NÚMERO 14 | Agosto, 2016

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Federación Latinoamericana de Asociaciones de Psicoterapia Psicoanalítica y Psicoanálisis (FLAPPSIP): Marcas de la Experiencia Intercultural | Alicia Levín

Ponencia de la Mesa «Federación Latinoamericana de Asociaciones de Psicoterapia Psicoanalítica y Psicoanálisis (FLAPPSIP): Marcas de la Experiencia Intercultural», perteneciente al Ciclo «Miércoles en la Escuela», abril 2016.

¿Cómo hacer de lo que transmitió Freud a la civilización en su legado algo vivo y no letra muerta que duerma en los armarios de las bibliotecas? Algo vivo que nos despierte aún hoy, en el siglo xxi, nuevas interrogaciones sobre lo que él llamó «el malestar de la cultura». El texto de Freud, escrito en 1930, El Malestar de la Cultura, analizaba lúcidamente la sociedad occidental de finales del siglo xix y principios del xx, sociedad, diciéndolo muy rápidamente, nacida de la revolución industrial y desgarrada por la Primera Guerra Mundial; la reflexión de Freud del 30 es anterior a la Segunda Gran Guerra que con el nazismo asoló Europa. Pero en ese texto late también lo que Freud aprendió de lo que le revelaban sus neuróticos de entonces sobre la condición humana.

Me preguntaba frente a esta convocatoria que deseo transmitir, y decidí contar los orígenes de la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Psicoterapia Psicoanalítica y Psicoanálisis (FLAPPSIP) y su transcurrir en estos años.

Pienso que el movimiento psicoanalítico latinoamericano tiene sus raíces en el encuentro entre la pujanza de un grupo de intelectuales regionales que reconocieron precozmente lo revolucionario del descubrimiento freudiano, y varios psicoanalistas formados en los grupos de Viena y París y en el instituto de Berlín. Todos ellos provenían de una epopeya europea signada por el anhelo de poder y dominio que culminó en la tragedia de dos guerras mundiales.

Quizás por ello, la construcción de la libertad del hombre en el mundo psíquico y en la realidad exterior haya constituido una huella ideológica fundante en el seno del movimiento psicoanalítico latinoamericano. El psicoanálisis, que había nacido bajo el influjo de fuertes tradiciones monárquicas, contribuyó desde su concepción a que acaecieran profundos cambios en la civilización y en el pensamiento contemporáneo. En el ámbito local, los pioneros de la transmisión del psicoanálisis aunaron su espíritu.

Fue así que cuando José Bleger se decide hacia el principio de los años 50 a formarse como analista, se dirige naturalmente a Enrique Pichon Rivière. Pero Bleger está inquieto: en aquella época el Partido Comunista del cual es miembro desde joven había condenado el psicoanálisis como una práctica «burguesa». La llamada «guerra fría» había comenzado y el stalinismo estaba en su apogeo. Pichon le responde que la joven Asociación Psicoanalítica Argentina le iba a permitir formarse como analista pero que lo que él haría de esa formación era una cuestión suya.

¿Pero quién era por entonces ese hombre de apenas 30 años que va a verlo a Pichon? Un joven médico y neuropsiquiatra que ejercía en una lejana provincia del norte argentino, Santiago del Estero, a 1400 kilómetros de Buenos Aires, ciudad donde ejercían Pichon Rivière y un puñado de otros analistas.

La familia de Bleger se instaló en un pueblo llamado Ceres, en el norte de la provincia de Santa Fe, donde abrieron un negocio de lo que se llamaba en aquella época «ramos generales» [es decir, adonde se vende un poco de todo]. Eran pequeños comerciantes que trataron de ayudar a sus dos hijas y dos hijos a hacer estudios. Es así que muy joven, Bleger partió para hacer la escuela secundaria y después la Facultad de Medicina en la segunda ciudad más importante de la Argentina, por aquellos días, un poco más al sur de su pueblo natal: en Rosario. Era una ciudad pujante con un movimiento estudiantil muy fuerte, a las orillas del río Paraná, río caudaloso que viene de la selva sub-tropical en la frontera con el Paraguay, y que cuando se junta con el río Uruguay, forman el Río de la Plata, allí donde los españoles fundaron Buenos Aires en el siglo xvi.

