NÚMERO 8 | Marzo, 2013

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Entrevista a Bruno Winograd | Silvia Schlafman

Silvia Schlafman: Bruno, ¿cómo empieza su recorrido en la AEAPG?

Bruno Winograd: La base de la creación de la Escuela de Psicoterapia consistía en la existencia, en esos momentos previos, hace más de 50 años, de dos grupos de estudios de Psicoanálisis en el consultorio del Dr. Arnaldo Rascovsky: el grupo de los lunes y el grupo de los jueves.

El primero era el grupo de los más jóvenes, los que estaban recién empezando su formación en APA o a punto de comenzarla, también denominado el grupo Numberg porque estudiaban la obra de este autor. Entre ellos estábamos: Antonio Barrutia, Aldo Melillo, Augusto Picollo, Samuel Arbiser, Rodolfo D’Alvia, Mauricio Chevnik, yo; y el grupo de los jueves que era de los psicoanalistas que habían concluido su formación, entre ellos estaban: Susana Ferrer, los Goldstein, Jorge Winocur, Moisés Rabih, Hugo Bellagamba, Bernardino Horne y que estudiaban temáticas específicas, tal como el psiquismo fetal, la manía, problemáticas sociales como el antisemitismo, etc.

En un determinado momento, teniendo como base el grupo de los jueves, deciden formar una institución que enseñara el psicoanálisis como método básico y se decidió llamarla Escuela de Psicoterapia.

Una parte de los integrantes del grupo de los lunes decidimos ser la primer camada de la nueva institución.

S. S.: ¿Cómo se decide a formar parte de esta nueva institución?

B. B. W.: En mis comienzos me analizaba con Jaime Tomás, en un grupo, hecho que me marcó profundamente y me empecé a interesar cada vez más en el Psicoanálisis ya que esta experiencia me había resultado sumamente enriquecedora. Empecé con grupos de estudio sobre la obra freudiana y le pedí turno a Jaime para iniciar con él el análisis didáctico.

Por problemas de salud retrasé el inicio de mi análisis didáctico y, por sugerencia de Jaime, decidí comenzar en la Escuela de Psicoterapia. Paralelo a ello, me empiezo a analizar con Mario Aslan que era un especialista reconocido en Psicosomática, y comienzo a formarme como médico psiquiatra en el Hospital Borda.

Hago la formación en la Escuela. En el primer año veíamos la obra de Freud, teoría, técnica y psicopatología; en el segundo, los historiales, luego autores post freudianos tal como Klein y otros. Nuestros profesores eran los integrantes del grupo de los jueves y otros que se iban agregando como Hugo Bleichmar y D. Álvarez. La Escuela abría sus puertas a psicoanalistas más allá del grupo de Rascovsky.

Yo termino mi formación y el curso de psiquiatra; ya había comenzado mi análisis didáctico y me llama gente de la Escuela para formar parte como profesor. ¡Fui el primer alumno egresado de la Escuela que formó parte del grupo docente!

S. S.: ¿Cómo se desarrolló su carrera docente?

B. W.: Comencé con “Teoría del aparato psíquico”; era un grupo de gente muy linda y, desde allí, salvo por una interrupción de un par de años, me dediqué a la docencia y luego a asesorías varias.

Al principio daba “Freud Teórico” y luego me instalé en “Teoría de la Técnica”, cerca de 15/16 años, para continuar con seminarios sobre problemáticas psicopatológicas del siglo XXI hasta la actualidad!

S. S.: ¿Podría contarnos alguna experiencia que haya dejado huella en estos años de formación?

B. W.: Lo que más me atrajo dentro de la Escuela era la libertad que tenía, y aún tengo como docente proyectos para desarrollar, mucha libertad de movimiento, siempre fue un ámbito que me resultó muy cómodo, muy pluralista. ¡Yo comentaba que podía entrar a la Escuela con pijama por lo cómodo que me sentía!

