NÚMERO 14 | Agosto, 2016

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Las Flores del Cerezo. Del duelo a la transformación | Raquel Szlajen; Susana Triguboff; Stella Maris Grisolía; Patricia Dina Kossoy

Ponencia de la Mesa: «Cuando el duelo transforma» organizada por el Área de Adultos Mayores y Mediana Edad, perteneciente al Ciclo «Miércoles en la Escuela», mayo 2016.

Introducción

Nuestra presentación de este año está relacionada con el pasaje del «Duelo a la Transformación».

Proyectaremos una edición de la película Las flores del cerezo de la directora Doris Dörrie del año 2008.

Compartimos con ustedes la sinopsis de la directora:

Sólo Trudy sabe que Rudy, su marido, sufre una enfermedad terminal. En sus manos está decírselo o no. El médico sugiere que hagan algo juntos, algo que deseaban hacer hace mucho tiempo…Trudy decide no contarle a su marido la gravedad de su enfermedad y seguir los consejos del médico. Convence a Rudy para que vayan a visitar a sus hijos y nietos a Berlín… Pero, cuando llegan allí, se dan cuenta de que sus hijos están volcados en sus propias vidas y no tienen tiempo para ellos. De repente, Trudy muere. Rudy está desesperado y no sabe  qué hacer. A través de una amiga de su hija se entera de que el amor que sentía Trudy por él lo había apartado de la vida que ella hubiese querido llevar. Empieza a verla con una mirada nueva y promete compensarla por haber desperdiciado su vida. Así  se embarca en un último viaje que lo llevará a Tokio que celebra el festival de los cerezos en flor, un canto a la belleza, la transitoriedad y a los nuevos comienzos.

LasFloresDelCerezoDorisDorrie

 

Pasamos ahora a la proyección de la edición del film

 

 

 

Para comenzar nuestro trabajo  «Del duelo a la transformación», nos haremos algunas preguntas que nos ayudarán a analizar el film que acabamos de ver.

¿Cómo puede realizarse un duelo por la pérdida de la pareja en los adultos mayores? ¿Hay acaso una sola manera de atravesarlo? ¿Los años compartidos marcarán alguna diferencia en el proceso?  Alguien que tiene una vida cotidiana rutinaria y deslucida, que pasa sus días de manera  automatizada y aburrida, en la cual todo está organizado, pautado,  planeado,  ¿puede adentrarse en una situación diferente, novedosa?  ¿Qué lleva a un hombre, en este caso a Rudy, a preguntarse acerca del deseo de su mujer, acerca de su propio deseo?  Su duelo… ¿puede dar lugar a la aparición del deseo?

En principio creemos  que el proceso de duelo genera en el sujeto un modo de transformación, siendo éste particular de cada quien.

En primer lugar situaremos el significado de la palabra «duelo».  Se origina en dos raíces latinas: dolus, que significa dolor o aflicción y duellum, batalla o desafío. En este sentido, el duelo, además de producir dolor y aflicción, también se convierte en un desafío para el sujeto. «… Se debe señalar que el duelo trae consigo significativas desviaciones en la trayectoria de la vida cotidiana, siendo esto no inevitablemente patológico, sino todo lo contrario. Se lo considera un estado necesario, pues el tiempo del duelo está marcado por el sentimiento de pesar y dolor frente a la pérdida, produciéndose cierta retracción en la conexión con el mundo exterior, así como la expulsión de cualquier situación placentera o beneficiosa que no tenga relación con la memoria del muerto. Esta entrega incondicional al duelo implica un yo que está dolido, inhibido, una marcada pérdida de interés en el mundo exterior, no está desequilibrado el sentimiento del sí mismo. Entonces… ¿en qué se asienta el llamado trabajo de duelo si no es en el reconocimiento de que el objeto amado ya no existe? Se impone la realidad, la cual es acatada, aunque no inmediatamente, pues el exhorto de quitar la libido puesta en el objeto implica una renuncia, un retiro del lugar libidinal.  Esto genera en el humano desagrado, desolación, incredibilidad porque entre la realidad (inexistencia del objeto) y su verdad (el objeto perdido sigue presente en el psiquismo) se produjo una fractura. El caso es que en esta indagación se transita el duelo. Pues bien, el trabajo de duelo implica retirar la libido de ese objeto, al decir de Freud, “pieza por pieza”, con un gasto de tiempo y de energía psíquica, finalizando el duelo en la emergencia de si el objeto es sustituible o no».

Según el film de la directora Doris Dörrie, a partir de la súbita muerte de su esposa, el  protagonista tendrá que enfrentar el desafío de qué hacer ahora que se ha perdido ese objeto valioso y preciado. Comenzará de a poco a duelar no sólo a su cónyuge, sino lo que él significaba para ella, en su relación de pareja de tantos años juntos.