Era seguramente un joven muy curioso, apasionado por la literatura y por el conocimiento en general, muy involucrado en la vida política argentina que en ese momento asistía al nacimiento del movimiento peronista (del cual es difícil decir algo en menos de una hora…).

Cuando rompe con el Partido Comunista, hacia 1960, lo hace públicamente denunciando el antisemitismo que pudo constatar personalmente en un viaje a la Unión Soviética.

Pero ¿y Enrique Pichon Rivière? ¿Quién era él por entonces y, más aún, qué representaba el psicoanálisis en la Argentina a principios de los años 50?

Casi desde sus comienzos los psicoanalistas argentinos se interesaron no sólo por el tratamiento de las neurosis, que era, no lo olvidemos, la indicación precisa que Freud le dio a su terapia, sino también al tratamiento psicoanalítico de la psicosis, de las enfermedades psicosomáticas, a la práctica con los grupos y las instituciones de salud y enseñanza. Pichon trabajó mucho tiempo como psiquiatra en los «loqueros» de Buenos Aires intentando encontrar caminos grupales e institucionales para tratar a los pacientes psicóticos. La política era y es omnipresente en la vida argentina. Los grupos iniciales en Latinoamérica se desarrollaron estimulados por líderes científicos e ideológicos, algunos formados en los Institutos de Psicoanálisis europeos y otros que, desde iniciativas locales, habían accedido a las fuentes de la transmisión analítica de las que extrajeron, por medio de lecturas y diálogos, diversas versiones de la misma, originadas en el tronco del pensamiento freudiano. El movimiento psicoanalítico germinó en el crisol de encuentros culturales que se desarrollaron en Buenos Aires, extendiéndose luego por distintas latitudes de Latinoamérica.

A diferencia de lo ocurrido en otras latitudes, no fueron los ideales de adaptación del sujeto los más significativos para el psicoanálisis de Latinoamérica, sino una búsqueda de indicadores de las modificaciones del mundo interno con especial consideración por la fantasía inconsciente.

Transcurría la década de 1950… En «Ideología y política», José Bleger planteó:

El conocimiento científico se halla infiltrado de ideología, pero es factible discutir un conocimiento científico en dos niveles: en tanto conocimiento científico y en tanto resultado o relación con la ideología. Capitular haciendo de todo conocimiento científico un producto ideológico es un error científico y un error ideológico y político. Negar las implicaciones ideológicas de todo conocimiento y no acceder al análisis de estas relaciones es también un error, no solo ideológico y político, sino también científico…

La guerra de Corea, la muerte de Stalin. Niemeyer comienza la construcción de Brasilia.

En nuestro país las fuerzas armadas derrocan el segundo gobierno de Perón.

Levy Strauss publica Tristes Trópicos. Se inaugura el Museo Guggenheim en Nueva York. El Sputnik tripulado por Laika parte al espacio; hechos que, como telón de fondo, van marcando la vida científica y cultural de la época.

En 1960:

J. F. Kennedy es presidente de los EE.UU.

Cae el gobierno de Illia; bajo el gobierno del general Onganía, nuestro país padece, entre otras cosas, La Noche de los Bastones Largos. El Papa Pablo VI da a conocer la Encíclica Pacem in terris.

Muro de Berlín, muerte del Che, Mayo Francés, Guerra de Vietnam… lo que una época puede decirnos…

La Escuela de Psicoterapia encuentra su origen en el Congreso de Medicina Psicosomática que se organizó en 1956. ¿Por qué? Porque, en ese momento, fue la primera vez que psicoanalistas entraron a la Facultad de Medicina. Se organizó un curso anual de psicoanálisis. ¡Tuvo un éxito bárbaro!