Conecté a Liberman con la Escuela, autores Rioplatenses, introduje la obra de Kohut en la APA y en la Escuela específicamente.

Recuerdo que en las primeras clases de Teoría de la Técnica, los alumnos me preguntaban si yo les iba a decir qué tenían que hacer con sus pacientes. Lo que yo respondía era que no les iba a cumplir dicha expectativa sino que íbamos a pensar juntos, a aprender a pensar sobre la clínica psicoanalítica.

S. S.: ¿Cómo ve el desarrollo del psicoanálisis en los últimos 50 años, el Psicoanálisis de ayer y hoy a la luz de las transformaciones socioculturales en el mundo y en la Argentina?

B. W.: Creo que hay al menos cuatro factores que han marcado una impronta en la segunda mitad del siglo XX y que de algún modo han definido una cierta complejización del Psicoanálisis:

1. Tanto en los consultorios privados como en las instituciones vemos problemáticas que superan las problemáticas neuróticas. Esto es un observable clínico muy frecuente.

El problema es que el método, “la cura típica” de la primera época, estaba pensada desde el modelo del funcionamiento de la neurosis y de un modo de abordaje a través de las palabras, de la conflictividad pulsional y sus emergentes. Asímismo, un parámetro central de la técnica era concientizar conflictos reprimidos, reconstruir la memoria de la historia infantil de los sufrimientos. Con la irrupción de otros tipos de problemáticas no neuróticas, este modelo terapéutico no lo abarca suficientemente.

Problemáticas como el Narcisismo, tal como fue introducida por Kohut, Grinberg en Francia, Kernberg en Estados Unidos desarrollando la problemática fronteriza, Green y tantos autores, marcan cambios de paradigmas, nuevas problemáticas como las impulsiones, las adicciones que cuestionan los modelos más clásicos.

2. Aparecen en la clínica como así en diversas publicaciones, distintos léxicos y distintas Escuelas que van creando una literatura y un modo de abordaje propio, la Escuela Kleiniana, la Escuela Francesa, Bion, Winnicott con sello propio, y que van creando una polisemia importante.

3. Los cambios culturales. El Psicoanálisis es una disciplina que plantea el sufrimiento humano que está indiscutiblemente vinculado a lo social-cultural. Estos cambios culturales afectan la clínica y la psicopatología.

En la segunda mitad el siglo XX se ha empezado a redefinir el capítulo sobre la sexualidad humana, lo que era conceptualizado como patológico, ya no lo es; la familia llamada “tipo”, considerada como el sostén más habitual, se transformó en distintos modelos de constitución válidos: ya hay segundas y terceras relaciones de parejas, hijos de familias ensambladas; todo el nuevo lenguaje del mundo de la computación y sus aplicaciones cotidianas, en las formas de conocer y de comunicarse…

4. Han aparecido muchas psicoterapias, algunas surgidas del Psicoanálisis, tal como las de sostén, las habituales Psicoterapias Psicoanalíticas, las focales, así como otras no basadas en el mismo, las cognitivas conductuales, las transaccionales, las gestálticas.

Y como quinto factor junto con el cuarto, surge simultáneamente un desarrollo relevante de las Neurociencias que generan cuestionamientos, enfrentamientos y alianzas, que complejiza la mirada desde otras vertientes.

S. S.: ¿Desde esta realidad, cómo ve el porvenir del Psicoanálisis?

B. W.: ¿Es una pregunta difícil… No soy futurólogo, no me gusta hacer futurología…

En los últimos dos decenios, dentro del propio campo de la disciplina, hubo un gran desarrollo del método como alternativa para las manifestaciones psicopatológicas más allá de la neurosis.

Esta disciplina necesita revalorizar sus recursos clínicos, tiene que admitir nuevos paradigmas en sus instrumentos, complejizarlos, que de ningún modo significa sumar de manera acrítica o ecléctica.

