poder se mantienen en un nivel aceptable. Y creo que no es así en otras instituciones. Esto hace que, para mi gusto, sea una institución muy interesante y muy agradable. Tiene muchas características atrayentes y es una institución que quiero.

CE: Gracias Miguel. Un gusto nuevamente.

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