Al año siguiente el curso se dictó en el Aula Magna de la Facultad de Medi­cina. Ángel Garma y Arnaldo Rascovsky eran básicamente los dos expositores…

… Y es el comienzo…

Mucha gente toma contacto con el análisis clínico aparte de la formación teórica. Arnaldo Rascovsky era una persona muy generosa con los jóvenes; cuando se reci­bían los invitaba a participar. Tenía dos grupos de estudios. Uno sobre el psiquis­mo fetal y la manía, grupo en el que participaba gente que había terminado la formación en la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

El otro grupo estudiaba la obra de Nunberg, autor casi contemporáneo de Freud. Su libro: Teoría general de las neurosis era un clásico…

Del grupo de los lunes salieron todos los organizadores y profesores de la Escuela de Psicoterapia… En el consultorio de Arnaldo surgió la idea de instituirse en una es­tructura más orgánica, organizar las materias en términos de primero, segundo, tercer año.

Así se fueron gestando grupos coordinados ordenadamente, bajo el nombre de «Introducción a la Psicología profunda».

Se pretendía enseñar Psicoanálisis como una ciencia básica que podía ser útil aplicada a cualquier disciplina. Se transmitía la teoría psicoanalítica para ser utilizada total o parcialmente en su aplicación a otra disciplina, como una teoría de la comprensión del pensamiento humano.

Los concurrentes a los diferentes grupos serían sus alumnos; y los coordinadores que estaban funcionando al frente de los mismos serían sus profesores. Las inquietudes eran compartidas por todos. No había distancias. El clima era cordial, divertido. Los convocaba el ansia de saber, de comprender y reflexionar. Es en el diálogo donde la palabra crea un espacio de reconocimiento. … Y, desde el comienzo… se fue dibujando, sin pausas, en las reuniones de los domingos por la tarde en la casa de Arnaldo, atendidos por Matilde, que se identificaba con la idea, el perfil de un reglamento para la Escuela de Psicoterapia..

En enero de 1964, se informa al entonces presidente de la APA, el doctor León Grinberg, la constitución de la Escuela de Psicoterapia. Es en el Consejo Directivo donde se produjeron debates que motivaron la asamblea de marzo de ese año. «Dura, movida y debatida». La defendieron acaloradamente: Arnaldo Rascovsky, Ángel Garma y Pichon Rivière. El conflicto se centraba en la pertenencia a la APA de algunos de los profesores de la entonces Escuela.

A Carlos Mario Aslan, Susana Ferrer y Jorge Winocur los suspendieron… Destacamos que el doctor Ángel Garma, en abril de 1964, dijo:

Después de nuestras reuniones y de la última asamblea tengo el convenci­miento firme de que la Escuela de Psicoterapia no debe ocultarse. Por el contra­rio, debe defender lo que nos comunicó en su carta de constitución: ‘es nuestra intención capacitar a los profesionales que están trabajando en psicoterapia para que puedan trabajar mejor con una orientación psicoanalítica.

A mediados de la década del 50, la APA debió cerrar sus puertas a quienes no fueran egresados de la Carrera de Medicina, en virtud de la llamada Ley Carrillo de 1954.

Aquellos egresados de las carreras de Psicología de las Universidades de Buenos Aires y Rosario, creadas a fines de los años 50, encontraron obstaculiza­da la posibilidad de una formación psicoanalítica de posgrado. Como resultado de esta situación se multiplicaron los grupos de estudio privados; se fueron crean­do escuelas que convocarían a aquellos que no podían ingresar en la Institución oficial por no habilitarlos su título universitario o por no poder acceder, en ese momento, a un análisis didáctico (cuatro sesiones semanales con un titular en fun­ción didáctica de la Asociación Psicoanalítica Argentina).

El 26 de agosto de 1963 el doctor Garma había contestado:

Agradezco mucho su carta y el interés de ustedes por conocer mi opinión acerca de la Escuela de Psicoterapia. Esta me parece una empresa importante, valiosa, necesaria, que puede alcanzar gran trascendencia llevándola con pro­fundidad psicoanalítica y energía.

Mayo de 1968 en París tiene una enorme impronta. Implica una izquierdiza­ción del peronismo y una serie de movimientos en la política nacional.

Los profesionales participan en la política universitaria, en ciertos campos de la cultura, o en política nacional. Es decir, comenzaron a surgir generaciones politizadas.

