NÚMERO 7 | Septiembre, 2012

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Miércoles Científicos

De la Regla Fundamental a un interrogante posible: “¿Qué le dije?” | Elsa Cartolano

Trabajo realizado a partir de la ponencia presentada en la mesa "Hablemos de intervenciones" perteneciente al Ciclo Científico "Intervenciones psicoanalíticas. Contextos de la práctica".

La propuesta de la actividad científica que se realizó en la Escuela en el mes de mayo bajo el título “Intervenciones en psicoanálisis”, se inició con la presentación de fragmentos de un material clínico. La invitación a participar de la Mesa en aquel momento y luego a escribir en este espacio, me permite en esta oportunidad, reflexionar sobre el tema desde una perspectiva más amplia.

Esta original iniciativa temática que introduce el tema general -“Diversidad de intervenciones y contextos”- reinstala en la lectura clínica una complejidad que  hoy nos interpela por la vía de un quehacer institucional, cuya propuesta científica incluye el debate de una cuestión que no nos puede dejar ajenos: el contexto, entendiendo por tal, las circunstancias que componen una época y sus paradigmas culturales. Un tema de vital importancia es la marca resultante de una época y el modo en que el psicoanálisis puede leer sus signos. Observamos otras presentaciones sintomáticas, nuevas formas de manifestación de vulnerabilidad subjetiva y de malestar, no sólo individuales sino también colectivas. Si bien los fundamentos de nuestra disciplina se mantienen vigentes desde hace más de un siglo, contamos con una incesante producción teórica y clínica abierta a relecturas y resignificaciones  capaces de producir una nueva generación de ideas. Algunos paradigmas culturales han cambiado, otros han caído y en consonancia con ello, la producción teórica y clínica del psicoanálisis se ha visto enriquecida. El psicoanálisis ha sabido mantener su intención de interrogarse.

Un modo de escuchar. El contexto discursivo

Para hablar de intervenciones en psicoanálisis me parece necesario hacer una breve reflexión acerca de la escucha analítica. Un largo camino se ha recorrido desde aquella consigna de la regla fundamental, mantenida como espíritu invocante para el surgimiento de la asociación libre. No es una tarea fácil para el analista registrar los diversos niveles de producción discursiva que trae el decir del paciente en los relatos de sucesos evocados, con sus quejas y entusiasmos concomitantes, algunos sueños, deseos, frustraciones, recuerdos, impresiones varias, algún fallido. Se podría pensar que durante la sesión, el analista está disponible a la escucha de un movimiento discursivo –incluido el silencio-, renovándose ese movimiento significante en variaciones, aparentes repeticiones y derivaciones que incluyen matices y tonalidades afectivas. La apreciación de ese fondo discursivo será captada en forma discontinua, inevitablemente selectiva por momentos y a la vez libre de la elección de las intervenciones. Esta paradoja en la posición del analista conlleva el trabajo de un saber hacer. Trabajo de saber hacer con la atención y la teorización flotante, su propia experiencia analítica, la capacidad psíquica y empática, el arte y la destreza, todos ellos instrumentos que posibilitan entre otras cosas, captar las diferencias y las permanencias en los diversos momentos de un análisis.

Uno de los obstáculos para la tarea analítica no es sólo la resistencia del paciente o del analista, -concepto que a fin de cuentas alude a un dinamismo posible-, sino también un otro destino que hace a la relación del analista con el saber una cuestión de creencias, por lo tanto más primaria y muda. En ese caso se trata de no dejar de lado lo ya sabido  y hacer lugar en la escucha a la aparición de una diferencia que, -al apartarse de la línea argumental del yo, más narrativa-, podría incluir una forma novedosa de apreciación y captación del inconsciente. En mayor o menor medida, éste es un escollo posible en la práctica analítica, que se explica tal vez, en el intento de mantener a raya una “realidad psíquica” que se presenta como caótica (la del otro, la del propio inconsciente, vicisitudes de la complejidad de la tarea, etc.)

Si bien la interpretación en psicoanálisis esta claramente enlazada a la hipótesis del inconsciente y la transferencia, la idea de “intervenciones” ha tenido un valor  auxiliar. Sin embargo, las intervenciones en psicoanálisis pueden alcanzar un valor interpretativo.

¿A qué llamamos “intervenciones”?

La presencia del analista es ya una intervención; particularmente si éste “interviene” en el devenir analítico de un niño o un adolescente -como decía Anna Freud- terciando de alguna manera en la transferencia del niño con los padres. Cuando hacemos la distinción entre intervención e interpretación estamos buscando una especificidad, un cierto estatuto para esta última en el contexto clínico. Una intervención se acerca más a un acto, un chiste, una ocurrencia, una ligazón de términos, que no responde estrictamente a lo que entendemos por interpretación, pero capaz de tener un efecto interpretativo en el sentido de conducir a otro nivel de significación, que será captado por el analizante, -y a veces por el analista mismo-, en un tiempo posterior. La interpretación y la intervención tienen a menudo un efecto a posteriori, potenciando en otro tiempo una efectividad imprevisible.

El trabajo de la sesión analítica no se sostiene sólo  en esporádicos descubrimientos de los efectos del inconsciente. El trabajo analítico es también un constructo que pacientemente se aloja apoyado en el mutuo saber que ambos –analizando y analista- dan forma a un trabajo analítico, que no sólo se nutre de interpretaciones sino que también transita los códigos de un diálogo, en el que el analista no pierde de vista la inscripción de un trayecto vinculado a una particular  escucha.

Bibliografía

Aulagnier, P. Un intérprete en búsqueda de sentido, Buenos Aires, Paidos, 1991.

Espósito, R. Interpretando el siglo XX ¿Totalitarismo o biopolítica?, 2008.

Freud, S. Conferencias de introducción al Psicoanálisis, 1915.

Freud, S. El yo y el ello, 1920.

Freud, S. Análisis terminable e interminable, 1937.

Lacan, J. La dirección de la cura y los principios de su poder, 1958.

Acerca del autor

Elsa Cartolano

Comentarios

  1. Qué tal.

    Me agradó. Éste es un tema que me interesa mucho. Al principio tenía la idea de que Freud era en témpano mudo durante las sesiones de análisis; hoy no sé bien por qué, tengo la sospecha de que Freud “intervenía” bastante durante sus tratamientos empleando chistes en momentos importantes. Lo que sucede con el analista, en la situación analítica, me interesa bárbaro. Ojalá aparezca más material sobre esto.

    Un saludo.

  2. Muchas gracias, Juan josé, por tu comentario. Freud comparò la sesiòn de anàlisis con una partida de ajedrez, sugiriedo la apertura y dando por hecho que cada sesiòn es ùnica. Lo que llamò la “tècnica”, es un campo de investigaciòn que, en esta publicaciòn, tendrà un lugar muy destacado.

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