Trudy y Rudy viven en un pueblo de Alemania. Los nombres de los protagonistas sólo se diferencian por la T del comienzo, siendo confuso quién es quién, si Trudy es ella o Trudy es él. Creemos que esta elección de los nombres que se presta a tanta confusión, no es casual y muestra, a fin de cuentas, cómo el matrimonio es algo así como una mezcla de deseos, personalidades, gustos, afinidades en el cual ella se adecua  a los deseos de él y no busca los propios. Rudy, el esposo, es un funcionario a punto de jubilarse, metódico, aburrido, y poco amigo de las aventuras. Su esposa Trudy es una mujer que ha dejado de lado sus aspiraciones personales para dedicarse de lleno a su marido. Su silencio esconde deseos no confesados.  Sus tres hijos, ya grandes, se han mudado y han formado sus propias familias. Sólo Trudy sabe que su esposo está gravemente enfermo y con pocos meses por delante por vivir. Decide callar, pero le pide a su marido algo muy anhelado por ella:  viajar a Japón para ver el amanecer a los pies del Monte Fuji y el florecer de los cerezos. Rudy no desea viajar, no le encuentra sentido a hacer un viaje tan largo y costoso, ni siquiera para visitar al hijo que vive allí. No puede entender el deseo de su mujer y, lo único que acepta a regañadientes, es ir a Berlín a visitar a sus otros hijos. Es en esta visita donde van al teatro a ver una obra sobre la Danza Butoh que Trudy tanto anhelaba ver. El marido no  entiende el sentido de la misma y permanece fuera del teatro. (El Butoh es una danza oriental que nos muestra la continuidad, la conexión, el nacimiento y la muerte en un juego de luces y sombras).

Cuando el matrimonio se va de Berlín y pasea por las playas del Báltico —él quería ya regresar a su casa y a su trabajo— Trudy muere repentinamente  llevándose el secreto de la enfermedad de su marido. A partir de aquí, Rudy empezará un duelo muy doloroso por su mujer. Sin Trudy su casa está vacía, sola. De a poco va encontrando las pertenencias de su esposa y esto alimenta su desconsuelo.

La muerte de su mujer confrontará a Rudy con el dolor, la pérdida, la incertidumbre, la incomprensión, la soledad y la vejez. Luego de la ceremonia del funeral por la muerte de Trudy, él logra darse cuenta de que no pudo satisfacer el deseo de ella en vida. Gracias a la compañía de la pareja de la hija, única asistente al funeral, comienza a  preguntarse quién era Trudy, qué deseaba, qué sueños tenía. Rudy se reprocha no sólo no haber querido/podido  escuchar aquello que ella deseaba, sino no haberle dado la libertad ni tampoco haber respetado  lo que ella tanto anhelaba.

En el atravesamiento de este duelo surge  el deseo  de cumplir al otro lo que no se pudo o no se quiso cumplir en vida. Aparece el reconocimiento del deseo del otro y el deseo de hacerlo realidad. Es así como Rudy se embarca en la aventura de viajar a Japón, con el objetivo de acercarse lo más posible al mundo interior de Trudy.

Rudy viaja a Tokio. Visita a su hijo y así comienza otro viaje. Este lo llevará a descubrir quién era su mujer desde un lugar distinto. Rinde culto al atuendo de la esposa muerta y, desconsolado,  sale a pasear vistiendo sus ropas, metiéndose en ellas.  Contempla, como si lo contemplara ella, los cerezos en flor, se acerca al monte Fuji y cumple de esta manera el anhelo de Trudy. Posteriormente le dice a su hijo: «No la dejé a tu madre ser libre».

Se abre el sobretodo con el afán de que ella pueda sentir, oler y ver la ciudad que tanto quiso visitar, en un intento reparatorio, dialoga con ella. Vemos un cambio,  una transformación en Rudy, se lo ve vistiendo las ropas de Trudy y paseando sólo por aquella ciudad.

Sus paseos por Tokio son visitas guiadas que  ofrece a su esposa y a sí mismo. En una de éstas   conocerá a Yu, una joven bailarina que le enseña «la danza de las sombras» en la cual se puede «dialogar con los muertos». Entre ellos surge una cálida amistad y es ella quien lo acompaña   hasta llegar al Monte Fuji.

A medida que Rudy va recorriendo este camino,  logra acercarse a los deseos de su esposa.  Deja de  lado sus conductas estereotipadas, se transforma y logra así adentrarse en un universo inédito para él.

Bibliografía

Las flores del cerezo (Cherry Blossoms). Película de Doris Dörrie, 2008.

García Karo, T.: «Del duelo al acto creador», Congreso on line 2011, Ética y cine [en línea]. Dirección URL: http://www.eticaycine.org/Las-flores-del-cerezo [Consulta: 2 de octubre de 2015].

Szlajen, R.: «Freud-Rito y Duelo», en «Función de los ritos funerarios en el psiquismo», Tesis de Maestría en Psicoanálisis, Asociación Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados (AEAPG)-Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM). Fecha de defensa: septiembre de 2009.

Comentarios

  1. Què tristeza,creo q el film narra en esta ,la historia del destino de muchas mujeres,marcado por el patriarcado.Asume como propia,la muerte del esposo…Pareciera que sòlo asì,este pudo identificarse con los aspectos vivos de ella…què precio!!l

  2. El destino de Trudy representa el de las mujeres vìctimas de la ideologìa patriarcal:la esposa como compañera que se inmola, haciendo propia-incluso- la muerte del marido.Solo asì este puede identificarse con lo vital de ella…què precio!!!

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