A través de esta incorporación se marcaba, por un lado, la necesidad de la idoneidad intelectual en la selección del cuerpo docente y, por otro, asegurar el pluralismo dentro del ámbito de los esquemas psicoanalíticos.

Es en la Escuela del Sol donde se gestó el Primer Encuentro de la Escuela de Psicoterapia: «Sobre transferencia».

¿Saben por qué se llamó «Encuentro» a nuestro Evento Científico anual? Por­que los integrantes vivían desencontrados: la oficina en la Escuela del Sol, cada grupo funcionando en los consultorios de los diferentes coordinadores, etcétera.

Frente al proyecto de una jornada de trabajo, surgió la idea del «Encuentro». Fue una forma fuerte de integración de los diferentes grupos de estudio existentes.

Si pensamos que las instituciones requieren cierta estabilidad en las tramas vinculares para su funcionamiento, la necesidad de identidad y de organización de los grupos de estudio existentes, dentro de un marco socio-político que lo exigía, condujo, a través de muchas reuniones, a la institucionalización. Desde 1972 los integrantes de la Escuela de Psicoterapia, sus comisiones, la población toda, fue atravesada por la represión; la gente que se perdió, los problemas de seguri­dad, los que se iban a trabajar a otros países mermaron el número de los que contribuían a la construcción de un pensamiento. Los detenidos que desapare­cieron, como Pancho Bellagamba… los hijos que partieron… el Rodrigazo… los problemas económicos…

Siempre fue preocupación de la Institución, en los momentos duros, cuidar el nivel de la transmisión psicoanalítica. Fueron momentos difíciles donde sólo el trabajo en equipo y el apoyo mutuo permitieron la continuidad sin menosca­bo científico y con espíritu creador.

En 1986 son aprobados por la Dirección General de Justicia dos reglamentos y estatutos.

El crecimiento y expansión de la Escuela de Psicoterapia exigieron un lugar propio y más amplio; se alquila entonces la casa que perteneciera al doctor Aldo Ferrer; más tarde se compra; poco después se edifica.

Es en este período comienza a concretarse un proyecto anhelado desde hacía tiempo: la conformación de una Federación Latinoamericana de Asocia­ciones de Psicoterapia Psicoanalítica..

En una segunda reunión de mayo de 1997, que se realiza en nuestra sede, se fragua así la organización de una Federación que se denomina Federación Latino Americana de Asociaciones de Psicoterapia Psicoanalítica y Psicoanálisis | FLAPPSIP: hito que marca posibilidades de intercambio y validación de la formación como psicoanalistas.

Una idea, hay formatos académicos, necesidades en los hospitales; más que nunca recuerdo un Congreso en Montevideo donde una señora de la villa le decía a la psicóloga: «Deja de hacer la olla de la comida y decime qué pasa con mis hijos que no duermen». Donde hay un desafío, ahí está el analista

Termino pensando, acompañada en la letra con Fernando Ulloa, en El mismo Freud que, desde principios del siglo pasado y durante años trabajó la pulsión de vida bajo sus diferentes formas, sólo en el año veinte y no sin un considerable escándalo teórico, señaló la importancia de la pulsión de muerte. Advirtió desde un principio lo que podría llamarse una forma sutil de dicha pulsión, haciendo su trabajo mancomunado a la vida. Pasaron varios años antes de que, principalmente en sus trabajos culturales y sobre todo en El malestar en la cultura y El porqué de la guerra, se ocupara con decisión —y a la vez marcado pesimismo— del destino cultural de la humanidad, una y otra vez arrasada por la pulsión de muerte en sus formas más acentuadas. En estos trabajos, Freud tenía el firme propósito de oponerse a aceptar todo aquello que negara o enmascarara los hechos y circunstancias que pretendía investigar. Una doble y meritoria negativa que adquiere valor de afirmación respecto de lo avanzado en esos trabajos «culturales», pese a que no les asignó valor psicoanalítico alguno. Convengamos que tampoco eran el resultado de una intervención clínica directa sobre el campo social, de ahí mi hipótesis según la cual Freud se ocupó en ellos no tanto del valioso concepto de malestar de la cultura como de las características propias de un detenido malestar hecho cultura, es decir, escribió en clave de historia acerca de una barbarie civilizadora.