El método de la “cura típica” del Psicoanálisis supone un dispositivo específico, un encuadre, supone una serie de teorías de mayor nivel de abstracción hasta niveles más cercanos a la clínica que se necesita des-absolutizar, buscar más especificidad en cada experiencia analítica, sosteniendo que cada pareja analítica presenta variantes de alternativas; cuando se habla de reglas, creo que se debe evaluar cómo se las redefine en función de este tratamiento específico, único e irrepetible, en el marco de esta pareja analítica, en este momento particular; cuando se habla de motivaciones, pensemos que las temáticas de la sexualidad y la agresividad han sido desbordadas con problemáticas relacionadas al narcisismo, al apego. Bleger señala que la dinámica psicoanalítica clásica basada en las vicisitudes de estas dos temáticas, sexualidad y agresión, es insuficiente. Debe agregarse la dramática en las relaciones intersubjetivas que deben entramarse en el proceso terapéutico; las teorías que articulan el campo clínico con el campo explicativo, tal como teorías sobre la transferencia o la resistencia y otras, se deben estudiar en cada situación analítica; la definición de objetivos terapéuticos, en algunos pacientes será construir desde el caos existencial una existencia más ordenada, en otros, el objetivo será la re-narcisización a través de técnicas afirmativas como señala Killingmo en el área de las intervenciones; también podemos ampliar desde las interpretaciones clásicas hacia las formulaciones afirmativas un estilo diferente para cada persona e ir ampliando todo el arsenal terapéutico del método.

Esto, que es una complejización, es también una salida! Si se acepta ampliar los recursos, facilitará nuevas herramientas para re-inventar la clínica cada vez más. La teoría del Inconciente sigue siendo el paradigma universal de nuestra práctica, pero habrá que estar atentos a los cambios epocales, culturales, para evaluar que puede ser redefinido y que no, por ejemplo, los tiempos culturales actuales que exigen rapidez no podrán nunca empalmar con los tiempos subjetivos para generar cambios.

S. S.: Hay porvenir en tanto haya apertura tanto en los formadores de analistas como en los propios aspirantes a ejercer el Psicoanálisis!

B. W.: Yo creo que sí…

S. S.: Bruno, hace casi 50 años que viene formando analistas, ¿qué sostiene aún esta actividad que la desarrolla con tanto compromiso y pasión?

B. W.: En esta disciplina hay una conexión entre lo que desarrolla cada paciente y el analista de dicho proceso terapéutico, la experiencia de uno como paciente está presente todo el tiempo. Yo me analicé con 5 analistas distintos en más de cuarenta años; cada uno de ellos me aportó y se han sumado en mi interior. Este método permite la desalienación, es por esto que la transmición me parece tan estimulante. El método psicoanalítico tiene un alto potencial transformador, siempre y cuando uno lo vaya “aggiornando” todo el tiempo, y tiene instrumentos clínicos que generan cambios existenciales. Esto genera mi interés constante en transmitirlo.

S. S.: Para finalizar Bruno, alguna anécdota que desee compartir…

B. W.: Hace varios años, atendía a una colega que en cierto momento planteó gran preocupación por el estado depresivo de su pareja, sostenía que le vendría muy bien analizarse, pero que sería bastante difícil ya que él tenía gran rechazo a todo lo psi. Él no estaría dispuesto a aceptar una derivación de mi parte a un psicoanalista. Se me ocurrió entonces sugerirle a mi paciente que se comunique con un colega que le derivaba, que yo creía que por sus características podría trabajar muy bien con este señor, pero que le transmita que era “un médico especialista en problemas emocionales”. Transcurrió un análisis de diez años con este colega generando cambios profundos. Esto me da argumentos para pensar, tal como lo desarrolló Liberman y que yo incluyo tanto en mi práctica clínica, sobre la importancia del enfoque comunicativo en nuestra disciplina.

S. S.: Gracias Bruno por su compromiso constante, su generosidad en la transmisión, la claridad y la riqueza de sus reflexiones y en la creación de un relajado clima de libertad que facilita permanentemente entre colegas. ¡¡Como siempre un placer charlar con usted!!

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