Para los psicoanalistas que trabajamos clínica y directamente en la numerosidad social, estos trabajos constituyen, una vez resignificados, valiosas herramientas. Una de esas resignificaciones apunta a proponer que la idea de malestar de la cultura es un valioso concepto, aunque Freud desarrolló bajo ese título otro: el de malestar hecho cultura. El malestar de la cultura puede comprenderse como una tensión dinámica dada en cada sujeto integrante de una cultura, en la medida en que es a un tiempo sofisticada “hechura” y “hacedor” de ella. No sitúo esta renuncia en términos de sacrificio, sino de estructura, de hecho social, que posterga algo de las propias pulsiones, tal como puede entenderse desde el psicoanálisis.

Deseo mostrar la carta de compromiso armada el 23 de mayo de 2009 en Montevideo por todos los representantes de quienes forman la Federación. Las palabras son un compromiso en sí mismo

Los presidentes reunidos en el V Congreso de la Asociación Uruguaya de Psicoterapia Psicoanalítica (AUDEPP) y el V Congreso de FLAPPSIP, y que representamos a las instituciones abajo firmantes, venimos en afirmar lo siguiente:

  1. Reafirmamos nuestra adhesión y compromiso con la construcción y desarrollo de FLAPPSIP.
  2. Entendemos que la importancia de unirnos y asociarnos con otros, es hoy en día una labor de resistencia cultural y de afirmación de identidad, frente a un sistema que promueve la atomización y la desvinculación.
  3. Postulamos la necesidad de la existencia de FLAPPSIP, en una perspectiva de recuperación del psicoanálisis a sus particularidades fundantes, es decir, su carácter desmantelador de toda creencia oficial e instituida.
  4. Afirmamos un psicoanálisis que no es posible reducirlo a una técnica, más aún ella resulta de la relación única y particular del proceso analítico y debe estar a su servicio.
  5. Nos reconocemos en un psicoanálisis que recoge su inclusión histórica y se nutre de ella para generar dispositivos que den cuenta de las nuevas realidades que desafían nuestra creatividad y nos interrogan. Un psicoanálisis que asume la particularidad de toda relación terapéutica, la cual no se agota en alguna identificación teórica o técnica, sino que sostiene la diversidad y pluralidad de su praxis, teniendo como referencia ética fundamental al paciente que consulta.
  6. Llamamos a los compañeros integrantes de nuestras instituciones a profundizar nuestra inserción en FLAPPSIP, a desarrollar cada vez más los vínculos asociativos que hagan posible desplegar un psicoanálisis que trabaja desde las fracturas sociales y personales que constituyen a nuestros pacientes y a nuestra práctica – en la cual estamos implicados – para desde allí ejercer nuestro oficio en un ámbito de libertad y crecimiento.

Bibliografía

Bleger, J.: «Ideología y política», en Revista de Psicoanálisis, Vol. 3, N.º 2, 1973.

Bleger, L.: «Acerca de José Bleger». Trabajo del panel de presentación de la nueva edición del libro «Simbiosis y ambigüedad. Estudio psicoanalítico», Parma, Italia, 7 de mayo de 2011.

Levín, A. et ál.: «Relato acerca de nuestros orígenes», en Ética, clínica y foramción del analista. Publicación del 35º aniversario de la Asociación Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados, Buenos Aires, Asociación Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados, 1998.

Rascovsky, A.;  Aberastury, F. L.;  Goldstein, R. M.;  Ponce De León, E.;  De Masvernat, E.;  Cartolano, E. S.: «Las marcas identificatorias del psicoanálisis Argentino en Latinoaméricana», en Revista de Psicoanálisis, Vol. 67, N.º 1-2, 2010.

Rosario Allegue. Comunicación personal.

Ulloa, F.: «El saber curioso y el saber cruel», en Página|12, 12 de julio de 2012 [en línea], Dirección URL: http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-198429-2012-07-12.html [Consulta: 4 de abril de 2016].

Acerca del autor

ALevin

Alicia Rut Levin

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